Carta de Navidad

Autora: Olga Besolí

Ilustrador: Julio Roig

Corrector: Elsa Martínez

Género: relato fantástico

Este cuento es propiedad de Olga Besolí, y su ilustración es propiedad de Julio Roig. Quedan reservados todos los derechos de autor.

CARTA DE NAVIDAD

Querido cliente:

Me dirijo a usted en esta circular para comunicarle la reciente resolución tomada por el sindicato de trabajadores de la empresa Yoo Jo-Jou, sita en el Polo Norte.

Ilustración de Julio Roig

Ilustración de Julio Roig

Mi nombre es Shirn y represento a los miles de compañeros de trabajo que existen hoy en día en esta gran corporación, pues soy el delegado sindical. Aparte de eso, trabajo como simple operario en la cadena de montaje, del ala oeste de la octava planta de esta fábrica inmensa, líder en el mercado, de la cual nos consta que usted y su familia son clientes. Y con ello, es mi deber comunicarle que, a partir de hoy, nos será imposible enviarle ninguno de sus pedidos, que seguramente son muchos y grandes, por encontrarnos en la situación especial de estado de vaga, en la que permaneceremos indefinidamente hasta nuevo aviso.

No es que nosotros, el personal de la empresa, tengamos problemas con la patronal, pues el viejo amo, el señor Klaus, nos ha ofrecido, desde siempre, un trato de respeto y admiración por nuestra labor, siendo el primero en ponerse manos a la obra en cuanto ha sido necesario. Tampoco no estamos reclamando ningún aumento de sueldo, eso ni pensarlo. Con nuestro jugoso salario invernal tenemos más que suficiente para mantener nuestras pequeñas familias en lo que queda de año. Tampoco es que nos quejemos de las condiciones de trabajo, ni queramos más derechos, ni menos obligaciones. No se trata de nada de eso.

Hablo en nombre de todos mis compañeros cuando digo que estamos satisfechos con nuestro trabajo, pues el oficio de artesano fabricante es muy prestigioso dentro de nuestra comunidad. Aunque hay que reconocer que, en los últimos tiempos, es tanto el trabajo y los pedidos nos llegan tan acumulados que, a veces, nos sobrepasa, colapsando las máquinas y retrasando la producción. Pero, en estos tiempos de crisis, debemos agradecer que no estemos engrosando las listas del paro, aunque solamente seamos temporeros (la fábrica abre solo durante tres meses), así que podemos considerarnos afortunados. Por suerte, aquí, en Ciudad del Polo, tenemos la fábrica que nos cobija y nos da empleo. Otra suerte viven los que trabajan en el campo, cuya situación es cada vez peor. Sin ir más lejos, a mi primo Einf tuvieron que darle la prejubilación después de echar abajo el portal donde trabajó durante toda su vida… Pero volvamos al asunto que nos acontece en este día.

Aquí, en la empresa Yoo Jo-Jou tenemos empleados ancianos que llevan con nosotros desde tiempos inmemorables. Y créame si le digo que lo último que querría ninguno de ellos es convocar esta vaga. Pero no ha habido más remedio. ¡Tenemos que pensar en el futuro de los miembros más jóvenes!

Y con esto le explico cuál es la situación: como ya sabrá, nuestra clientela se reparte a lo extenso y largo del mundo entero y nuestro gran volumen de ventas nos coloca, desde hace una eternidad, en líderes del mercado. Y eso que no fabricamos armas ni drogas, dos productos que todos aborrecemos. No. Nuestra empresa, en la actualidad, bajo las exigencias de la demanda, se ve destinada a la producción masiva de aparatos tecnológicos y demás. Por lo que nuestro producto estrella son los juegos digitales, comúnmente llamados «videojuegos», destacando entre estos los más sangrientos y despiadados, capaces de revolver las tripas de cualquier elfo menor de trescientos años.

Nosotros, como dice el señor Klaus, nuestro patrón, tenemos la obligación de adaptarnos a los nuevos tiempos y aceptar los gustos actuales de la clientela que, según él, «siempre tiene la razón». Pero ¿hasta qué límite? ¿A costa de nuestra salud? Por eso, tras varias reuniones del personal y unas cuantas deliberaciones, hemos decidido que ¡NO QUEREMOS! Por lo que iniciamos inmediatamente los trámites legales para convocar esta vaga, que ya ha sido autorizada y aprobada por el propio Santa.

