El bosque de la niebla perpetua

Autora: Paloma Muñoz

Ilustrador: Vicente Mateo Serra

Género: fantástico

Este cuento es propiedad de Paloma Muñoz, y su ilustración es propiedad de Vicente Mateo Serra. Quedan reservados todos los derechos de autor.

EL BOSQUE DE LA NIEBLA PERPETUA

Íbamos viajando en el coche a través de paisajes muy verdes con árboles muy altos y frondosos que se juntaban unos a otros y por los que no entraba apenas ni un resquicio de luz. Los faros del coche estaban encendidos para que si algún otro vehículo que venía de frente por esas carreteras tan estrechas nos viera con seguridad.
Yo contemplaba extasiada la belleza del paisaje y el olor a humedad que entraba en mis pulmones me hacía sentir excitada ya que me hallaba en una zona muy poco visitada por las huestes turísticas.
A decir verdad muy poca gente se había adentrado en esos bosques milenarios. Decían que estaban hechizados. No se sabía a ciencia cierta de qué suerte de sortilegio se trataba y en qué consistía dicho encantamiento.
Yo tampoco lo había preguntado, tan sólo movía entre mis manos un papel que algo explicaba: al parecer una mujer se internó en ese bosque y desapareció hace muchos años. No se encontró su cuerpo por ninguna parte y no se hallaron restos de ella. Algunos aldeanos aseguraban haber visto a una mujer vagando entre los árboles como si flotara a través de la niebla. Se trataba en definitiva de antiguos cuentos de fantasmas, supersticiones o formas de narrar historias al amor de la lumbre durante esos largos y crueles inviernos.
Yo que soy muy romántica y todo lo que tenga que ver con nieblas, bosques, apariciones y fantasmas me emociona muchísimo, empecé a imaginarme que allí, en algún lugar escondido y oculto de ese bosque se encontraba la mujer de la que hablaban los lugareños.
Atraída por la historia o si acaso por esos retazos de historia que envolvía el misterio, decidí preguntar e indagar, poniéndome de acuerdo con mi pareja claro, que aunque no estaba muy por la labor, era comprensivo y sabía lo excitada que a mí me ponían esas cosas.
Paramos el coche en un recodo en el que la carretera se había hecho un poquito más ancha. Era mediodía pero parecía que fuera a anochecer. Yo intentaba ver a través de los árboles que parecían avanzar hacia nosotros paso a paso.
Me encendí un cigarrillo y salí del coche apoyándome en la parte delantera. Respiré profundamente el olor crudo e intenso de los pinos, de los eucaliptos, de la humedad que impregnaba nuestras ropas.
Hacía frío y nos calaba hasta los huesos. Me puse un chaquetón que tenía en el maletero y seguí fumando mi cigarrillo. Mi compañero estaba revisando el mapa de carreteras con una pequeña linterna y con la luz de los faros del coche encendidos. Señalaba con el dedo el mapa que apoyaba sobre el capó. Su expresión era algo rara o al menos eso me pareció a mí.
-¡Qué extraño! Esta carretera no aparece por ninguna parte en el mapa que he traído.
-¿Estás seguro? ¿Has mirado bien?
-¡Claro que estoy seguro! Antes de acercarnos por esta zona lo he visto en el hotel.
-Bueno, puede que como es tan poco frecuentada ni siquiera aparezca en los mapas.
-Creo que deberíamos regresar ya. Se está poniendo una niebla muy espesa y para conducir podemos tener problemas con la visibilidad.
-¡Pero si es sólo mediodía cariño!
Él tenía razón. Parecía que a medida que avanzaban las agujas del reloj la niebla nos iba cubriendo más y más.
La humedad nos mojaba las mejillas. Nos pusimos bufandas, gorros, guantes y de un salto nos metimos en el coche para regresar.
Cuando mi compañero maniobró para dar la vuelta vimos de pronto, un destello blanco de luz y percibimos apenas lo que nos pareció ver: la supuesta forma de alguien que llevaba algo blanco o que iba vestido de blanco. No podíamos asegurar que fuera hombre o mujer o quizás una ilusión óptica producto de la sugestión por la historia de la mujer desaparecida en ese bosque de niebla.

