Un circo bajo las aguas

Autora: Chus Díaz

Ilustradora: Ana Menéndez

Corrector: Federico G. Witt

Género: microrrelato, fantasía, terror ( a partir de 13 años)

Este cuento es propiedad de Chus Díaz, y su ilustración es propiedad de Ana Menéndez. Quedan reservados todos los derechos de autor.

UN CIRCO BAJO LAS AGUAS

Todos mis recuerdos del abuelo tienen sabor a mar. Cada vez que volvía de uno de sus viajes de marino a tierras lejanas, traía consigo infinidad de regalos e historias asombrosas. Mis hermanos se abalanzaban sobre él en cuanto entraba en casa, impacientes por descubrir qué les regalaría en aquella ocasión. Una pulsera de coral rojo para mi hermana. Un extrañísimo instrumento musical para mi hermano. Yo esperaba a que se calmara el torbellino fraternal, y sólo entonces me acercaba al abuelo. No me importaban sus regalos: lo que deseaba era que me contase alguna de sus historias sobre el mar. Y el abuelo, consciente de ello, siempre tenía a punto una nueva aventura capaz de sorprenderme.

En sus relatos convivían piratas intrépidos, tesoros hundidos, isleñas bellísimas, barcos fantasma y monstruos colosales. Pero la historia que más me gustaba, la que le pedía que me repitiera una y otra vez, hablaba de un circo submarino. No sé por qué me fascinaba tanto. Quizás porque otros adultos podían contar leyendas de piratas o sirenas, pero nadie más que el abuelo parecía conocer la existencia de aquel circo. O quizás porque mi inocencia infantil me hacía creer que era cierta.

El abuelo aseguraba que aquel circo bajo el mar era similar a los que podía ver en tierra firme. Un ejército de caballitos de mar anunciaba su llegada con gran alboroto. Entonces el circo instalaba su carpa de algas entre bosques de coral y atraía a los habitantes del lugar. Sirenas, tritones y todo tipo de seres marinos acudían a contemplar el espectáculo. Disfrutaban con los números imposibles del pulpo malabarista, las locuras del pez payaso o la osadía del domador de tiburones tigre. Todos ellos conducidos por un elegante delfín que actuaba como jefe de pista.

Cuando el espectáculo terminaba, las sirenas aplaudían. Y lo hacían a su particular manera, agitando sus colas alegremente. Decía el abuelo que era ese movimiento el que provocaba unas olas tan grandes cuando el mar estaba picado. «¿Lo dices en serio, abuelo?», preguntaba yo, asombrado. Él no contestaba. Tan solo esbozaba una sonrisa enigmática, y yo daba por hecho que su silencio confirmaba la historia. Durante años, observé con envidia las olas que rompían en la arena los días de mar revuelto, lamentando no poder ser testigo de aquellos números circenses.

El tiempo acabó con mi inocencia y jubiló al abuelo. Dejó su trabajo, pero nunca abandonó su pasión por el mar. Yo seguía pidiéndole que me contara historias: me gustaba ver cómo revivía la ilusión en aquellos ojos cada vez más cansados.

Para entonces, la historia del circo submarino había evolucionado hasta volverse inquietante. El abuelo situaba ahora su relato en las profundidades más oscuras del océano, parajes sin explorar habitados por criaturas que el hombre ni siquiera podía imaginar. El circo se había transformado en una feria llena de fenómenos monstruosos. Dos sirenas siamesas, unidas por la cintura pero con colas independientes, que entonaban tristes melodías de amor trágico. Una tortuga barbuda de aspecto temible. Medusas capaces de hipnotizar al público con su danza. Un kraken terrorífico que a veces rompía sus cadenas para subir a la superficie y acabar con la tripulación de algún barco desprevenido.

Pero el número estrella de ese circo insólito, el que más llamaba la atención de las sirenas, tritones y otros seres marinos que lo visitaban, era un humano enjaulado. Según el abuelo, siempre se trataba de un marinero, un pescador o un náufrago capturado por sorpresa. Atraído con engaños por el canto seductor de las sirenas siamesas, el hombre era encerrado en una urna de cristal y exhibido en el circo hasta su muerte.

Si yo sonreía al comprobar cuánto había exagerado la historia, el abuelo se irritaba. Juraba que lo que explicaba era real y que más me valdría creerlo. Entonces yo recuperaba mi inocencia infantil por un instante; dejaba que la mirada grave del abuelo me hiciera plantearme si aquel relato podía ser cierto. Aunque mis dudas, claro está, duraban poco.

Ilustración de Ana Menéndez

Ilustración de Ana Menéndez

No sé por qué me ha venido a la memoria esa historia precisamente ahora, después de tantos años sin pensar en ella. O puede que sí lo sepa. Mi barca lleva días a la deriva. He perdido la noción del tiempo, pero confío en que alguien habrá notado mi ausencia y vendrá pronto a rescatarme. El hambre, la sed y el cansancio empiezan a hacer mella en mí. Será por eso que, desde hace un rato, en mi cabeza resuena un canto bellísimo. Son voces femeninas que me envuelven. Me acunan. Me invitan a quedarme dormido.

Sé que ese canto es fruto de la desesperación y sólo existe en mi mente. ¿O suena realmente en el exterior?

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Comments
10 Responses to “Un circo bajo las aguas”
  1. Irene dice:

    Increíble relato, Chus, es una historia muy original. Me he quedado con ganas de más. Felicidades a ti y a Ana por este gran trabajo 🙂

  2. ¡Enhorabuena, Chus! Gran relato, has ido transformando lo que parecía un inocente cuento infantil de leyendas al uso, en un relato de terror en el que, como en algunos de Poe, el final “inconcluso” da más pavor todavía, porque SABES lo que viene a continuación. Muy original la ilustración de Ana, porque el humor grotesco que emplea resulta estremecedor también. Un saludo, ¡enhorabuena a las dos!

  3. tico dice:

    Me ha encantado tu historia Chus, como dice Susana la transformación de la historia y el final inesperado… o esperado, genial.
    Ana, la elección de esa tonalidad para representar el circo me ha gustado mucho, y las sirenas también 🙂
    Felicidades a las dos.

  4. Mª Carmen Moreno dice:

    Un relato divertido y enigmático, muy original. Y la ilustración muy expresiva, me encanta la cara del humano, dice mucho sin palabras.
    Felicidades a las dos.

  5. chusdiaz dice:

    Irene, Susana, Tico, Mª Carmen: gracias por vuestros comentarios!

    Está muy bien la ilustración de Ana, verdad? Me encanta ese tono como de fotografía antigua, creo que le va perfecto a la historia. Además, ella aportó la sugerencia del circo inquietante, así que… Gracias por partida doble, Ana! 🙂

  6. Montse Augé dice:

    Fantástico, original y magistralmente escrito. El giro final que lo transporta a otros registros me ha parecido genial. Enhorabuena Chus!!

    Ana, la ilustración una maravilla. Me gusta que hayas incluido a las sirenas siamesas, me encantan. Sois geniales las dos. Enhorabuena y un abrazo!!!

  7. Mariola dice:

    Hola, Chus. Enhorabuena! Coincido en lo del giro final. Es un punto! Y la ilustración es fabulosa. Un saludo!

  8. PALOMA MUÑOZ dice:

    La historia es al final increíble con ese original giro de cuento infantil a cuento de terror por la descripción de los seres del circo. La ilustración es alucinante y coincido con lo que comentáis sobre el color y el tono que tiene como de antiguo. Estupendos trabajos de Chus y de Ana.

  9. Sorprendente relato y sorprendente ilustración. Ambas se compenetran muy bien. Felicidades!

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