El ojito de Osi viaja al fondo del mar

Autor: Mª del Carmen Moreno Alférez.

Ilustrador: Marta Herguedas.

Corrector: Federico G. Witt

Género: Cuento infantil.

Este cuento es propiedad de Mª del Carmen Moreno Alférez, y su ilustración es propiedad de Marta Herguedas. Quedan reservados todos los derechos de autor.

EL OJITO DE OSI VIAJA AL FONDO DEL MAR

Yo era un ojo. El ojo de un osito de peluche. El osito de peluche de Irene que, como estaba tan sucio que ya no parecía ni blanco, mamá echó a lavar. Y yo era, simplemente, aquel ojo que estaba suelto y, con los movimientos de la lavadora, se desprendió. Pequeño como un botón y negro como el azabache.

Ilustración de Marta Herguedas

Ilustración de Marta Herguedas

Di vueltas y vueltas en la lavadora hasta que me mareé y ya ni veía. Y, entonces, una fuerza misteriosa tiró de mí y viajé en una corriente de agua, primero por un desagüe y después por la red de alcantarillado de la ciudad. Como yo era de plástico, flotaba, y así viajé, impulsado por las corrientes subterráneas hasta acabar en el mar. En el fondo del mar. Y debí caer muy profundo, porque todo estaba muy oscuro y no lograba salir a la superficie. Así que me dejé llevar por las corrientes submarinas, nadando de un sitio para otro. Y vi cosas maravillosas…

En el fondo del mar no hay flores, pero hay corales, y yo bailé con ellos, meciéndome al compás de una balada imaginaria, de un lado para otro, dejándome llevar, siguiendo su ritmo. Y así estaba, bailando, cuando pasó una bandada de peces pequeños, muy pequeños, pececitos que por no tener no tenían apenas color. Les pregunté si podía ir con ellos y me uní a su viaje. Fuimos nadando (o buceando) camino a Narbunco, que era la ciudad donde vivían los peces. Me habían contado tantas cosas de ella que estaba deseando verla y saber cómo es ese lugar donde los peces tienen su hogar. Casi habíamos llegado cuando unos caballitos de mar nos salieron al asalto. Me quedé muy quieto mientras los peces comenzaron a nadar, lentamente, en sentido contrario. Los caballitos no debían de saber dónde estaba Narbunco. Pero yo quería jugar. Entonces tuve una idea: me subí a lomos del capitán de los caballitos. «Ja, ja, haremos la guerra a esos peces. ¡Al ataque!». Pero la batalla acabó antes de comenzar, porque los peces salieron corriendo. «Sí que temen a los caballitos», pensé.

Ilustración de Marta Herguedas

Ilustración de Marta Herguedas

Fue entonces cuando oí un ruido detrás de mí, un ruido como el que hace el agua cuando sale por el desagüe del lavabo después de que Irene se haya lavado la cara. Giré lentamente la cabeza y vi a un pez espada que nos miraba amenazante y abría la boca para comerse al capitán; pero no se lo comió, porque el capitán fue más rápido y, extendiendo y encogiendo su cola, salió corriendo. Con el impulso del caballito salí despedido hacia atrás, me quedé rezagado y el enorme pez me ingirió.

Ana, la madre de Irene, estaba sacando la colada: una camisa, dos braguitas, unos pantaloncitos, el osito de Irene… Al coger a Osi, se detuvo un instante: le faltaba uno de sus ojitos. Siguió sacando la ropa con mucho cuidado, sacudiéndola antes de tenderla, por si el ojito de Osi estaba entre ella, pero no apareció. «Tendremos que hacer algo antes de que Irene lo vea o se pondrá muy triste», pensó. Y, con mucho cuidado, lo colgó del tendedero colocando una pinza en cada una de sus orejas. «Quizá un botón pueda servirle de ojo, Irene no notará la diferencia», y sonrió feliz con su rápida solución al problema.

En ese momento entró Santiago, su marido, en la cocina. Como todos los domingos se había puesto los pantalones verdes impermeables, las botas de agua y ese chaleco todo lleno de bolsillos. Era el día que dedicaba a ir de pesca con sus amigos.

—Te has levantado muy temprano —dijo, dando un beso a su esposa. Se tomó, casi engulló, un café con una tostada y salió corriendo a reunirse con sus amigos.

En el embarcadero, movida por las olas, estaba anclada la barca de Santiago. Dos hombres, de constitución más bien delgada, esperaban ansiosos, levantando una bolsa que contenía aperitivos y dos packs de ocho latas de cerveza. Tras un breve saludo se instalaron en la embarcación. Unos minutos más tarde estaban en alta mar dispuestos a practicar su deporte favorito, la pesca. La mayoría de los días no pescaban nada, pero eso no era lo importante. Lo primordial era pasar un buen rato juntos y charlar de sus andanzas durante la semana. Pero ese día, además, la suerte sonrió a Santiago. Estaba contando una de sus mejores anécdotas del trabajo cuando su caña comenzó a moverse con fuerza.

—Tira, Santiago —gritaron sus amigos al unísono.

Santiago comenzó a recoger la tanza. Su sorpresa fue mayúscula cuando vio colgando del anzuelo un enorme pez espada. Todos se quedaron boquiabiertos cuando lo sacó del agua.

