Mi pegatina por un árbol

Autora: Laura Vazval

Ilustrador: Verónica López

Género: relato, ensayo

Este cuento es propiedad de Laura Vazval, y su ilustración es propiedad de Verónica López. Quedan reservados todos los derechos de autor.

MI PEGATINA POR UN ARBOL

Yo no era ninguna bióloga, ni especialista en medio ambiente, simplemente era una escritora ,ciudadana normal que amaba la naturaleza, disfrutaba de ella y sobre todo la respetaba e intentaba que los demás también lo hicieran. Utilizaba el sentido común y una seria y profunda conversación interior al que yo llamaba “sesión reflexiva con el todo” como clave esencial para llegar a la raíz de mis dilemas.
Estaba a punto de empezar mi conferencia en el auditorio municipal de Zamora.
El tema era: Mi pegatina por un árbol

Me pasé la tarde adelantándome mentalmente a los argumentos que expondría en mi discurso, así que cuando me asome detrás del telón y vi el recinto lleno a rebosar un sentimiento de responsabilidad afloró en mi conciencia…
-¡Vaya! Cuanta gente le susurré a mi marido que siempre me acompañaba.
Una suave caricia en la mano, me hizo sentir su complicidad.
-Tranquila, lo harás muy bien. Toda esta gente esta deseando escucharte.

Se apagaron las luces del auditorio y un aplauso surgió al unísono en toda la sala mientras yo me dirigía al estrado.

-Escoge bien las palabras “cariño”.Así me llamaba mi otro yo cuando entablábamos esa silenciosa y profunda conversación interior.
Despierta en el alma de las personas el amor a la naturaleza y sensibilízalas hasta hacerlas lloras de emoción. Cuando lo consigas sabrás que has triunfado.

Hacia tiempo que la retrospección interior y mi dialogo interno era una formula habitual de conocimiento que había aprendido a dominar con soltura. No estaba muy segura cuales eran los mecanismos que lo hacían funcionar pero en numerosas ocasiones me sorprendía a mi misma con los conocimientos que adquiría hasta el punto de concluir con la pregunta ¿Y esto, porque lo sé yo?

Intenté ver al público sentado frente a mí pero la luz que me enfocaba, impedía mi visión mas allá de la primera fila.

Los aplausos fueron cediendo el paso al silencio, respetuoso y expectante.
Hice mi presentación y sin más preámbulos pasé directamente al contenido de mi conferencia.

A mi espalda una inmensa pantalla proyectaba la primera de las diapositivas.

-Señoras y señores, esta fotografía es un trocito de la inmensa y desolada meseta castellana. Puede pertenecer a cualquier rincón de la España seca. Eso no importa. Por desgracia el modelo se repite por toda nuestra geografía cada vez con más frecuencia.
Kilómetros y kilómetros de extensión donde a penas se puede ver un árbol.
Ni atisbo de vida arbórea.
! Es una verdadera pena! ¿No creen?
Polvorientas llanuras sembradas de cereales que contribuyen más al color amarillento y reseco del paisaje.
Una buena cosecha sin duda, pero ¿A que precio?
No se dejen engañar. El kilo de este cereal no es 30 céntimos en el mercado. Este kilo no tiene precio… ¿Puede tener precio la desaparición de todos los bosques que antaño tenia España, convertidos hoy en inmensas llanuras sobre explotadas?

! ESTO ES MUERTE SEÑORAS Y SEÑORES ! – les grité.

Hice caso a mi interior y teatralice mi intervención intentando remover conciencias acomodadas al desastre medioambiental que padecía nuestra Península Ibérica.
Buscaba producirles un shock emocional, así que el contraste con la siguiente diapositiva fue un profundo OH….

¡Y ESTO …. SEÑORAS Y SEÑORES, … ES VIDA., les dije pausadamente bajando relajadamente el tono de mi voz.

Allí estaba , impresionantemente hermoso El BOSQUE DE MUNIELLOS, en la España verde, en Asturias, detrás de la protectora cordillera Cantábrica que tanto nos había protegido de la desertización del resto de España como de los continuos e insistentes ataques de otras civilizaciones que en la historia de nuestra península lo habían intentado asiduamente.
Uno de los muchos bosques que posee el Principado y prácticamente todos el Norte de España.
Un bosque considerado el mayor robledal de Europa, el mejor conservado y patrimonio de la biosfera.

-Miren por favor este riachuelo que transcurre por el interior de miles de grandiosos robles fuertes y robustos donde la vida vegetal campa a sus anchas entre miles de matices verdes envidia de la más exquisita paleta del mejor pintor impresionista.