Estamos hartos, estimado cliente, de fabricar tecnología. No nos gusta dejarnos la vista elaborando los diminutos microchips; nuestros pequeños dedos en los paneles de circuitos; nuestra paciencia en las placas de memoria. ¿Para qué quieren tanto aparato digital? Además, el mismo niño que pide la plataforma de juegos «play 2» un año (con toda una variedad de juegos, por supuesto) nos suplica, al siguiente, que fabriquemos para él la «play 3» (con su kit de juegos correspondientes ¡como no!, (pues los de una plataforma no sirven para la otra) por lo que se quedan los anteriores abandonados cuando aún están seminuevos.

Entre los desorbitados pedidos que solemos recibir por carta, fax o e-mail, hubo un caso, las pasadas Navidades, difícil de olvidar. Se trataba de una niña de siete años que exigía recibir una cámara de vídeo, una cámara de fotos, una televisión plana último modelo, un grabador blue-ray y un ordenador de gama alta. ¡Con solo siete años! ¿acaso esa niña quiere montarse un estudio digital en su propia habitación? ¿quién le ayudó a escribir su carta? ¿Steven Spielberg?

Sinceramente, creo que los pedidos de ustedes, nuestros clientes, se han desmadrado, y son nuestros operarios los que están achacando tales excesos con su salud. Últimamente nos hemos visto obligados a incorporar una sala especial antiestrés en el ala más norte de la fábrica. Allí se practican masajes y técnicas orientales de relajación a nuestros trabajadores a diario. Pero aún así, nuestra empresa es la corporación con más casos de baja laboral por depresión de los últimos años, después, claro está, del sector del profesorado en colegios públicos, líder mundial en enfermedades asociadas al estrés.

Pero eso, a nosotros, no nos había ocurrido nunca antes. No cuando éramos una simple fábrica de juguetes, y nuestros operarios trabajaban con productos naturales como la madera, productos textiles o el cartón. Incluso, tiempo después, con la incorporación del «plástico», ese nuevo material para la fabricación de juguetes y demás, fue vista con buenos ojos, pues hacía que todo lo elaborado se volviera más duradero a la par que más resistente a los golpes. En consecuencia, bajó un tanto la excesiva producción de muñecas que teníamos, al ser menos frágiles que las clásicas de porcelana, por lo que nuestros operarios gozaron, durante esa época, de agradables momentos de descanso durante su turno. También superamos con agrado la etapa de los objetos «motorizados» ¡hasta nos hacían gracia! ¡a la mínima huían corriendo! En toda la fábrica podías ver elfos persiguiendo sin descanso los cochecitos y peluches a medio hacer que salían disparados de las mesas de trabajo, rodando en todas direcciones. ¡Qué momentos cuando corríamos de acá para allá sin descanso! ¡qué risas! Pero todas las risas se han esfumado con la llegada de la era digital. Esto ya es demasiado para nosotros. Y hoy, por fin, hemos reunido el valor suficiente para decir ¡BASTA YA!

Os recordamos, queridos clientes, que antes de ser una empresa de tecnología, esta fue una fábrica de juguetes. Pero mucho tiempo antes de convertirse en una  fábrica de «cosas materiales» esta era, en sus inicios, una fábrica de ilusiones. La gran fábrica de los sueños de todos los niños por Navidad. ¡Qué tiempos aquellos! Entonces nadie pretendía acumular montañas inútiles de trastos por estrenar en casa. Los padres no dejaban que sus niños recibieran más que uno o dos regalos por año. Y los niños tenían imaginación e inventiva a la hora de jugar. Ahora carecen de ella. ¿Para qué usarla si lo tienen todo? Y eso es un puro despilfarro. ¿Quién les ha enseñado a hacer esas tediosas y interminables cartas donde piden más de lo que pueden llegar a usar en un año? ¿no les cabe a ustedes en la cabeza que son demasiadas cosas? Nosotros, que las fabricamos con cariño y dedicación, nos hemos hartado de ver objetos tirados en los contenedores, dentro de sus cajas aún por abrir. Eso, estimado cliente, no debería permitirse jamás. Y es lo que acontece en la actualidad. Nosotros, y se lo decimos con todo el respeto del mundo, creemos que todos ustedes han perdido un poquito el norte. Y es nuestro deber  obligarles a volver a él aunque, para ello, tengamos que deshacer los pasos andados.

Como explicaba con anterioridad, hubo un tiempo en que mis compañeros y yo éramos unos orgullosos operarios de la mejor y más brillante fábrica de sueños, donde las cartas recibidas raramente se referían a productos materiales. Uno quería salud para su abuelita; otro pedía más amigos; y alguien, una novia para su papá. O quizás anhelaba en convertirse en un superhéroe. También había quien reclamaba un hermanito pequeño, o encontrar aquellas canicas que perdió sin saber como… en definitiva, deseos verdaderos y no simple codicia por acumular objetos.

Así que, estimado cliente, le comunico que hemos apagado los viejos motores y parado la vieja maquinaria que hace funcionar el gran engranaje de esta fábrica y le ha dado vida durante tantísimos siglos. También hemos guardado cuidadosamente todos los trineos en el garaje y les hemos dado un descanso indefinido a los agradecidos renos, así como unas vacaciones más que merecidas al Sr. yla Sra. Klaus.Aunque Santa nos ha hecho saber que no irá a ninguna parte, pues prefiere quedarse aquí, en la fábrica, para apoyar nuestra causa hasta la última consecuencia.

Y nuestra causa es la que sigue:

Hemos decidido que este invierno no vamos a servir ningún pedido Navideño, ni grande ni pequeño, hasta que no recibamos una carta que nos pida un verdadero y auténtico deseo de Navidad que nos demuestre que nuestro trabajo sirve de algo más que para dejarnos la espalda y agotarnos la vista por unos estúpidos caprichos pasajeros.

 

Así que, estimado cliente, ¿será usted, o alguien de su familia, quien nos pida ese deseo?

Atentamente,

Shirn

Delegado Sindical y

Operario montaje y ensamblaje digital

División A-3, Sección Infantil, Planta 8, Nave Oeste

Yoo Jo-Jou S.K. y asociados

CP. 25012

CIUDAD DEL POLO

(POLO NORTE)

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Comments
7 Responses to “Carta de Navidad”
  1. Estoy totalmente de acuerdo .El consusmismo es un enemigo sutil que se introduce en todas nuestras casas y que a la vez que divierte y entretiene, también aniquila y mata ilusiones, sentimientos y valores.
    Muy buena la crítica social.
    Enhorabuena a los dos.
    Me ha gustado.
    Laura Vazvál

  2. Roberto dice:

    ¡Oléééé! Lamentablemente es muy difícil salir de la espiral consumista, y más si tienes niños en edad de merecer… muy buenos los Noel y su P$3, y Jobs (R.I.P.) y su tablet en la Puerta del Sol.

  3. Montse Augé dice:

    Olga, veo que hemos coincidido en el tema de nuestros relatos, una reflexión sobre el verdadero espíritu navideño. La carta es genial, me ha encantado lo de la niña:
    “Se trataba de una niña de siete años que exigía recibir una cámara de vídeo, una cámara de fotos, una televisión plana último modelo, un grabador blue-ray y un ordenador de gama alta.”
    Y me parece estupendo también esa defensa por los juguetes de antes, que despertaban nuestra creatividad, ahora es todo demasiado fácil. Pero bueno, los tiempos cambian. Enhorabuena por tu relato, estupendamente escrito, lo he leído sin darme cuenta.

    Julio, tu ilustración es buenísima, perfectamente ambientada en nuestra realidad más inmediata.Estupenda!!!

  4. olgabesoli dice:

    Gracias Laura, Roberto y Montse por vuestras palabras.

  5. Un abrazo OLGA, por descubrirnos esa cara de los regalos que no es la que siempre ha sido.
    ¡Vivan los juguetes! como reflejo de las ilusiones de los niños que los desean y los van a disfrutar dejando volar su imaginación y su actividad feliz.
    Felices Reyes Magos

  6. Mariola dice:

    Olga, enhorabuena por estos INDIGNADOS trabajadores, estos sí, con toda la razón del mundo en sus quejas. Fantástico relato y fabulosamente ilustrado por Julio, como es habitual en él. Me ha gustado mucho!

  7. Olga Besoli dice:

    Muchas gracias Mariola.

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