Ilustración de Vicente Mateo Serra

Ilustración de Vicente Mateo Serra

-¿Has visto eso?- Me preguntó muy excitado mi pareja.
-¡Claro que lo he visto! ¡Qué raro! ¿Qué habrá podido ser?
-¡La mujer de la que hablan los viejos de la aldea, seguro!
Se echó a reír. Pero yo me daba cuenta de que estaba nervioso.
-Volvamos al hotel. Esto no me gusta nada.
-¡Anda yo creía que te emocionaban estos paisajes y que las historias de apariciones y lugares perdidos te apasionaban!
-Y me apasionan, pero estoy asustada y quiero volver.
-Puede que haya sido un animal. Después de todo estamos en un bosque.
Cuando mi compañero fue a arrancar el motor y puso la marcha para avanzar, vimos con estupor que el lugar estaba rodeado de niebla, de una niebla muy espesa y nos daba la sensación de que los árboles se habían movido de su sitio para impedirnos el paso.
-¡Pero esto no puede ser! ¡Estamos en el mismo lugar en el que hemos parado el coche! ¡En el recodo de la carretera y …¡¡Fíjate en el suelo cubierto de musgo!! ¡¡No hay carretera!! ¡¡No cómo la había antes!!
Mi pareja intentó seguir avanzando pero no podíamos movernos. El motor del coche emitía unos ruidos roncos y desagradables.
-¡Dios¡ ¡A ver si hemos pillado a algún bicho! – Exclamé muy nerviosa.
-¡Debería salir del coche a ver qué ha pasado con el motor!
-¡Yo creo que no deberíamos movernos del coche! ¡Sigue, sigue avanzando! La niebla es la niebla y los faros iluminarán los árboles. Todo esto debe tener una explicación. ¡Sigue, sigue avanzando!
Él me hizo caso y avanzó. Nos dio la sensación de que los árboles se movían y de que nos dejaban pasar como si se apartasen.
La niebla era tan intensa que la luz de los faros apenas iluminaba unos metros por delante de nosotros. Avanzábamos, avanzábamos y yo me sentía aturdida.
A mi pareja le temblaban las manos al volante. ¡Pobrecillo! ¡Menudo susto nos hemos dado! Estaba deseando salir de esa carretera y llegar a algún lugar civilizado sin niebla o por lo menos que hubiera casas y gente moviéndose dentro de ellas. El coche comenzó a tomar más velocidad y seguimos directos creyendo que íbamos por el camino de vuelta.
No veíamos más que niebla a nuestro alrededor.
La supuesta aparición podría haber sido muy bien un animal con el pelaje blanco, un ciervo blanco, un extraño ejemplar de ciervo albino. ¡Vete tú a saber lo que era aquello! Y yo no quería emplear mi imaginación más de la cuenta para dar forma a ese espectro o lo que fuera.
Por fin distinguimos árboles a ambos lados de lo que se suponía que era la vieja carretera cubierta completamente de musgo, un muslo muy verde.
La humedad del lugar, los líquenes y toda esa desbordante vegetación que a veces apabullaba, fue haciéndose menos densa ante nuestros ojos, tomando forma y tranquilizándonos porque ya podíamos respirar más sosegados sabiendo que íbamos de regreso.
Seguía habiendo una espesa niebla pero los árboles estaban en su sitio y los márgenes de la carretera se podían distinguir a ambos lados. Yo suspiré tranquila y mi pareja también.
Nos miramos un momento y nos echamos a reír como dos tontos para quitar tensión a lo que habíamos experimentado. Pensamos lo mismo: -¿Un bosque embrujado? ¡Por Dios si esas cosas no existen!
-Mira cariño le dije- Parece que hay luces hacia el final de la carretera. Es como si saliésemos del bosque. Cuando lleguemos al hotelito me voy a tomar un copazo de coñac y tú otro. Creo que lo necesitamos.
Mi pareja asintió. Llegamos a la aldea. No había nadie en las callejuelas y aparcamos frente al hotel que en realidad era una antigua casita de pueblo reconvertida en alojamiento rural.
Entramos en el vestíbulo. Había una pareja leyendo unos periódicos. Estaban sentados cerca de la chimenea. La televisión estaba encendida y la pequeña barra del bar iluminada con unas velitas.
La chica que trabajaba en el bar y que se encargaba de otros cometidos como servir el café en el desayuno, nos sonrió de forma simpática y nos preguntó por nuestra excursión al bosque hechizado. Nosotros nos miramos. No sabíamos que contestarle.
Pedimos esas dos copas de coñac y le dijimos que nos habíamos vuelto porque hacía mucho frío y mucha humedad.
Nos frotamos las manos junto al fuego y nos sentamos.
Sobre una de las mesitas había unos papeles en los que se veían dibujados los contornos de un bosque de altos pinos y muchos árboles pero que apenas se apreciaban por la niebla que los cubría.
Detrás de la hoja leímos la historia de la mujer desaparecida. No tenía nombre. No sabía nadie quien era.
-Si le contáramos a alguien lo que nos ha pasado en ese bosque nadie nos creería. Creo que los que venimos de fuera nos sugestionamos más fácilmente con las cosas desconocidas que las personas que conviven continuamente con el misterio.- Le dije a mi pareja.
Él asintió y me besó en los labios. :- Es muy posible, cariño. Por eso es mejor dejar las historias de fantasmas y de apariciones en el misterio de bosques como ese al que llaman de la niebla perpetua. Los visitantes no serán del agrado de la mujer de blanco. Vamos a entrar en calor bebiendo un buen trago de coñac.
Brindamos y bebimos: Tal vez si dedicásemos este brindis a la mujer del bosque, la próxima vez que alguien quiera adentrarse en sus dominios, pueda conseguir llegar más lejos que nosotros.- Dije sonriendo.
-Tal vez.- Me sonrió y me besó en la frente.
Ya de noche cuando íbamos a meternos en la cama, noté una luz extraña que provenía de la calle. No le di importancia. Podría tratarse de los faros de un coche o de una moto. Me metí en la cama y cerré los ojos. Dormí plácidamente.
A la mañana siguiente, la pareja que vimos sentada junto a la chimenea la tarde anterior estaba hablando con la chica del bar y con el encargado del hotel. Les decían que estaban seguros de que habían visto algo moverse entre los árboles y que llevaba algo blanco o que iba vestido con algo de color blanco. Nos miramos y nos reímos.
Entonces mi pareja se adelantó y se dirigió a ellos:- ¿Estáis pensando en ir al bosque de la niebla perpetua? ¿El que dicen que está hechizado?- Ellos asintieron.
-Creo que es mejor que no lo hagáis. A la dama de blanco no le gusta que la gente se pierda por su bosque. Es muy estricta con su intimidad. Es una advertencia.-La pareja nos miró con cara de alucinados y nosotros nos despedimos sonrientes: -Hasta la vista.

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Comments
15 Responses to “El bosque de la niebla perpetua”
  1. Mariola dice:

    Vaya relatito, Palomita… Qué escalofríos, guapa! Ya te lo había leído pero ahora, con la ilustración tan estupenda que te ha hecho Tico, como que me dan más! Un beso!

  2. MARÍA PALOMA MUÑOS dice:

    Hola Mariola, ya tenía ganas de ver los relatos y lasilustraciones en la página. Voy inmediatamente a leer tu nuevo relato. Yo de eescalofríos estoy últimamente bastante servida ¿Sabes no? jajajajaaaaaaaaaaaa
    Besos.

  3. MARÍA PALOMA MUÑOZ dice:

    Hola Mariola, que ilusión me hace ver el relato con la fascinante ilustración de Vicente, Tico que me ha encantado. Y como últimamente yo estoy con muchos escalofríos, estos que tienen los dos personajes de la historia no son nada comparados con los que me vienen a mi, jajajaaaaaaaaaaaaaa, besos.

  4. montse dice:

    Me ha gustado mucho tu relato Paloma.Me ha gustado el tema que has trataddo ,esas leyendas fantásticas, de seres que aparecen por la noche y que aunque no nos las creamos siempre nos queda la duda. Daba miedo el bosque en medio de la niebla, como si hubiesen entrado en otro mundo. Felicidades!!!

    Tu ilustración Tico es una maravilla,te han quedado fantásticos los árboles y esa niebla fantasmagórica que recorre el bosque, totalmente acorde con la historia. Otra de tus joyas, me gusta muchísimo.Enhorabuena una vez más!!!

  5. caliope dice:

    Palomita de mis entretelas!!! Sublime, Salve noble dama!!!
    Felicidades también al ilustrador, una autentica delicia!!!
    Un besazo gordo guapa!

  6. Montse Augé dice:

    Paloma y Tico, ya os escribí un comentario hace casi dos semanas pero veo que no lo publico. Pues lo primero que no entiendo es como no hay más comentarios porque el relato y la ilustración son estupendas. Me he metido de lleno en el relato, casi sentía la niebla y el miedo de haber entrado en otra dimensión. Te felicito Paloma por la historia y por lo bien que escribes.

    Y tu ilustración Tico me ha dejado…no puedo dejar de mirarla, me parece magnífica, me gustan mucho esos árboles y el modo en el que has personificado la niebla, como una figura fantasmagórica que recorre el bosque. Otra de tus genialidades , sin duda.Enhorabuena, os ha salido un trabajo redondo, tu ilustración ha captado a la perfección el alma de la historia de Paloma. FElicidades!!!

  7. PALOMA dice:

    Muchas gracias Montse por tu comentario. Comentarios como los tuyos hacen que te animen entrando para seguir escribiendo.
    Un afectuosos saludo, Paloma

  8. PALOMA MUÑOZ dice:

    Gracias, Montsé por tus palabras. Comentarios como el tuyo hacen que te entren ganas de seguir escribiendo. Un afectuoso saludo, Paloma.

  9. tico dice:

    Muchas gracias Montse, por la lectura y el comentario, el relato de Paloma me inspiró varias imágenes pero me atraía mucho la mujer de blanco que para mí era la portadora de la niebla con su traje blanco, así que si he conseguido “captar a la perfección el alma de la historia” ya me doy por satisfecho.

  10. nuria dice:

    Me encantado Palomita, de verdad que me has metido el susto en el cuerpo. El clima está muy muy bien creado. Como siempre enhorabuena.
    Y espero no encontrarme en ese bosque que ha dado hasta yuyu.
    Por cierto lo de las copas de coñac tiene tintes de autobiografía, no??, recuerdo Barcelona…..
    Eres muy grande, enhorabuena

  11. PALOMA MUÑOZ dice:

    Gracias a Montsé por tus palabras. Comentarios como el tuyo, te animan a seguir escribiendo. Y gracias de nuevo a Tico por su magnífica ilustración. Tenéis razón. Tico ha captado perfectamente el espíritu del relato. Muchas gracias de nuevo.
    Un saludo.

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