Huida de Nibiru

Autor@: Paloma Muñoz

Ilustrador@: José Vicente Santamaría

Corrector/a:  Elsa Martínez Gómez

Género: Relato de ciencia ficción

Este relato es propiedad de Paloma Muñoz, y su ilustración es propiedad de  José Vicente Santamaría. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Huida de Nibiru.

Hace muchos miles de años existió un planeta que se apoderó de la imaginación de los hombres hasta tal punto que lo reverenciaron como un planeta divino y maldito a la vez.

Ese planeta era Nibiru.

Al transcurrir los siglos, los científicos identificaron a Nibiru como el “planeta X” o el planeta que traería la fatalidad cósmica a todos los planetas y cuerpos astrales de su órbita.

Existía una predicción que  compartían  las distintas civilizaciones  con  un mismo  origen cosmogónico. Y esa predicción significaba: muerte y destrucción.

I

Luna Wald estaba ensimismada ante la pantalla de su cuadro de mandos. Era la responsable de “Astrea”, la nave  que comandaba con  cariño y una gran dedicación,  semejante a los cuidados que una madre prodiga a su hijo.

Junto a Luna, el robot Rusty accionaba palancas y apretaba botones atendiendo a las indicaciones del ordenador matriz. Rusty  era un eficiente compañero de  trabajo que navegaba junto a Luna y procesaba todas las órdenes precisas para funcionar como un correcto piloto, mecánico y conversador ya que poseía una asombrosa capacidad para contar historias, para jugar y para entretener. Todo ello a pesar de su hermético aspecto.

Rusty hacía su trabajo a la perfección y Luna no podía pedir más al robot: calidad mecánica y calor humano. Una perfecta conjunción.

La misión que les llevaba a través de los insondables mares del espacio era muy importante: viajar al planeta Nibiru.

Todo cuanto se había escrito a cerca  de ese misterioso planeta, Luna lo había leído y tenía una información muy exhaustiva sobre Nibiru y sobre sus supuestos habitantes: los anunnakis, una raza de alienígenas con una poderosa fuerza mental y una gran sabiduría.

La misión de Luna y de Rusty era contactar con los anunnakis con la finalidad de intercambiar información y conocimientos entre la Tierra y Nibiru para así poder beneficiarse ambos planetas.

El mensaje de Luna, en nombre de la Tierra, era pacífico. La respuesta de los anunnakis -si llegara a contactar con ellos- ¿sería igual?

Luna leyó y releyó en la pantalla de su monitor la historia de los anunnakis y la relación de esta raza extraterrestre con la Tierra. La llegada por primera vez en busca de oro para que su planeta pudiera sobrevivir a la extinción y la interacción de los extraterrestres con los humanos.

Todo cuanto había leído o escuchado a cerca de Nibiru le había entusiasmado aunque no creyera muchas de las cosas que se decían sobre el planeta y sus habitantes.

Las teorías universales sobre el hecho de que en el universo, no sólo existían la raza de los humanos sino otras muchas razas desconocidas,  habían cobrado un auge evidente en los últimos decenios.

La existencia o no de Nibiru tenía que ser corroborada y los argumentos de intercambio entre las dos razas era algo que no convencía mucho a Luna.  Los científicos habían supuesto hipotéticamente que la composición del planeta poseía un elemento primordial para el sustento de la alta tecnología que la Tierra había desarrollado.

Ese elemento era el Galactium”.

Este argumento era el que Luna encontraba más válido y añadió en su diario de bitácora que la ambición camuflada de buenas intenciones andaba detrás del gran proyecto.

Si era cierto que los anunnakis gobernaban el planeta, sería  de vital importancia que los máximos responsables del Organismo Interespacial de la Federación Terrestre lo supieran e intentarannegociar” con los alienígenas  el suministro de dicho elemento, tal y como- según cuentan las leyendas y las teorías más modernas sobre la visita de extraterrestres a la Tierra- hicieron sus antepasados, buscando el oro terrestre.

 Por eso y por la alta tecnología que la Tierra desplegaba, Luna estaba a bordo de Astrea junto a Rusty navegando a través de los océanos del eterno cosmos.

La preparación de Luna Wald era perfecta: excelente piloto,  dominaba la tecnología como nadie, era concienzuda, responsable, profesional y curiosa.

 Había trabajado mucho y se había esforzado por demostrar a sus superiores que ella era la más indicada para viajar durante un  período de tiempo prolongado siguiendo las cartas estelares hasta dar con el planeta buscado.

 Rusty era el mejor de su serie y después de muchas pruebas, los responsables del proyecto aseguraron que sería el compañero más idóneo para Luna.

Los cartas estelares, las coordenadas exactas y todos los detalles de la ruta que Astrea debía seguir estaban en los monitores. Las rutas utilizadas y las alternativas, Luna las guardaba en su cabeza y Rusty mantenía el rumbo en dirección a la órbita en la que el llamado Planeta Doce”se movía.

La Estrella de Marduk ¡Qué nombre tan romántico! Con ese nombre se me antoja un  annunaki alucinantemente guapo.-

-Pues a mí me parece que son alucinantemente feos los anunnakis esos.-  Respondió Rusty con su voz enlatada.

-No lo sabemos, Rusty. Bueno, he visto las fotos y las ilustraciones de esos alienígenas y son verdaderamente horribles, pero ¡quién sabe! A lo mejor nos encontramos con sorpresas.

-Las sorpresas serán para ti. A mí me da lo mismo con tal de que si los encontramos nos reciban en son de paz-

-¡Qué anticuado eres Rusty! Hablas como los indios de las películas cutres.-

-¿Sabes quién era Marduk?-

-¡Pues claro que sé quién es Marduk! Marduk es el dios supremo de la mitología babilonia.

-Y también el nombre de una banda de heavy que me mola cantidad.-

Luna no hizo mucho caso del comentario del robot y siguió a lo suyo.

En los mapas que le habían proporcionado en la Federación, lógicamente se señalaban rutas alternativas a la órbita de Nibiru. Estas rutas no estaban exentas de complicaciones ya que existía la posibilidad de que se encontraran con un cinturón de asteroides que deberían evitar a toda costa o intentar navegar entre las inmensas rocas con el gran riesgo que conllevaría y si seguían la ruta trazada por los expertos, también encontrarían obstáculos diversos como radiaciones, vacío, largas distancias… A pesar de que Nibiru está considerado como el planeta número doce del sistema solar la misión se podría  prolongar en el tiempo indefinidamente.

Lo esencial era encontrar la ruta perfecta y no desviarse de ella bajo ningún concepto.

Luna analizaba todos estos datos y escribía el cuaderno de bitácora a través de su ordenador personal al que dictaba sus impresiones y comentarios sobre los aconteceres del vuelo.

La conexión con la Federación desde el Astrea se activó y recibió la imagen y el sonido del ingeniero jefe de la misión, el doctor  Armstrong.

 Rusty activó su pantalla para estar atento a la conversación.

-Señorita Wald, ante todo, deseo que se encuentren usted y Rusty en buenas condiciones físicas, ambientales y psicológicas para continuar con la misión.-

Luna contestó seria al doctor Armstrong:- Nos encontramos perfectamente, doctor Armstrong. Rusty y yo estábamos repasando las coordenadas de las orbitas solares y escribía en mi  bitácora unas impresiones.-

-¿Impresiones sobre qué?.-

-Pues impresiones sobre “la Estrella de Marduk”, por ejemplo.

-¡Ah la famosa Estrella Negra!-

-Yo prefiero llamarla por el nombre del dios babilonio. Es más romántico y evocador si me lo permite.-

-Bueno, señorita Wald no voy a discutir sobre la forma de nombrar al planeta X. Vamos al grano. A estas alturas del viaje, pasará por la estación espacial  “Celestia” para aprovisionarse.

-Sí, señor.-

-Bien, pues,  aparte de las provisiones,  recogerá a  dos compañeros más que se unirán a la misión.-

-¿Los conozco?-

-Supongo que sí, aunque no ha trabajado nunca con ellos. Son los comandantes  Carter y Popovich. Llevan demasiado tiempo en Celestia y necesitan un poco de acción. Además le serán muy útiles. No está bien que una mujer viaje sola.-

Rusty intervino:- ¡Oiga que no viaja sola, que viaja conmigo!-

-Le saludo teniente Rusty 7464.  No es que pretenda menospreciar su compañía, pero es una fase de la expedición que se tiene que completar con éxito. Es el protocolo, Rusty.-

-Sí. Ya veo que todo es cuestión de protocolo.  Pero a mí me parece que el comentario que ha hecho respecto a la comandante Wald es un poco machista.-

-Les aseguro a ambos que nada más lejos de mi intención. Comandante Wald, las instrucciones las tiene en el sector 001-A-002/MCETPM. S i no nos equivocamos en los cálculos, llegará a Celestia dentro de dos semanas terrestres. De modo que los comandantes Carter y Popovich subirán a bordo del Astrea y usted como comandante en jefe de la nave les pondrá al corriente de los detalles de la misión.-

-De acuerdo, señor. Seguiremos el protocolo.Y no se preocupe por el comentario, los he oído menos graciosos.-

-Bien. Si no tienen ninguna pregunta que hacer, me despido de ustedes hasta una próxima conexión.-

-No, señor. Eso es todo-

-¡Ciao!- Rusty se despidió del doctor Armstrong y cuando la imagen desapareció del monitor, hizo un gesto obsceno con el dedo de hojalata.

– Los comandantes Carter y Popovich son buenos tipos  y aunque no he tenido el placer de formar equipo con ellos, hemos hablado en varias ocasiones cuando estaba en la estación   orbital  Helios. Espero que todo vaya bien, Rusty, voy a echar un vistazo a las instrucciones.-

II

A través del inmenso espacio, la oscuridad insondable envolvía a la nave Astrea. Los comandantes de la estación Celestia ya estaban a bordo y el protocolo se había cumplido.

Indagaron sobre el Galactium, el elemento primordial que según los físicos espaciales era imprescindible para continuar con el mantenimiento del alto nivel tecnológico del que gozaba la Tierra desde hacía unas cuantas décadas.

A la nave Astrea se había acoplado una especie de “remolque” para que los comandantes Carter y Popovich pudieran desarrollar su labor sin estrecheces de ningún tipo. Cuando la misión se diera por finalizada, regresaría a la estación Celestia y allí dispondrían de un laboratorio interespacial para analizar las muestras y suministros encontrados.

Después Luna y Rusty a bordo de la nave, regresarían a la Tierra.

Los dos comandantes y Luna discutían a cerca de la ruta más adecuada para entrar en la órbita de Nibiru. Hasta el momento se habían topado con asteroides que vagaban por el espacio, con sacudidas temporales que debían sortear por la velocidad con la que los fragmentos de roca espacial viajaban, pero habían tenido suerte en los cálculos. No tardarían mucho en divisar la órbita.

-Los informes científicos también aseguran que Nibiru es un planeta oculto que se encuentra en nuestro sistema solar y que llegado el caso puede provocar graves disturbios geomagnéticos.-

El que habló fue el comandante Ian Carter. Su compañero, el comandante Popovich, estaba atento a los monitores. Luna suspiró algo cansada, cosa que notó Carter.

-Supongo que estarás deseando encontrar ese planeta. Simplemente con saber que existe y que puede ser abordado, puedes asegurar tu nombre entre las estrellas doradas de la Federación.-

-Esta misión no la hago por la gloria, Carter, la hago porque me la han confiado y porque siento una curiosidad que no me deja ni un solo momento.-

-¿Y qué es?-

-Saber si existen los anunnakis.-

-Yo estoy convencido de que eso es una patraña. Ese planeta será un planeta yermo como la mayoría de los planetas que conocemos de nuestro sistema solar.-

-Pero, si los anunnakis viven en Nibiru ¿Qué haríamos? ¿Qué harías?-

-Pues no lo sé, pero desde luego  no intentaría contactar con ellos para echar una partida al ajedrez.-

La estridente risa de Rusty se escuchó desde la cabina. El robot había entablado una cordial relación con ambos comandantes.:- La comandante Wald piensa que tal vez encuentre a un anunnaki guapo.-

Se echaron unas risitas.- ¿Y tú que piensas, Rusty?- Preguntó Carter.

-A lo mejor, son los anunnakis los que me consideran atractivo.-

Después de las bromas que se gastaron para distender el ambiente, el monitor principal detectó una señal que provenía de la órbita de Nibiru.

-¡La señal que esperábamos!- Exclamó Luna.

Popovich verificó la señal junto con el robot y revisaron una y otra vez los datos y las coordenadas aparecidas en pantalla.

-Puede ser lo que buscamos… o no.- Dijo Popovich frunciendo las cejas.

-¡Sí, pero también estamos entrando en un campo de radiación electromagnética y hay que tomar precauciones o perderemos el rumbo!- Exclamó la comandante Wald.

Efectivamente. Las radiaciones electromagnéticas envolvieron la nave como una brillante cascada de luz y haces de rayos y la dejó inmovilizada.

Luna y el resto del equipo protegieron sus cuerpos con los cinturones de seguridad para mantenerse en sus puestos y poder reaccionar ante cualquier eventualidad que surgiera.

-¡No, no se trata de un campo electromagnético en el espacio sin más! ¡Es un agujero negro!- Exclamó Carter.

-¡Oh no! ¡Hay que salir inmediatamente de su campo de acción!-  Dijo Luna Wald alarmada.

-Protegeremos la nave al generar nuestra propia fuerza magnética y será como una especie de blindaje.- Luna dio las ordenes al ordenador central y accionó una interminable serie de botones y palancas.

-Para eso hay que moverse más ligeros y el remolque interestelar nos estorba. Nos desharemos de él e intentaremos buscar un túnel para salir fuera de su radio de acción. Los agujeros negros poseen túneles que son la esperanza de salida para los cuerpos atrapados. Si no encontramos un túnel, estamos perdidos.- Aclaró el comandante Carter.

Luna Wald asintió y ordenó a Rusty que separara el remolque de la nave.

-¡Un momento! Dame un momento para rescatar el monitor principal del remolque. Contiene datos importantísimos para nuestra misión.- Intervino el comandante Popovich.

-¡Apenas hay tiempo, Yuri!- Carter miró a su compañero suplicante.

-¡Tengo que hacerlo! ¡Tengo que intentarlo!-

Yuri Popovich fue hacia la cabina de salida que conectaba la nave con el remolque a través de un pasillo.

A pesar del blindaje de la nave, una tremenda sacudida hizo que se tambalease y Yuri Popovich que acababa de entrar en la cabina del remolque quedó atrapado sin poder salir. Lo intentó todo para que la cabina se abriera y pudiera acceder por el pasillo de vuelta la nave pero era inútil. Consiguió contactar con Carter.

-¡Dios mío, está atrapado! ¡Está intentando por todos los medios desactivar la orden de emergencia de la cabina y no puede! Estoy seguro de que las ondas electromagnéticas han dañado los sensores y las órdenes que recibe el ordenador central no se pueden ejecutar.-

-¡Hay una forma de desbloquear al ordenador desde nuestro puesto! ¡Rusty, da la orden a la matriz de que envíe las coordenadas de emergencia para desactivar los sensores al ordenador del remolque!-

Rusty hizo todo lo que la comandante Wald ordenó pero era inútil. La respuesta de Matriz era la misma: No se puede ejecutar la orden. Matriz no puede acceder a los protocolos de seguridad del remolque interespacial de Celestia.-

-Da una razón matemática.- Ordenó el robot.

-Por el blindaje de la nave. Hay que desactivar el blindaje.-

-Alternativas.-

-Ninguna.-

-Resultados.-

-Catastróficos.-

-Explicación precisa.-

-Si el blindaje de  la nave es desactivado, las ondas electromagnéticas generadas desde el agujero negro se unirán a las ondas generadas desde la nave y Astrea será engullida en el agujero.-

-¡Oh Dios mío, no puede ser!- Exclamó desesperado el comandante Carter.

-¿Acción a ejecutar?.- Preguntó directamente el robot.

-Soltar el remolque. Así se evitará que la nave sufra turbulencias que la arrastren al agujero.

-¿Y después?-

-Buscar la salida del túnel con las coordenadas que conservo en mi base de datos-

Carter se dirigió a la comandante Wald:- Comandante, no podemos abandonar a su suerte a Popovich.

Luna miró a Carter con una terrible ansiedad y preocupación. Los ojos castaños brillaron.

-Rusty, desconecta la red electromagnética de la nave. Tenemos muy poco tiempo para intentar abrir la escotilla y sacar a Popovich de ahí.

-Comandante, si me das permiso, iré yo.- Habló Carter.

-Sabes el peligro que corres, ¿verdad?-

Carter asintió:- Es la única solución a nuestro alcance. Pero si no consigo hacerlo. El remolque debe separarse de Astrea, tal vez podamos entrar en un túnel de baja densidad magnética y salir de ese terrible laberinto.-

-Adelante comandante Carter. Solo contamos con treinta minutos terrestres que en el espacio es apenas nada.-

Luna y Rusty se aferraron a sus mandos y vigilaron el panel de control.

Carter iba intentar prácticamente lo imposible. Mientras que el agujero negro se abría ante los ojos de Luna, la muchacha dijo algo en voz muy baja tal vez una plegaria.

Todo transcurrió a una velocidad vertiginosa. Carter consiguió llegar ante la escotilla en el momento que el campo electromagnético abandonaba la nave.

Al cabo de unos minutos, el remolque se soltó de Astrea y se perdió en medio del laberinto de ondas electromagnéticas.

-Tal vez hayan conseguido huir a través de un pozo gravitatorio. ¡Ojalá Dios mío que lo hayan conseguido en el último minuto!-

Cuando la pantalla amplió la visión del agujero negro y todos los campos electromagnéticos convergieron en un punto central, el lado visible de lo que parecía una gran masa de roca emergió. Las características de ese enorme cuerpo astral eran muy similares a las del planeta Nibiru.

-¡Rusty, es posible! ¡Nibiru! ¡Desde aquí puede apreciarse en color plateado de su superficie!-

-Puede que sea alguna de sus tres lunas. No lo sabemos con seguridad.-

-¡Tiene que ser Nibiru! ¡Debemos seguir la trayectoria de los túneles y salir de este horrible lugar inmediatamente!-

La nave tomó la dirección del túnel más cercano que aparecía en las pantallas de los monitores y en las grandes ventanas de Astrea en la popa dos enormes agujeros como dos ojos amenazantes se abrían ante ellos lanzando rayos cósmicos.

 Las coordinadas eran las correctas para adentrarse en el oscuro sendero que podría llevarles a una muerte segura o a la libertad fuera del campo gravitatorio de Nibiru.

Luna Wald gritó sintiendo como la adrenalina corría desbocada por todo su cuerpo y Rusty se mantenía firme al timón de la nave.

Ilustración de José Vicente Santamaría

Detrás, los dos inmensos agujeros que chisporroteaban rayos y liberaban energía electromagnética se abrían detrás de la nave como si fueran  laberintos en espiral dispuestos a engullir la nave.

La Astrea se elevó y, aumentando la velocidad a su máxima potencia,  se alejó de los dos ojos mortales que se habían formado junto a los remolinos de ondas eléctricas que parecían envolverlos como una fatal mortaja.

III

La comandante Luna Wald leía con lágrimas en los ojos  el informe que había preparado para exponerlo ante la Federación cuando tuviera que comparecer ante el tribunal ordinario que iba a emitir un veredicto oficial sobre lo que había acontecido en la misión a Nibiru de la nave Astrea y de su tripulación.

Uno de los miembros del tribunal era el doctor Armstrong.

No era un juicio, sino una comparecencia de la comandante Wald y de su copiloto, el capitán Rusty 7464.

El destino de los comandantes Carter y Popovich era incierto y una comisión de seguimiento de la Federación estaba intentando por todos los medios posibles saber el paradero de la nave remolque.

Cuando todo acabó, Luna pidió la palabra ante el tribunal y rogó que la permitieran ir en busca de sus dos compañeros.

-Tal vez,  en esta ocasión, doctor Armstrong encuentre a los comandantes Carter y Popovich y podamos aterrizar en Nibiru.-

-Sabe a lo que se expone, comandante Wald ¿no es así?-

-Lo sé. Pero creo que es mi deber intentarlo. Ahora cuento con la ventaja de las rutas exactas para dar con la órbita de Nibiru y  saber que no se oculta y que está en el lugar que está.-

-Si me permiten intervenir, señores miembros del tribunal, lo que es evidente es que Nibiru existe y tal vez los comandantes Carter y Popovich ya hayan aterrizado allí y también puede  que hayan contactado con los seres alienígenas llamados anunnakis-

Rusty habló con un cierto tono ampuloso.

-Eso que usted dice, capitán Rusty no son más que meras conjeturas. También es probable que hayan desaparecido tragados por el agujero negro.- Intervino la presidenta del tribunal, la coronel McCafrey.

-Debemos sopesar estas consideraciones, pero cuanto antes, y hay que tomar una decisión inmediatamente.-

Armstrong parecía mostrarse más flexible por el tono de su voz y la actitud, detalles que para Luna no pasaron desapercibidos.

