Escarabajeando en el laberinto.

Autor@: Montse Augé

Ilustrador@: Rosa García

Corrector/a: Mariola Díaz Cano

Género: Cuento

Este relato es propiedad de Montse Augé, y su ilustración es propiedad de  Rosa García. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Escarabajeando en el laberinto.

Ilustración de Rosa García

Se quedó impresionado cuando vio aquel enorme tapiz que daba la bienvenida a los visitantes del Museo Egipcio de El Cairo. Él lo veía todo muchísimo  más grande, claro. Allí estaban, sobre aquel fondo verde y libre en el que siempre habían vivido. Y allí estaban también, atrapados en aquellas líneas que habían trazado la cárcel de sus vidas. Si hubiese sabido leer, habría entendido perfectamente el título que acompañaba a aquel dibujo: “Escarabajeando en el laberinto”. Parecía imposible el cambio que experimentaron sus vidas en poco tiempo. El mismo ser que lo adoró lo condenó.

        Avanzó entre las salas del museo, primero por el suelo y después por las paredes: cientos de figuras de escarabajos tallados en piedra, basalto, granito, piedras preciosas e incluso en oro ocupaban las vitrinas de la exposición. Cuando llegó a la última sala quedó petrificado. Igual que los falsos escarabajos, no estaba preparado para ver aquello: las vitrinas encerraban de nuevo los cuerpos de escarabajos. Pero estos, aunque no lo pareciesen, eran reales: no estaban tallados en ningún material, eran cadáveres, las víctimas del sacrificio. Se armó de valor y aceleró el ritmo, sólo deseaba huir de allí, había sido testigo de aquella masacre y lo único que deseaba era olvidarla. Algo imposible. ¿Cómo borrar el recuerdo de una amistad, de aquellos que habían formado parte de tu vida? En la última sala había una pantalla gigante donde se proyectaba una película sobre la exposición.  La voz en off que relataba los acontecimientos le hizo recordar…

“Scar avanzaba rápidamente escondido y protegido por la maleza del bosque. Los había visto justo a tiempo para escapar. Tenía  que esperar para no ser descubierto y para que no hallasen el escondite del resto de sus compañeros. Esperaba que no lo pisaran. Eso sería terrible, aunque supondría un empate: él moriría pero tampoco sería útil para el enemigo. Lo necesitaban entero, sin ninguna deformación. Suspiró aliviado cuando los vio pasar de largo. La próxima vez tal vez no tendría tanta suerte. Reanudó la marcha hasta llegar a aquella especie de madriguera que servía de refugio a su enorme comunidad de escarabajos. Estaba perfectamente disimulada para que los hombres no la descubriesen. Al principio de su destierro bajo tierra fueron víctimas una y otra vez de masacres en las que el hombre destruía sus refugios para conseguirlos.

Todo empezó cuando la suerte abandonó a la especie humana, las catástrofes se sucedían sin cesar, las épocas de malas cosechas, de falta de alimentos, de incesantes guerras. Pero en aquella tierra de dioses no tardó en aparecer una explicación divina que justificase la cadena de trágicos acontecimientos. Y los más indefensos fueron usados de cabeza de turco y, al mismo tiempo ,de solución al problema: el “scarabeus sacer” egipcio, venerado casi como un dios, usado como amuleto de vida y poder, símbolo de la resurrección, del sol naciente, protector contra el mal, usado en jeroglíficos, en inscripciones para honrar la memoria de los faraones. El hombre creyó recibir el mensaje de los dioses: ellos os seguirán protegiendo, pero ahora no basta con crear una imagen a su semejanza, ahora es necesario obtener el poder de su propio cuerpo, poseer su vida, transmisora de aquello que era necesario para que la suerte volviera a aliarse con el hombre e instaurase un nuevo período de prosperidad.

Los escarabajos ancianos contaban que aquello estaba escrito, que tenía que suceder. Los más jóvenes los acusaban por no haber sido capaces de evitarlo. La codicia del hombre hizo que emprendiese una caza salvaje de escarabajos. Eran apresados en vida y se les practicaba un agujero en el cuerpo para luego ser engarzados en una cuerda que lucían en sus cuellos. Pero la suerte no llegaba. Algo no funcionaba, los dioses se habían equivocado. Pero no podían equivocarse, tal vez no habían entendido bien el mensaje.