Alterné varias veces las dos diapositivas para que grabaran bien las diferencias en sus retinas .
¡Muerte, Vida…..Muerte, Vida…. Muerte, Vida!

El silencio en la sala aumentaba más el sonido de mi voz.

-Señoras y señores, dije con voz potente cuidando de hacer las pausas necesarias para la reflexión del oyente.
-¿Dónde están aquellos bosques que antaño poblaron toda la Península Ibérica y que según la tradición popular una ardilla podía cruzar por sus ramas de norte a sur sin bajar una sola vez al suelo?
-¿Estamos ciegos?
-¿No vemos el desastre que padece nuestro país?
-¿Preferimos este paisaje desolado o este otro rebosante de vida?
-¿Preferimos la muerte o la vida?
-Ahora, ustedes han visto dos fotografías de la misma España, la del Norte, húmeda llena de vida, donde la vegetación es la reina, donde si nos descuidamos nos crecen los árboles en los tejados (y literalmente es así)… y la del resto de España que se muere de sed, salvo pequeñas excepciones en las riberas de los rios, lagos y poco más…
-Quiero que no solo la veamos, sino que la oigamos, que la sintamos.
-Ahora, cierren los ojos, agudicen el oído, transpórtense mentalmente a este paisaje y oigan a la naturaleza en su estado mas puro.

Conecté el sonido que acompañaba a la diapositiva del Bosque de Muniellos y mi voz cedió el paso a la sinfonía musical del entorno.
La sala se inundó de armoniosos trinos que competían por un lugar destacado en esta melodía. .
Llamadas y respuestas de unos y otros conformando un dialogo a todas luces tan real como el nuestro.
De fondo se percibía el discurrir de un refrescante y acariciante riachuelo que entre piedras, musgo y líquenes transcurría lentamente impregnado de vida todo lo que tocaba.
El canto del urogallo, la berrea de los corzos, aullidos de lobos y como imponente sonido, el gruñido de uno de los osos salvajes que habitan por aquellos parajes.
¡Vida! Ese era el sonido. Era vida burbujeante, cambiante, luchadora por ocupar un lugar en la evolución.
La naturaleza se expresaba a través de esa multiplicidad de reinos; el animal, el vegetal y el mineral que coexistían en perfecto equilibrio y que extasiaba los sentidos del caminante que tenia la fortuna de pasearse por aquel bosque.

Observé a la única fila de butacas que podía apreciar desde mi posición. Aprecié a un público relajado con las cabezas inclinadas ligeramente hacia atrás, los ojos cerrados, rostros de satisfacción ensimismados en la deleitosa contemplación interior que los sonidos de la naturaleza les proporcionaban, así que supuse que el resto de la sala estaría igual.

Me mantuve en silencio unos minutos respetando la sincronización mental de todos los asistentes.

Como el que corta de golpe un tronco a golpe de hacho y sin que apenas les diera tiempo a abrir los ojos, les devolví al paisaje seco y árido de los campos yermados y castigados de Castilla.
El sonido era el murmullo del aire que correteaba por entre aquellos inmensos e interminables campos de cultivo sin un solo árbol, sin un solo arbusto que frenara su recorrido.
El sonido era el graznido de los cuervos o el piar de algún pajarillo despistado desesperado por buscar refugio del implacable sol que todo lo secaba.
El sonido era el silencio cuando el aire se retiraba de su ofensiva.
Pueblos de Castilla, secos, casi abandonados o muy mermados en su población…

Volví la mirada a la primera fila. Las expresiones habían cambiado. Las sonrisas se habían transformado en lánguidas mejillas, expresiones de tristeza y preocupación. Una chica se mordía las uñas.

Esa era la evidencia que necesitaba, la sala estaba preparada sensiblemente y mi otro yo me advirtió.
Al ataque “cariño”, hazles llorar, sácales la emoción que llevan dentro. Sensibilízalos .Tienes que conseguir que reaccionen individualmente. Levanta la voz y grítales…

-! España se seca!
-!España se desertiza !
-! España se muere!
-¿Nuestros hijos y nietos vivirán más cerca del desierto que nunca?-
-¿Eso es lo que queremos?

Con un tono un tanto enfadada me propuse a darles una reprimenda incluyéndome en ella.

-¿Estamos ciegos o es que no queremos ver?
-¿Estamos cómodos y para que reaccionar?
-Tú y tú y tú y yo somos culpables.
-Todos somos culpables…. pero no hacemos nada.
-Que lo hagan los politicos¿No?

Guardé silencio para comprobar la reacción de murmullos, complicidad y disentimientos.

-“Cariño”, ya estas en sus conciencias.

Calmé mi tono de voz y proseguí…

-¿Ustedes recuerdan a la única mujer premio Nobel de la paz de Africa, Wangari Maathai que con su determinación consiguió frenar la desertización de su país
-Tengo que recordarles que ésta magnifica mujer tenia todo en su contra. Primero por ser mujer en un continente donde la opinión femenina deja mucho que desear. ..Segundo porque parecía un imposible como a nosotros nos parece ahora en España, pero ella tenia un sueño…Que su país volviera a tener la vida que antes había tenido. El sueño era frenar el avance del desierto.
Wangari Maathai fundó en 1977 del movimiento Green Belt (Movimiento del Cinturón Verde) y desde entonces hasta hoy ya han conseguido plantar más de 30 millones de árboles.
-Ahora, en este año 2011, once países pertenecientes a este Movimiento del Cinturón Verde tienen la titánica misión de formar una franja verde compuesta de árboles, de no menos de 15 Km de ancho que recorra África desde las costas del Este hasta las costas del Oeste, desde Dakar a Yibuti .
Pero volviendo a nuestro país, voy a contarles que cuando venia hacia acá por la carretera que une Benavente con la capital, contemplaba muy apenada a través de las ventanillas de mi coche el paisaje reseco de los campos de cultivo.
En mi imaginación recreé una visión de todos estos campos repletos de bosques, como antaño, con sombras que cobijaran a los animalillos, con fuentes naturales…. en fin…
!Yo al igual que Wangari ,estaba viendo un sueño!…
A la media hora de viaje entramos en esta maravillosa e histórica ciudad de Zamora mi marido y yo .Estuvimos paseando por su casco antiguo recorriendo a pie posiblemente el mismo recorrido que El Cid Campeador había hecho por sus callejuelas, ahora limpias, pulcras y muy bien cuidadas.
Nos asomamos al balcón natural que rodea la ciudad antigua y permite al viajero contemplar la rivera del Duero que a su paso por Zamora va engrosando su caudal camino ya de tierras lusitanas. Echamos de menos unos arboles pegados al muro que nos cobijaran del torrido sol implacable.
Nos complació ver con que orgullo el sereno y caudaloso Duero exhibe un verde bosquecillo que lo acompaña en su recorrido a lo largo de todo su cauce. Bosquecillo que en cuanto se separa unos metros de su orilla se va desvaneciendo para concluir de nuevo en la calvicie del terreno seco.

Me tome un respiro, bebí lentamente de un vaso de agua.
La sala se mantenía en total silencio, yo diría que ensimismada y satisfactoriamente atenta a mi oratoria.
Continué mi exposición verbal con el apoyo de la siguiente diapositiva.

-Ahora señoras y señores les voy a enseñar la incongruencia del ser humano que lejos de intentar frenar la desertización de sus campos y ciudades las agrava con sus irresponsables e imprudentes actos.
-Las personas de mas edad aquí congregadas deben de acordarse de aquellos parques o alamedas cubiertos de grandes y frondosos árboles que se entrelazaban entre si formando un techo natural que aislaba del sol del verano y que ayudaba a conservar la humedad y la temperatura fresca en el entorno.
-Ahora contemplen ustedes esta diapositiva.
-Es una plaza céntrica de su ciudad, seguro que la reconocen. Tiene 4 árboles, pequeños, aislados uno en cada esquina, concretamente débiles manzanos que luchan por su supervivencia como lo hace un niño del tercer mundo, escuálidos y resecos con unos frutos tan pequeños que en vez de manzanas parecen uvas y que no proporcionan ni treinta centímetros de sombra, en una ciudad donde es fácil alcanzar los 40 grados por el verano y donde las piedras recogen el calor del sol proyectándolo después hacia el viandante en forma de radiador natural.
-¿Es lógico?
_ No…
-¿Porque diseñan así nuestras ciudades?
– Porque no hay inteligencia, no hay lógica, ni imaginación y sobre todo no hay sentido común

Llegados a este punto crucial de la conferencia, ustedes pensarán…
-¿Y nosotros que podemos hacer?
-Mandan los políticos, nosotros no podemos hacer nada
-Yo no soy dueño de tierras, ¿Qué se puede esperar que yo haga?

Me callé.
Esperé, pero no hubo reacción.
Ni murmullo siquiera.
De nuevo silencio.

“Cariño, Están esperando tu respuesta. Ellos no la tienen. Dísela, grítasela, que la oigan bien. Conciénciales. A eso has venido”

.

HAY SOLUCION… MEJOR DICHO HAY SOLUCIONES, les grite de nuevo

-No nos quedemos con los brazos cruzados, observando la aberración urbanística.
-No nos quedemos esperando a que la arena del desierto cubra nuestros campos.

