El Viaje

Autor: Olga Besolí

Ilustradores: Ger AC y María Bonilla

Género: cuento

Ganador del XXXVI PREMIO DE CUENTOS « CIUDAD DE TUDELA » – PREMIO ESPECIAL DE INTEGRACIÓN 2010 General

Este relato es propiedad de Olga Besolí y sus ilustraciones pertenecen a  Ger AC y María Bonilla. Todos los derechos reservados.

El Viaje

Cuando esta mañana me han obligado a hacer un paquete con nuestras cosas, unos recuerdos que no sabía que tenía han aparecido. En ellos vi a mamá, en casa, metiendo a Dara, la muñeca de trapo, junto con una cacerola y ropa, dentro del batik rallado, a toda prisa, para luego volver a sacarla y dársela a Dewa. Mientras, en mi cabeza, retumban truenos y gritos y los lloros de Dewa que son cada vez más fuertes. No recuerdo nada más. Sólo sé que eso, si es verdad, hace tiempo que pasó porque Dewa era tan sólo un bebé que no hacía más que llorar. Ahora ya casi nunca lo hace. Sonríe muy a menudo y habla mucho, y me hace un montón de preguntas que no sé que contestar, y ya anda sola, aunque no lo haga del todo bien porque la cicatriz de la pierna no la deja. No sé ni cuándo ni cómo se la hizo. De hecho, sé más bien poco, sólo lo que me han contado algunos de los otros que están aquí. Algunos dicen que nuestros padres están muertos, y que nos raptaron para salvarnos. Otros dicen que no, que sólo nos raptaron. Y los más grandes dicen que la guerra fue quien mató a casi todos los adultos y que los que pudieron escapar se fueron muy lejos de aquí. Yo eso no lo sé. Porque a veces mienten y se inventan cosas. No sé porqué lo hacen. Aparte, los más mayores se quejan mucho, algunos de sus heridas y otros de que no les gusta estar aquí, pero eso es porque ellos recuerdan que una vez tuvieron una casa. Yo estoy bien porque no conozco nada más y porque tengo a Dewa, sólo que hoy estoy triste porque tuve un recuerdo. Mientras llenaba con nuestras cosas una de las bolsas que nos han dado. Una bolsa para cada uno, esa era la orden. Pero yo he juntado mis cosas con las de Dewa en una única bolsa, por si acaso. La otra la he escondido debajo de la cama. He visto que no todos tienen una. A los que no les han dado bolsa los han llevado al patio, a jugar. Creo que a nosotros nos vuelven a raptar. No quiero irme, tengo miedo, no me ha gustado llenar la bolsa, eso me ha recordado a mamá. A Dewa tampoco le ha gustado, porque al ver todo encima de la cama se ha puesto a llorar sin razón. Es muy pequeña y todavía no entiende que está pasando.

Ilustración de María Bonilla

Se nos han llevado a todos en un automóvil y nos han dejado en una casa nueva que no parece una casa, porque no hay más que habitaciones con mesas y sillas. Enseguida he sabido que éste no iba a ser nuestro hogar. Últimamente me he vuelto muy observador. Tampoco he podido evitar fijarme que soy el mayor de todos los niños con bolsa. Por un momento he pensado que, al menos, estamos todos juntos, pero enseguida un hombre acompañado de otro blanco que habla raro y viste más raro todavía nos ha contado que, cuando digan nuestros nombres, tenemos que levantarnos e irnos con ellos. Yo no quiero irme con el hombre que viste raro, me da miedo. El otro se llama Samole.

Han llamado a Alem. Se lo han llevado y no lo han devuelto. Estoy empezado a asustarme pero no puedo llorar. Si lo hago Dewa también lo hará. ¿Adónde nos llevan? ¿Por qué nos separan? Ya casi no quedan niños aquí. Dewa ha empezado a llorar y no para. Temo que venga alguien a quitármela si no calla. Por eso no la suelto e intento calmarla haciendo que juegue con la muñeca. No importa donde nos lleven, no voy a separarme de ella. Me necesita. Soy lo único que tiene.

Nos han llamado a los dos y nos han dejado juntos en otra sala de la misma casa. Allí nos hemos encontrado con una mujer delgada y un hombre gordo. Los dos son blancos. Van vestidos raros como el anterior pero no parece que hablen lo mismo. No dan tanto miedo. La mujer, al menos, no parece mala. Los dos nos miran y nos sonríen. La mujer se acerca a Dewa. Mira su pierna lastimada. Ella se echa para atrás asustada. La mujer se pone a llorar. No sé por qué lo hace. No sé que quieren de nosotros. No entiendo lo que dicen, pero el hombre la abraza. Debe de ser su marido. Se van afuera y vuelve Samole. El nos cuenta que esos que hemos visto son nuestros nuevos padres y que tenemos que irnos con ellos. ¿Adonde? –le pregunto yo. A España- dice él. No sé dónde está eso, pero suena muy, muy lejano. Quizás es allí donde se fueron todos los padres que pudieron escapar de la guerra. Tal vez allí mamá nos espera.

Nos hemos ido con ellos. Yo no suelto a Dewa de mi mano. Ella no suelta a Dara. Me pregunta que cuando volvemos a casa. Yo le digo que no sé. Le miento para que no vuelva a ponerse a llorar. El hombre ha intentado quitarme la bolsa en un par de ocasiones. No se la voy a dar. En ella están nuestras cosas, es todo lo que nos queda. Creo que al fin el hombre lo ha entendido, porque ha desistido de su empeño.

Estamos en una habitación muy grande, en una casa nueva inmensa que no tiene cocina. Nos han mentido, no estaba tan lejos como decían y tampoco estaba mamá, pero nos han puesto agua caliente muy agradable para bañarnos. Eso me ha gustado. Aunque luego nos han echado un liquido encima y ahora olemos raro. También nos han puesto ropas como las que llevan ellos. En la habitación tenían guardados montones de ropas de esas para nosotros. Me aprieta, me siento raro y Dewa, con ese vestido, se parece a su muñeca. Pero, al menos, he recuperado la bolsa con nuestras cosas aunque he tenido que gritar mucho rato para que me la devolvieran. La mujer nos la había escondido dentro de un cubo que llevaba una bolsa negra. Estoy seguro que no lo volverá a hacer, ahora ya sabe que me puedo enfadar. Con todo este jaleo, Dewa ha vuelto a ponerse a llorar. Luego no se ha despegado en ningún momento de mí, le está cogiendo miedo a la mujer. Yo no le tengo miedo, creo simplemente que es boba y no entiende nada. Pero el hombre es diferente, no me gusta nada.

Dewa se ha tomado toda la sopa. Pobrecita, estaba muerta de hambre. Yo también tengo hambre pero no voy a comer nada de lo que estos dos me den. Luego nos han acostado en dos camas separadas, pero Dewa se ha venido corriendo y se ha traído su muñeca. El hombre lo ha visto pero no ha dicho nada. Luego, sin que me vieran, me he quitado sus ropas y me he puesto las mías. He escondido la bolsa con nuestras cosas en un lugar que sólo yo sé, a salvo de ellos, sobretodo de la mujer, porque es a ella a quien no le gustan mis cosas. Dewa ya se ha dormido. Que descanse un poco. Yo no voy a dormir. No me fío de ellos.

Ha pasado ya dos días en la nueva casa. No he podido aguantarme. Hoy tenía tanta hambre que he comido un poco. La mujer se ha puesto tan contenta que me ha dado un beso. Dewa, al verlo, se ha abrazado a ella. A mí siguen sin gustarme, pero quizás para Dewa no sean tan malos. Quizás les dé una oportunidad.

Ahora son ellos los que hacen las bolsas, grandes, cuadradas. Meten todo en ellas. Incluso han querido meter la mía. No les he dejado. Dewa tampoco ha querido soltar su muñeca. Volvemos a cambiar de casa. Es una pena porque ésta estaba empezando a gustarme. Aunque no tenga cocina. Me he enfadado de nuevo y Dewa ha vuelto a llorar. Está muerta de miedo, y no la culpo. Creo que vuelven a raptarnos.

He pasado mucho miedo. Han vuelto los ruidos, los truenos, las voces. No me gusta esto y quiero irme. Hay personas por todos lados, pasan, te adelantan, te golpean. Todos con bolsas. La mujer se ha puesto detrás de mí, pegada, sin separarse ni un segundo. Creo que, esta vez, dondequiera que vayamos, ellos vienen con nosotros. Sorprendentemente, este pensamiento me tranquiliza. El hombre lleva su gran bolsa, yo la mía. Él de vez en cuando se aleja, va de aquí para allá, habla con gente, los pasa, los adelanta, los golpea. Quiero que esto acabe. Estoy harto de que nos rapten.

Hace un montón de horas que estamos aquí dentro. Afuera sólo veo nubes. Creo que estamos volando. Ahora sí que en verdad nos vamos lejos. Estamos sentados, metidos en un gran pájaro en medio del cielo. Espero que no se caiga. Tengo mucho sueño. Todavía no he dormido y creo que éste es un buen momento para hacerlo. La mujer está dormida en el asiento de al lado y Dewa, que está sentada sobre mí, descansa su cabecita sobre su regazo. Creo que Dewa le está cogiendo cariño a Soyana. Sé que se llama así porque siempre que me mira se señala y dice Soyana, Soyana. Yo no le he dicho cual es mi nombre. No creo que le guste.

Un golpecito en el hombro me ha asustado. Me he encontrado con los ojos azules del hombre mirándome fijamente mientras me sonríe. Yastamos, yastamos, me dice. No sé que quiere decir eso, pero miro por la ventana y ya no hay nubes. Estamos en el suelo y todos empiezan a coger sus bolsas. El hombre me devuelve la mía. Creo que sí que podré fiarme de él.

Otra vez los ruidos y los golpes. Dewa se ha cogido de la mano de la mujer y el hombre me ofrece la suya. No la necesito. No voy a perderme. Una mujer vieja hace un gesto con la mano. Se acerca a mí. Me chilla y me coge la cara con sus manos. Me voy corriendo detrás del hombre. La mujer vieja no para de decir: Ntonio, Ntonio y me señala. El hombre se ríe, se arrodilla para estar a mi altura y me habla bajito. No sé que me cuenta pero me habla bajito. Me señala y vuelve a decir Ntonio. Pero yo no me llamo Ntonio. Dewa se acerca a la mujer vieja. Kalale, le dice. La vieja no la entiende pero de todas formas le da a Dewa una muñeca nueva, pero es dura, fea y poquita cosa. Dewa igualmente se queda con ella. Es fácil contentarla. Hasta ahí bien, pero la vieja ha querido robarle su Dara. Dewa ha estirado su muñeca con todas sus fuerzas y la mujer vieja se ha caído. Entonces Dewa ha tirado la muñeca fea al suelo y se ha abrazado a Dara. La vieja se ha enfadado, pero al final le ha dejado quedarse con las dos muñecas. A mí me ha hecho reír, pero Dewa se ha enfadado y se ha puesto a llorar. Espero que no volvamos a ver más a la mujer vieja.

Sí la hemos vuelto a ver. Se llama Avuela y viene de vez en cuando a la nueva casa donde estamos. Ésta es mucho más pequeña que todas las demás, pero en ésta sólo vivimos Soyana, Yojose, Dewa y yo. Los demás vienen y van, pero nosotros siempre estamos. Por eso yo no quiero salir afuera. Aunque ellos se empeñen en querer sacarnos a la calle y llevarnos a lugares. Tengo miedo de que nos abandonen en cualquier sitio. No porque esta casa me guste a mí especialmente, sino porque veo que Dewa está contenta. A mí me gustan unas cosas y otras no. Por ejemplo, me han quitado la bolsa con mis cosas, pero a cambio me han dado unos zapatos para andar calentitos. Hace frío aquí, y tengo que usar zapatos y una ropa que no había usado nunca antes en los pies y en las manos. Al menos, han dejado que Dewa se quede con Dara, eso sí, después de lavarla y ahora la muñeca está más bonita que nunca. La otra, la fea, se le rompió enseguida. Aparte, Dewa ha vuelto a crecer y un día vino un hombre que le puso cosas en la piernecita. Creo que ese hombre va a curarle la herida. Son raros todos los de aquí, pero son buenos con nosotros. Aunque no quiero acostumbrarme a esta casa porque yo no sé si ésta es la última o va a haber otra más después de ésta. Y hoy se lo he dicho a la mujer, que aunque no me entiende, sé que me escucha. Le he dicho que aquí estamos bien. También le he dicho que no me llamo Ntonio. Pero al oír la palabra se ha puesto como loca de contenta y la ha repetido unas cuantas veces: Ntonio, Ntonio, Ntonio. Bueno, no importa, dejaré que siga llamándome Ntonio por el momento, hasta que pueda aprender lo que hablan ellos y pueda explicarle que mi nombre es KALALE y que ni yo ni Dewa queremos que nadie nos vuelva a raptar nunca más.

Ilustración de GER AC

Anuncios
Comments
2 Responses to “El Viaje”
  1. chusdiaz dice:

    Me ha encantado tu cuento, Olga! Muy tierno y con toques de humor. Un punto de vista diferente y original…

  2. Es un cuento maravilloso. Me he reído y casi lloro. Hay tanto, tanto amor en la forma de proteger a su hermana, de guardar sus pocas cosas, de explicar su viaje y su nuevo entorno. El protagonista desconfiado… Ntonio, y la forma deliciosa de explicar bajo su visión infantil y precavida esta historia. Enhorabuena, Olga, ha sido un regalo magnífico. Espero que todos los demás disfruten tanto como yo con esta lectura.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: