Un frío beso de mármol.

Autor@: Paloma Muñoz

Ilustrador@:  Marta Hergueras

Corrector/a:  Mariola Díaz Cano

Género: Relato

Este relato es propiedad de Paloma Muñoz, y su ilustración es propiedad de Marta Hergueras. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Un frío beso de mármol.

La princesa se levantaba todas las noches y sus delicados pies se movían despacio pero seguros hacia el lugar sagrado en el que reposaba la estatua del dios yacente.

Desde que era una niña, había soñado con despertar al hermoso dios durmiente con un beso y, a escondidas, se acercaba a la estatua  con la intención de acariciar los fríos labios del dios con los suyos, suaves y ardientes. Ese momento maravilloso para ella en el que abrazaba al dios y lo besaba era lo que daba aliento a su joven vida.

Sus padres y tutores le habían hablado de la historia del más bello de los dioses de su pueblo. Un dios que quedó dormido por el maleficio de un espíritu malvado e impuro que recorría la tierra y los lejanos confines del reino para encontrar una morada en lugares oscuros y siniestros y preparar su ataque contra los dioses por la posesión del mundo.

Los habitantes del reino habían esperado durante muchos, muchos años el despertar del dios que les librara de la miseria y del miedo temiendo al espíritu impuro inspirador de los peores sueños y las más terroríficas pesadillas.

Sus vidas y sus almas podrían depender de un beso.

I

Cuentan las Crónicas de Los Oráculos Sombríos que “cuando el cielo se cubra completamente de negro y la luna se convierta en una esfera de sangre, eL espíritu impuro  y su armada de demonios que habitan los tenebrosos antros, se despertarán y lanzarán su fétido aliento sobre la tierra y se apoderarán del equilibrio del mundo”.

Los sabios y astrólogos de la corte del poderoso rey, padre de la princesa, hablaron con este y le aseguraron que el reinado de terror que se avecinaba, sólo podía ser vencido si el rey ofrecía al  dios a la más hermosa de las doncellas, la de corazón más puro y noble sangre. Esta doncella era la hija del rey, la única capaz de despertar de su letargo al dios yacente.

“El dios soñador”, “El que sueña eternamente”, “El de los ojos de plata”, “El dios de la luz radiante” “El dios que duerme”. Todos ellos eran bellos epítetos para un dios sin nombre.

La princesa había soñado muchas veces que el dios se despertaba con el ardiente y tierno beso que le daba. Y de eso dependía el destino de un reino y, por añadidura, el destino del mundo.

La princesa era muy joven pero los quince años que estaba a punto de cumplir no le impedían pensar en el amor y la pasión,  ya que conocía los estragos que causaban por boca de los bardos de la corte cuando, en las largas veladas invernales, entonaban  tristes cánticos de amor o contaban historias que acababan felizmente.

Pero a la princesa no le hacía falta escuchar esas canciones ni los poemas ya que “conocía” el amor, la inquietud y el anhelo por el ser amado porque la obsesión que sentía desde niña por la espléndida estatua de mármol del dios durmiente era superior casi a su sensatez, y la muchacha estaba bendecida por la cordura y la gentileza, lo que le hacía muy grata a los ojos de sus padres, de su familia, de la corte y de todos los que la conocían.

La princesa,  sería la digna compañera  de un dios, de su dios de ensueño.

Ilustración de Marta Hergueras

II

La estatua del dios se guardaba en una cámara del gran palacio, una cámara reluciente como la belleza de la estatua. El dios soñador estaba apoyado sobre cojines cubiertos de joyas.

Era de una belleza casi sobrenatural. El artesano que la había esculpido debería sentirse orgulloso de que de sus manos emergiera una obra tan perfecta.

Cuando había luna llena, el dios era objeto de adoración por parte del rey y su corte. Le llevaban ofrendas y lo cubrían de flores. En el cumpleaños de la princesa, ella misma debía ser la encargada de depositar ramos de flores y ofrendas a sus pies.

                El rostro del dios era de una perfección que sobrecogía. El cuerpo era delgado, musculado, elegante, y su postura, casi recostada sobre los cojines, invitaba a la intimidad con él.

La princesa iba a ser la mejor y más hermosa de las ofrendas y para ello la estaban preparando.

Cuando la princesa era una niña, se encaramaba sobre la estatua del dios durmiente y rodeaba  el enjoyado cuello con sus pequeños brazos y le besaba los labios de frío mármol blanco. Desde entonces se sentía perdidamente enamorada de la estatua, una estatua que ya existía en el palacio mucho antes de que ella naciera.

Se decía que había sido el más hábil escultor que se pudo encontrar quien realizó la obra, pero que había sido inspirado por la mano del dios creador. A la estatua tan sólo le faltaba el impulso de incorporarse del lecho y caminar.

“Y está escrito que cuando el cielo se cubra con un espeso manto negro y la luna enrojezca como si fuera un gigantesco círculo de sangre, el espíritu abominable  y sus demonios saldrán de sus ocultos escondrijos y extenderán su hedor de muerte sobre los campos y las ciudades, y todos los que viven bajo la luz del sol y duermen bajo las refulgentes estrellas del cielo, perecerán irremisiblemente. Sólo un dios podrá hacer frente a la extinción del mundo. Ese dios tendrá que ser despertado por una doncella virgen de noble sangre y corazón puro que se unirá a él para que, con su calor, la piedra se convierta en carne y el brazo sostenga la espada que golpee el corazón del espíritu impuro. Entonces, sólo entonces, el mundo se salvará”.

La terrible profecía era conocida por el rey y por la princesa, ya que ella  —aunque no sabía nada de sangre, ni de destrucción, ni de iniquidad  ni de muerte— sólo suspiraba por el dios y sabía que invocándolo, podría volver a la vida a través del calor de los besos y  de ardientes caricias.

Cuando estaba en su presencia le hablaba apasionadamente:

—¡Oh, mi hermoso y amado dios que duerme, señor de la luz! ¡Ojalá que despertaras a la vida con mis besos! ¡Ojalá que tu fría piedra se convierta en cálida piel y puedas devolverme los besos y las caricias que te ofrezco!

La princesa apoyaba la cabeza sobre el pecho del dios suspirando excitada y triste al mismo tiempo por haberlo besado y por tener que abandonar la cámara, deseando volver a verlo de nuevo.

III

La princesa cumplía los quince años y hubo fiestas y celebraciones por todo el reino porque ella era la clave para asegurar un futuro de luz a las generaciones del mundo cuando el dios luchase contra el espíritu impuro y lo venciese, tal era la antigua profecía.

Ella traería la luz a un mundo en el que ya se atisbaban las primeras sombras de las  tinieblas que se avecinaban, y el dios se enfrentaría al  espíritu maligno y su pléyade de asoladores y asesinos en un singular combate.

La luna estaba llena en el cielo. Era una luna de plata como los ojos del dios que duerme.

El sumo sacerdote se dirigió a la estatua yacente y levantó los brazos. En realidad, lo que presenciaban el rey, la familia real y la corte era una unión simbólica entre la joven y la estatua, un enlace, una boda.

—¡Óyeme tú, que yaces sobre tu enjoyado lecho! El más preciado de los regalos te es ofrecido para que, con su calor, tu frío corazón vuelva a la vida

El gran sacerdote tomó la mano de la princesa y la condujo ante el altar del dios.

—¡Oh, dios luminoso que ahora yaces dormido! Permítenos postrarnos ante ti y ofrecerte la joya más preciada del reino. La princesa, amada hija del rey, tu más devoto y fiel adorador que, junto con su corte y su pueblo, te suplica que  protejas todo cuanto nos es sagrado. ¡Vuelve a la vida por el tierno beso de la doncella y salva a tu pueblo de los espíritus malditos que acechan desde la oscuridad!

La princesa iba ataviada con una maravillosa túnica de relucientes joyas y unos velos que apenas podían disimular los contornos de su cuerpo joven y vibrante. Se acercó a la estatua y cerró los ojos para besar los labios del dios. Un beso largo que sintió como si le fuera devuelto, como si la estatua reaccionara. Sin embargo, la estatua permanecía quieta, inamovible.

Al cabo de unos eternos minutos, la princesa sintió que el mármol se calentaba y que la pulida superficie de los brazos del dios se ablandaba; entonces lo miró a los ojos y los encontró abiertos, brillando como la plata, compitiendo en fulgor con esa luna que reinaba en el cielo y lo iluminaba. Los finos labios se alargaron en un gesto gentil y la mano elegante  cubierta de joyas  se elevaba despacio para acariciar el rostro de la princesa.

El dios había vuelto a la vida, tal como las profecías lo auguraban. La luna permanecía en el cielo y la princesa se vio rodeada por los marfileños brazos que poco a poco se iban calentando con su contacto.

En la cámara sagrada no había nadie más que ella y el dios que volvía a la vida. La apretó contra su pecho y buscó la tierna boca. La besó con un beso largo que le cubrió la boca y envolvió los labios. La jadeante respiración de ella inundó los sentidos del dios y éste la apretó con más fuerza para tenderla sobre el lecho. Besó la frente, los ojos, el cuello, los hombros; acarició el contorno de los pechos y su mano se deslizó entre los velos que cubrían el pubis.

                La joven esperaba una palabra del dios. Estaba rendida a él por completo y deseaba saber cómo era su voz. El dios que dormía eternamente leyó su pensamiento y abrió la boca para complacerla:

—Te he esperado desde el principio de los tiempos. Tú estás destinada a mí para siempre y serás mi eterna compañera. Si tanto me has amado, yo así también te amo. Me has devuelto a la vida y, lleno de tu amor, empuñaré la espada. Déjame entrar en ti y marcharé a la lucha como un guerrero va a la batalla después de haber sentido el calor de la pasión de su amada.

Y así la princesa se convirtió en la amada del dios y en el instrumento de salvación para su pueblo. Su virginidad perdida se convirtió en un ramo de rosas rojas que acariciaban sus  muslos. Mientras el hermoso dios que sueña eternamente la amaba, la luna se iba convirtiendo en un disco de espeso color rojo. La batalla se aproximaba, pero el dios estaba dispuesto para la lucha y la princesa esperaría a que regresara victorioso para ser llevada a un lugar más allá de la luna de plata que comenzaba a convertirse en una luna de sangre.

Paloma Muñoz

Madrid, 18 de junio de 2012

Anuncios
Comments
6 Responses to “Un frío beso de mármol.”
  1. Maddie dice:

    Hola

    Gracias por la historia, Dove, es preciosa. Un beso

    Maddie

  2. tico dice:

    Un buena historia Paloma. Ya estoy esperando la segunda parte.
    Estupenda ilustración Marta.

  3. Mariola dice:

    Pues digo lo que Tico, Dove. Para mí que tenías que hacer una segunda parte, a ver qué pasa con el dios y la princesa.
    Y la ilustración de Marta es de categoría… ¡Te quedas embobada mirándola! ¡Fabulosa!
    ¡Felicitaciones a las dos!

  4. … Y el joven Dios, antes dormido, lideró un ejército de setecientas veces setecientos hombres justos que barrió la maldad de la faz del mundo. Y en la última batalla, aquella que haría retroceder a las hordas del infierno al tenebroso agujero del que habían salido, la espada de plata del Dios enamorado cercenó la mano que empuñaba la guadaña, y el eco del alarido de la bestia pudo oírse durante los diez días que el cielo tardó en despejarse de las oscuras nubes de tormenta que habían robado la luz del sol.

    Lo siento, Paloma, pero es que no me pude contener. La primera parte, la romántica, muy bien, así que aguardo impaciente la segunda, que espero que tenga mucha sangre ;D

    Marta, en verdad te digo que tu ilustración me parece absolutamente impresionante. De verdad. Hipnótica en el fondo y delicada en los detalles del Dios y la princesa.

  5. Paloma Muñoz dice:

    Gracias por vuestros comentarios. Roberto me has dejado loca perdida con ese texto ¿bíblico? que has empleado. Si es de tu imaginación, me ha dejado trastocada. Tranqui que si se trata de que haga una segunda parte, yo la hago y si se quiere sangre, yo la pongo. Sin problemas. Vosotros pedid que yo en mi humilde condición de escritora aficionada a relatos y ahora como ilustradora a punto de estrenarse, procuraré complaceros.
    Un cariñoso abrazo para tod@s

  6. wooo! me ha encantado la historia, prefacio de una épica batalla! Genial, y la ilustración de Marta acompaña la historia como un guante. Como haya segunda parte no me la pierdo ;). Enhorabuena a las dos!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: