La venganza del bosque

Autora: Anna Morgana Alabau

Ilustradores: Susana Rosique y Jordi Ponce

Género: relato, terror, fantasía (a partir de 16 años)

Este cuento es propiedad de Anna Morgana Alabau, y sus ilustraciones son propiedad de Susana Rosique y Jordi Ponce, respectivamente. Quedan reservados todos los derechos de autor.

La venganza del Bosque

Desde que volví del bosque, el terror me asalta al paso de cada sombra proyectada en la pared, de cada repentino sonido del día o de la noche, a cada latido de mi corazón. Ellos siguen buscando a mis amigos. Me sonríen con tristeza y me dicen que no me preocupe, que los encontrarán, que entienden que no me atreva a regresar donde nos extraviamos. Pero es más que eso, muchísimo más. Creen que he perdido el juicio y, en realidad, lo único que espero es que ninguno de ellos pierda la vida.

Llevábamos todo el domingo haciendo el ganso. Habíamos salido temprano para llegar con el tiempo suficiente y preparar la parrillada. Sabíamos que esas cosas estaban prohibidas, pero no nos importaba. Lo único que queríamos era aparcar los todoterrenos en el sitio más recóndito que pudiéramos encontrar, hacer un gran fuego, que nos diera buenas brasas donde cocinar la carne que habíamos comprado y, después, emborracharnos a placer sin preocuparnos de nada más. Y así lo hicimos.

Hacia media tarde, cuando empezaba a refrescar pero la luz todavía era clara, a Janet se le ocurrió que podríamos ir a dar un paseo por el bosque, hacer una excursión como cuando íbamos al colegio. Algunos nos reímos de ella pero, tras contar unas cuantas anécdotas divertidas de aquella época y con la falsa promesa de que podíamos incluso encontrar setas, empezamos a caminar sin tener ni idea de dónde poníamos los pies. Lo único en lo que pensamos antes de abandonar el improvisado campamento fue en cerrar los coches, como si alguien pudiera venir a encontrarnos en aquél culo de mundo y robarnos nuestros amados automóviles. De las botellas vacías, los plásticos, la basura y las ascuas sin apagar, no se acordó nadie.

A la hora escasa de andar, noté como, poco a poco, habíamos empezado a separarnos. Primero una parejita, luego dos chicas que hacía bastante que no se veían… no le di importancia porque creí que había sido adrede. Las hojas de los árboles se movían ante mis ojos ebrios por duplicado y, en ese estado, ni yo ni el resto de amigos que aún me acompañaban, fuimos capaces de percibir los ojos que nos escrutaban desde la oscuridad de los árboles. Culpo a la bebida, aunque en el fondo de mi corazón sé que no hay mayor ciego que aquél que se niega a ver.

Cuando reparé en ella, perdí por unos instantes la noción del tiempo. Hacía muchos años de las excursiones por el bosque con la escuela, pero supongo que algunas cosas, como el nombre y las características de las setas, simplemente se me quedaron grabadas. Me agaché a observarla. Estaba junto a un tocón grueso y cubierto de musgo. Alargué la mano y dejé pasar unos minutos para que mi visión de beodo se enfocara. Luego pasé el dedo por sus láminas y comprobé que se trataba, efectivamente, de una de mis setas preferidas. Sin embargo, al levantar la cabeza para contárselo a mis amigos, ellos ya no estaban.

Ilustración de Susana Rosique

Ilustración de Susana Rosique

El pánico me invadió por un momento. Los efectos de la bebida se me habían pasado, aunque solo lo justo para darme cuenta de que estaba anocheciendo, y de que no tenía ni idea de dónde me encontraba. Miré hacia el cielo, miré el musgo que cubría la corteza de los árboles y, de repente, caí en las cosas que no recordaba de aquellas excursiones escolares: cómo moverme por el bosque, cómo orientarme, cómo encontrar el camino a casa. Tampoco recordé que, al perderse, lo mejor es quedarse quieto en un sitio a cubierta de las inclemencias del tiempo y esperar a que te encuentren.

