El sirena

AUTOR:  RAQUEL BONILLA SANTANDER

ILUSTRADOR: VERONICA LOPEZ

CORRECTOR: ELSA MARTINEZ

Género: relato

Estos cuentos son propiedad de Raquel Bonilla, y su ilustración es propiedad de Verónica López. Quedan reservados todos los derechos de autor.

EL SIRENA

Necesitaba sentir, oler, despejarse, dormir, ver las estrellas; salir de esas cuatro paredes llamadas oficina, estirar las piernas, dejar de pensar, dejar de correr, de hablar por teléfono, de escribir, de ver casas, en definitiva, como decía su psicólogo “necesitaba huir del estrés”. El trabajo había absorbido su vida y con tan solo 30  años había dejado de sentir, de enamorarse, de reírse en cuadrilla … era un agente inmobiliario dispuesto a salvar el negocio del ladrillo dejando a un lado el negocio de su corazón.

Todo su entorno era consciente de que Iker necesitaba unas vacaciones forzosas pero era muy difícil convencerle de que lo hiciera. Al definir su carácter, la palabra cabezota te venia a la mente a la primera de cambio.

El día de su 31 cumpleaños, como de costumbre después de un largo día de trabajo, paso por un chino de su barrio y con sus aceitosos rollitos y su arroz tres delicias pensaba pasar su cumpleaños sentado en su sillón sin apenas acordarse de que era su aniversario.

Tuvo que recibir la llamada de su madre para reaccionar y darse un homenaje, abrirse una lata de coca cola. Como veis no se si os imagináis un cumpleaños más aburrido.

Pero por suerte o eso pensaron todos sus amigos, algo iba a cambiar ese día. Al llegar  a su rellano tuvo que dejar las bolsas en el suelo para poder abrir la puerta, aunque sin éxito. La puerta no se abría y era tal su desconcierto que tardó más de 15 minutos en leer la enorme nota pegada junto a la mirilla.

“No, hoy no entras en casa, deja tu estrés en el felpudo y baja a la puerta”. Aun no sabía el grado de su enfado, y era mejor que no se pusiese a analizarlo. Bajó, claro que bajó, parecía un búfalo echando humo por las orejas, en su cabeza no había sitio para las sorpresas, ni para la diversión en su cabeza había una gran pancarta que decía que había que madrugar para ir a trabajar.

Allí estaban sus amigos riendo sin parar montados en una cochambrosa furgoneta alquilada. Iker no sabía si despellejarlos o dejarles que se explicasen, la opción fue difícil pero no acabó con los guasones de sus amigos. Pero ¿montarse en la furgoneta?, ¿Dónde iban?, ¿estaban de broma?, ¿se habían vuelto locos?.  La verdad, realmente imposible hacer que el cabezota se montase, pero lo hizo cuando vio que no tenía otra opción. Durante el viaje su cabeza dio millones de vueltas, pero fue superior a sus fuerzas preguntarles el paradero del viaje, realmente no quería saberlo, quería que fuese una pesadilla y que al despertar estuviese tan tranquilo en su cama de dos metros.

Ya hemos llegado, este es nuestro regalo. No sabía porque habían conducido durante más de una hora hasta el puerto. No entendía nada, si era su regalo se habían equivocado, no le gustaba, el mar, ni el marisco, ni siquiera recordaba lo que era una piscina.

¿Ves ese barco? Si ese de allí, el que tiene una sirena dibujada. Aquí tienes tus llaves, ahora comienza tu aventura. Tienes un mes de vacaciones, no tienes ni móvil, ni conexión a internet, solo tienes ese barco “El sirena”.

Iker alucinó durante un par de horas. Lo habían dejado allí tirado, frente a un barco que evidentemente necesitaba más de una capa de pintura y más de una desinfección.  Su padre había sido pescador de alta mar, pero de eso hacia tanto tiempo que Iker  lo había guardado en su baúl de los recuerdos.

No sabía por dónde empezar pero lo que tenía claro es que esa noche tenía que pasarla allí, no tenía ni llaves de casa, ni cartera para pagarse un hotel, ni móvil para llamar.

Sumiso y muy cabreado entró en el barco, no estaba tan mal como parecía, sus amigos habían tenido la decencia de limpiar aquello y dejarle comida y ropa limpia.

Nunca sabrá si “El sirena” tenía algo mágico pero esa noche durmió de un tirón, sin pensar, sin mirar el reloj, sin oír el móvil… lo que llamamos descansar por fin. Por lo que a la mañana siguiente el humor le había cambiado, el azul del mar le parecía más azul que en su infancia, y el olor a mar le parecía más atractivo. No recordaba cómo poner ese cacharro en marcha, pero lo puso, recordar que era un autentico cabezota.

