Un sueño de amor bajo el mar

Autor: Laura Vazval

Ilustradora:Rosa Garcia

Correctora : Mary Esther Campusano

Género: relato

Este cuento es propiedad de Laura Vazval, y sus ilustración es propiedad de Rosa García. Quedan reservados todos los derechos de autor.

UN SUEÑO DE AMOR BAJO EL MAR

-Dicen que  cuando uno tiene un deseo, es posible  que ocurra.

Dos estudiantes de biología unidos por el amor y por un sueño.

Un deseo ,una  idea ,una utopía, un pensamiento surgido de un sentimiento, condiciones  indispensables para el poder creativo y aquellas palabras resonando una y otra vez en mi mente.

-Ojala tuviéramos una varita mágica para estar  juntos para siempre.

-Entonces creo que vamos a necesitar  el elixir de la juventud porque si no…. 

Nos miramos y la respuesta fueron unas sonoras carcajadas…

-¿Estamos locos verdad?

-No, sólo estamos enamorados…

La idea de vivir cientos de años  para perpetuar nuestro amor  enraizó de tal manera en nosotros que llegó a convertirse en una obsesión.

Parecía una locura, pero ¿Acaso no hay que tener ese grado de locura para plantearse retos que la gente normal no se propone?

Fernando y yo en  nuestros ratos libres   rastreábamos información sobre  animales que vivieran más tiempo de lo que uno considera normal, cien, doscientos, cuatrocientos  y más años si cabe.

Conseguimos hacer una lista de  los animales más longevos del planeta hasta ahora conocidos:

Las tortugas marinas podían vivir más de 200 años.

Los erizos rojos de mar entre 100 y 300 años.

Las almejas de las costas de Islandia unos  400 años

Las esponjas marinas, que no hacia mucho habían encontrado los biólogos alemanes Susanne  Gatti y Thomas Brey  ,concretamente un  ejemplar perteneciente a la especie Scolymastra Joubini de unos 10000 años de antigüedad.

También encontramos árboles  muy longevos, como una especie de pino americano  de casi 5000 años de antigüedad, pero nuestra especialidad era la biología marina y ahí pusimos nuestro empeño.

¿Qué tenían en común estos animales?, nos preguntábamos una y otra vez.

– ¿De qué se alimentaban?

-¿Cómo metabolizaban?

-¿Tendrían algo que ver sus lentos ritmos cardiacos y respiratorios?

Nuestra ansia de conocimiento nos llevaba a pasar horas y horas indagando.

Cualquier pista era importante,  anotábamos cuanto nos parecía interesante.

Las preguntas preceden a las respuestas como el trueno precede al relámpago, con esta premisa sabíamos que nuestras preguntas  tendrían respuesta segura, solo teníamos que esperar y adquirir los suficientes conocimientos que nos llevaran a buen puerto.

Recién  licenciados fuimos en busca de nuestro objetivo, teníamos una idea, muchos apuntes y largas  horas de trabajo detectivesco. Ahora  nuestro pensamiento se dirigía como bala directa a la diana.

A sabiendas de que los sueños podían  hacerse realidad no dudamos en llamar a las puertas de los laboratorios más famosos del mundo.

Necesitábamos que alguien confiara en nosotros, obtener una generosa  financiación, formar el mejor  equipo de trabajo  posible  que  permitiera realizar nuestro  anhelado sueño.

¿Por qué iba a confiar nadie  en una pareja de biólogos recién licenciados?

¿Y porque no?

Tanta constancia al final obtuvo sus frutos y ¡que frutos!

Se interesaron en el proyecto  uno de los mejores  laboratorios de biocosmética  del mundo, directivos  innovadores que perseguían precisamente eso” sueños”.

 Nos pusimos manos a la obra agradecidos de que nunca intervinieran en nuestra forma de trabajar. Conseguimos formar un buen equipo, acorde a lo que buscábamos y  unos presupuestos que dieron a entender la fe depositada en nosotros. Estábamos  a punto de hacer nuestro proyecto realidad.

La playa de Jamursba Medi en  Isla Papua fue la elegida donde instalar nuestro laboratorio. Decidimos este emplazamiento porque era la  playa que la mayoría de las tortugas laúd escogían para su anidamiento.

 

Ilustración de Rosa García

Ilustración de Rosa García

Nuestro cuartel general no era más que una cabaña de madera, echa de troncos de palmeras y con el tejado encapuchado de hojas secas que se camuflaba con el entorno. Por fuera no aparentaba nada mas que eso, una  construcción típica de la zona, pero en su interior se entremezclaban  un  sin fin de cables, aparatos eléctricos, monitores de seguimiento y un macro ordenador que era nuestra joya.

En los momentos de descanso que no eran muchos  Fernando, yo y el resto del equipo buscábamos el  inmenso placer de dejarnos mecer por las suaves olas  que derivaban a esta playa.

¡Por Dios! ¡Que sensación de paz! Sólo el sonido del mar, el canto de las aves y una suave brisa cálida que nos acariciaba la piel

Fueron momentos  de un relax que nunca olvidaré.

Ahora, transcurridos 6 años desde el inicio de esta aventura,  seguimos trabajando con  con nuestra mascota Rita, una enorme y bellísima tortuga laúd, negra con motitas blancas, una “dermochelys coriacea”, nuestra estrella, el alma de este ambicioso sueño.

 La bautizamos con ese nombre por el empecinamiento de Alex, biólogo del equipo, enamorado platónicamente  de ese bellezón que fué Rita Hayworth .

Es,  inmensa, majestuosa, casi 2 metros de largo y unos 600 Kg. de peso y  con una edad de 195 años calculada  por la prueba del carbono 14.

Nació  aquí, en esta misma playa y cada tres o cuatro años regresa  para depositar los frutos de su instinto en un hoyo que ella misma escarba justo donde acababa el nivel de la marea.

Nuestra bellísima Rita, era una buena madre. Se esforzaba mucho  en cada puesta, Cuidaba muy bien de que su prole quedara bien protegida justo  a 60 cm de profundidad.

Al final de cada deposición llegaba  a la extenuación, sus ojos lloraban  por la sequedad del aire. Apenas podía respirar presionada por su propio peso. El regreso al agua siempre  lento y muy costoso, era el último trance  que salvaba  antes de adentrarse de nuevo en la mar.

Creo que nuestra intuición fue la  más acertada al  escogerla a ella entre otras candidatas, y ahora  ya era  como de la familia.

Los ingenieros del equipo diseñaron a Don Quijote, símbolo de todo un  torbellino de locura creativa  .Sería la sombra de Rita ,como su clon. Decidieron darle su misma forma  anatómica.

Imitar a la Naturaleza nos pareció la idea más perfecta, el diseño ya existía, sólo teníamos que copiarla.

Siempre recordaré con gracia  la curiosidad que Rita sintió al ver por primera vez a su clonado Don Quijote.

Se le acercó, lo tanteó, estuvo dando vueltas a su alrededor y debió de pensar que no era gran cosa porque nunca más volvió a sentir curiosidad por él y eso que lo tenia constantemente pegado a ella  a  tan solo medio metro.

Rita se alimentaria sola, pero ¿quién alimentaba a nuestro submarino robot?

El movimiento de las corrientes marinas seria suficiente para  aportarle la energía que necesitaba.

Don Quijote, grabaría cada acción, cada actividad que Rita estuviera dispuesta a ofrecer  en su  desinteresada colaboración. Un chip de seguimiento sujetado a su especial caparazón nos daba los resultados deseados.

Ya habían transcurrido 2 años desde que les dimos salida en esta misma playa  y de momento todo marchaba según lo previsto.

Seguiríamos a Rita hasta que ella misma decidiera regresar  como siempre hacia.

Desde las pantallas de los monitores íbamos  presenciando  todos los movimientos de Don  Quijote, perseguidor tenaz, cual  macho celoso en espera de  una buena recompensa  amorosa.

No había día que no quedáramos absortos por la belleza que Don Quijote nos regalaba  del paisaje submarino, un mundo silencioso, algas y especies marinas camufladas en su entorno  que se mecían armónicamente al compás de las olas.

Días y días de  seguimiento, de anotaciones, de datos fichados enviados fielmente por Don Quijote, temperatura  y salinidad del agua  , corrientes  existentes, la comida  que Rita escogía, que cantidad ingería  y a que intervalos  lo hacía,  ,cuanto tiempo descansaba, y donde se cobijaba.

Los datos recibidos nos hicieron ver que descansaba en cavidades  lo suficientemente grandes para alojarla  al abrigo de depredadores, pues las tortugas marinas no pueden replegar ni la cabeza ni las patas dentro de su caparazón como lo  hacen las tortugas terrestres y mucho menos Rita , que por ser  una tortuga laúd , carecía de caparazón rígido,  muy al contrario tenia una  consistencia como la del cuero pero era preciosa con ese color negro con manchitas blancas y siete estrías con abultamientos que recorrían como cuerdas de un laúd ,de ahí su nombre, todo el largo de su blando caparazón.

Don Quijote se colocaba a la par con ella  con la retaguardia protegida y la cabeza hacia delante.

Mientras Rita descansaba Don Quijote, siempre  vigilante, nos otorgaba la  espectacular danza de las medusas que se presentaba ante él. Llegaban por oleadas de miles y miles,  trasparentes,  luminiscentes,  movimientos  lentos y sinuosos que nos relajaban  dejándonos absortos  y pensativos.

Cuando Rita despertaba de su descanso hacia buena cuenta de ellas pues era su alimento favorito junto a otros tunicados, esponjas y erizos de mar.

¡Que curioso que su alimentación estuviera basada precisamente en animales dentro de la lista de los  mas longevos que otros laboratorios  interesados en este mismo tema también analizaban.

Por la mente se me pasó el  dicho “Somos lo que comemos”, lo apunté en mi bloc de notas . Debería de reflexionar sobre ello.

Los días seguían transcurriendo en solitario para Rita, solo podíamos esperar.

Entre los muchos peligros que  le podían acechar, estaba el del consumo de bolsas de plástico que ella podría confundir con medusas, esa era nuestra mayor preocupación, pues miles de tortugas mueren al año precisamente por este grave problema medioambiental y una vez introducidas en la boca les es imposible no tragarlas por la posición de unos pinchos que tienen en la garganta con inclinación hacia el esófago.

Pasaron los  meses sin que nada especial ocurriera, pero aquel sábado por la mañana  un aviso sonoro en el  monitor nos alertó.

Don Quijote avisaba  de un posible peligro para Rita.

Todo el equipo se arremolinó en torno al monitor.

Surgido de la oscuridad del abismo vimos emerger como una mole impresionante por su envergadura una tortuga  que calculamos de unos 800 o 900 Kg., nada visto igual hasta el momento, era también  una tortuga laúd, majestuosa e imponente.

Rita pareció  reconocerle  porque  rápidamente como no era habitual en ella se escapó  a  nadar a su alrededor con sorpresiva ligereza, volteándose una encima de la otra como felices del reencuentro.

Ilustración de Rosa García

Ilustración de Rosa García

 La nueva tortuga que sospechamos macho por sus insinuaciones de cortejo, embrujó a nuestra querida Rita y los dos se dieron a la fuga para preservar su intimidad.

Reprogramamos de nuevo a Don Quijote para que se acercara al particular Romeo .Una pequeña incisión, muestra de su tejido, seria suficiente para analizarlo cuando regresara…

Don Quijote, indiscreto  por fuerza,  no cesó en su empeño de incordio, así que no tuvieron mas remedio que adaptarse a su incomoda presencia.

Fernando me abrazó por la espalda  e hizo un comentario gracioso que  desató en mi una sonrisa cómplice.

Pasaron unos días de enlace amoroso, pero su misma naturaleza le recordó a Romeo otros menesteres  pendientes y nuevamente  se alejó para perderse  en el abismo del océano por donde había surgido.

Rita nadando de nuevo en soledad, daba  la vuelta  para nuestra agradable sorpresa, poniendo nuevamente rumbo hacia nosotros, hacia  su playa natal con el instinto natural de perpetuar su especie.

Por fin regresaba.

Todo el equipo se apiño en un abrazo. Estábamos muy contentos. Nuestra “niña volvía a casa”.

Se nos humedecieron los ojos de emoción.

Le habíamos cogido cariño a aquella mole de carne de mas de 600 Kg. de peso.

La búsqueda de pruebas que determinase la longevidad de nuestra tortuga llegaba a su fin.

Ella regresaba acompañada por nuestro inseparable Don Quijote cargado de muestras. Estábamos ansiosos por analizar los resultados y cotejarlos  con los de otros  laboratorios  del mundo que seguían una misma línea de experimentación con almejas, erizos de mar rojos y otras muchas especies marinas con similares características  de longevidad.

Algún día  llegaríamos a conclusiones determinantes.

Fernando y yo estábamos seguros de ello.

¿Cuánto tiempo pasaría hasta entonces?

La tortuga laúd, estaba en grave peligro de extinción, los especialistas no eran optimistas, 15 años como máximo eran sus mejores pronósticos.

No teníamos mucho tiempo.

Pero los estudios continuaban y la pregunta era.

¿Qué generación seria la primera en disfrutar de estos conocimientos?

¿Sería la nuestra?,

Fernando se encogió de brazos y con ternura me abrazó en silencio.

Todavía no era momento de respuestas.

Nuestro sueño  sólo acababa de comenzar y la humanidad estaba a punto de dar un paso de gigante en su evolución.

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Comments
10 Responses to “Un sueño de amor bajo el mar”
  1. Excelentes relato e ilustraciones!

  2. Mariola dice:

    Qué estupenda tu tortuga y todo el relato, Laura! Vales para todo, chica! Enhorabuena! Y también a Rosa.

    • laura vazval dice:

      Muchas gracias a todos por vuestros comentarios.
      Quiero dar las gracias especialmente a Rosa porque se ha molestado un monton en hacer dos preciosas ilustraciones ya que a mi me habia tocado una sola ilustradora.
      !Un deseo! Que el relato se haga realidad y podamos dentro de 500 años poder estar aqui de nuevo saludandonos y apreciando nuestros respectivos trabajos.
      Un saludo a todos y gracias.
      Laura Vazval

  3. Bien Laura, biennnn por Rita y por ese equipo científico que la mima tanto.
    También Rosa ha colaborado con sus ilustraciones.

  4. Rosa García dice:

    Muchas gracias a todos por los comentarios y por supuesto a tí, Laura, pues para mi ha sido un inmenso placer ilustrar tu maravilloso relato.
    Y mi deseo es, que sigamos ilustrando unos y escribiendo otros, para llenar con imaginación e ilusión la vida de las personas.

    Un abrazo a todos.
    Rosa.

  5. Laura, además de excelente ilustradora, escribes muy bien.

    No he podido ponerme al día con los cuentos/relatos/poemas de la 3a. convocatoria. Ya lo haré.

    Preciosas ilustraciones de Rosa.

    Éxitos.

  6. Laura, gran argumento y planteamiento, vivir para siempre (o cientos de años, ¡¡que se debe de hacer eterno igualmente 😉 !! Historia con una nota de preocupación por preservar el medio ambiente, también. Preciosas noche en la playa y danza de las tortugas, Rosa; ¡enhorabuena a las dos!

    • laura vazval dice:

      Gracias amigos, gracias a todos por vuestros valiosos comentarios.
      Rosina, Conchita, Mariola, Rosa .. ha sido todo un placer trabajar con vosotros por lo profesionales y buenas personas que sois.
      Susana, Fernando , no he tenido el gusto de formar equipo con vosotros, pero si el destino quiere, me encantará.
      Conchita tenemos a nuestro Dragüi esperando … !Dalo por hecho!. Solo espera un poquito mas.
      Gracias a todos de nuevo y espero que algún día podamos hacer una quedada para conocernos todos ¿Lo proponemos a la directiva?

  7. tico dice:

    Hola Laura, me ha gustado tu historia, es original y está bien contada.
    Rosa, tus ilustraciones están muy bien, me gusta más la segunda pero el mar y la luz de la luna de la primera me gusta mucho.

  8. PALOMA MUÑOZ dice:

    Laura eres una excelente ilustradora pero escribiendo también lo haces estupendamente. Me ha gustado que a la tortugita le hayas puesto de nombre Rita Hayworth. Es un detalle original y simpático. Me ha gustado tu historia. Es mucho más agradable y entretenida que los documentales de la National Geographici. Las ilustracines de Rosa Garcçia son magníficas. Enhorabuena.

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