-Protestemos,… Atemos lazos verdes con un “No me gusta”
.-Protestemos….Peguemos pegatinas verdes con: “Mi pegatina por un árbol”

Ilustración de Verónica López

Ilustración de Verónica López

Exijamos al ayuntamiento ciudades llenas de naturaleza, con árboles en todas las aceras, árboles adaptados a los pavimentos, que no los levanten, que echen raíces hacia abajo, no lateralmente.
-¿Se acuerdan ustedes de las alamedas?
¡Que pocas quedan! ¡La torpeza política ha acabado con todas!
En su lugar han hecho plazas, llenas de hormigón, con una escultura moderna metálica en el centro, que a nadie le dice nada.

Protestemos…. Peguemos pegatinas. “No me gusta”
Protestemos…. Pequemos pegatinas “Mi pegatina por un árbol”

-Propietarios de terrenos. Planten árboles en todo su perímetro y si el campo es muy grande planten hileras de árboles cada cierto espacio.
Háganlo los propietarios y exíjanselo sus amigos y familiares.

¡Amigos míos, España se seca!
¡España se desertiza!
! No hay tiempo que perder!
Entre todos podemos cambiar esta situación.
Lo hizo una mujer africana con un sueño.
Copiémosle el sueño.
Si todos contribuimos, si cada uno de nosotros que parecemos insignificantes ante un todo, protestamos y pegamos neutra pegatina de inconformismo, lograremos concienciar a los políticos.

-Ahora, me gustaría que esta conferencia no fuera una mas, no se quedara en el olvido de esta bonita sala.
-Quisiera poder entrar en la mente de cada uno de ustedes y grabarles a fuego la necesidad de actuar hoy mismo.
-Planten un arbolito en su ventana o varios en su balcón o terrazas un centenar de ellos en su terreno o finca o un millar en el contorno de su macro cultivo y busque información de la especie que mejor se adapta a su clima y tierra.
-Riéguenlos cada día hasta que se hagan fuertes y sepan alimentarse por si mismos.
-Son seres vivos.
– ¡Fíjense bien lo que estoy diciendo!
-No son muebles.
– Son seres vivos.
– Por favor no los abandonen
-Cuídenlos.

-Pásense el aviso, por Internet, por radio, por televisión, de boca en boca, no importa el medio, solo importa un sueño.
¡Volver a tener bosques en toda España!

Un caluroso aplauso puso a toda la sala en pie. La ovación me emocionó, no se si había conmovido corazones ni si había hecho saltar lagrimas de concienciación, solo sé que la emocionada era yo y eran mis ojos los que brillaban con lagrimas de agradecimiento.
“Bien cariño”

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Comments
6 Responses to “Mi pegatina por un árbol”
  1. Mariola dice:

    Laura, bonita relato. Escribes, ilustras… haces de todo! Enhorabuena. Y a Verónica también.

  2. Gracias Mariola ,pero no se que pasó con el formato que envié que los diálogos de las tres voces estaban diferenciados en mi word entre cursivas, negritas y normales y ahora veo que todo está igual. La verdad que ha quedado un poco deslucido estéticamente.

    En mi blog http://lauravazval.blogspot.com/ está correctamente expuesto.
    Gracias de nuevo Mariola
    Laura Vazvál

  3. Roberto dice:

    Excelente relato para agitar las conciencias dormidas. Muy bien, Laura.

  4. olgabesoli dice:

    Felicidades Laura!

    Acabo de leer tu cuento y me encanta. Admiro lo comprometido que es. Estoy de acuerdo con tu comentario y, al igual que tu, intento, con mis relatos, llevar a la reflexión. Si esta llega a alguien, aunque sea a una sola persona, creo que nos podemos dar por satisfechas.

    Estoy contigo ¡Ojalá nos atreviésemos a enganchar una pegatina a cada farola, a cada gran bloque de espantoso cemento que cubre de gris nuestras ciudades! ¡Y ojala con ello pudiésemos hacer que nos devolvieran la vegetación que había cerca de nuestras casas cuando éramos niñas!

    Felicidades.

    Y gracias por lo de “trasgu”. Queda anotado.

  5. tico dice:

    Menudo discursazo, nos has concienciado a todos aunque no estuviésemos en la sala, felicidades y también a Verónica por la ilustración.

  6. chusdiaz dice:

    ¡Felicidades, Laura! Hasta ahora no había podido leer tu relato. Me ha encantado el mensaje, la verdad es que lo expones de manera muy convincente y llegas a conmover… ¡Ojalá lo leyeran en las altas esferas y tomaran conciencia!

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