La decisión fue tomada: Luna Wald y Rusty 7464 comandarían de nuevo la nave Astrea en busca de la nave-remolque y de sus tripulantes y tanto si los encontraban como si no, volverían a intentar acercarse a Nibiru pero, en esta ocasión, tal vez Luna y Rusty no huirían del planeta.

1 de septiembre de 2012

Paloma Muñoz

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Comments
18 Responses to “Huida de Nibiru”
  1. Pues, como en la anterior ocasión, Paloma, me dejas ganas de más. Y no es una crítica, al contrario. Me hace recordar libros de aventuras espaciales (que desgraciadamente ahora ya no se llevan) como la Bestia Estelar de Heinlein. Bien, muy bien.
    La ilustración está perfecta en imaginación y yo, que no soy un experto, diría que también en técnica, porque luce superchula.

  2. Paloma Muñoz dice:

    Gracias, Roberto. No es sencillo escribir sobre aventuras de ciencia ficción, pero la original y -podríamos decir- turbadora ilustración de José Vicente Santamaría hizo lo suficiente para imaginar a mis dos personajes principales, en esa situación tan peligrosamente extrema aunque confieso que Luna Wald ya estaba en m i imaginación antes de ver terminada la ilustración, así como el robot Rusty. ¡Es adorable!, una mezcla de R2DDOS y el robot de “El planeta prohibido”, pudiera ser.

    • Ayyyyyy, mi Robby, el entrañable robot de “El planeta prohibido”, capaz de hacer aparecer en su barriga una botella de Jack Daniels. ¡Qué peliculón! También estaba Gort, el de la primera “Ultimatum a la Tierra”, que daba mucho miedo. ¡Qué tiempos aquellos, Paloma, y qué recuerdos me trae tu relato!

    • José Vicente Santamaría dice:

      Paloma, gracias por denominar mi ilustración como “turbadora”, es lo que buscaba. Creo que deberías continuar con esta aventura, ya que no tenemos un final cerrado que nos permita estar tranquilos.

  3. Mariola dice:

    Me uno a la continuación de las aventuras de Luna Wald y ese robot tan especial llamado Rusty 7464, jejejeje. Paloma, sigue a ver qué les pasa!
    José Vicente, qué te voy a decir que ya no sepas: que te sales con esa ilustración tan alucinante. Un placer seguir viendo tus grandes trabajos.
    Enhorabuena a ambos. 🙂

  4. Olga Besolí dice:

    Yo también te animo a que continues, Jose Vicente. Me gustan los colores y la luz de tu ilustración. Y menuda imaginación Paloma, aunque yo también me quedé con el ay de saber qué más ocurre. A ver si aquí hay saga…

  5. Paloma Muñoz dice:

    Pues mira Olga que me lo estoy pensando, jejejeje

  6. Concha Santamaría dice:

    Concha Santamaría
    Paloma tengo ganas de ver como sigue el relato, me parece interesante, y te animo a que nos deleites con la continuación de la historía.
    En cuanto a la ilustración me parece fantastica.
    Formaís buen equipo, seguir así.

  7. David Gambero dice:

    Una de mis debilidades es la ciencia ficción y desde luego este relato bien podría convertirse en una de ellas también. Espléndida prosa Paloma y no menos espectacular el imaginario dibujado de José Vicente. Una dupla genial que me ha hecho pasar un buen rato desde luego.

    Muchas felicidades y seguid así

  8. PALOMI dice:

    Hola David, gracias por tu comentario. La iljustración de José Vicente fue muy inspiradora. Él lo sabe. La ciencia ficción no es tan sencilla a la hora de escribir sobre ella o inventar una situación. Lo principal es el entretenimiento. creo yo. Un afectuoso saludo

  9. montseauge dice:

    ¿Esto continuará no? Me has dejado con ganas de saber cómo continúa. Te desenvuelves con una soltura envidiable en el género de la ciencia ficción. Enhorabuena.
    La ilustración me encanta y no me extraña que inspirase a Paloma este estupendo relato.¡Felicidades por vuestro trabajo!!

  10. Paloma Muñoz dice:

    Muchas gracias, Montse por tus alentadoras palabras. A ver si pudiera encajar para la próxima convocatria la continuación de las aventuras de Luna Wald y el robot Rusty. Ya veremos. La ilustgración de José Vicente habla por sí sola. Un afectuoso saludo.

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