Scar recordaba el momento del cambio: de la caza salvaje se pasó a la selectiva. Fue peor. Ahora eran los escarabajos los que tenían que ofrecerse a ellos, sólo los mejores, los ejemplares más bellos. Ello motivó la creación del laberinto, más tarde llamado laberinto de la muerte. Era el modo de seleccionar a las víctimas. Se elegía un grupo de escarabajos y se dividían en parejas .El laberinto tenía varias entradas y sólo una salida. El primero que conseguía llegar al final se salvaba, retrasaba su ejecución porque sabía que algún día perdería. El otro era entregado al hombre. El mayor problema era cuando los dos alcanzaban la salida al mismo tiempo: entonces una lucha entre ellos decidía el destino de ambos. Y Scar sabía que la fecha de su elección se acercaba.

Era uno de los mejores ejemplares, eso decían. Podía haber huido pero hubiese sido peor, fuera de su escondrijo era todo más difícil y su destino hubiese sido el mismo. Los humanos no cumplían del todo aquel pacto y si encontraban algún escarabajo perdido lo apresaban. Cada semana había una entrega de escarabajos sacrificados. A principio eran entregados vivos, pues tenían que estar en las mejores condiciones para lucir en el cuello de los humanos. Pero para ahorrarles la humillación y el dolor y como muchos no sobrevivían a la lucha final decidieron que serían ejecutados antes, una muerte rápida que dejase la menor marca posible.

           Scar aborrecía a su especie por su cobardía , por no haberse enfrentado al humano, por haber cedido ante él, por haberse convertido en su esclavo, por ofrecerse en bandeja en vez de defenderse. Sus antepasados habían vivido en alianza con el hombre. Pero ahora la especie dominante no era ni mejor ni más inteligente que ellos: ante la incapacidad de resolver sus problemas  habían optado por ofuscar sus mentes y buscar una explicación en lo irracional, cegados totalmente e intransigentes; era mejor eso que intentar comprender qué sucedía y pensar que tal vez la culpa era de ellos mismos, que la solución elegida no era la correcta. El dolor y la muerte no eran necesarios. Aquella religión que los había iluminado en sus épocas más esplendorosas los estaba sumiendo en una total oscuridad.

          Y el tiempo avanzó. Y los días se sucedieron hasta que el reloj de la vida ralentizó su ritmo y empezó la cuenta atrás para alguien. El anciano pronunció su nombre: Scar formaba parte del siguiente grupo. Su contrincante era uno de sus mejores amigos, salieron de sus larvas en el mismo momento y ahora les tocaba librar una batalla contra la muerte. No se imaginaron que tanto su nacimiento como su muerte irían de la mano. 

        Y la noche más negra empezó a devorar los últimos rayos de sol. Los más tristes y oscuros presagios se apoderaron de Scar. Miraba sus patas delanteras que mañana tal vez se convertirían en las garras que acompañarían a la caprichosa e inevitable muerte .Tenía miedo y lo único que deseaba era poder escapar de allí, de su fatal destino. Porque tarde o temprano la víctima sería él, salir victorioso no significaba conseguir la inmunidad, volvería a ser elegido para luchar. Era algo tan absurdo e injusto. Se preguntaba por qué no se habían rebelado contra los ancianos. Las víctimas eran superiores en número a los verdugos. Tal vez todavía quedaba alguna esperanza.  Sus pensamientos lo llevaron delante del laberinto, el límite hasta el cual era permitido acercarse. Custodiado por dos enormes escarabajos era imposible franquearlo, violar aquella ley suponía entregar su cuerpo en bandeja. ¿Y si él fuera capaz de borrar las líneas de aquel destino que decían que ya estaba escrito?

         Y de nuevo regresó el día, vencido durante unas horas por la noche, volvía a dominar el mundo y la vida. En las galerías subterráneas algunos osados rayos de sol devoraron a las sombras y dieron unas tímidas pinceladas de luz sobre el color negro con el que estaba pintado aquel mundo bajo tierra. Era la señal esperada. Podían empezar los sacrificios del laberinto. Los elegidos esperaban a las puertas del mismo. Scar y su compañero eran los últimos, tendrían que soportar el dolor de sus compañeros durante aquella agónica espera. Tenía que elegir la entrada correcta y ser muy rápido, llegar al final y escapar. Si su compañero llegaba antes que él, le estaría esperando la muerte. Había diversas entradas al laberinto pero sólo una salida. Y más de una entrada llevaba al final. Si los dos llegaban al mismo tiempo…tendrían que luchar.

           Poco a poco el resto de elegidos fue desapareciendo. Ya no quedaba nadie más, sólo ellos. Los guardias les indicaron que podían acceder al interior. Allí estaba aquella confusión de caminos, aquel acertijo del que dependían sus vidas. Y la primera incógnita se desveló: cinco entradas aparecieron ante ellos. Scar no lo dudó y eligió justo la del medio. Tal vez creer en el equilibrio le ayudase. La cuenta atrás había empezado, ya no había nada que evitase aquella carrera de obstáculos.

         Se lanzó como un loco al interior. La suerte empezó a sonreírle pues su contrincante había elegido la misma entrada pero Scar fue más rápido. Lo primero que llamó su atención al entrar fue un olor especial. Era el suelo cubierto de hierba, parecía un tapiz verde. Al principio parecía todo fácil, sólo debía seguir el camino marcado. Sabía que tarde o temprano tendría que elegir. Y así fue. La primera intersección, derecha o izquierda. Izquierda. Izquierda. Derecha. Siguió adelante, adelante, ya quedaba menos, lo intuía, cuando el color verde desapareciese…. habría vencido al laberinto. Y antes de lo que esperaba dejó de pisar la hierba. Y apareció también él, su contrincante, su amigo, al final de aquella maraña de caminos.

         Pero nadie podía imaginar que justo cinco minutos antes de acceder al interior, aquellos dos amigos habían urdido un plan. Se conocían tanto que sin apenas hablar lograron comunicarse sin ser descubiertos. Nadie en aquella comunidad escarabájica había pensado nunca en una rebelión. El terror los tenía dominados y cualquier muestra de desobediencia los hubiese pillado por sorpresa, sin poder reaccionar. Y aquellos dos caparazones negros se enfrentaron a aquel mundo de injusticia, de miedo, de dolor, que los estaba aniquilando. En memoria de todos sus antepasados que fueron venerados como dioses, en honor de los cuales se alzaron estatuas en templos, que fueron protectores de los mismísimos faraones. Por ellos y sobre todo en honor a su sagrada amistad empezó aquella lucha.

Ilustración de Rosa García

          La seguridad era mínima allí dentro, sólo dos guardias les esperaban al final. Ésa fue la única información que se les desvelaba antes de entrar. La necesaria. “Cuando oigas mi señal ataca al que tengas más cerca”. Scar dio la señal y la lucha empezó. Los dos eran tan fuertes como los guardias. Tenían que vencer y huir. Scar estaba eufórico y luchaba con todas sus fuerzas. El factor sorpresa jugaba a su favor y su oponente fue derrotado en pocos minutos cuando las patas delanteras de Scar se clavaron en él como auténticos cuchillos. Su cuerpo dejó de moverse al mismo tiempo que el de Scar emprendía la huida hacia el exterior. Ésa era la segunda parte del plan: una vez eliminado el objetivo huir sin mirar atrás. Pero a medio camino no pudo resistir la tentación y volvió la vista, tenía que saber si su compañero también había vencido. Pero nadie le seguía. Los escarabajos que había encontrado a su paso se habían apartado asustados. De pronto empezaron a escucharse gritos y reconoció perfectamente la voz de los ancianos. No podía quedarse parado más tiempo. Y huyó…”.

          De nuevo volvió la prosperidad y la paz. La suerte se alió nuevamente con los humanos y estos dieron las gracias a los dioses. El día de su huida marcó un antes y un después: sin saberlo se convirtió en líder y su acción sirvió para alentar al resto de escarabajos, que no dudaron en imitarlo y en sublevarse contra aquel laberinto que decidía su destino. Ahora el hombre, para lavar su conciencia, honraba a su especie elevándola a obra de arte y llenando con ellos todo el Museo de El Cairo.

          Para Scar aquello era una especie de cementerio, los restos de un holocausto. Casi los habían aniquilado. Había bastado poco, prácticamente nada, para pasar de la adoración a la destrucción. La especie más poderosa, el hombre, tenía el privilegio adquirido de decidir sobre el resto. Era evidente a quién le tocaba siempre perder. Scar ya no confiaba en ellos. Su comunidad se dispersó y nunca supo si su amigo había sobrevivido o no. Y él deambulaba sin rumbo, buscando algo, alguna señal, algún motivo para seguir viviendo, para creer en algo.

        Y sumido en estos pensamientos no se dio cuenta de que la proyección había acabado. Se había quedado solo en la sala. Las luces se habían apagado. Algo llamó su atención: la pantalla conservaba una última instantánea congelada, el cadáver de un escarabajo, uno de los últimos vestigios encontrados por el hombre que confirmaban el horror en el que habían vivido. Le resultaba extrañamente familiar. Se fue acercando por el suelo y trepó  situándose sobre aquella imagen. Reconoció al instante el fondo verde de las calles del laberinto. Y reconoció también la figura rodeada de sangre que aparecía: si hubiese sido un humano, habría dado saltos de alegría. Ahora sabía que su amigo había sobrevivido. Dos detalles se lo confirmaron: el caparazón y las antenas. La coraza de los guardias era diferente, carecía de aquel dibujo en forma de círculos que caracterizaba al resto. El rival de Scar perdió las dos antenas durante el combate. El que estaba contemplando conservaba las dos antenas. Fue todo muy rápido pero recordaba perfectamente las dos antenas desprendidas por el suelo. ¡Los guardias nunca eran ofrecidos en sacrificio! No dudaba en absoluto de la identidad de aquel cadáver. Y aquel recuerdo hizo que por fin encontrase la salida al laberinto en el que realmente había caído desde su huida: encontró la paz que buscaba y un motivo para seguir su viaje por la vida. Abandonó el museo y siguió su camino en completa libertad.

Ilustración de Rosa García

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Comments
13 Responses to “Escarabajeando en el laberinto.”
  1. laberinros dice:

    Montse, ha sido un placer que escribieses este genial relato, a raíz de mis ilustraciones. Encantada de haber trabajado contigo. Un abrazo, guapa.

  2. tico dice:

    Estoy de acuerdo Rosa, el relato es genial. Es increíble la historia que has contado a partir de las ilustraciones, Montse, porque si fuese una sola… ¡¡pero con tres!! el trabajo tiene más mérito. Lo dicho, me ha encantado el relato. Puedes con todos los géneros Montse, enhorabuena y a ti Rosa también ¡¡pero a quien se el ocurre unos escarabajos para una historia??? jeje pues a ti, a Poe, a Kafka (no escarabajos pero sí cucaracha), a los beatles, jeje etc. La ilustración que más me gusta es la primera.

  3. montseauge dice:

    Gracas Rosa y Tico. El placer fue mío por trabajar con Rosa que fue la creadora de los escarabajos y del título, me encantó. Coincidimos sin saberlo las dos en nuestra pasión por el mundo egipcio. Si el relato tiene mérito es por todo lo que sugirió Rosa, originalísima la idea de los escarabajos.
    Tico, muchísimas gracias, realmente, el que hubiesen tres ilustraciones pautó y facilitó mucho el trabajo, Rosa y yo colaboramos muchísimo mientras yo escribía. Me costó al principio crear la historia pero espero que al final haya quedado algo con lo que se pueda disfrutar leyendo. En efecto, me acordé mucho de Poe.Gracias otra vez Tico y un abrazo a los dos!!!
    Las ilustraciones fantásticas y originales Rosa, ya te lo comenté desde el primer boceto que me enviaste pero lo reitero!!!

  4. Yo, que siempre me pongo de parte del débil y del oprimido, a punto estuve de afilar mis patas delanteras e ir a por los ancianos.
    Gran trabajo con TRES ilustraciones muy de cómic, con las que se puede seguir perfectamente el relato.

  5. Paloma Muñoz dice:

    Originalísima historia Montse. Los escarabajos sagrados, el antiguo Egipto, al principio creía que la historia iba de alguna maldición encerrada entre las vitrinas del museo, pero ha resultado ser todo una pequeña epopeya del escarabajo.
    Me ha gustado mucho y las ilustraciones de Rosa García estupendas.La última ya es el remate del tomate.
    Felicidades alas dos.

  6. olgabesoli dice:

    Buen trabajo a las dos. Sorprendente relato, Montse, muy original. ¿O debería decir originales y estupendas ilustraciones que inspiraron el relato? Sea como sea, felicidades a las dos.

  7. Mariola dice:

    Montse, ya te lo comenté cuando leí el texto: tuve la sensación de ser ese pequeño escarabajo que se queda contemplando, asombrado, el tapiz del museo y rememora entonces su historia verdadera de peligros, luchas y sacrificios. Ahora, cuando he visto las fascinantes ilustraciones de Rosa, que desde luego ha echado el resto en ellas, entiendo la inspiración que debieron de causarte. He de decir que aunque me gustan las tres, casi que me quedo con la primera, por sus trazos más difusos y suaves que los de las otras dos, pero sin duda son fabulosas las tres.

    Y ahora que he releído el relato, me han entrado ganas de coger el magnífico libro de Manuel Mújica Laínez, El escarabajo, que seguro que conoces y si no, te lo recomiendo, ya que te gusta tanto el mundo egipcio. Fíjate, creo que también me lo voy a releer.
    Mis felicitaciones a ambas. 😀

  8. laberinros dice:

    Gracias a todos por vuestros comentarios, en la parte que me toca. A mí también me gusta mas la primera, pues es de la que parten las otras dos. Además, la técnica es diferente, la primera está hecha con lápices acuarelables y grafito y en las otras el color es digital. La historia del escarabajo en el laberinto para mí es muy importante, me lleva acompañando mas de 10 años. Y como Montse ha creado esta genial historia a partir de mis imágenes, es increíble. Ademas de su afinidad con el tema, gracias miles Montse. Un abrazo enorme.

  9. Un gran relato y, como si fuera poco, tres bellas y potentes ilustraciones. Me ha encantado.
    Debo reconocer que tengo una cierta debilidad por el antiguo Egipto, pero en este caso más que la referencia histórica o retrospectiva, me ha atrapado un cierto aroma metafórico que, al menos para mí, tiene bastante que ver con nuestra realidad actual. No sé cuál será el enfoque de las creadoras, pero yo, al leerlo, me he sentido más escarabajo que nunca, atrapado en un laberinto con muchas entradas pero una sola salida…
    Catástrofes, malas cosechas, explicaciones “divinas” para justificar lo que pasa, y la necesidad de sacrificios. Los ancianos justificando un futuro predeterminado, y el fatalismo instalándose entre los jóvenes. Jeje, casi nada…, como leer el periódico.
    Por eso me he sentido muy identificado con Scar (que además significa cicatriz) y su rebeldía. Y también con lo de la amistad como palanca para urdir una salida al laberinto.
    Las felicito!!

  10. Pues sí que veo (o me lo parece) cierto tufillo a metáfora contemporánea.
    Me parece un texto muy ameno, fácil de leer y de entender, por su puesto con mensaje y además me parece perfecto el referente egipcio.
    Yo le recomendaría a todo el mundo viajar Egipto, ponerse al pie de la gran pirámide y meditar un poco de que somos en realidad.
    Las ilustraciones de Rosa, son muy fuertes y creo que se complementan perfectamente con el relato.
    Felicidades a las dos.

  11. Natalia dice:

    Montse, me ha gustado mucho. Un protagonista nada común y con reflexiones muy interesantes. Es cierto que el hombre se siente superior a otras especies y el miedo hace que la aniquilación sea la solución que suele escoger, y precisamente eso hace que no seamos ni mejores ni más inteligentes.
    Rosa, qué idea más original! Has hecho un gran trabajo, muy inspirador. El tapiz me gusta mucho.

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