Informe Antropológico del CIAFIC -Madagascar

Autor: Laura Vazval

Ilustradores:Rosa García y Jesús Prieto

Corrección: Mary Esther Campusano

Género: Relato

Este cuento es propiedad de Laura Vazval, y sus ilustraciones correspondientes son propiedad de Rosa García y Jesús Prieto. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Informe Antropológico del CIAFIC -Madagascar

Por fin llegamos a la tribu, nuestros compañeros de equipo salieron entusiasmados a recibirnos. El sol  descendía suavemente por el horizonte dejando un baño de luz en el paisaje realmente romántico.

Bajamos de aquel maloliente  autobús que nos había traído desde el aeropuerto con ganas de evitar  el suplicio de tener que seguir oliéndolo, pero la bocanada de aire caliente que sentimos al posarnos no sé si era mejor que aquel diabólico cacharro que al menos inexplicablemente venia fresquito.

-Marta, Juan, ¡Nuestra parejita! Que bien que ya estáis aquí, temíamos que no llegarais a tiempo”. Andrés, nuestro jefe de equipo del Centro de Investigaciones en Antropología filosófica y cultural de España ( CIAFIC), así nos recibía, con los brazos extendidos y graciosamente vestido con una camisa y unos pantalones cortos pero anchos que ponían en evidencia aquellas piernas cual espaguetis almidonados con zapatillas.

El resto del look lo completaba con una chapela  que le aportaba su  típico rasgo de identidad vasco. Los niños de la aldea lo miraban de arriba abajo y nosotros también ¡Que pintas por Dios!, pero así era nuestro entrañable jefe, despreocupado en su exterior y enriquecedoramente  buena persona en su interior.

Después de darnos un  caluroso abrazo y la enhorabuena por nuestro enlace matrimonial, pues esa había sido la causa de no haber llegado todo el equipo junto, nos ofreció un hermosísimo ramo de flores  que un niño del poblado  a su lado escondía con las manos en la espalda. Marta se emocionó, no lo esperaba.

El resto del equipo Matías, Pelayo, Belarmino, y Olaya, nos abuchearon  con una ola  al más puro estilo futbolístico de nuestro país. Nos tiraron arroz que las gallinas picotearon apresuradamente, pues allí nada se desperdiciaba, y a hombros nos portaron cual victoriosos toreros al interior de la cabaña .La fama de pueblo ruidoso y alborotador que teníamos los españoles por el mundo una vez más estaba bien justificada.

La cabañita era todo un lujo para la zona,  aparentemente limpia y sorpresivamente  bien fresca y aireada  nos causó a Marta y a mi buena impresión. Desde luego había  una mano femenina en la bienvenida,  flores, las paredes encaladas  y un ambiente recogido y limpio.No había duda de quien había sido.

-Gracias Olaya-. Asintió devolviéndonos  una sonrisa en los labios como era habitual en ella.

Agradecidos por el refrigerio que nos habían preparado y después de descansar un poquito tranquilamente hablando, el jefe nos llamo al orden.

-A ver chicos acercaos a la mesa, tenemos que prepararnos para esta noche, ya están prendiendo la hoguera en el  poblado, en poco menos de una hora se hará totalmente de noche y  tendremos que estar todos reunidos en torno a ella.

Ya sabéis la metodología de este trabajo, ya la hemos preparado en España y ahora quiero que no se os pase nada, ni el más mínimo detalle. Tenemos un problema añadido y es que debemos retener muchos datos en nuestra memoria a excepción de Matías y Belarmino que serán los  encargados de las grabaciones de sonido y video.Los demás participaremos de la ceremonia como uno mas de ellos.

Debemos de ser muy respetuosos con sus costumbres, no hacer alardes ni espavientos que puedan confundirlos ni  malinterpretarnos. Asi que ser más bien pasivos en vuestros sentimientos, veáis lo que veáis. Intentar la empatia con el entorno que es la metodología por excelencia del buen antropólogo como ya bien sabéis.

Espero que  todos  estemos bien preparados y mentalizados para ello, este trabajo de campo a Madagascar  no va a ser diferente de otros que ya hemos hecho por el resto del mundo.Lo que  de verdad importa va a ser nuestro informe final y la experiencia que nos llevemos de aquí. Así que ¡Aupa  el CIAFIC!

Y con esta expresión tan característicamente vasca nos fuimos preparando para el acontecimiento que se nos venia encima.

Poco a poco el color del cielo se fue transformando y  la luz creadora de vida  cedió el paso a la estéril oscuridad .Llegaba así la noche en aquel poblado de Madagascar, y todo lo que había sido color, alegría y vida se tornaba gris y opacidad.Unas luces muy tenues dejaban percibir las siluetas de las chozas.

Con la oscuridad los seres de la noche no tardarían en dar signos  inequívocos de su existencia.Los malgaches  sabían muy bien de su poder y les temían tanto que al atardecer ya  encienden grandes hogueras para ahuyentarlos.

Hoy por fin íbamos a presentar lo que llevábamos tiempo anhelando, un ritual mágico de limpieza y  protección contra los espíritus de la oscuridad, como antesala de la gran fiesta prevista para mañana. Los cazadores tendrían que salir en busca de esos seres malignos que ellos llamaban” Demonios de la noche”.

Dejándonos aconsejar siempre por nuestro hombre, nos unimos a los participantes y nos colocamos en torno a la hoguera, que llameaba ya a gran altura.

Los ancianos, las mujeres y los niños sentados  en el centro y los hombres mas jóvenes  de pie en el exterior de ese circulo mágico.Andres, Pelayo, Olaya, Marta y yo nos sentamos por este orden en el interior del circulo .Nuestra posición al lado femenino causaba sorpresa pero esta era una excepción  solo para extranjeros, así que respetaron que nos uniéramos  con las demás  mujeres.

Ilustración de Rosa García

Ilustración de Rosa García

Nos acomodamos con las piernas cruzadas  lo mejor que pudimos para disfrutar  lo que nosotros considerábamos un trabajo y los  indígenas  preparados con arcos y flechas envenenadas consideraban un acto mágico religioso.Todo el mundo ocupaba el lugar que le correspondía por tradición menos nosotros  y Okalig, nuestro intérprete,  sentado a mi lado después me explicaría que para los indígenas el interior del circulo era el lugar destinado a los mas débiles, ahora comprendo las risitas que suscitábamos los hombres del equipo entre las mujeres y niños que nos rodeaban.

-Señor fíjese en sus máscaras y amuletos, todos ellos los portan  pero son diferentes de acuerdo a su rango-.Le agradecí a Okalig esa puntualización, me había pasado desapercibida.

Las máscaras imponían con su  agresividad, tenían grandes colmillos en la mandíbula inferior y unos ojos excéntricamente pintados  destinados para amedentrar a los espíritus.

-Se están preparando para ir a la caza y matar al maligno, el  “Demonio de la noche”. -No pueden permitir por más tiempo que solo un movimiento de su tercer dedo maldito   dé muerte repentina a sus seres queridos.

-Pero ¿qué es o quién es ese  ser de la noche?¿Tú lo has visto alguna vez?

Con un dedo en la boca me invitó a callar, comenzaba el rito y el silencio era primordial, así que me quedé sin respuesta.Tal era así que ahora se podían oír los  chisporroteos de la leña ardiendo…

Observé a mis compañeros tomando buena nota mental de todo lo que iba ocurriendo. Olaya y Marta se cogieron del brazo.

Comenzaba así  la ceremonia, se percibía tensión en el ambiente y en los rostros de estos hombres y mujeres que a nuestra vista parecían tan primitivos. Se miraban unos a otros con los ojos muy abiertos, sus  pieles  oscuras brillaban  a la luz de la hoguera y el que me pareció que era el brujo de la tribu por sus atuendos comenzó con unos cánticos acompasados con palmadas por el resto de los participantes. Nosotros hicimos lo mismo.

No quería  mirar hacia atrás, no quería darles el gusto de dudar de mi  hombría a todos los que estaban detrás, pero la obligación del trabajo mandaba y a expensas de ser duramente criticado, eché un vistazo hacia atrás, vi a Matías y Belarmino grabando todo el comienzo de la ceremonia y me quedé tranquilo.

Las mujeres se iniciaron con un canto que  parecía un murmullo, yo creí  escucharles  decir “ay, ay”, no lo sé, quizás era mi imaginación.

Los cánticos mágico-religiosos iban en aumento, el murmullo se hacia más intenso, más y más fuerte, se iba calentando el ambiente, el mago movía la cabeza de un lado a otro con los ojos cerrados murmurando algo en su primitivo lenguaje , bendecía con unas ramas el fuego y a todos los allí presentes, después quedó inmóvil unos segundos  y para nuestra sorpresa ,de repente,dio un salto al centro y se puso a danzar alrededor de la hoguera , giraba y giraba entorno a ella, escupiendo  y haciendo unos movimientos con las manos  por encima de las llamas, a la tercera vuelta saltaron a su lado  por encima de nuestras cabezas los aguerridos guerreros de la noche con sus arcos y flechas para armonizarse con sus  movimientos.

Los cantos de las mujeres  y niños  también se iban sincronizando  al compás que el brujo marcaba. Nuestro intérprete nos explicaba  que era un ritual mágico  de protección antes los seres malignos de la noche que ya presentían  cerca  y por ello  acrecentaban   sus  ademanes dando  grandes saltos simulando lanzar las flechas hacia el exterior, en dirección a los altísimos árboles circundantes , a la vez que impropiaban gritos  de amenaza.

Se repetía una y otra vez. Impresionaban sus feroces tatuajes pintados para la ocasión confiriéndoles un aspecto terrorífico .Impresionaban verlos y oírlos.

El calor intenso, el  fuego, los cantos repetitivos  y la danza   parecían embrujarnos, sentíamos mucho calor. Marta respiraba aceleradamente y yo creía ver ojos brillando en la oscuridad.

Mi novia se acurrucó a mi lado, las mujeres de la tribu nos  miraron. Okalig me advirtió de que ese comportamiento les estaba pareciendo  irrespetuoso.

La noche sin luna se tornaba demasiado oscura para nuestros ojos, acostumbrados a la luz de las ciudades y fuera del círculo donde estábamos  no percibíamos nada mas, tal era nuestra ceguera nocturna. Nos sentimos tremendamente inferiores ante estos aguerridos malgaches que eran capaces de ver y oír lo que para nosotros estaba negado.

Llevábamos un buen rato sin atrevernos a decir nada, sentía quemazón  en la cara producido por el ardor de la llama que se mezclaba con un  desconcertante escalofrío por todo el cuerpo no habitual en mi  y que jamás me dejaba amedentrar por nuestras experiencias antropológicas.

Ilustración de Jesús Prieto

Ilustración de Jesús Prieto

A Marta le importaba poco la opinión de las otras féminas y se abrazaba a mí con más fuerza, pero yo no estaba muy seguro de ser un buen apoyo de seguridad para ella y aunque intentaba aparentar estar sereno, estaba bastante  asustado. Debía mantener la calma, pensar fríamente y acordarme que ante todo estábamos haciendo un trabajo de campo. Con este pensamiento  me calmé un poco.

Gritos de lamento en la noche nos asustaron de nuevo, procedían de la profundidad del bosque.Su quejido no parecía humano aunque oí perfectamente  un “Ay… ay…. “bien prolongado.

Okalig acostumbrado seguramente a ellos, seguía describiéndome los pormenores de esta ceremonia.

-Pronto brincarán de nuevo por encima de nuestras cabezas y desaparecerán en la oscuridad. Irán al encuentro del maligno y no regresaran hasta dar con él.

– ¿Eso es verdad? ¿Es así?

– Sí, saben que cuando uno de estos seres de la noche merodean la aldea no tardará en haber desgracias y este ritual es de protección  para toda la tribu, tienen que dejar limpio el poblado para la gran fiesta de mañana”.

El famadihana, había oído hablar de ella, demasiado fuerte para mentes occidentales, pensé.

-Por tus palabras deduzco que existen muchos seres malignos por aquí –le preguntó Marta que había oído el comentario.

-Si señora, los matan pero siguen apareciendo para nuestra desgracia.

-¿Y cómo son? Podrías describirlos.

-Repugnantemente feos señora, tienen unos ojos amarillos, saltones, y su mirada es mortal.  ¡Pobre de aquel que tropiece directamente con ella, porque morirá en el instante! Nadie  debe chocar con su mirada directamente.

Sus  afilados dientes como los de una rata, pueden roer los huesos con tanta facilidad como ustedes y yo comemos una mandioca y el tercer dedo de sus dos manos es muy largo y delgado con una uña que usa como puñal para matar y atraer la comida a su monstruosa y maloliente boca. Es un ser maligno, un ser de mal agüero  que pena por nuestras selvas.

– Con lo bien que podíamos estar en isla Mauricio echados en una hamaca, me reprochó Marta al oído, cuidándose muy bien de que nuestro intérprete no la oyera. Yo sabía que solo estaba asustada, así que aparentando la calma que me faltaba la reconforté con un beso.

-¡Tranquila mi amor, no pasa nada, esta gente es muy supersticiosa, seguro que no es para tanto!-le susurré en voz muy baja.

Tal y como nos había descrito Okalig, los cazadores saltaron por encima de nuestras cabezas y se perdieron en la negrura de la noche, oímos sus machetes abrir paso entre la maleza y al poco dejamos de percibirlos.

De momento todo quedó en silencio, nosotros aguardábamos sin movernos mirándonos unos a otros .Andrés me hizo un gesto de quedarnos donde estábamos. De nuevo el silencio dejaba oír el chisporroteo de la  leña en la hoguera.

La ceremonia entonces se trasformó…Las mujeres solas, sin los hombres, tomaron la iniciativa y comenzaron a entrelazarse por  la cintura y  nosotros hicimos lo mismo. Nuevas  modulaciones de voz, nueva verbosidad  que no entendíamos se fusionaron en tonos   más bajos, estrenándose con un movimiento de vaivén como el mecer de las olas, los ojos  sellados  por si se presentaba el maligno.

-Hagan lo mismo, nos aconsejó Okalig.

Obedecimos sin rechistar. Miré a mi izquierda para Marta y Olaya, parecían muy integradas, empáticamente integradas diría yo como ausentes del trabajo que nos había conducido allí. Participaban de la ceremonia como unas más de la tribu. Ya me explicarían después el porque de esa falta de objetividad. Andrés y Pelayo sin embargo escudriñaban cada movimiento, cada giro que se producía, intentando fijar en la mente lo que mas tarde tendrían que redactar en su informe.

Entrecerré los ojos, pero solamente eso, todos  mis sentidos seguían alertas.

Verdaderamente parecía mágico, el calor, los olores a perfumes de plantas aromáticas, los sonidos y aquella gente tan diferentes a nosotros. Ni en mis mejores sueños podría haber vivido una experiencia con esta.

Oí a Marta canturrear a su  aire  totalmente ausente y desde el rabillo del ojo comprobé que así era pues tenía los ojos cerrados y se mecía igual que las indígenas, así que decidí interpretar mi papel y  aparentemente dejarme llevar.

Ahora recordándolo  pienso que perdí la noción del tiempo.

No sé si fueron los sonidos repetitivos  o el cansancio del viaje pero creo que por un  instante llegue a dormirme. Debieron de ser segundos, minutos, no lo sé, ya me lo dirían Matías y Belarmino que no perdían detalle con sus cámaras, pero a mi me parecieron horas.

Un golpe seco, fuerte, pesado me despertó, abrí los ojos y delante de nosotros un saco con algo inerte en su interior.

Los hombres habían regresado sigilosamente, no los habíamos oído llegar, pero estaban allí de nuevo, delante de nosotros exhibiendo el motín de su captura. Las mujeres agarraron a sus hijos levantándose velozmente, como asustadas. La siguiente reacción  fue taparse los ojos y darse la vuelta. Está claro que no querían ver lo que había allí dentro.   Nos miramos, no sabiendo que hacer… como nadie se movió todos nosotros permanecimos sentados en la misma posición sin atrevernos a mover un dedo.

-Los hombres de la tribu comenzaron de nuevo una danza ritual alrededor esta vez del saco tirando sus amuletos encima de el .El brujo espolvoreó unas semillas sobre la tela y unas  flechas se clavaron  en la tierra a modo de cárcel improvisada.

-¿Qué es esto?

– Han cazado al maligno, señora.

-Pero no parece gran cosa, le repliqué  yo a Okalig

-Mas bien parece poca cosa.

-Dentro de ese saco, señor, está el “Demonio de la noche”, el maligno del que antes les hablé.

Intrigado por el tamaño de lo capturado y por verlo, esperé a que acabara el ritual del brujo y ansioso  por saber que ser  yacía en el interior del saco  y antes de que lo arrojaran a la hoguera, le pregunte a mi intérprete si podían mostrárnoslo.

El se levantó y se dirigió al jefe de la tribu. Aquella  situación era insólita para ellos. El demonio se cazaba y luego se purificaba al fuego. Parecían negarse. Estuvo un ratito cuchicheando con él y dirigiendo su mirada hacia nosotros y hacia el saco.

También pude ver como le entregaba unas monedas  y se ve que su negociación funcionó porque el brujo se encamino directamente  hacia nosotros .Su cara no era precisamente de buenos amigos, con el saco y un puñal en la mano. Se agachó lentamente, estaba solo a un medio metro de nosotros. Marta me miro asustada, yo tragué saliva, Andrés y Pelayo no movieron  ni una ceja y Olaya se encogió adoptando una forma fetal.  .El  brujo  mirándonos directamente a los ojos y nunca al saco, cortó la atadura del mismo dejando caer ante nuestros pies el macabro espectáculo.

¡Por Dios! , grito Marta horrorizada poniéndose de pie – ¿Qué es esto?

Enseguida nos dimos cuenta de todo.

-¡Marta, siéntate, le aconsejo Andrés al tiempo que Olaya tiraba de sus pantalones hacia abajo. Confieso que yo también me contuve  para no propinar    un taco de desprecio y  desahogo.

Ellos seguían sin poder mirar al ser de sus desgracias pero nosotros lo mirábamos y lo mirábamos sin comprender muy bien la necesidad de tanta crueldad.

Habían dado caza al demonio que “los atormentaba”, al ser más maligno y despreciable de la naturaleza, al demonio mas feo y repugnante de cuantos había, que fulminaba con su mirada  a cuantos se pusieran a su alcance .Los indígenas les habían sacado los ojos y ahora colgaban desprendidos de sus orbitas.

Era dantesco, aquel animalito, era solamente… un “aye  aye”, un animalito totalmente inofensivo de la familia de los lémures, emparentados con los monos .Su hábitat eran los árboles, su alimentación unos gusanitos que se esconden detrás de la corteza, de ahí su largo dedo central para sacarlos, el resto de la alimentación, hojas y frutas.

Ahora comprendía  la correspondencia con los cánticos de las féminas  “ay, ay” que es el sonido que producen  estos monitos   tan  poco agraciados  y esa era precisamente su mayor desgracia. La tribu les tenía por demonios por su fealdad, pobres bichitos, ahora estaban al borde de la extinción y aquel ser diminuto, terriblemente torturado por la superstición de aquellas gentes contribuía aun más a su completa desaparición.

Aquel animalito acabó su existencia- como tantos y tantos capturados anteriormente -inquisitoriamente consumido por las llamas purificadoras de la hoguera.

Cuando todo hubo terminado llegamos a la cabaña y por Internet pudimos ver un video del “aye aye”.

Marta acusaba el cansancio, el estrés y el impacto final de aquella ceremonia. Su respuesta  fueron  lágrimas, lagrimas de impotencia ante tanta crueldad.  Lagrimas de impotencia ante la iniquidad de los humanos. Lágrimas y maldiciones para las supersticiones.

Lémur  significa “espíritu nocturno” de ahí su fama de “seres de la noche.”

En la actualidad solo quedan unos 2500 ejemplares.

Terminamos el   informe  escrito de todo lo vivido antes de que el cansancio hiciera mella en nuestra memoria y  nos retiramos a descansar con muy mal sabor de boca por lo ocurrido

Los malgaches, felices, tranquilos y contentos porque una vez mas habían derrotado al diabólico “Ser de la noche”. Ya podían respirar tranquilos para el gran día de mañana el rito más importante de la cultura malgache,” el famadihana”. Vendrían gentes de otros poblados y  se prepararían para la gran ceremonia de desenterramiento de sus muertos, ya libres de malos augurios, Pero esta seria otra ceremonia que habríamos  de vivir más adelante.

Madagascar no dejaría nunca de sorprendernos.

Laura Vazval

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Comments
2 Responses to “Informe Antropológico del CIAFIC -Madagascar”
  1. Laura, que historia tan terrible y qué bien te has documentado.
    Realmente detrás de muchos mitos y supersticiones está el “aspecto” poco afortunado de algunos seres, que por tener actividad nocturna y ser asi de feos, se les puede temer como “seres o demonios de la noche”.
    Muy buena tu historia
    Los dibujos también centrados en el aspecto terrorífico.
    Enhorabuena

    • Laura Vazval dice:

      Gracias Conchita.
      Perdona el retraso.
      Quise hacer incapié en el sufrimiento de tantos y tanto animalitos y seres humanos que por su fealdad son despreciados con total crueldad.
      Quise con este relato que se tome conciencia de la necesidad del conocimiento para perder el miedo a lo desconocido y erradicar de nuestras culturas el fanatismo, la crueldad, y la sinrazón de la masacre totalmente injustificada hacia los animales. Crueldad amparada por tradiciones, ritos, miedos e ignorancia .
      Gracias de nuevo por tu comentario
      Laura Vazval

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