Regeneración.

Autor@: Olga Besolí

Ilustrador@:  Vicente Mateo Serra (Tico)

Corrector/a: Elsa Martínez

Género: Ciencia-ficción

Este relato es propiedad de Olga Besolí, y su ilustración es propiedad de Vicente Mateo Serra (Tico). Quedan reservados todos los derechos de autor.

Regeneración.

Después del fin, el mundo pareció renacer. Resucitaba como el ave fénix lo hacía de sus propias brasas. Al extinguirse ya los últimos fuegos de la reducida zona seca, el suelo cubierto de cenizas apenas se vislumbraba bajo las columnas de humo tóxico.  El nivel de las aguas que inundaba las otras nueve décimas partes del planeta descendía en algunos puntos de la geografía, lentamente, mostrando el emergente suelo chamuscado y salpicado por los extraños restos arquitectónicos de materiales fundidos por el calor atómico.

A plena luz del día, un pequeño pez boqueaba sobre el suelo de un lago recientemente evaporado que más bien se asemejaba a una charca seca en medio de una llanura desértica escarbada entre rocas. Ya sin agua donde respirar, el pez se removía agonizante. Había sobrevivido al calentamiento de los fondos marinos, cuyas temperaturas oscilantes habían rozado, en ciertas ocasiones, el punto de ebullición. También había superado los tsunamis producidos por la repentina subida del nivel de las aguas, cuando los mares se unieron a los océanos para tragarse y engullir los antiguos continentes, lo que convirtió el planeta en un mundo acuático plagado de cementerios submarinos. Había aguantado el arrastre de las fortísimas corrientes marinas que cruzaban la superficie entera del planeta y lo transportaron hasta aquí, el recóndito polo sur. Moriría, ahora, abrasado bajo el insoportable calor emitido por las últimas erupciones solares, embarrancado en medio de un paraje desconocido que había emergido de las aguas en receso. Su cuerpo deshidratado se secaría junto al lodo en una única masa compacta, formando un fósil que sería hallado por una futura especie que dominaría el planeta millones de años después. El análisis científico que se realizaría sobre sus restos atestiguaría lo sucedido: que un meteoro había colisionado con el sol, lo que produjo fuertes explosiones que provocarían turbulencias en la superficie del astro y que llegarían a la tierra en forma de radiaciones extremas que elevarían las temperaturas, provocando deflagraciones y el consecuente estallido de las miles de centrales nucleares de todo el planeta. Los estudios que se practicarían sobre los estratos del suelo a su alrededor confirmarían que el calor desprendido por la fusión nuclear habría derretido los hielos del Ártico y del Antártico, lo que produciría cambios en las corrientes marinas que provocarían inundaciones a gran escala y la transformación de la configuración de la superficie terrestre. Era lo que se llamaba un cambio climático a escala mundial. Civilizaciones posteriores denominarían esta época de destrucción masiva con el nombre de La era del fuego.

Pero la madre tierra sabe auto-curarse. Tal y como sucedió con otras hecatombes similares en el pasado, como la era de la glaciación o la del deshielo, no todas las especies sucumbirían en medio este holocausto de agua y fuego. La vida siempre encuentra la forma de abrirse camino. Y tan pronto como la superficie solar se estabilizó de nuevo, los seres más resistentes a los vientos nucleares empezaron a mostrar señales de vida.

La esfera anaranjada y radiante empezaba a desaparecer en el cielo raso. Una pequeña cucaracha aprovechó el descenso de las temperaturas y se aventuró a salir de su escondrijo, pasó por delante del cuerpo momificado de un pequeño pez perteneciente a una especie ya extinta. Corría con sus patitas diminutas de insecto y con el duro exoesqueleto humeante bajo la luz. Tuvo el tiempo justo de llegar hasta una pequeña abertura que se abría entre las rocas circundantes a la llanura de suelo resquebrajado. Allí, en la oscuridad de esa pequeña cavidad natural, escarbó en la tierra reseca y fría, desenterrando una pequeña semilla, un manjar más que preciado en esos tiempos de escasez extrema. La cucaracha, exhausta por el esfuerzo realizado, no llegaría a tiempo para ingerir la semilla encontrada y murió allí mismo de inanición.

Meses de calor extremo en el eterno día polar habían evaporado grandes masas de agua que flotaban en el aire a modo de niebla. Las acumulaciones de vapor se condensaban formando grandes nubarrones que quedaban suspendidos en el aire. Estos cuerpos celestes se interponían entre la tierra y los rayos mortíferos del sol, actuando como un filtro e impidiendo que su poder dañino llegara hasta la superficie del planeta. Como consecuencia, las temperaturas bajaron. El ardor extremo del aire dejó paso a un clima cálido y húmedo que dominaba el ambiente. Un gran estruendo anunció el chaparrón. Las enormes gotas de lluvia radioactiva caían pesadamente sobre el suelo, rellenando los surcos y grietas, que se convirtieron en improvisados canales fangosos. El agua pronto se filtró entre las rocas, llegando al subsuelo. En una de las pequeñas cuevas formadas por las grietas,  un pequeño cuerpo de insecto, muerto recientemente, yacía medio descompuesto por la humedad y, con ello, fertilizaba la tierra que rodeaba una semilla milenaria de helecho gigante. Después de permanecer en letargo desde tiempos inmemoriales, atrapada en un puñado de tierra congelada y oculta bajo los dos kilómetros y medio de espesor del antiguo hielo Antártico, la pequeña espora despertó flotando en una especie de barro ceniciento a pocos centímetros de la superficie.

Un tenue y oblicuo rayo del sol moribundo del atardecer logró traspasar las nubes y penetrar en la cavidad. La cáscara de la semilla humedecida eclosionaba mientras sus diminutas raíces se adherían a las paredes de la roca. Pronto, ese pequeño brote vegetal se convertiría en una planta adulta, una más de los miles de ejemplares que brotaban al unísono y que marcarían el nacimiento de la mayor selva tropical que el planeta conocería en un futuro.

Y se hizo la noche, la larga noche Antártica. El frío quebraba fragmentos de piedra que, recalentados durante el día, se volverían saltarines por la noche para descubrir los pequeños secretos vegetales y animales que se ocultaban bajo ellas.

Ilustración de Vicente Mateo (Tico)

Y con la cálida luz de la luna se despertaría la vida en toda su extensión. Centenares de pequeños seres alados saldrían en bandada de la protección de sus cuevas, que les habían mantenido con vida durante el cataclismo y su periodo posterior. En las profundas cavernas que agujereaban la superficie terrestre habían encontrado refugio y alimento, mientras convivían en compañía de serpientes, escorpiones, arañas, e insectos. Ahora, libres de su cautiverio, volaban y ensombrecían el cielo, manchado de inquietos puntos negros a la caza de pequeños roedores y otros animales supervivientes de la radiación.

Su vuelo en círculos y sus bajadas en picado para abatir a sus presas hicieron de esos seres, tiempo atrás, dignos habitantes nocturnos de las pesadillas humanas más terribles. Pero ningún ojo humano podría ya asustarse ante semejante visión. El homo sapiens estaba extinto. El planeta había sobrevivido después de que él intentara arrasar con todo. La tierra ahora empezaba a germinar de nuevo. Había llegado el tiempo de la regeneración. Y con ella, la pugna por el dominio del ecosistema. Las pocas especies que no sucumbieron durante el mandato humano, luchaban por la pervivencia libres ya de su mayor depredador. Algunas lo lograrían. Otras no.

Pero solo una familia de una de las especies existentes, la de los desmodontinae, sería la afortunada que se alzaría por encima de todo el reino animal para distinguirse de sus semejantes. Los sujetos pertenecientes a esta naciente colonia mutarían con éxito, como antaño lo hicieran los simios, hasta asumir el poder mundial y la explotación de sus recursos, tal como hicieran sus antecesores bípedos. Su éxito tendría lugar gracias a su capacidad de reproducción, a su extrema fortaleza, a sus hábitos nocturnos que nunca abandonarían y a la asimilación de los cambios que la radioactividad produciría en su cuerpo durante generaciones.

En millones de años estos seres evolucionarían hasta aumentar su volumen en un quinientos por cien, a aumentar su capacidad craneal y por tanto su cerebro, a sufrir modificaciones físicas que les permitirían andar erguidos sobre sus patas traseras y verían mejorados el diseño de sus alas y su agudeza visual, en un principio casi inexistente. También desarrollarían la capacidad del habla y de la conciencia individual y social, edificando ciudades y empezando una nueva civilización parecida a la que antaño perteneció al ser humano. También descubrirían su mismo poder destructor y, milenios después de la culminación de su reinado, sucumbirían a una nueva hecatombe planetaria. Pero eso ocurriría mucho después de que este nuevo depredador de la tierra levantara su emporio espectral desde la oscuridad de las tinieblas, de ciudades techadas y cuevas sombrías, apartados por siempre jamás de la luz diurna, a la que nunca se adaptarían. El nombre latín por el que los humanos conocieron a sus emparentados antepasados sería el Desmodus rotundus, aunque familiarmente, en sus peores pesadillas, los humanos ya habían soñado con la temida evolución de esos pequeños seres hematófagos, a los que en su tiempo llamaron vampiros.

Anuncios
Comments
8 Responses to “Regeneración.”
  1. montseauge dice:

    ¡Alucinando con tu relato Olga! Estupendamente escrito y de una extraordinario plasticidad, el lector es capaz de “ver” lo que relatas. El final es impactante. Enhorabuena.
    Y la ilustración…una obra de arte, magnífica , impresionante. Te quedas atrapado en ella, mirándola sin cansarte. Felicidades a los dos por este magistral trabajo!!

    • olgabesoli dice:

      Gracias Montse. La verdad es que el relato salió de la ilustración, y no al revés. Yo conté con ventaja, pues solo tuve que inspirarme con el dibujo.

      Y la verdad que fue muy fácil. Con una ilustración tan impresionante como esa, tan llena de vida y tan desoladora a la vez, con tantos elementos intrigantes, tan cálida y tan oscura al mismo tiempo, me hubiese salido un “buen” relato aunque me hubiesen pegado con un ladrillo en la cabeza.

      Así que el gran mérito es de Tico.

  2. Qué buen trabajo! Y por lo que acabo de leer, generado de “otro” modo, a partir de una imagen.
    La ilustración es excelente, y muy sugerente, con una escala ambigua, a medio camino entre lo antropomórfico y lo geográfico (lo que nos lleva a reflexionar, y nos ayuda a entender al planeta como un ser vivo). Me podría pasar horas mirándola… Y el texto es de una gran riqueza, y conecta a la perfección una serie de causas y efectos sucesivos, que lleva a la tan temida destrucción total. Y cuando al final vemos quienes son los que finalmente sobreviven al apocalipsis, mejorados y reforzados por la “selección natural”…, la sorpresa es magnífica.
    Enhorabuena!

    • tico dice:

      Acertaste!! La figura es la Venus de Willendorf, que simboliza la fertilidad, como el planeta Tierra. Ella es el planeta. Gracias Daniel, un abrazo.

  3. rosag2 dice:

    Olga, magnifica la forma de relatar una ilustración tan espectacular como la de Tico. Os felicito a los dos. Me han encantado ambos.

  4. Roberto dice:

    Ante todo decir que la ilustración me parece excelente, pero vaya imaginación tienes, Olga, para, a partir de ahí, construir tu historia que confiemos no se convierta en Historia…

  5. tico dice:

    Muchas gracias a todos por vuestros comentarios, me alegro que os guste la ilustración. Especialmente gracias a Olga porque ha creado un relato estupendo. Me encanta, sobretodo ese final que a mi también me sorprendió como al resto. No todos los días alguien se puede inspirar en tu trabajo, en el caso de las ilustraciones claro, para crear el suyo. Yo creo que ha quedado muy bien el experimento y creo que puede ser una nueva forma de trabajar los equipos que quieran probar.

  6. Mariola dice:

    Ay, ay, ay… Vaya fin del mundo, Olga, no me gustaría verlo, ni esas evoluciones a vampiros o de vampiros. Nunca me han hecho gracia. Además, esa ilustración de Tico es ciertamente inquietante, muy acertada con el tono del relato. Buen equipo, sin duda. Mis felicitaciones. 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: