Una luz en el laberinto.

Autor@: Rosina Peixoto

Ilustrador@: Vicente Mateo Serra

Corrector/a: Mariola Díaz Cano

Género: Narrativa

Este relato es propiedad de Rosina Peixoto, y su ilustración es propiedad de  Vicente Mateo Serra. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Una luz en el laberinto.

No sabe cómo entró. Una infancia humilde, pero sin conocer el hambre. Un barrio tranquilo donde jugaban en la calle, sin problema. Padres mayores  y muchos hermanos, cada uno en lo suyo. En la adolescencia, le empezó a molestar el estilo de vida que llevaba. ¿Por qué otras podían vivir holgadamente, comprar ropa moderna y disfrutar la vida?

     Pensaba que la suya no era vida, era un transcurrir día tras día en una monotonía que la mataba. No podía entender cómo sus padres y hermanos se habían acostumbrado a vegetar, a conformarse con poco, con lo mínimo. Ella no lo toleraría.

     Bella, morena de piel blanca, ojos rasgados, parecida a una geisha (no podía negar su sangre japonesa por línea materna). Sus curvas empezaron a hacerse visibles, sentía la mirada de los jóvenes de su edad, pero también se daba cuenta de que los hombres mayores la miraban con deseo.  Podría sacar provecho de eso y tener una vida mejor.

Ilustración de Vicente Mateo Serra

     Juan, alias el Cui, era una persona de dudosa reputación en el pueblo. Había sido tan pobre como la familia de Amanda, pero de un día para el otro apareció con un auto de marca y compró una casa que no combinaba con su estilo.

     Cada vez que Amanda pasaba por su casa, él salía a la puerta y le daba conversación. La primera vez le dijo que era de una belleza sin igual y que podía probar suerte como modelo. Tenía conocidos en la ciudad y podía ponerla en contacto con “personajes importantes” en ese ambiente.

     Poco a poco fue ganando su confianza, hasta había conocido a sus padres y les había hablado de la fama que su hija podría alcanzar si se mudaba a la capital. Firmaron un permiso, ya que le faltaban dos años para la mayoría, y emprendió rumbo, llena de sueños, a ese lugar desconocido.

     No tenía que preocuparse por el techo, la comida ni la ropa; tenía todo pagado, pero estaba claro que si ella decidía abandonarlo o trabajar para otra persona, se quedaba sin nada.

     La idea de dedicarse a la moda no tuvo éxito, había muchas modelos más altas, delgadas y con más experiencia que ella. Empezó a trabajar en un bar, como camarera, atendiendo mesas. Lo que le pagaban era ínfimo, pero se dio cuenta de que si era simpática con los clientes, recibía buena propina.

     Amanda y otras compañeras que trabajaban en el mismo bar vivían bien, no les faltaba lo esencial, pero estaban disconformes. No era lo que habían soñado. Un día el Cui les dijo que tenía un trabajo estupendo para todas, pero un poco más lejos, en Europa. Permiso de menor, documentos, pasaporte y la añoranza de una vida mejor y de poder mandar dinero para ayudar a sus familias, que como en el caso de la de Amanda, todas eran modestas.

     El país elegido fue uno donde se hablaba en otro idioma del cual las chicas no tenían la más mínima idea. Luego, la historia ya conocida. Tenían que trabajar prestando servicios sexuales y quedándose con una pequeña parte de lo recaudado durante todo el día. Mientras tanto, el Cui incrementaba su fortuna y compraba propiedades, autos y hasta caballos de carrera,  en su país.

     Salir de ese laberinto, de ese infierno donde Amanda estaba incomunicada, no era tarea fácil. Había viajado con documentos falsos y usaba un nombre fantasía: Mitsuko (“niña de luz”). No se le permitía hablar con su familia, y a sus compañeras les habían asignado trabajos en otros países.

     El Cui la rehuía, pero no faltaba ocasión para recordarle que si no trabajaba, no comería y se quedaría sin un lugar para vivir. Estaba amenazada de muerte si llegaba a entablar diálogo con algún cliente y le contaba su triste historia. Cada día que pasaba se internaba en los pasajes de ese laberinto que se tornaba más rebuscado. No encontraba la salida.

     Dios le tendió una mano. Federico era asiduo visitante de ese burdel. Con el correr del tiempo se encariñó con Amanda y quiso sacarla del pozo en el que había caído. No era fácil, pero tenía contactos en el gobierno y podía pedir la clausura del lugar, por promiscuo, por evasión de impuestos y por empleo de menores y de inmigrantes indocumentados.

      El milagro se dio. Amanda volvió a su país, esta vez acompañada de Federico. Un final feliz para una historia confusa y enredada, un laberinto al que no supo cómo entró, pero del que pudo salir.

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Comments
9 Responses to “Una luz en el laberinto.”
  1. Paloma Muñoz dice:

    Ayssss ¡menos mal que la pobre Amanda encontró un alma noble y generosa en el putero de Federico! Joder que angustia por Dios. Tenías que haberle dado un buen susto a Cui, Rosina. ¡Se lo tenían que haber comido los tiburones!.
    En serio. Me ha gustado mucho la historia. Los finales felices me gustan para que lo voy a negar y la ilustración de Vicente Tico es divina, preciosa con el laberinto pintado sobre el cuerpo de la infortunada Amanda.
    Felicidades a los dos.
    Un afectuoso saludo para Tico.

    • tico dice:

      Muchas gracias compañera de los bosques, eres la segunda persona que dice que la ilustración es divina. Adivina quien es la otra. Otro afectuosos saludo para ti.

  2. Welcome To The Jungle de los Guns n’ Roses. Real como la vida misma. Un laberinto del que en un porcentaje muy grande de ocasiones no se puede salir.

    Tico ya le dije a Carolina que era sorprendente el parecido de vuestras ilustraciones. En 2º de BUP hubiese sido un suspenso, por copiar… ;D

    PD Una mujer dibuja a su mujer laberinto, y el centro del laberinto está en el corazón. Un hombre realiza el mismo ejercicio de imaginación, y el centro de su laberinto está en…, bueno, está.

    • Pero, por supuesto, grande ilustración. Grande de verdad.

      • tico dice:

        Es cierto Roberto, ya me fijé en la ilustración de Carolina el primer día, qué casualidad ¿verdad? Cuánta razón tienes en tu posdata. Te confieso que la idea original era hacer la chica mucho más sensual y provocativa (sin enseñar nada eh?) En la cabeza la tengo imaginada hasta el pecho y en otra actitud pero mi poca destreza con el dibujo hizo que éste fuera el resultado, del que también estoy contento, aunque siempre encuentre errores. Muchas gracias Roberto.

  3. Mariola dice:

    !Vaya coincidencia de ideas que habéis parecido tener Carolina y tú, Tico, con vuestras ilustraciones! Cuando Rosina me envió el relato con ella me quedé pasmada al verla. ¡Y qué preciosas las dos! Distintas y, a la vez, muy originales. Me gustan mucho las líneas y el trazo y, sobre todo, me llama especialmente la atención el contraste entre esas líneas verticales y horizontales del fondo oscuro con las curvas blancas y luminosas de la figura de Amanda.
    ¡Y qué historia tan cruda, real pero afortunadamente rematada que ha creado Rosina! Aunque coincido con Paloma: deberías haberle dado más caña a ese cabrón, pero bueno, yo también soy de finales felices, así que me quedo más que satisfecha.
    Mis felicitaciones a los dos por el trabajazo. 😀

    • tico dice:

      Así es Mariola, hemos coincidido, cosa que me alegra, Y muy interesante tu comentario, te confieso que no lo hice a propósito y hasta que no me lo has dicho no me había fijado en ese contraste: oscuridad y líneas rectas en el fondo frente a las curvas y la luminosidad de la prota. Podría ser el pasado oscuro y el futuro prometedor que tiene por delante la chica como relata Rosina. Por esa luminosidad acabé llamándola Mitusko, que significa niña de luz. Gracias por tu comentarios Mariola, tengo pendiente leeros a todos.

  4. montseauge dice:

    Imposible dejar de contemplar es maravillosa ilustración en la que el laberinto dibujado sobre el cuerpo de ese enigmática y fascinante mujer es capaz de inspirar infinidad de bellísimas historias.¡Enhorabuena por vuestro trabajo!

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