Un vampiro novato

Autor: Virginia Wollstein

Ilustradores: Rafa Mir y Verónica López

Corrección: Mary Esther Campusano

Género: Paranormal, comedia

Este cuento es propiedad de Virginia Wollstein, y sus ilustraciones correspondientes son propiedad de Rafa Mir y Verónica López. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Un vampiro novato

Talia suspiró otra vez con un tono de desesperación. Volvió a retomar el tema.

—Los vampiros no se dedican a dormir en ataúdes, nosotros no dormimos, Gaspar, ni siquiera por el día.

— ¿Nunca has tenido sueño? —preguntó Gaspar interrumpiendo por duodécima vez su clase.

Talia negó con la cabeza. En aquellos momentos no recordaba porqué había decidido comprometerse con un novato. Siempre les cuesta entender las cosas más simples, no digamos ya las difíciles. Les cuesta adaptarse, se supone que no tendría que ser así pero es cómo si fueran bebés de nuevo.

Ilustración de Verónica López

Ilustración de Verónica López

—Concéntrate. Vamos a intentarlo una vez más —dijo la vampiresa.

El ambiente debería ser de gran ayuda, ella siempre se sentía más inspirada en la oscuridad, cuando la luna estaba más alta pero apenas podía ver su brillo entre los edificios. Los callejones eran sus lugares favoritos para transformarse y alimentarse. Gaspar respiró hondo haciendo unos extraños movimientos con los brazos como si estuviera haciendo yoga y mientras cerraba los ojos, Talia negó con la cabeza como si aquel chico no tuviera remedio y después cerró también los ojos. Él abrió uno para comprobar que Talia también se concentraba y vio como poco a poco se iba transformando en murciélago.

—¡Wow! Es alucinante —dijo Gaspar por quinta vez en aquella noche.

Talia revoloteó delante de sus narices un rato, mientras él intentaba tocarla. Cuando se cansó de aguantar así se volvió a transformar y reapareció Talia en su forma vampírica estirándose poco a poco.

—No has hecho lo que te he pedido —dijo Talia enfadada—. Repíteme los pasos para la transformación.

Gaspar fue contando uno a uno con sus dedos como un buen estudiante.

—Uno, concentrarse. Dos, tener la imagen mental del murciélago y mantenerla…

—¿Y qué tienes que saber para ello? —le cortó la vampira.

—Pues como es un murciélago —respondió el novato—. Pero eso ya lo tengo controlado, lo prometo —Talia asintió y el chico continuó—. Tres, meterme mentalmente dentro de esa imagen mientras mantengo la concentración. Y en el número cuatro ya deberían estar volando, ¿no?

—Bueno transformarte instantáneamente volando es algo que requiere mucha práctica, ¿sabes? Confórmate con tener hocico, alas y estar casi ciego —explicó Talia haciéndose la sabihonda—. Inténtalo otra vez.

Gaspar asintió y cerró los ojos intentando atraer a su mente la imagen del animalillo alado en el que se convertía su maestra. Un par de gotas de sudor cayeron por su frente, pero no ocurrió nada.

—Esto sigue sin funcionar. ¿No podemos descansar un poco? No sé, quizá podemos tomar algo para reponer fuerzas.

Talia soltó algunos improperios en ruso donde parecía que se trababa la lengua en cada palabra. Cuando terminó se dirigió al chico, el cual tenía cara de sorprendido por lo repentino de su ataque de histeria

—Se me había olvidado lo más importante. Tienes que beber sangre para poder transformarte.

—¿Sangre? —Dijo Gaspar con cara de asco—. ¿Estás segura?

—Pues claro. Mírate esos dientes, eres vampiro.

—En realidad no tengo demasiada hambre, ¿sabes? ¿Por qué no dejamos lo de los murciélagos para otro día? ¿Qué me dices?

—¿Entonces cómo se supone que vamos a ir a Irkutsk? ¿En avión?

Gaspar se encogió de hombros como si fuera su mejor opción.

—Lo siento, soy claustrofóbica —la vampiresa giró en redondo fijándose en cada lugar del callejón—. Seguro que hay ratas en este callejón que puedas probar.

—Pero comerme una rata sería casi como comer a alguien de mi especie, ¿no? Los murciélagos son mamíferos como las ratas pero sin alas. Sería como si un humano se comiera un niño que no supiera volar.

—¡Olvídate de los humanos! —Dijo Talia un poco fuera de tono—. Las ratas son lo único que tenemos cerca ahora. ¿Quieres aprender a sobrevivir o no?

Gaspar asintió muy dispuesto, dejando atrás sus gustos alimenticios, esos ya eran cosa del pasado. Talia señaló a una esquina del callejón donde había una rata de tamaño pequeño.

—Ahí.

Ella se acercó y la cogió. La rata intentaba escapar de entre sus manos, pero la apresaban con fuerza.

—Tienes que beber su sangre mientras aún está viva, para que el corazón siga bombeando. La sangre estancada es un asco.

Gaspar cogió la rata. Con su olfato de vampiro novato podía oler la suciedad de la rata en todo su esplendor, lo cual no le abría para nada el apetito. Entre sus manos el corazoncito comenzó a latir un poco más rápido de lo normal.

—Vamos, cométela —instó Talia—. No tenemos toda la noche.

Gaspar lanzó sus colmillos hacia su presa indefensa y mordió con saña hasta dejar a la pobre criatura como un muñeco de trapo sin relleno. De alguna manera la sangre de la rata le ayudó a concentrarse con mucha más facilidad y dibujó un perfecto murciélago en su mente. Se imaginó a sí mismo metiéndose dentro, como si fuera un disfraz de carnaval y cuando abrió los ojos lo veía todo desde una perspectiva diferente.

Era la primera vez que veía a su maestra desde el suelo, aunque incluso desde ahí seguía siendo tan hermosa que quitaba la respiración con su piel como el nácar y sus labios carmesí. Ella se agachó y le miró con satisfacción.

—Al fin lo has conseguido. Aunque las colas de los murciélagos suelen ser un poco más largas, así te va a ser difícil virar cuando vueles.

Gaspar se miró a sí mismo y se vio diferente. Sus manos ya no eran tal, sino unas garritas oscuras unidas a su cuerpo por una membrana. Sintió un poco incómodas las alas, pero pensó que sería solo hasta que se acostumbrara. Podía ver su hocico alargado si ponía sus ojos bizcos y forzando mucho la vista, puesto que como todo el mundo sabe los murciélagos apenas pueden ver. Se examinó durante unos momentos y después descubrió a Talia convertida en murciélago justo a su lado.

—Ahora daremos la primera lección de vuelo —dijo la murciélago con voz de pito—. Será corta, pero necesito que aprendas rápido y bien.

Gaspar movió su cabecita rápidamente de arriba abajo.

—En realidad alzar y mantener el vuelo es bastante intuitivo, así que ahí no creo que encuentres dificultad alguna. El problema lo encontrarás al querer girar en el aire o a controlar las distancias con los objetos que te rodean. Hasta que hayas aprendido no te alejes de mí y haz exactamente lo que yo haga.

El murciélago novato asintió de nuevo está vez con más nervios. Talia comenzó a correr por el callejón, extendió sus alas y se elevó en el aire, las batió un par de veces más para llegar a la altura que quería y después se mantuvo revoloteando como una mariposa observando a su pupilo desde arriba.

Gaspar inspiró hondo y empezó a correr. Imitó a su maestra y antes de que se diera cuenta ya estaba en el aire y subiendo. Aquello era como la primera vez que uno va a la playa, nadar es facilísimo. Y así se sentía Gaspar, como pez en el agua. Quiso volver a localizar a Talia, pero no veía bien. Al final ella apareció a su lado.

—Lo has hecho bien.

Su maestra estaba contenta con sus progresos. Estuvieron toda aquella noche aprendido los rudimentos del vuelo: como girar levantando una de las patas delanteras, como controlar su cola cuando estaba planeando y mucho más. Empezó incluso a emitir sonidos y a aprender a reconocerlos cuando venían de vuelta, aunque todavía no era capaz de hacerlo mientras estaban en pleno vuelo.

Cuando ambos estuvieron exhaustos Talia le enseñó a aterrizar frenando con las alas y pisando con sus patitas traseras el sueño hasta estar completamente parada. Él repitió los movimientos, tropezó en el último momento, pero a pesar de eso se sentía muy orgulloso de sí mismo.

—Aprendes rápido, muy bien —dijo Talia—. Mañana partiremos de viaje.

—Durará varios días, ¿verdad? —dijo Gaspar que ahora tenía muchísimas ganas de volar. Talia asintió—. ¡Genial! ¿Y cómo volvemos a ser humanos?

Talia abrió los ojos como recordando algo y volvió a soltar palabrotas y juramentos en su idioma nativo. Gaspar se tomó la libertad de taparse los oídos esta vez, puesto que como los murciélagos tienen ese sentido mucho más desarrollado lo escuchaba todo tres veces más alto. Se tiró cinco minutos sin parar hablando en ruso hasta que Gaspar se enfadó y la cortó zarandeándola.

—¿Qué es lo que pasa?

—Pues… —dijo ella volviendo al español—. Pues que se me había olvidado lo más importante. Verás: para volver a transformarse en vampiro es necesario que bebas sangre humana al menos una vez.

Ilustración Rafa Mir

Ilustración Rafa Mir

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Comments
4 Responses to “Un vampiro novato”
  1. ¡Caray Virginia¡¡ ¿ Y ahora qué hacemos?
    Me he tenido que concentrar mucho para poder volar también con vosotros, pero lo de la sangre humana….. ¡ Por dios¡ Tendrás que continuar el cuento y darnos soluciones ¿no?
    Un abrazo para ti y para tus ilustradores, que han acertado de pleno
    Conchita

    • Virginia Wollstein dice:

      Jeje, gracias, Conchita.
      Los ilustradores me han ayudado mucho a ir desarrollando el ambiente y los propios personajes. Es un sencillo cuento de vampiros con tono cómico, en fin.
      Un abrazo fuerte,
      Vir

  2. Paloma Muñoz dice:

    Ese final te deja esperando respuestas. Tu historia tiene un sentido del humor que curiosamente se da en este tipo de relatos y hacen que sean más orifinales y fascinantes al mismo tiempo. Me ha encantado, Felicitaciones y felicitaciones para los dos ilustradores.

  3. Mariola dice:

    Virginia, un saludo y mis felicitaciones. Coincido con Paloma en ver ese sentido del humor que efectivamente puede darse en estos relatos que supuestamente suelen ser de terror. Y además, es que te lo ilustran dos maestros de los grandes como Rafa y Verónica, con quienes también tuve la suerte de formar equipo. Así que os ha salido muy bien. ¡Enhorabuena!

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