El Último Viaje en Tren

Autor: Ernesto Lovera Pascual

Ilustradores: Ernesto Lovera Pascual y Adriana Magaldí

Corrección: Clara Sánchez

Género: relato terror

Este relato es propiedad de Ernesto Lovera Pascual y sus ilustraciones pertenecen a  Ernesto Lovera Pascual y Adriana Magaldí. Todos los derechos reservados.

El Último Viaje en Tren

Estaba atardeciendo, el rojizo sol empezaba a ocultarse en las montañas. Tras un rato perdido en ese maravilloso paisaje noté un insistente manotazo en mi brazo. Era mi nietecita Irene, un encantador ser de cinco años en la flor de la vida. Sin embargo yo estaba comenzando a marchitarme.

—Abuelito, ¿cuándo vamos a llegar?

—Pronto, pequeña, pronto.

—¡Yo quiero llegar ya!

Tenía la impaciencia propia de la edad, sólo pensaba en jugar y volver a jugar. Traté de disuadirla contando una historia pasada, justo cuando iba viajando en ese mismo tren.

—¿Sabes que tu papá tenía la misma edad que tú una vez que viajamos con la abuela? Aún recuerdo cómo se chupaba el dedo porque no se había acostumbrado todavía a quitarse el chupete.

Al pasar por un túnel, aparecieron ante mí los recuerdos pasados, y vi claramente en el asiento frontal la escena que le contaba a mi nieta. No podría explicar aquel momento, pero sentía alegría pero a la vez tristeza. Allí estaba mi hijo pequeño chupándose el dedo delante de su hija de su misma edad, que me volvía a llamar por verme en ese estado.

—¡Abuelo! ¿Qué miras?

—Veo a tu abuela, cariño.

—¿Pero no estaba en el cielo?

No hice caso de su comentario, y quise tocarla para ver si realmente estaba allí. Hacía tanto que no la veía, tenía tanto que decirle, que preguntarle. Ya nadie me comprendía como ella lo hacía, la echaba de menos. Cuando le toqué la cara ella no se inmutó, parecía que vivía su escena cotidiana sin vernos a nosotros, aunque creí escuchar que decía a mi otro yo más joven que acababa de notar algo en la cara. Recordé que eso pasó hace muchos años, pero fue un comentario tan banal y ridículo que siguió la conversación sobre el pequeño Raulito y su fea costumbre del dedo.

Al mirar al fondo del tren observé unas siluetas que pasaban por el corredor del tren. No lo podía creer, eran mis padres allá por el año 1946, y yo estaba en brazos de mi madre llorando. Justo cuando llegaron a donde yo estaba se sentaron en el lado derecho del tren. Ahora el tren parecía una escena familiar con tres generaciones sentadas paralelamente.

‹‹Esto no puede ser verdad››, pensé acaloradamente. Detrás de mí escuché unas voces de chicos jóvenes que venían metiendo prisa a otros pasajeros y corrían hacia mí. Al girarme me vi a mí mismo con mis primeros granos adolescentes, mi primer bigote y mi primera melena. Me traspasaron como si mi cuerpo hubiera dejado de existir, era como un viento etéreo en ese antiguo tren. Al mirar a mi Irene tampoco estaba. Empecé a preocuparme, esto ya era demasiado para mí. ¿Estaba muerto y no me había dado cuenta? ¿Por eso recordaba toda mi vida en ese tren? A lo lejos pude escuchar la voz de mi nieta preocupadísima, llamándome y llorando desconsolada.

Ante todo ese caos sin sentido, una flauta sonó a lo lejos y el sonido se fue acercando poco a poco. La puerta del vagón se abrió y un hombre encapuchado que tocaba la flauta se acercó. De repente se paró de golpe en la mitad del vagón. Todos mis yo pasados se quedaron quietos al instante en el que oyeron aquella misteriosa melodía. Dejaron sus quehaceres cotidianos y al levantarse de sus asientos, se dirigieron como autómatas hacia el hombre oscuro.

El chico adolescente llegó primero, y la extraña figura dejó de tocar la flauta y se tambaleó hacia él como un péndulo. De la capucha apareció una gran boca con alargados colmillos y se lo comió de un bocado. Algo en mi interior empezó a dolerme, ¿cómo podía ser, si ya estaba muerto? ¿O a lo mejor era esa cosa la que me estaba matando, comiéndose partes de mi ser?

Cuando mi otro yo de treinta y tantos años llegaba para la maldita figura oscura, fui hacia allí para que no cayera en la trampa mortal. Al fin y al cabo era a mí a quien estaban haciendo el mal y no podía permitirlo. Me llamé por mi nombre pero él no podía escucharme, así que continuó hacia el encapuchado, que de nuevo lo devoró al abrir su capucha.

—No puedes detenerme, pronto dejarás de existir—dijo el flautista de ultratumba con un sonido gutural.

Esa fue la gota que colmó el vaso. Corrí hacia él y le pegué en su asquerosa boca llena de feos colmillos. La bestia agonizó y cayó de bruces en el suelo del vagón. Una voz lejana decía que estaba reaccionando a las descargas. Yo seguía pegando a ese ser en todo su cuerpo oculto tras la capa. Seguía chillando y pataleando hasta que de sus mangas salieron unas serpientes que saltaron hacia mí y me apresaron los brazos, dejándome atado.

Cuando mi otro yo de un año llegó gateando, el hombre encapuchado ya se había recuperado. Se lamió con su repugnante lengua de serpiente y se lo comió. Otro dolor punzante vino a mi corazón. La cosa se rió malvadamente y se fue por donde había venido. Las serpientes de mis brazos desaparecieron y me desvanecí en un profundo y oscuro sueño.

Todo era oscuridad, parecía estar en un túnel o algo parecido. Y había una pequeña luz al final. Aunque tenía una sensación de pesadez y de estar hundido en el más profundo pozo, había una leve esperanza para salir de ahí. Intenté dar impulso con mis brazos y sentí que flotaba lentamente hacia la luz. Mis brazos aleteaban y yo llegaba poco a poco hacia la salida luminosa, hasta que una sensación de caída hizo que despertara.

—¡Abuelito! ¡Por fin has despertado! ¡Estaba muy preocupada!

—Señor, ¿está bien?, su nieta nos dijo que le dio un ataque y cayó al suelo.

—¿Mi nieta? Yo no tengo nieta.

—¡Abuelo, soy yo, Irene! ¡Mis padres estarán esperándonos en la próxima parada!

—No sé de quién me hablas, creo que se están confundiendo con otra persona, si me permiten tengo que irme—dije confundido.

—¿Seguro que es tu abuelo, pequeña?

—Sí, pero nos ha olvidado.

No sé qué querían ese hombre y su pequeña hija, pero ya no pienso viajar más en ese tren. Ese ha sido mi último viaje.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: