Segunda Era

Autora: Olga Besolí

Ilustradores: Verónica del Rocío López Pachón y Jordi Ponce Pérez

Correctora: Elsa Martínez

Género: ciencia-ficción (a partir de 13 años)

Este cuento es propiedad de Olga Besolí, y sus ilustraciones correspondientes son propiedad de Verónica del Rocío López Pachón y Jordi Ponce Pérez. Quedan reservados todos los derechos de autor.
A Verónica del Rocío López y Jordi Ponce Pérez,

sin cuyas aportaciones e ideas

este relato nunca hubiera existido.

SEGUNDA ERA

La guerra entre los dragones y los hombres está tocando a su fin. Está noche se librará la última batalla, la nuestra, pues ya no quedan más reinos por destruir. Nuestras murallas ofrecen la última resistencia por franquear. Nuestro bastión es el único que todavía permanece en pie. Nuestro ejercito, la última formación militar armada que queda con posibilidad de afrontar la lucha cuerpo a cuerpo, cosa que temo no vaya a suceder. En cuanto oscurezca, seremos aniquilados por el fuego devastador de las bestias. Nuestras esperanzas de sobrevivir bajo sus llamas son nulas. No queda ni un álito de vida tras un ataque suyo. Y estan cerca, demasiado. Anoche nuestros vigías descubrieron movimientos en la lejanía, luces sobre las cumbres nevadas que bordean este valle. Y el día de hoy ha traído consigo el olor acre a carne abrasada. Eso solo puede significar que los habitantes de la costa han perecido, pues las bestias han logrado penetrar hasta el interior. Han llegado hasta los poblados nómadas que vivian al otro lado de las montañas. Y ocultos en ellas, en esas montañas, estarán ahora nuestros verdugos. Y serán cientos de ellos, quizás miles, los que aguardarán escondidos; usando las formaciones cavernosas de la misma roca como guarida; esperando a que el sol descienda; impacientes por caer sobre nosotros como si de un enjambre de abejas se tratara. Y nos aniquilarán. Por completo. No existirá un nuevo amanecer para nosotros. Así es como ha ocurrido en todas y cada una de las partes del mundo. De esa forma perecieron las tribus de america durante la primera oleada de ataques.  Así fuimos todos testigos de la desaparición de los pieles rojas, y de nuevas oleadas de ataques que se expandían por todo el hemisferio norte, convirtiendo el dominio de los blancos en una masa de tierra negruzca y humeante. Luego fue cayendo todo el sur, hasta que también la raza negra fue extinguida por completo. Y ahora es el continente asiático el que ha sido enteramente reducido a cenizas. Ya solo quedamos nosotros. Solo queda nuestra isla. De nada sirvió la cumbre y el pacto de razas por la conservación. De nada sirvió el esfuerzo invertido; en aunar nuestras potencias; en ignorar nuestras diferencias políticas, sociales, religiosas; en unir nuestras banderas, nuestras armas, nuestros intereses. De nada. Las bestias arrasan con todo en todos los rincones del mundo. Y en consecuencia, nuestra civilización, tal y como la hemos conocido hasta ahora, está a punto de perecer. Las grandes capitales han sido reducidas a escombros. Los pueblos y villas han desaparecido pasto de las llamas. Los habitantes de todo el planeta han sido masacrados. Las bestias son muchas, demasiadas. Son una plaga. Procrean como ratas y, al igual que ellas, sobreviven escondiéndose en cuevas y viviendo bajo tierra. Llevan varios milenios haciéndolo. Por eso la luz del sol les daña las pupilas; les quema la piel. Por esta razón se ocultan en las sombras y atacan siempre de noche. Surgen de las entrañas de la tierra, del horizonte celeste, de las profundidades marinas. Y en esas salidas destruyen todo a su paso. Son animales salvajes y sangrientos que se comen a nuestros muertos y a los suyos, sin distinción; con los que no puede haber parlamento posible, ni tregua, ni rendición. Y esta guerra no terminarà hasta que nos hayan exterminado a todos. Y hoy, por fin, lo conseguirán. En cuando anochezca. Moriremos todos. O casi todos. Vosotros no lo haréis. Por eso os he mandado llamar. A vosotros nueve. Os he elegido por que sois los individuos más sanos y fuertes de nuestra comunidad. Esa es la razón por la que os obligo a abandonar vuestros puestos en la lucha y os doy la orden de huir. Vais a formar parte de un plan de emergencia. Aquí, dentro de este sobre que os entrego, escritos del puño y letra del mismísimo emperador de Asia, están tres de los cinco destinos escogidos por los evacuados de los otros continentes, lugares que no debéis revelar a nadie y adonde debéis dirigiros de inmediato. A vosotros os hago entrega de nueve huevos de dragón. Ese será vuestro éxodo y vuestra carga. Y este será vuestro cometido: intentad sobrevivir a toda costa, ocultaros de las bestias, id cambiando de destino continuamente, hasta alcanzar los mismísimos confines de la Tierra si hace falta. El mundo nunca debe saber de vuestra existencia. Mientras tanto, perpetuad el conocimiento del que sois testigos, de cómo caímos víctimas de las bestias, pero también de cómo fuimos responsables de su proliferación. Haced sabed que nuestro mayor error fue recuperar su especie. Debimos abortar todos los ensayos, los proyectos, las investigaciones en cuanto tuvimos la posibilidad. Debimos cerrar los laboratorios, sacrificar a los científicos implicados en los experimentos. Debimos hacerlo cuando todavía estábamos a tiempo ¿Una especie que llevaba extinguida millones de años? No. Eso no. Nunca. No siendo la única del planeta que se autodestruyó a si misma. Nunca debimos reimplantar a los humanos dentro del ecosistema. Debimos haber prestado más atención a las leyendas sobre la antediluviana Era de los hombres. Debimos haber aprendido de ellos, de sus fósiles, de los síntomas bélicos que prescribían y de los cráteres que habían dejado sus armas explosivas. Debimos mirar con más atención a aquellos paleógrafos que defendían el haber hallado antiguos escritos y que aseguraban haber descifrado fragmentos de relatos sobre la posible existencia de humanos parlantes que daban muerte a nuestros ancestros primigenios, los dragónidos, de forma indiscriminada. Ahora estoy seguro de que los mitos son ciertos. ¡Estuvimos ciegos tanto tiempo! Pero aún así debimos haber escuchado a nuestros sabios. No lo hicimos. Queríamos progreso. Pues aquí lo tenemos. ¿Y qué hemos conseguido con ello? Ponerle fecha al fin de nuestra Era. Porque la Era de los Dragones sobre la Tierra termina en cuanto acabe este día de hoy. Mañana será el primer día de la Segunda Era de la bestia humana.


¿Tomas nota de todo lo que digo,  buen escriba? Pues redacta también que en estos momentos yo, Gorg Draken, último rey descendiente de la orden de Draculea, alto mandatario de la raza de los dragones verdes, doy por terminada esta asamblea general, la última celebrada en la Sala de plenos del Castillo Real, en la capital de los Emiratos Unidos de la isla de Draconia. Y lo hago organizando la partida de estos jóvenes dragones en un intento desesperado por evitar que las bestias nos borren por completo de la faz de la tierra. Y escribe también que, tras despedirme de ellos, me dirijo a Lilith, mi pequeña mascota humana única de entre los de su especie, para encomendarle la custodia del libro del escriba, al que estoy a punto de dar por terminado, y que contiene los anales de esta guerra con todos sus entresijos, así como también desvela los secretos del poder destructor que han adquirido las bestias humanas. Esas armas que vienen desarrollando desde hace más de un milenio, y que elaboran con ese material que extraen de las entrañas de la propia tierra y que, al contacto con el aire, producen un fuego que quema la tierra, y mata y enferma a todo ser viviente.

A ti, pequeña Lilith, te cargo con la responsabilidad de buscarle un lugar seguro, porque este libro contiene toda la verdad. Y la verdad siempre debe de ser preservada. Dreyne, nuestro sumo sacerdote, te llevará en volandas hasta donde desees, y una vez ocultado este tesoro, deberás volver a convivir con tus congéneres, como las bestias, despojándote de todo lo que te hace civilizada, olvidándote de la lengua que te he enseñado y de todos los demás conocimientos que hayas adquirido. Pero tu labor no acaba aquí. Quiero que transmitas la ubicación exacta del escondrijo de este libro a tus descendientes, cuando los tengas. Porque a partir de mañana, ésta será la única prueba escrita existente de lo que una vez fuimos, pues generaciones de humanos venideras se encargarán de borrar nuestro rastro. Bien es sabido que son los vencedores quienes relatan la história a su antojo. Escriba, pon por último que así he dicho, firmo y rubrico yo, el último rey dragón con vida, cuando ya solo faltan tres horas para la última puesta de sol del mundo civilizado.

Olga Besolí

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Comments
3 Responses to “Segunda Era”
  1. Mariola dice:

    Mi enhorabuena, Olga. Complicado de leer pero muy original! Y las ilustraciones son geniales. ;-D

  2. Que buena experiencia en este trabajo. Mis felicitaciones a Olga y Jordi porque ha quedado muy bien, me encanta!!

  3. Olga Besolí dice:

    ¡Qué alegría de ver como ha quedado en general todo el ezine!!!! ¡Y que bien ha quedado nuestro trabajo!!!

    Y lo mejor de todo es que ha sido superfácil trabajar en este equipo tan entregado. De verdad que estoy que no quepo en mí.

    Y muchas gracias, Mariola, por tu comentario.

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