Sentir la venganza.

Autor@: Raquel Bonilla Santander

Ilustrador@: Jordi Ponce Perez

Corrector/a: Mariola Díaz-Cano Arévalo

Género: Microrrelato

Este relato es propiedad de Raquel Bonilla Santander, y su ilustración es propiedad de Jordi Ponce Perez. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Sentir la venganza.

Venganza, es una palabra que no estaba en mi diccionario emocional. No aparecía hasta este verano.  Fecha en la que de golpe y porrazo tuve que introducirla e incluso resaltarla en  negrita.

Todo marchaba bien,  las ansiadas vacaciones habían llegado. Mi despacho y yo nos merecíamos un descanso antes de que el estrés nos enfrentara.  Ser el ayudante de un buen abogado es lo que tiene, que nunca sabes que sorprendente caso vas a tener que defender, a veces pensamos que hay cosas que solo se ven en la tele pero no, la verdad de todas, todas supera a la ficción.

Mas que el ayudante se puede decir que era el chico para todo, para llevarle el café al jefe, para coger el teléfono del jefe, para hacerle la compra al jefe, en fin lo que como mis amigos solían decir “ el pringado de la oficina”, eso quieras o no quema, quema muchísimo.

Estudié derecho, me forme con empeño pero no logro subir el escalerón necesario para poder tener mi propio despacho. Siempre que lo intento algo sale mal.

Pero , por fin ahí estaba mi monovolumen cargada hasta las trancas, mi mujer  entrando y saliendo de casa sin parar y cada vez con una maleta en la mano, parecía que íbamos a ir a la guerra dos años por lo menos. Las niñas peleaban en la parte trasera. Bueno supongo que eran las niñas porque con tanto tarro era imposible verlas.

                Levantarse tarde, pasear por la arena, tomar una caña mientras lees el periódico, desconectar… en fin el paraíso.

Ana estaba demasiado ocupada con las niñas, con su bronce amiento al sol, con sus comprar, su móvil. Nunca habíamos estado tan juntos y tan separados. El paraíso empezó a volverse soso, aburrido… ¡preocupante¡.

                Las noches de hotel son monótonas , música, coctel una charradita, un bingo, si monótonas pero nos las noches del descanso. Pero esta vez todo estaba cambiando, eran las noches de la soledad. Las niñas en el parque, yo y mi coctel y…. mi mujer y el wassap. Si el wassap la nueva dorma de comunicarnos. Estuve a punto de comunicarme con ella por esa via. No llegue hacerlo porque al ir  a coger su móvil para hacerle una pequeña broma su wassap parpadeo.

¡Pedro¡, ¿mi jefe?, ¿Ana y Pedro? ¿De qué se conocen? Si tuviera 18 años pensaría, ¡que pillines¡, me estarán preparando una fiesta sorpresa, pero … seamos realistas a mis 40 añazos dudo que estos dos se pongan a prepararme una sorpresilla.

Aunque estaba equivocado, si me estaban preparando una sorpresa, una sorpresa de las grandes.

Al preguntarle a Ana por Pedro cuando volvió del servicio fue todo un poema. Cambió tantas veces de color que parecía un semáforo.

La verdad es que no había tenido el gusto de presentarlos por lo que la cosa pintaba bastante mal.

Ese fue el instante en el que mi particular paraíso empezó a convertirse en un autentico infierno. Solo pensar que la persona más importante en mi vida ocultaba algo relacionado con la persona  por la que me llaman “El pringado de la oficina”, me enervaba hasta la histeria.

No soltaba prenda, nada quedaba claro solo oía ¡tranquilízate ¡. ¿Tranquilizarme? , quería saberlo todo ya.

No soy el mejor de los amantes, tampoco soy detallista ni puedo competir con Richard Gere, pero bueno, no estoy del todo mal. Mi jefe tiene mucha pasta pero es un traje andante, un caro traje pero un traje al fin y al cabo. Un hombre altivo, vacio por dentro. Vamos a decirlo un hombre bajito, calvo, feo e irritantemente rico. No entendía como Ana podía haberse fijado en el , no me cuadraba. Ana nunca había sido ambiciosa, no le gusta derrochar.

La conversación subió de tono, estábamos acalorados, no escuchábamos , no oíamos. Solo había gritos, reproches estúpidos insultos quinceañeros. Acuando la palabra “cuernos” apareció en escena nuestras bocas callaron radicalmente, se hizo el silencio. Ana me miraba muy raro, yo esperaba una respuesta.

-¿Cuernos?, ¿de que estamos hablando?. Ana hacia preguntas que yo no entendía.

Claro que cuernos, tenia que ser eso ¿no? , la verdad es que ni siquiera pregunte.  Ese fue mi gran error. Di por echo la que mujer  a la que amo y que siemrpe me ha demostrado lo mismo, me había puesto los cuernos con mi jefe.

Evidentemente la oofensa fue muy dolorosa. Un error que estoy pagando con creces.

No, no eran cuernos era algo muchísimo peor. Aquel tipo tan altivo al que yo subestimaba tenia amenazada a Ana. No era el pringado de al oficina porque era peor abogado. Era el pringado de la oficina porque me robaba los clientes, los casos y siemrpe estaba a mano para ponerme la zancadilla. Todo ayudado por una asustada mujer, una asustada esposa  que tenia que traicionar a su marido por salvaguardar sus vidas.

¿Cómo no me había dado cuenta? , sus nervios, sus lagrimas en la noche. ¡cosas de mujeres¡, pensaba. ¡estúpido¡, deje escapar en un segundo no solo mi paraíso, si no todo mi mundo. Quiso arruinar mi vida laborar pero consiguió muchísimo más. Un tipo sin escrúpulos que acabó pagando una cuantiosa multa y por supuesto dejo de ejercer. Cosa que no le importó mucho, tenía dinero suficiente como para pudrirse en las Maldivas.

Ana juro no perdonarme y hasta el momento lo está cumpliendo. Cada día sufro un rechazo de llamada . He perdido a la mujer que quiero, la compañía de mis hijas, el calor de mi hogar.

¿Cómo alguien puede dormir con la conciencia tranquila, arruinando vidas ajenas?.

Supongo que entendéis porque la palabra “Venganza” está incluida en mi diccionario emocional. La venganza es lo único que me hace echar el pie derecho al suelo cada mañana. Soy inexperto en ello pero… ¡soy abogado¡ y por cierto un buen abogado. Se me ocurrirá algo para hacerle pagar aunque solo sea una décima parte de mi dolor, una centésima, una micra …

Ilustración de Jordi Ponce Perez

Anuncios
Comments
4 Responses to “Sentir la venganza.”
  1. Mariola dice:

    Gran ilustración, Jordi, y mejor texto, como ya le comenté a Raquel, aunque me gustaría advertir que quizás al maquetar el blog o por alguna otra razón, he visto que aparecen errores del documento original que corregí en su momento, por lo que lo comento por si hay modo de subsanarlos.
    Por lo demás, de nuevo mis felicitaciones. 🙂

  2. Paloma Muñoz dice:

    Hola a tod@s. Me encantaría que tu protagonista se cobrara una venganza acorde con las putadas que el perro del su jefe le estaba haciendo. Raquel, la historia es muy entretenida y podrías culminarla con la manera de vengarse el protagonista.
    La ilustración de Jordi Ponce es como una imagen de comic: muy explícita y me encanta.
    Felicidades por el trabajo al equipo.
    Un afectuoso saludo, Paloma

  3. PoPe dice:

    Muchas gracias!!!

  4. Muy bueno el giro de la historia. Los hombres siempre tendemos a ponernos de vikingos antes de razonar o preguntar. La ilustración es muy original, con esa sombra malévola en plan lado oscuro de la Fuerza.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: