Underworld.

Autor@: Daniel Camargo

Ilustrador@: Alex Femenías

Corrector/a: Mariola Diaz-Cano

Género: Relato

Este relato es propiedad de Daniel Camargo, y sus ilustraciones son propiedad de Alex Femenías. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Underworld.

No recuerdo mi nombre, no sé si alguna vez lo tuve. Aquí, en este mundo lúgubre y decadente, donde la luz y el alimento escasean, hace tiempo que no existen los nombres. Ni las caras. Nos reconocemos por el olor. ..

Tampoco consigo recordar el tiempo que llevamos sobreviviendo en esta enorme cueva.  Los más ancianos cuentan que alguien les dijo que hace muchos siglos los monstruos nos obligaron a huir de la superficie y descender bajo tierra por nuestra propia seguridad.   Poco a poco, tras muchas generaciones y no sin esfuerzo, se ha ido conformando una sociedad aparentemente avanzada, pero sin alma. Entre todos hemos construido este refugio, que a la vez nos protege y nos aísla. Y el propio refugio, con el paso del tiempo, se ha convertido en nuestra única razón de ser. Trabajamos para mantenerlo, y vivimos para protegerlo. Él es nuestro mundo, nuestro Alfa y Omega.

Inexorablemente, el contenedor ha mutado en entraña. La cáscara, devenida en esencia.

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Sé que muy pronto todo esto ha de acabar…, de la peor manera. Lo sé, no me pregunten cómo, hay cosas que simplemente nos son reveladas, sin más.

Saberlo conlleva una responsabilidad que no estoy dispuesto a asumir. No tengo pasta de héroe, ni nadie está dispuesto a escucharme. Prefiero seguir así, invisible entre la chusma, aunque la angustia aumente día a día.

Por eso, además de la oscuridad, en este sitio me acompaña el miedo.

Sólo el miedo.

Siempre el miedo. 

Un miedo denso y viscoso, que está por todas partes y se te pega en la piel.

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Somos miles aquí dentro, tal vez millones.  En permanente actividad.  No podemos ni debemos estar quietos… No nos dejan.

Garantizar el funcionamiento de nuestro hábitat, absolutamente artificial en un medio hostil, mantener unos ciertos niveles de equilibrio y control de la temperatura y la ventilación, y asegurar que la población esté alimentada, requiere de todo el tiempo disponible. Del tiempo de todos…, o de casi todos, porque además de los “obreros” existe una minoría que se encarga de controlar al resto para que cumpla su función.

La necesidad de trabajo es constante, siempre hay algo que hacer, y si no hay se lo inventa. Y trabajar tanto te permite tener la mente ocupada. Centrada en el momento actual.  Sin pasado ni futuro…

Sólo existe hoy. Y si el trabajo implica un cierto sufrimiento, si se convierte en un esfuerzo que te lleva al límite y te deja exhausto, tanto mejor.

Nos mueve la responsabilidad, el sacrificio colectivo. Después de tanto tiempo aquí dentro, no existe atisbo alguno de  individualidad ni de libre albedrío. El protagonista es la masa.  Absolutamente. Como en una gran maquinaria perfectamente engrasada, cada pieza debe encajar, y nuestros  movimientos son medidos, codificados y cronometrados para lograr el máximo rendimiento y, por lo tanto, el “bien común”.

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Hace tiempo que presiento lo peor. El fin está cerca, lo sé. Hay datos objetivos que apoyan mi razonamiento, pero es más que nada una intuición. Un presentimiento sólido como una roca, que me cierra toda posibilidad de futuro.

Otros aquí dentro también piensan como yo. Muchos, tal vez la mayoría, pero nadie hace nada. Nunca. Anestesiados y enajenados,  continuamos empujando esta enorme rueda y sólo vivimos  para trabajar.

Desapareceremos.  Desapareceré. Pero, al fin y al cabo, ¿qué es lo que desaparecerá conmigo?  Aún mantengo a duras penas mi existencia física, pero mi existencia espiritual, moral, o racional ha sido demolida sistemáticamente por este lugar siniestro.

Pienso en el reposo que me espera.  En el final del sufrimiento.

Pero no consigo eludir el miedo.  No, hoy tampoco.

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Este sitio es difícil de describir. Una cueva de enormes dimensiones, cuyos límites reales no se llegan a apreciar, y cuyo techo ondulante se apoya en una multitud de toscas columnas de distribución irregular. Fémures de piedra extrañamente torcidos. Una sala hipóstila.  Un bosque petrificado.

Y la oscuridad que todo lo cubre, como un manto espeso y gris. Siempre.

La “nave” central  se desgrana lateralmente en túneles con múltiples ramificaciones que a su vez conectan con otras cuevas, vinculadas también a otras, y así sucesivamente. El laberinto es interminable y nadie nunca lo ha llegado a recorrer completo.

El suelo es accidentado, con grietas como heridas, y algunos agujeros dejan entrever la existencia de los niveles inferiores.

Un líquido oscuro cae permanentemente desde el techo.  Todo son texturas.  Y perfumes o, mejor dicho, olores.

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Cada día que pasa es un día menos. Y la certeza del final me lleva a cuestionarme muchas cosas.  Cuando sientes la presencia de lo inevitable, cuando ya no ves futuro posible, todo pierde sentido y el presente se convierte en un puente hacia la nada…

 Hace un cierto tiempo que percibo  vibraciones, intensas pero lejanas. Como un zumbido ronco que por momentos cambia de tono y de intensidad. Es difícil, en mi estado  actual, llegar a saber si se trata realmente de un sonido exterior o de una alucinación auditiva producida por mi propia mente, pero lo cierto es que la extraña letanía parece muy real. Lejana pero real…

Es la señal que nos anuncia el fin. No sobreviviremos. Ninguno. Lo sé.

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Nuestra relación con el exterior es casi nula, aunque existen grupos de expedicionarios que salen regularmente a la superficie en busca del necesario sustento.

Asumen grandes riesgos y no siempre vuelven, pero actúan para el beneficio de la colonia. Su sacrificio es necesario para mantener el status quo.

Las cantidades de alimento que se recolectaban inicialmente eran más o menos proporcionales a las bocas que se tenían que alimentar, pero luego un  crecimiento vegetativo desproporcionado hizo que reinara el hambre durante mucho tiempo, hasta que se descubrió la forma de reelaborar el alimento básico que entraba a la cueva multiplicando sus cualidades nutritivas y logrando como resultado una pasta de sabor desagradable, pero muy alimenticia.

Comer es necesario para que el engranaje siga girando, pero tampoco obtenemos placer alguno con ello.

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Ayer las vibraciones se convirtieron en  temblores, cada vez más intensos y cercanos. Ya no son un presagio, son una realidad, y es evidente que el fin se aproxima, aunque nadie parece notarlo. Un desenlace inevitable y lógico, y a la vez una purificación.

Aunque llegué a suponer que la proximidad inexorable del final me  permitiría asumirlo y relajarme, noto que cada  vez me cuesta más dominar el miedo y pensar con claridad. Lamentablemente creo que el dolor y el caos serán infinitos.

Tanto desvarío será castigado. Mucho tiempo de destrucción del individuo, de alienación, de glorificación de unos conceptos abstractos e intangibles como el “bien común”, o el “progreso de nuestra especie…”

 Si existe un ser superior, todopoderoso y omnisciente, alguien o algo que verdaderamente nos conoce y está en condiciones de juzgarnos, no habrá piedad.

Es nuestro  Apocalipsis. Nos lo hemos ganado.

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La enorme población con la que convivo, a duras penas consigue subsistir.  Pero aquí no existe la rebeldía, la ausencia de expectativas nos lleva a la conformidad.  El individuo vegeta diluido en la masa y sujeto a una rutina demoledora.

                Nuestro infinito laberinto, oscuro  e inabarcable, es recorrido permanentemente por miles de seres frenéticos, incapaces de pensar por sí mismos. Pero a veces, muy pocas, surge alguna reacción.

Los escasísimos desesperados que, una vez  superado el límite de su cordura, se salen de madre y adoptan posiciones extremas, los que explotan mediante reacciones violentas, son brutalmente reprimidos.

Su rebelión no sirve de nada. Una vez reducidos, son castigados a la vista de todos.  Para evitar nuevos intentos.

La violencia extrema como ejemplo y símbolo. Siempre ejercitada desde el poder, por la necesidad de control sobre la masa.

Mientras tanto nuestra líder, encerrada en su recinto y protegida por su guardia personal,  se dedica exclusivamente al placer. Hace tiempo que ha roto los puentes que la unían con sus súbditos, y ya no hay marcha atrás.

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Otra vez el temblor. Más intenso que nunca.

No son los monstruos de arriba, conozco bien sus incursiones. Esta vez es algo distinto. Y peor, infinitamente peor. Esta vez es el fin. Y supongo que lo merecemos. El castigo nos será aplicado, sin contemplaciones.

Hemos desbordado todos los límites de crecimiento. Hemos dado la espalda a nuestra propia libertad. O simplemente nos hemos dejado llevar…

¿Justicia?  En realidad no lo sé…  Una cierta sensación de justicia, aunque tardía e incomprensible, supone un barniz de racionalidad, y creo que esto es diferente.

Sé que la profundidad a la que nos encontramos y el aparente aislamiento no servirán de nada. Él conoce nuestra existencia y sólo está esperando el momento adecuado para actuar. …………………………………………………………………………………………………..

Ayer soñé con el fin de nuestro mundo.

Acostumbrado al constante frenesí que nos domina, he imaginado el  final de todoloquexiste como la ausencia de movimiento… Ni destrucción ni dolor, solo quietud.  La quietud marmórea de la muerte presente en cada rincón.

Desperté sobresaltado y dominado por una claustrofobia menos vinculada a nuestra naturaleza subterránea que a la ausencia de futuro.

La vida de nuestra comunidad, como la de todo mecanismo, requiere de esa sensación de movimiento perpetuo, que necesariamente se ancla en el futuro. Sin él no somos nada.

Y no hablo del futuro como utopía, como posibilidad de cambio, me refiero a la repetición mecánica de lo mismo proyectada en el tiempo.

Una y mil veces.  Músculo sin cerebro.
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¡¡Oh, no!! ¡¡Ya está aquí !!

La vibración aumenta hasta límites insostenibles, las convulsiones son brutales…  Parte del techo se desprende y  ha surgido una fisura en el centro de la cúpula principal. Hay  desprendimientos y las columnas caen, chocando unas contra otras.

A mi cabeza llegan reminiscencias de relatos de antiguas tragedias, pero la realidad actual los supera.  La fisura se convierte en grieta y, por primera vez, entra algo de luz en nuestro mundo, precisamente ahora, a escasos segundos del final.

La grieta no soporta la presión, se abre violentamente y, como la boca de un siniestro animal, comienza a vomitar hacia nosotros una catarata de piedras, una lava espesa de color gris que en pocos instantes arrasa con todo.  En segundos, la cúpula central ha desaparecido, pero la lluvia de piedras que continúa cayendo es de tal intensidad que me impide ver el cielo, privilegio que hasta ahora nunca tuve y ya nunca tendré.

Desde la posición elevada que ocupo puedo apreciar, espantado, la magnitud de la tragedia. Miles de compañeros son arrastrados, ya sin vida, como hojas secas, por la violencia de la corriente que, a su paso, destruye pilares, muros divisorios, bóvedas, contrafuertes… Nuestra perfecta máquina de habitar, la razón de nuestras vidas, ha desaparecido en un momento.

Pienso en huir, pero estoy paralizado por el dantesco  espectáculo.  Nadie sobrevivirá, nada quedará en pie.

Creo que voy a enloquecer. El río de lava gris viene hacia aquí, ¡ ya nada puedo hacer! Esto es el fin.

El horror…

Ilustración de Alex Femenías

EPÍLOGO

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Un sol de justicia brilla en el cielo, y la leve brisa mece los álamos del jardín.  La temperatura es muy agradable para un mediodía de verano.

El zumbido de la mezcladora ronronea a lo lejos.

De pronto se oye un grito…

—     ¡Oiga arquitecto!  ¿Ha visto esto?

—     ¿Que si he visto qué, Manuel?

—     Esto…, lo que ha pasado.

—     ¿Y qué ha pasado?

—     Que al echar el hormigón, en el zuncho que va debajo del muro de la fachada, se ha abierto un agujero enorme

—     Coño, es verdad.  Fíjate,  parece que fuera un hormiguero,… ¿pero de los grandes, eh?

—     Sí, se ve que era enorme.   Jeje, el hormiguero hormigonado…  ¿Esto nos puede traer problemas?

—     No, no creo. Afortunadamente el hormigón ha llenado prácticamente todo el hueco sin dejar resquicios.  Y ya se ha endurecido. No te preocupes, yo creo que el muro va a quedar bien asentado.

—     Bueno, entonces podemos decir que ha sido una desgracia con suerte, ¿no?

—     Sí, Manuel, tú lo has dicho. Ha habido suerte. Mucha suerte.

 Daniel Camargo

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Comments
11 Responses to “Underworld.”
  1. jesus dice:

    Monstruos humanos que destruimos mundos.
    Prepotencia, desconocimiento del daño.
    Producto de la enfermedad que nos destruye… codicia.
    Máquinas creadas que arrasan mundos de seres indefensos.
    Pánico sembrado en comunidades que no nos entienden.
    Destrucción de nuestro propio mundo.

    Este es el mensaje que me transmite, y la sensación… miedo.

    Sencillamente excelente.

  2. Mariola dice:

    Creo que ya te lo dije, Daniel. Estuve con el corazón en un puño mientras corregía este relato y no veas el alivio de tensión con ese giro final. Perfectamente conseguido ese contraste de ansiedad, angustia y miedo con el contrapunto del ¿humor? (más bien negro oscuro para esas pobres hormigas).
    De Alex vuelvo a repetir que me gusta mucho cómo consigue reflejar la luz en sus ilustraciones.
    (Y una última pregunta final que me hice: ¿cuántos hormigueros me cargué en mi más tierna infancia? Pues alguno que otro, sí…)

    • Gracias a ambos…, yo también torturaba hormiguitas en el jardín de la casa de mi abuelo. Y para conseguir angustia y tensión he contado con el valioso aporte de los periódicos de cada día. En este hormiguero en que vivimos, en cualquier momento se nos fisura la cúpula… Concido en lo extraordinario del trabajo de Alex, con quien ha sido un gusto trabajar.

  3. Roberto dice:

    Hay momentos de tu excelente relato, Daniel, en los que veo reflejada esta sociedad nuestra de “un día más”, cuya masa es capaz de seguir haciendo girar la enorme rueda a la vez que anula al individuo. Como la orquesta del Titanic, tocando mientras el barco se hunde. Inquietante ilustración Alex…

  4. montseauge dice:

    Daniel….estoy todavía en estado de shock…Vaya relatazo!!!Qué pasada ( perdona por mis palabras tan poco poéticas pero es que reflejan mejor la magnitud de la sensación que me acaba de dejar la lectura de tu relato). La forma, la historia , el final…es simplemente genial. Lo siento mucho pero no tienes otro remedio que seguir escribiendo, espero más relatos tuyos. ¡Estupendo!
    Alex, tu ilustración acertadísima, justo en el momento de máxima tensión del relato, esa explosión de luz que penetra en la oscuridad.Es fantástico.¡Enhorabuena por vuestro trabajo!

    • “No tienes otro remedio que seguir escribiendo…”. Jeje, yo no lo podría haber dicho mejor. No por la calidad del relato de un primerizo, que seguramente es discutible, sino porque haciéndolo me lo pasé como un enano (curioso lugar común al que recurro esperando no ofender a nadie). Valoro muchísimo tu opinión, y tal vez sea el empujoncito que necesitaba. Gracias Montse!! Un abrazo.

  5. tico dice:

    ¡¡Ah Daniel, qué grande eres!! No se te resiste nada que te propongas o a lo mejor sí, quizás no sepas pegarle al balón por ejemplo, pero no tendría importancia porque tus diseños, ilustraciones y ahora relatos son excelentes.
    Underworld, es una maravilla, el título, muy acertado y llamativo. La forma, como dice Montse, es lo único que no acabo de pillar, por qué esa alternancia entre párrafos con negrita y sin ella? Um, déjame que lo piense más. La historia, perfectamente redactada, con un aire de pesimismo que se aprecia durante todo el relato y que contagias al lector porque por un momento he pensado que nuestro mundo también se nos iba a derrumbar, bueno, viendo como está el panorama no lanzo las campanas al vuelo.
    Entre otras muchas, me encantan estas frases: “La cáscara, devenida en esencia.”, “Por eso, además de la oscuridad, en este sitio me acompaña el miedo. Sólo el miedo. Siempre el miedo.”
    Al principio me ha recordado a 1984, pensaba en un estado oprimido por el poder, pero después me ha venido a la mente Metrópolis y sus obreros. Entonces he leído “El protagonista es la masa”, e inmediatamente he relacionado obreros/masa/cueva subterránea, e irremediablemente me ha venido a la mente el concepto “hormiga” y cuando he llegado al final y se han confirmado mis sospechas no podido hacer más que ponerme y quitarme el sombrero a la vez que decía chapeau.
    Un gran relato Daniel, original, bien escrito y con sorpresa final. Parafraseando a Juan “ya has empezado, ahora te va a tocar seguir” o a Miguel Ángel “Daniel ilustra, Daniel escribe”. Enhorabuena artista.
    Alex ya conocía tus trabajos y sabía que lo ibas a hacer muy bien, además de que tu ilustración técnicamente es muy buena no has desvelado nada del relato lo cual se agradece. Enhorabuena también para ti.

    • Tico, …querido Tico. Tu enorme imaginación y capacidad sólo es superada por tu generosidad para con los amigos. Te agradezco mucho tu opinión, que valoro como pocas, y tu ánimo, aunque internamente sé que esto sólo es un primer paso en un terreno complejo y desconocido, y me queda una montaña por aprender.
      En lo que no coincido para nada es en esa falta de confianza sobre mi pegada al balón. Yo tengo mucho fútbol dentro, sabes? Y sólo estoy esperando una oportunidad… De hecho, cuando decidí venir a Sevilla para trabajar en la EXPO 92, mi otra opción era el Manchester United.
      Un abrazo, amigo!!

      • tico dice:

        jajaja, el Manchester United? Hiciste bien en ir a Sevilla, no había necesidad de desunirlo. No dudo que tengas mucho fútbol dentro, pero para mi que fue algún partido aburridillo que te tragaste. No será eso?
        Oye, ahora en serio, lo haces muy bien, sigue entrenando que es la mejor manera de aprender, yo también haré algo con las letras más adelante (las dibujaré jeje) pero de momento al banquillo.
        Otro abrazo, amigo!!

  6. Muchas gracias por vuestros comentarios! He disfrutado enormemente ilustrando el relato de Daniel, me encantó el misterio que desde un principio te engancha y te obliga a leer el relato palabra por palabra hasta el final, sólo intenté reflejar esa emoción que sentí con este relato, me alegro muchísimo de que os haya gustado 🙂

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