La sorpresa fue aún mayor cuando llegó a casa. Irene miraba el enorme pez con los ojos abiertos como platos. No paraba de repetir:

—¡Qué pez tan grande, papá! ¿Lo has pescado tú solito?

Mamá se llevó el pez a la cocina para limpiarlo y cocinarlo. Cuando le sacó las tripas vio algo inusual. «¿Qué es esto tan duro que te has tragado?». Puso el objeto bajo el grifo. La sangre se fue diluyendo y un objeto redondo, negro como el azabache quedó en la mano de mamá. «¡No me lo puedo creer! ¡Es el ojo de Osi!», pensó mamá. Secó el pequeño objeto con un paño de cocina, cogió del tendedero el osito y comparó el ojo que tenía en la mano con el otro que había permanecido inmóvil en el peluche. «Es idéntico. ¿Cómo habrás llegado al interior de ese pez? Nunca lo sabremos».

Fue al salón y del cajón de las manualidades sacó el pegamento. Puso un par de gotas en la parte trasera del ojo y lo colocó en su lugar. Lo apretó para que se pegara bien y, acto seguido, cogió un pequeño cepillo y peinó con esmero el peluche. «Ya está. Pareces nuevo».

En ese momento apareció Irene. Se puso muy contenta al ver su osito de peluche.

—Mamá, ¡qué limpito está Osi! Te quiero, mamá.

El osito sonreía camino a la habitación de Irene. Su ojo le había resumido sus aventuras bajo el mar.

Ilustración de Marta Herguedas

Ilustración de Marta Herguedas

Anuncios
Comments
25 Responses to “El ojito de Osi viaja al fondo del mar”
  1. Irene dice:

    Me ha encantado tu cuento, Mª del Carmen, y no porque la protagonista se llame igual que yo sino por la magia y la fantasía que desprende. Enhorabuena a ti y a tu ilustradora. La última imagen es preciosa.

  2. marta dice:

    Me ha hecho mucha ilusión verlo ya todo, pero, creo que falta una ilustración, estoy casi segura de que también la envié…

  3. As dice:

    Qué bonito y tierno, me ha encantado el cuento y no digamos las ilustraciones; además me ha traído muchos recuerdos, mi Martita también tenía un osito blanco que le compré cuando nació, todavía está con nosotras, desde hace 28 años….. Enhorabuena a las dos.

  4. tico dice:

    Quien fuera ojo para correr aventuras como ésta. Qué dulzura de relato Mayca, enhorabuena. Un besete.

  5. Desprende una gran ternura el cuento de Mª del Carmen. Ese osito ha vivido algo inolvidable y su dueña ahora le quiere más.
    Las ilustraciones de Marta son muy apropiadas y ha hecho tres, un record

    • Mª Carmen Moreno dice:

      Muchas gracias, Conchita. La verdad es que me encantaron las ilustraciones. Son las que le dan vida al cuento.

    • marta dice:

      Gracias, Conchita, el relato daba para tres y más!! Todavía no he llegado a tu relato… pero lo haré pronto!!

  6. Ma. del Carmen

    Me has hecho sentir medio niña y medio pez.

    Preciosas ilustraciones.

    Felicitaciones a ambas por el resultado.

  7. chusdiaz dice:

    Un cuento muy dulce, Mª Carmen! Me gusta especialmente la primera parte, las aventuras narradas bajo el punto de vista del ojo. Y las dos frases que cierran el cuento son geniales. 🙂

    Marta, felicidades a ti también por las ilustraciones: no sé que estilo has utilizado, pero me encanta!

    • Mª Carmen Moreno dice:

      Muchas gracias, Chus. Dejé volar mi imaginación y jugué con los puntos de vista. Me ha encantado tu relato. Como cambia el circo a la vez que cambian abuelo y nieto. Y el final, inquietante. Precioso.

    • marta dice:

      Lo del estilo es secreto profesional, Chus!! jajaja. No, es broma, tiene una parte de dibujo tradicional y otra de digital, ningún misterio. Me alegro de que te haya gustado!!

  8. ¡Enhorabuena, Mª Carmen y Marta!, es un cuento con mucho encanto, sencillo y tierno; Marta, qué maravillosas ilustraciones, has logrado una atmósfera muy onírica y misteriosa, me encantan los trazos y las tonalidades. Saludos, S.

  9. Montse Augé dice:

    Enhorabuena, Mª Carmen, te has atrevido con este género, el infantil, realmente difícil. Me ha encantado tu versión moderna, es donde me ha trasportado la imaginación, del soldadito de plomo.

    Y enhorabuena también por las ilustraciones Marta!!!

    Un abrazo a las dos!!

  10. Mariola dice:

    Qué bien haber tenido este día aquí tonto de fiesta… Estoy aprovechando para leer los relatos que me faltaban, y me ha gustado mucho esta nueva versión del soldadito de plomo. Coincido con Montse en lo difícil que es el género infantil, por eso os admiro a quienes lo intentáis, y estoy tomando notas de vosotros, que tengo una sobri pequeñaja y lo mismo un día me atrevo yo a escribirle los cuentos.
    Y las ilustraciones de Marta son una pasada! Qué ilusión que me la haga para la próxima!

  11. PALOMA MUÑOZ dice:

    Pienso lo mismo que Mariola. No es tan sencillo escribir historias o cuentos infantiles y el cuento de María del Carmen es original desde el principio al final. Las ilustraciones están estupendas. Marta, son preciosas. Un saljudo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: