Laberintos de la mente.

Autor@: Carme Sanchis

Ilustrador@: Verónica Mercader Vera

Corrector/a: Carme Sanchis

Género: Relato corto

Este relato es propiedad de Carme Sanchis, y su ilustración es propiedad de  Verónica Mercader Vera. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Laberintos de la mente.

Ilustración de Verónica Mercader Vera

El suelo desgastado estaba cubierto de palabras borrosas. Palabras que hablaban de sueños, deseos pedidos a las estrellas… Sin saber por qué, aquel lugar me hacía recordar momentos felices, momentos vividos o que podían estar por llegar. El cielo rosado empapaba el ambiente de reflejos color pastel, y aun así, sentía terror dentro de mí.
Todo aquello que me había hecho sentir bien ahora bailaba sin control, chocando contra lo que hallaba a su paso.
Las palabras medio borradas que estaban en el suelo empezaron a girar alrededor de mis pies, mientras yo intentaba mantenerme serena. Libertad, prohibición, calma, desesperación…
Todas ellas luchaban por subir por mis piernas, intentando derribarme, intentando quebrar mi interior.
Escuché un susurro a lo lejos, un grito desesperado, un llanto incontrolado. Sentí que perdía el control de mi cuerpo. Aunque suplicaba por dentro salir corriendo, mis músculos burlones se empeñaban en ir en busca del ser que emitía aquellos sonidos.
-¡Basta! –exclamé desesperada. El grito retumbó en mi cabeza y un par de gotas de sudor
resbalaron por mi frente.
Las palabras se unieron formando frases. “Jamás llegará mañana”, “Ayer terminó todo”, “Empieza el final”. Rápidamente las frases fueron amontonándose en un pequeño montículo de letras, unas más grandes que otras, todas giraban inquietas. El montículo se convirtió en una montaña descolorida, y justo en la cima apareció una preciosa flor de color púrpura.
De nuevo escuché aquella voz, pero esta vez era dulce. “Ven, eres libre, ya puedes descansar…”
Todavía no controlaba mi cuerpo pero no opuse resistencia, tenía curiosidad por saber qué me esperaba, quería oler aquella flor. Las letras me marcaban el camino, me miraban desde el suelo y parecían sonreírme.
-¿Quién eres? –pregunté casi sin emitir sonido. Estaba a punto de llegar arriba.
Un destello de luz me nubló la vista por unos segundos, y al recuperar la visión pude ver aquel púrpura maravilloso, brillante, casi imposible. Acerqué mi rostro a sus aterciopelados pétalos, inhalé su olor… repugnante, putrefacto, totalmente desagradable. Sentí el infierno descomponiéndose en mis fosas nasales. El horrible hedor consiguió marearme, una arcada hizo temblar mi estomago y de mis ojos saltaron lágrimas. Unas pequeñas venas en mi cara estallaron por la fuerza que hacía, intentaba no respirar, y convirtieron mi rostro en un mapa rojizo de desesperación.
De la temible flor salió un brazo tenebroso, de color sombrío, recubierto por un líquido viscoso que resbalaba de forma nauseabunda. Sus dedos eran largos y huesudos. Sus uñas afiladas estaban llenas de mugre, y rasgaban el aire para llegar hasta mí.
Sentí como el cielo me caía encima, como si el mundo entero se volcase sobre mi cabeza, derramando en mi pelo nubes y estrellas.
Y así día tras día, soñando despierta y viviendo dormida. La ansiedad de ver como el futuro se escapaba entre mis dedos, como las decisiones que tenía que tomar me alejaban siempre de mis deseos, aquella desesperación al ver que nada ni nadie podía salvarme. Seguí sintiéndome en un laberinto de preguntas sin respuesta, de decisiones sin tomar y charlas silenciosas. Así me sentiría hasta que encontrase la salida del laberinto de la vida.

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Comments
9 Responses to “Laberintos de la mente.”
  1. laberinros dice:

    Genial, Carme, me gustó mucho el relato, breve e intenso, como la ilustración de Verónica, ambas llegan a ser la una para la otra. Has sabido plasmar el sencillo dramatismo de la ilustración, en mi opinión. Os felicito a ambas.

  2. Paloma Muñoz dice:

    El relato es descorazonador. Hasta qué punto se puede encontrar la salida al laberinto de la vida. ¡Dios que heavy! A pesar de que e3s breve tiene una intensidad que plasmas en cada frase que escribes.
    Felicidades, Carme y felicidades a Verónica por su inspirada ilustración.

    • Kamy-ska dice:

      Gracias por tu comentario, Paloma 🙂

      La verdad es que siempre me ha gustado escribir relatos breves, porque es increíble como en pocas palabras se pueden decir tantas cosas. Me alegra que te haya gustado mi obra, y por supuesto, la gran ilustración de Verónica que me inspiró este relato.

  3. Muy buena ilustración de un laberinto plano en el que lo que da miedo son los signos que surcan el suelo y, por supuesto, el original Minotauro al que no hace falta adivinar, porque se ve desde el primer instante.

    El texto, hipercondensado, destila imaginación y horror por partes iguales. Con el protagonista atrapado en un limbo repetitivo sin esperanza, y cuya única salida es la última.

  4. Inma Ostos dice:

    Joé tía ¡ qué bien escribes!

  5. olgabesoli dice:

    Magnífica y surrealista ilustración e igual relato. Verónica, me encantan tus dibujos. Estoy de acuerdo con Rosa en que el relato es muy intenso. Yo incluso diría que claustrofóbico y agobiante, pero una delicia de leer,

    Buen trabajo de equipo y muy integrados el relato y el dibujo.

  6. Mariola dice:

    ¡Qué cierto que con pocas palabras muchas veces se puede decir tanto y con tanta densidad! Y si además hay una imagen tan inquietante y surrealista como la ilustración de Verónica, el resultado de la unión no puede ser más espectacular.
    Felicidades a ambas. 🙂

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