De modo que comencé a caminar. A los diez minutos, cada árbol, cada roca y cada arbusto me parecían familiares. Una parte de mí creía estar andando todo el rato en círculos; la otra, sabía que no tenía siquiera esa certeza.

Me desesperé, grité, vociferé, corrí, me detuve… caminé un rato más. Hasta que, finalmente, el azul brillante de las aguas a la luz de la luna me golpeó como una bofetada. Salí de la frondosidad al claro, donde se extendía un lago que sabía que no podía estar ahí. Yo había sido el copiloto en uno de los coches, había estado mirando el mapa durante todo el camino y hubiera podido jurar, sin miedo a equivocarme, que no había ninguna zona azul de agua en la montaña donde fuimos. No obstante, a pesar de ser consciente de aquella extraña anomalía, avancé hasta situarme junto a la orilla del lago imposible.

Solo entonces pude percibir el brillo de algo presente en un lugar mucho más profundo, dentro de la misma agua. Mis palabras huyeron sobre las alas de una bandada de pájaros, al otro lado del lago, que arrancaron a volar, súbitamente espantados. Las aguas se removieron y, lentamente, una a una, fueron emergiendo de sus profundidades las hermosas mujeres que ahora tenía delante.

Su desnudez me turbó y cohibió un instante, pero la naturalidad de sus gráciles movimientos y la luz de las estrellas, que parecía envolverlas, pronto hicieron que me sintiera cómodo. Se sentaron a mi lado, delicadas, y me susurraron sus nombres en una lengua que, juro, jamás antes escuché. Me contaron cómo los árboles estaban desapareciendo, caídos bajo el cruel peso de la sierra o la llama, cómo todos los seres del bosque sufrían el deterioro del aire, el emponzoñamiento del agua, el retroceso de la flora. Y sobre todo, la creciente escasez de comida.

Yo las escuchaba absorto. Sus palabras me conmovían, aunque no por su contenido. Estaba tan hechizado que apenas podía comprender lo que me estaban contando. Su belleza me anonadaba, el brillo de sus ojos me embriagaba, la delicadeza de su piel me alienaba de este mundo, hasta que, hablando ellas de la falta de alimento, una palabra chocó en mi consciente con el distante aullido de lo que creí un lobo.

“Humano” dijo la voz, ya no tan aterciopelada.

Parpadeé un par de veces y, de repente, me di cuenta de que estaba rodeado por ellas. Lo que antes no me había importado, provocaba ahora en mí una sensación angustiosa, sofocante, próxima a la paranoia. Mi mirada recorría sus rostros y, tras cada parpadeo, creía adivinar una horrible realidad sumergida aún en las aguas del lago.

Entonces se escuchó un nuevo aullido, y un grito desgarrador rompió el hechizo que me había mantenido sojuzgado hasta aquél instante. Recorrí con los ojos las orillas del largo, súbitamente alarmado, solo para descubrir, al otro lado, un enjambre de terribles seres dándose un festín con lo que restaba de mis acompañantes. Grité sus nombres, y las criaturas se volvieron, emitiendo siniestras risotadas animales sin dejar de devorar a mis amigos, sus ropas esparcidas por todo el espacio que se extendía entre la tierra y las copas de los árboles.

“¿Qué ocurre?” recuerdo que pregunté con tono histérico, volviéndome de nuevo hacia las damas de agua que me habían estado hablando “¿Qué les habéis hecho a mis amigos?”

Las mujeres se irguieron de repente, sus alas translúcidas batiendo por última vez. De repente, su desnudez se convirtió en algo horripilante. Sus cuerpos se retorcieron, las alas echaron a volar hacia la luna por propia voluntad, dejándolas a ellas a ras del suelo, con sus pechos descolgados, sus pelos emblanquecidos, sus cuellos retorcidos, que se alargaban cada vez más. De sus manos emergieron garras; de sus espaldas, nuevas alas hojiformes que batían con el sonido de la tempestad. Sus piernas se juntaron en una fantasmagórica cola etérea, que les permitía darme alcance con gran rapidez, precedidas por sus demoníacas cabezas de orejas puntiagudas, narices afiladas y bocas plagadas de dientes como estacas. Sus ojos tenían el color del odio y del mal.

Ilustración de Jordi Ponce

Ilustración de Jordi Ponce

Grité. Mis alaridos se dejaron escuchar por todo el bosque mientras mis piernas me conducían, a pesar de los tropiezos y las caídas, velozmente hacia ninguna parte. Seguía perdido, seguía desorientado y ahora, además, estaba completamente muerto de miedo.

Sentía sus cuerpos pasar zumbando por encima de mi cabeza, por mi lado, y sus risas, gorjeantes y crueles, aturdirme mientras intentaba escapar. Los animales del bosque les hacían de eco, interponiéndose en mi camino para intentar detenerme. Juraría incluso que los árboles intentaban atraparme con sus raíces y sus ramas. Pero yo seguía corriendo, seguro como estaba de que me iba la vida en ello. Hasta que una de las veces en que mis incontrolables piernas tropezaron, ya no me pude levantar.

Entonces oí sus risas aún más cerca, noté sus pelos acariciarme el rostro lloroso, sus garras asirme por los brazos y tirar hacia uno y otro lado como a un bebé bíblico que hubiera que despedazar. Solo que, de repente, algo en mis lamentos les hizo cambiar de idea. Su agarre se aflojó, aunque no se apartaron de mi lado. Yo sollozaba incongruencias mezcladas con súplicas por mi vida. El horror de la carnicería que atestigüé seguirá produciéndose ante mis ojos durante el resto de mis días. En ese instante, una de ellas se plantó ante mí y, por un momento, su apariencia volvió a ser la de una hermosa e inocente dama de agua. Sus ojos, sin embargo, eran la viva imagen de la venganza.

Me dijo que me perdonaría la vida, pero solo con una condición. “Vosotros nos habéis obligado a vivir así” recuerdo que pronunció con voz rasposa. “Vosotros y vuestras máquinas, y vuestras hogueras y vuestras fábricas. Vosotros y vuestra ambición y vuestro descuido y vuestra falsa importancia. Lo teníais todo, pero queríais más, y nunca se os ocurrió llenar ese vacío con humildad y respeto, con solidaridad y esperanza. Ahora, no os queda sino sufrir nuestra desgracia. Te dejaremos partir, como última advertencia” señaló. Recuerdo que temblaba como si fuese la última hoja de un árbol con el invierno en ciernes. “Contarás nuestra historia, la de tus amigos y la tuya, y aconsejarás a los de tu especie que respeten y reverencien la tierra bajo sus pies, el agua sobre la tierra, el aire sobre el agua, y la flora y la fauna que las habita. Si fracasas, no habrá otra advertencia: tomaremos vuestras vidas como tributo por nuestros bosques”.

Juré, lloré y recé que lo haría sin fallo ni falta, y por eso ahora escribo nuestra historia, aun con la desazón de saber que todo es en balde, que de nada servirá esta última advertencia que encarno porque en el fondo sé, mal que me pese, que ninguno de mis congéneres la creerá. Porque yo no lo haría de no haberla vivido, aunque cometiera el único error que ningún dios perdonará nunca.

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Comments
15 Responses to “La venganza del bosque”
  1. Mariola dice:

    De vez en cuando nos tenían que dar sustos como estos… Enhorabuena, Anna, y tus magníficos ilustradores.

  2. Inquietante y brillante, tanto el texto como las ilustraciones, estupendas imágenes!

    Felicidades!!

  3. Mª Carmen Moreno dice:

    Una historia llena de acción y misterio y del grito desgarrador de la naturaleza ante el ser humano. Las ilustraciones maravillosa. Me ha encantado. Enhorabuena.

  4. Jordi Ponce dice:

    Muchas gracias a todos.

  5. Jordi Ponce dice:

    la verdad que ha sido un gustazo trabajar con este equipo, ha quedado genial!!!!

  6. tico dice:

    Fantástico relato de terror para mandar un mensaje de responsabilidad (o irresponsabilidad) y ¿esperanza?. Me ha gustado mucho.
    Las ilustraciones se adaptan a la perfección al texto:
    Susana, la expresión del rostro es una mezcla entre amargura, miedo, amenaza… me parece increíble cómo lo consigues con tu estilo porque no es dibujar sino que es recortar y debe ser muy difícil transmitir esas sensaciones pero tu lo consigues. Cada vez que abro la página y veo tu ilustración me asaltan esos ojos inquietantes. Eres una maestra.
    Jordi, son fantásticas las criaturas que has creado, acojonan (con perdón) de verdad y así lo refleja el rostro del protagonista. Con un poco más de oscuridad y contraste hubieras acentuado más esa sensación pero así como está está muy bien también.
    Buen trabajo colectivo.

  7. Coincido totalmente contigo Anna . Hay que concienciar a las masas del desastre mediambiental que hemos generado y la Naturaleza responde sin miramientos.
    Me ha encantado tu narrativa y el tema que has tocado que está muy en mi linea.
    Las ilustraciones acompañan perfectamente en tu relato, asi que enhorabuena a los dos porque es precisamente de lo que se trata cuando se ilustra.
    Laura Vazvál

  8. chusdiaz dice:

    ¡Genial, Anna! Has conseguido que sintiera la angustia del protagonista como si fuera mía. Te felicito, porque sabes crear perfectamente el ambiente terrorífico cuando la historia lo requiere, pero también ese ambiente sensual y mágico que acompaña a las damas de agua; y haces que el lector se sumerja en los dos por igual. Lo que es a mí, me has convencido: prometo que a partir de ahora intentaré tratar a los bosques con más respeto. 🙂

    ¡En cuanto a las ilustraciones, fantásticas las dos! Susana, como siempre, me quito el sombrero ante ti. Tu dama de agua inquieta por su ambigüedad, seduce y asusta a la vez. Me quedo con esos ojos: como dice Tico, es mirar la ilustración y no poder apartar la vista de ellos… Jordi, con tus damas lo tengo claro: ¡son aterradoras! Creo que has plasmado muy bien la descripción de Anna en su relato. La expresión del protagonista lo dice todo…

  9. Me ha encantado, Anna! Tú forma arrancar la narración en pretérito y primera persona, también me ha recordado a Poe. Luego, en cambio, me he visto envuelto por una lectura más ágil, de prosa incisiva. Dulzura y terror ante la aparición de esas “sirenas de bosque”.
    Pero me quedo con la reflexión sobre nuestro sometimiento a la naturaleza. Conforme iba leyendo pensaba que estaría muy bien que ésta nos enviase un mensaje de este tipo, un escarmiento, tal y como sucede en tu relato, pero también pensé que lo primero que haríamos al recibirlo sería matar al mensajero. Fue una sorpresa agradable leer ese final poco optimista, o mejor decir, realista en que la protagonista sabe que no va a ser creída. Tu pregunta que da en el aire. ¿Cuál es la conciencia con que debemos replantear el trato al planeta?
    El relato engancha de principio a fin, Un placer leerte!

    Susana, uuuff!! Qué maravilla de ilustración. La expresión de tu sirena de bosque me ha dejado sin aliento. Me ha llamado la atención su cuerpo: un cuerpo bonito, mimetizado en su entorno hasta el punto de que el color de la piel y su textura se confunden con las del bosque mismo. La mirada, la caida de su pelo, cómo se agarra a la rama y observa. Cada vez soy más fan tuyo!!

    Jordi, me gustan mucho los colores, el horror en el rostro de la protagonista y, sobre todo, los seres en que has transformado a las ninfas de Anna. Dan auténtico miedo!!

    Enhorabuena a los tres!

    Saludos.

  10. ¡Muchísimas gracias, Mariola, Fernando, Maica, Jordi, Tico, Laura, Chus, Miguel Ángel! Trabajar con Anna y con Jordi ha sido estupendo, las ideas fluían muy bien entre nosotros, y los dos han sido muy creativos y rápidos en la realización, ¡felicidades! Y gracias por la parte que me toca de todas esas flores, que viniendo de artistazos como vosotros me apabullan más todavía, un abrazo! Me quedan relatos por leer aún, pero estoy impresionada del nivel y la calidad de lo que he visto hasta ahora, madre mía, ¡cuánto valeis!

  11. Montse Augé dice:

    He llegado al final sin darme cuenta, casi sin aliento, me ha parecido estupendo, inquietante, aterrador, escrito magistralmente….¿Se nota que me ha gustado? Enhorabuena. Veo que más de uno hemos coincidido en el tema del bosque que decide vengarse.

    ¿Y a mi queridísima Susana qué le digo que no le haya dicho ya? Una belleza y una maravilla de ilustración, igual de inquietante que el relato. Te superas cada vez.Un abrazo!!

    Igual de estupenda es tu ilustración Jordi, de un estilo totalmente distinto pero logrando transmitir el mismo sentimiento de terror y angustia.¡Enhorabuena a todo el equipo por vuestro trabajo!

  12. Es agradable coincidir sin pretenderlo con alguien en el tema de un relato. Y es mucho más agradable la lectura que nos has ofrecido Anna. Tu relato, magníficamente conducido, nos ofrece esa reflexión que todos nos hacemos en silencio pero que no nos atrevemos a efectuar en voz alta con respecto a los bosques. No diré que ojalá nunca se tornen en realidad, pero lo que si es cierto es que a veces los que si podemos hablar debemos tomar el lugar de los que les es imposible hacerlo. Y tú, con tu escrito salpicado de terror y desasosiego consigues transmitirnos ese mensaje. Felicidades. Grandes letras. Gran relato.

    Susana, que decirte más que tu ilustración, fiel a tu estilo, es soberbia. Una personificación que ayuda y transporta al espectador. Felicidades. Y en el otro extremo Jordi que con un estilo, me atrevería a decir distinto pero no discordante, nos ofrece otra imagen dinámica y aterradora del relato. Muy buena y a la altura. Enhorabuena

  13. David Gambero dice:

    Es agradable coincidir sin pretenderlo con alguien en el tema de un relato. Y es mucho más agradable la lectura que nos has ofrecido Anna. Tu relato, magníficamente conducido, nos ofrece esa reflexión que todos nos hacemos en silencio pero que no nos atrevemos a efectuar en voz alta con respecto a los bosques. No diré que ojalá nunca se tornen en realidad, pero lo que si es cierto es que a veces los que si podemos hablar debemos tomar el lugar de los que les es imposible hacerlo. Y tú, con tu escrito salpicado de terror y desasosiego consigues transmitirnos ese mensaje. Felicidades. Grandes letras. Gran relato.
    Susana, que decirte más que tu ilustración, fiel a tu estilo, es soberbia. Una personificación que ayuda y transporta al espectador. Felicidades. Y en el otro extremo Jordi que con un estilo, me atrevería a decir distinto pero no discordante, nos ofrece otra imagen dinámica y aterradora del relato. Muy buena y a la altura. Enhorabuena

  14. PALOMA MUÑOZ dice:

    Es un relato tremebundo que te pone el corazón en un puño. La verdad es que este tema se presta a tratar en los relatos o cuentos el destrozo de la naturaleza y de los bosques por la mano humana. Es un relato que te deja sin respiración y las ilustraciones de Jordi y de Susana sopn magníficas. Un saludo afectuoso a Anna y a los dos ilustradores. Felicidades por el resultado.

  15. Rosa García dice:

    Vaya Anna, enganchada de principio a fin con tu historia. Aterradora y atrayente a la vez. Además, con impacto social. Me ha gustado mucho.

    Y mi mas sincera felicitación a los ilustradores, Susana y Jordi, que con sus magníficas ilustraciones, nos han mostrado visualmente lo que el protagonista vivía. Preciosas.

    Un abrazo.

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