Laberinto soñado.

Autor@: Raquel Bonilla Santander

Ilustrador@: Rafa Mir

Corrector/a: Mariola Díaz Cano

Género: Relato

Este relato es propiedad de Raquel Bonilla Santander, y su ilustración es propiedad de  Rafa Mir. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Laberinto soñado.

—Paula, Paula…¡Despierta!

—¿Qué pasa? ¿Qué hora es? Pero, Pablo, si hoy es fiesta.

—Venga, levanta, perezosa. Ponte las zapatillas de montaña.

—¿Las zapatillas de montaña? Pablo, estás muy raro. ¿Qué has desayunado?

—¿Desayunar? No hay tiempo para desayunos.

—¿Cómo que no? Pero….

—Venga, por el camino te lo cuento.

Pablo estaba emocionado y muy inquieto, Paula no tuvo más remedio que vestirse corriendo y seguir las alocadas instrucciones de su mejor amigo.

—Bueno, ¿vas a decirme qué ocurre?

—Chsss, habla bajito, es un secreto.

—¿Un secreto? Estás empezando a ponerme de los nervios, Pablo.

—Mira.

—Es un libro. ¿Qué tiene de secreto un libro?

—No es un libro cualquiera, es un libro misterioso.

—¿Misterioso?

—Sí, lo encontré bajo una piedra al tropezar con mi bicicleta. Las hojas están amarillentas, así que debe de ser un libro muy viejo.

— ¿Cómo se titula?

—“El laberinto”.

Ilustración de Rafa Mir

Al abrirlo, emocionados, descubrieron que el libro escondía los planos de un gran laberinto lleno de símbolos indescifrables.

—Paula, ¿crees que allí dentro está este laberinto?

—Será cuestión de averiguarlo.

—Hay un problema, la puerta está cerrada.

Los niños no pararon de intentar artimañas para poder entrar en aquel laberinto. La puerta era alta y robusta por lo que empujarla era una solución que ni tantearon. Probaron a pasar por debajo, a intentar romper la cerradura, pero la única forma de acceder a aquel recinto fue apilar pedruscos hasta poder llegar a lo alto de la tapia. Para bajar, anudaron sus chaquetas a un hierro saliente y se deslizaron.

¡Ay …! ¡Menudo tortazo. ¿Te has hecho daño?

—No, estoy bien, pero esto va a ser complicado.

—Mira, Pablo, en el dibujo hay un cofre al final del laberinto.

—Pero ¿has visto cuantos caminos? Esto es un lío.

—A ver, Pablo, miremos atentamente. De todos estos símbolos yo creo que habrá que elegir el que tenga pintas de ser bueno. Mira, este no porque hay dibujada una araña, este tampoco porque hay agua. ¿Qué te parece este de flores?

—Probemos.

—Cuidado, Paula, estas flores se mueven.

—¿Moverse? ¡Correeeeeee!

Los niños se habían metido en un laberinto  y no sabían lo que podían encontrar. El primer susto lo habían tenido con unas plantas que se movían y, la verdad, daban un poco de miedo. Estaban decidiendo qué camino coger a continuación cuando de repente algo les dejó con la boca abierta.

—Paula, ¿estás viendo lo mismo que yo?

—Pues no sé, igual nos hemos dado un buen golpe en la cabeza al deslizarnos por la tapia porque estoy viendo a una rana con falda y zapatillas

—Creo que los dos nos hemos dado el golpe, porque yo también la veo.

—El día ya pintaba rarito, pero esto ya es muyyyyyyyyy raro.

La rana no solo llevaba una vistosa falda y unas bambas, sino que también hablaba. Cuando emitió su primera pabla, los valientes aventureros comenzaron a gritar y dar vueltas durante unos minutos.

—Eo, eo… ¿Podéis dejar de gritar? Si queréis seguir por el laberinto, tenéis que responder a una pregunta.

—¡Estoy alucinando! Si me dices que también sabes bailar, me caigo redondo.

—¡Ja, ja, ja, qué cosas tienes! ¡Claro que sé bailar! Bueno, bueno, no hay tiempo que perder. Aquí va la pregunta: ¿sabéis cuál es el animal que tiene en su nombre las cinco vocales?

Los niños no salían de su asombro pero se dieron cuenta de que no cabía otra opción, así que empezaron a pensar hasta que Pablo pegó un buen bote.

—¡Lo tengo!

—¿Lo has pensado bien?

—Por supuesto … MURCIÉLAGO.

—Correcto, chicos. Podéis continuar por este camino.

Los niños continuaron su camino durante unos minutos sin emitir palabra, ya que no salían de su asombro hasta que algo más increíble les hizo volver a parpadear. De las paredes empezó a brotar agua y en un plis plas se vieron montados en un enorme flotador hinchable.

—Agárrate fuerte, Paula, no me sueltes.

—¿De dónde ha salido el agua?

—No tengo ni idea, pero no te sueltes.

El agua les hizo girar y girar, chocando contra las paredes, mojándoles las cabezas. Las carcajadas de los niños se podían oír a kilómetros. Estaba siendo muy divertido. De repente…

—¿Dónde está el agua?

—¡Qué locura!

Allí estaban los pequeños, empapados, sentados frente a una pared llena de letras, letras de colores por todos los lados.

—¿Qué hacemos con tantas letras?

—   Formar una frase.

—¿Quién ha dicho eso?

—Yo no.

—¿Quién anda ahí?

—¡Eo! Aquí, aquí abajo, soy un gnomo.

—Pero… ¿también existen los gnomos? Esto es de locos.

—Ya podemos decir que este laberinto es un auténtico cuento.

—Dejaos de rollos. ¿Queréis saber cómo seguir?

—Por supuesto que sí.

—¿Veis todas esas letras? Tenéis que unirlas y formar la solución de un acertijo. Atentos:

Doy al cielo resplandores
cuando deja de llover:
abanico de colores,
que nunca podrás coger.

Tras pensar y pensar los niños llegaron a la conclusión de que el acertijo hablaba evidentemente del arcoíris y se pusieron manos a la obra para reorganizar todas aquellas letras de colores. Cuando terminaron se dieron una divertida sorpresa. El gnomo se había dormido bajo un árbol del aburrimiento.

—Gnomo, ya tenemos la solución.

—¡Ufff, ya era hora! La solución es correcta. Podéis continuar, el camino es el de la derecha. Suerte.

—Adiós, gnomo, ha sido un placer conocerte, ha sido fantástico.

Los niños corrieron y corrieron. El final del laberinto se veía cerca pero el suelo empezó a moverse y los niños tuvieron que continuar a saltos para no caer al suelo.

—Mira, Paula, ¡el tesoro!

—¿Tesoro?

—Sí, debe de ser un tesoro porque hay un cofre como el de los libros de piratas.

Al abrirlo los amigos no pudieron contener la risa. Sí que era un tesoro, sí, la verdad es que para los niños era un auténtico tesoro. El cofre estaba repleto de chuches, ricas y coloridas chuches.

—Paula, Paula, despierta o llegarás tarde al colegio.

—¿Al colegio? ¿Dónde está Pablo?

—¿Pablo? En su casa. Debías de estar soñando algo muy divertido, oíamos tus risas desde la cocina. Venga, levanta o llegarás tarde.

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Comments
8 Responses to “Laberinto soñado.”
  1. Un buen equipo, un lujo contar con Rafa y una suerte contar con Mariola.ç

  2. Paloma Muñoz dice:

    Una historia original con los dos jovenes protagonistas y su curiosidad de niños que todo lo puede, al igual que la imaginación y ese laberinto a cuya entrada aprecen los dos niños en la ilustración de Rafa Mir que es encantadora, claro siempre pensando en que esta vez es el ilustrador quién da el pistoletazo de salida para escribir cuentos tan encantadores como este
    Un equipo estupendo.
    Felicidades Raquel. Felicidades Rafa y un afectuoso saludo.

  3. Otro hermoso y algodonoso sueño de Rafa, traducido a la perfección al más infantil de los castellanos por Raquel.

  4. Después de leer el cuento, me han dado ganas de ilustrarlo. Supongo que a Rafa le habrá pasado lo mismo. Es impresionante lo que puede llegar a sugerir una imagen en la mente adecuada. Me ha parecido un trabajo lleno de sensibilidad, el texto se ajusta como pie a zapato, da la sensación de que le fluía rápido al escribirlo… Felicidades a los dos.

  5. Jesús Rodríguez dice:

    Leído. Bonito sueño de una niña.¡¡¡ No la tenías que haber despertado antes de que se comiera las chuches!!! XD. Rafa perfecta. Todo un abanico de posibilidades.

  6. montseauge dice:

    Me ha encantado vuestro trabajo, tanto el maravilloso cuento como la ilustración que lo ha inspirado, rebosan sensibilidad ,ternura y esa magia tan especial que sólo poseen los niños.¡Felicidades!

  7. Olga Besolí dice:

    Raquel, añoraba la dulzura de tus cuentos infantiles. Este me ha encantado y combina muy bien con el estilo de Rafa. ¡Felicidades a los dos!

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