Sin rumbo, pero con una sonrisa en la boca navegó durante horas, sintiendo la brisa en el rostro, el calor del sol en la piel. Era una sensación que tenía tan olvidada que parecía nueva para él. El regalo de sus amigos, aunque todavía carecía de sentido pare él le estaba empezando a parecer interesante. Aquel barco tenía algo especial, le estaba dando aire fresco.

Esa noche, ni siquiera durmió en la pequeña habitación, tan solo se tumbo y durmió mirando las estrellas. Noche que recordaría como la primera de su nueva vida.

Ilustración de Marta Herguedas

Ilustración de Verónica López

Pasó los días navegando de aquí para allá, tirando las redes por si algunos peces querían quedarse en ellas, pero se ve que no lo heredo de su padre. Tuvo que conformarse con las latas que sus amigos habían apilado en el armario.

Un amanecer al abrir los ojos tras cerrarlos unos minutos para sentir el sol en el rostro quedó atónito, tuvo que frotarse los ojos  una vez tras otra, hasta quedar convencido de que no era un espejismo. Era la mujer más bella que recordaba haber contemplado nunca. Estaba allí sentada en una isleta mirando “El sirena “fijamente. No sabe porque lo hizo, hace tanto tiempo que no se fijaba en una mujer que no recordaba ni como se ligaba, como se decía en sus tiempos, pero lo hizo, paro, bajo y se sentó junto a ella. Hablaron durante horas, él le conto su aventura como marinero y como llegó allí y ella le contó una vida llena de mar.

Junto al fuego hicieron la cena, y bajo las estrellas se enredaron en un momento de ternura y pasión. El fuego salía del cuerpo de Iker y los besos envolvieron aquella noche. Su piel, su corazón, su cabeza…no recordaban esa sensación de placer, aquel nudo en el estómago, aquella  piel erizada.  No quería que amaneciese, no quería que esa noche acabase, no quería dejar de acariciar aquel sedoso pelo ni aquella piel de terciopelo.

Pero la mañana llegó y el momento de hablar también, Iker no dudó en proponerle que fuese con el a su ciudad, sin pensar en cómo compaginaría aquel romance con su trabajo, pero por primera vez desde hacía mucho tiempo deseaba algo con todas sus fuerzas fuera de su negocio inmobiliario, del que en aquellos momentos ni se acordaba.

“Imposible” fue la respuesta que Iker oyó y justo la respuesta que su corazón nunca quería haber oído. Las explicaciones y también la cordura sobraron en aquellos momentos. No se sabe cómo, pero ocurrió. Al coger su mano con fuerza fueron sumergidos al fondo del mar. Su cuerpo parecía flotar, no sentía que el aire le faltase pero estaba debajo del mar. Aquella preciosa mujer conducía a Iker, llena de ternura, aleteando con su larga cola. Era una sirena, una sirena como las que tan solo aparecen en los cuentos.  Vio todo su mundo, creyó que había sido un maravilloso y desequilibrante sueño ya que despertó tumbado en la arena donde la pasión había cambiado a Iker. Fueron momentos extraños, entendió que no podía ser, sin entender que aquella mujer era una sirena. Entendió que no podía vivir bajo el mar, sin entender como alguien podía hacerlo. Aquella sirena de la cual no supo ni el nombre robo su corazón, se lo hizo añicos, esperanzó a un joven para luego desaparecer. Si encogió los sentidos de Iker, pero … le recordó lo que era sentir, lo que era vivir, lo que era amar. Le recordó que hay cosas más importantes que el trabajo.  Aquella sirena cambió su vida.

Iker volvió al trabajo, sí, pero vendió su casa e hizo de “El sirena” su nuevo hogar. Nunca perdió la esperanza de volver a ver a su sirena, y esa esperanza le dio vida, le dio aire, le dio ganas de buscar el amor, la compañía, de querer apasionarse. Iker se convirtió en un joven de 31 años lleno de vida y esperanza.

Original de : Raquel Bonilla Santander

Anuncios
Comments
6 Responses to “El sirena”
  1. Gracias Veronica, por tu bonita ilustración.

  2. Muy bonita la historia, con final feliz optimista, y preciosa la ilustración de verónica

  3. tico dice:

    Los amores platónicos son los peores aunque al protagonista le sirvieran para algo 🙂 me gusta la historia Raquel.
    Verónica me gusta tu ilustración el tono verdoso y el aspecto difuminado que le has dado está muy bien.

  4. Gracias por vuestros comentarios, y sobretodo a Raquel porque una vez más fue un placer poder trabajar con ella.
    Me alegra mucho que les guste mi ilustración, muchas gracias ^^

  5. PALOMA MUÑOZ dice:

    Raquel, a mi me entusiasman los amores difíciles o complicados como por ejemplo el que relatas en tu historia: el hombre que se ecuentra con una sirena y la transformación que sufre él mismo a raíz de ese encuentro, al final de la historia. Supongo que dejaría todo para seguir a su sirena. La ilustración de Verónica es magnífica. El final del relato es muy esperanzador. ;Me ha gustado mucho. Enhorabuena.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: