La momia

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Gènero: Relato

Rating: Todos los públicos.

Este relato es propiedad de Olga Besolí. La ilustración es propiedad de Verónica López. Quedan reservados todos los derechos de autor.

La momia.

1907 – MUSEO DEL CAIRO. SALA DE ANÁLISIS

–¿Qué tenemos aquí?

–Momia identificada como KV60B con su sarcófago, encontrada en la tumba KV60 tebana, del Valle de los Reyes.

–¿B? ¿Has dicho 60B?

–Sí. Eso mismo. Es lo que pone aquí.

–Entonces debe haber una momia A. ¿A dónde han llevado una momia identificada como KV60A?

–A ninguna parte. Corresponde a una mujer calva, vieja y obesa, hallada sobre el suelo y sin sarcófago. No debe ser nadie de importancia. Una criada de esta, quizás.

–Pero esta no puede ser noble. Mira la inscripción de este sarcófago: Nodriza real, In”. In, ¿De qué me suena ese nombre? ¿Quién ha sido su descubridor?

–A ver el informe… Sí, aquí está, traída por el equipo de Ayrton. Por lo visto han reabierto la misma tumba que hace cuatro años encontró Carter, la KV60, aquella que…

–Sí, me acuerdo. La tumba menor donde solo había momias de sexo femenino, seguramente destinadas a servir al faraón. Ni restos reales, ni oro. Desvalijada y revuelta por completo. Por eso nadie se molestó en traernos esto. ¡Típico de Carter!

–Sí, por lo visto Howard, al ver que carecía de valor, la selló nada más abrirla… Dicen que ahora anda metido en una nueva expedición. Pretende encontrar, según sus propias palabras el hallazgo más importante de la historia, una tumba sin saquear.

–Créeme, eso no ocurrirá jamás ¡Una tumba virgen! Eso es un mito tan falso como que las momias estén malditas. No queda ni un solo centímetro de arena por remover en todo Egipto. Pero dejémonos de tonterías y veamos qué sorpresa nos reserva el cuerpo de la pequeña In. Ayúdame a abrir la tapa.

1517a.d.C- PALACIO REAL DE TEBAS

–¡In! ¡In! ¡Inet! ¿Dónde estáis?

–Sitra es mi nombre.

–Pero In, o nodriza, vuestra condición.

–¿Me mandabais buscar?

–Sí, ¡Tened el bebé! El faraón acaba de confiármelo. Es su descendiente heredero, recién alumbrado por su primera esposa, al que deberéis alimentar y cuidar con especial esmero.

–Pero, señor, no puede ser el heredero al trono de Las Dos Tierras. Es una niña.

–Lo será hasta que Ahmosis alumbre de nuevo y de su vientre nazca un varón. El faraón quiere que, mientras eso no ocurra, ella reciba el mismo trato que corresponde al rango que ahora es suyo. Además, no debéis olvidar que esta pequeña es descendiente directa de los grandes faraones libertadores de los Icsos y portadora de la sangre sagrada de la reina Ahmose-Nefertari.

–¿Y cuál es su nombre de nacimiento?

–Hatshepsut, la primera de las grandes damas.

–Mm… Hatshepsut… me gusta su nombre. No cuidaré de ella como es mi deber, sino como el privilegio que me ha sido otorgado por los dioses. No me separaré de ella ni de día ni cuando caiga la noche. Y prometo defenderla ante cualquier peligro o daño, con mi propia muerte si hace falta.

–No esperaba menos. En cualquier caso, si falláis a vuestra palabra, lo pagaréis con vuestra propia vida.

2007 – MUSEO DEL CAIRO. SALA DE CONFERENCIAS.

–Señores y señoras de la prensa internacional, soy el doctor Hawass, director del Proyecto de Momias de Egipto y secretario del Consejo Supremo de Antiguedades de El Cairo. Sé que este ha sido el hallazgo más importante de la historia, después del descubrimiento de la tumba intacta del faraón Tuthankamon por Howard Carter en 1922, pero esa no es razón para que no podamos mantener el orden. Contestaré a todas sus preguntas pero, de una en una  y con calma. Veamos… Usted.

–¿Es verdad que la momia pertenece a un faraón?

–Efectivamente, se trata del cuerpo del faraón Hashepsut, hallado en la tumba KV60, redescubierta hace dos años. Aunque el mérito de su descubrimiento también se lo debemos a Carter, que encontró y abrió esta tumba por primera vez en 1903. ¿Siguiente pregunta?

–Hola. Soy Andrew Stone, de la revista Time. Mi pregunta es la siguiente: ¿Cómo es que la tumba ha permanecido sin investigar un siglo entero? ¿Y por qué no han encontrado hasta ahora el cuerpo?

–Bien, señor Stone, a partir de ahora agradeceré que formulen sus cuestiones directamente, sin presentaciones, porque hay mucho que comentar. Primero, decir que la tumba ha permanecido tanto tiempo oculta porque los planos de su ubicación fueron extraviados y aunque a principios del siglo pasado se documentó su descubrimiento, no hemos podido volver a localizarla hasta ahora. Hay que tener en cuenta que en su apertura inicial se encontraron dos momias en su interior. Una de ellas fue trasladada con su sarcófago directamente al museo de El Cairo para ser analizada. El cuerpo pertenecía a Sitra, también conocida como In o Inget, la nodriza real en tiempos de Tutmosis i. La otra momia, por circunstancias que todavía desconocemos, se dejó en la tumba. Nuestros técnicos la han recuperado y analizado. Ahora sabemos que pertenece a Hashepsut, la mujer faraón.

–¿Mujer-faraón? ¿Puede explicar eso?

–Sí, creo que sí. Hashepsut pertenecía a la xviii dinastía. Nació como primogénita de Tutmosis i y su primera esposa y, por tanto, heredera al trono de Egipto. Además, sus dos hermanos menores no llegaron a edad adulta. A la muerte de Tutmosis i, una conspiración de palacio en su contra y encabezada por el chatty, o arquitecto real, colocó en el trono a su hermanastro, Tutmosis ii, hijo del faraón con una concubina. Hatshepsut, como era costumbre en aquella época, se casó con su hermanastro para acceder al trono. De ese matrimonio nació una hija. A la muerte de Tutmosis ii, Hashepsut reclamó su derecho de ser proclamada faraón, e hija de Ra por su descendencia directa por vía materna con los antiguos faraones. Por lo que sabemos reinó en Egipto por más de veinte años y murió entre los cuarenta y cincuenta años, lo que es una edad considerable para aquellos tiempos y el elevado índice de mortalidad.

–Perdone, pero, si fue tan importante, ¿Por qué no hemos tenido noticias sobre su existencia hasta ahora?

–Porque no sabíamos prácticamente nada de ella. Su nombre  y su historia aparecían en algunos escritos, de forma fragmentada, pero lo tomamos  más como un mito o una leyenda que como un hecho real. Verán, parece ser que durante su reinado hizo esculpir su efigie como un faraón masculino, con su tocado y su barba postiza, figuras que hemos confundido con las de Tutmosis iii, su sucesor. Por otro lado, tanto Tutmosis iii como sus descendientes intentaron destruir todo rastro de Hashepsut. El recuerdo de su mandato fue condenado en esta vida y en la otra, borrado de los anales y de la historia de Egipto. Así lo confirman la falta de algunas efigies y de estatuas en su templo, papiros hallados en los que se ha borrado su nombre, estelas con el cartucho real destrozado y, finalmente, su cuerpo, hallado en la tumba perteneciente a su nodriza, tirado en el suelo, aunque embalsamado correctamente y con el brazo izquierdo sobre el pecho como símbolo de realeza. Además, el cuerpo mostraba signos de haber sido desplazado de su ubicación original, que creemos que es la gran tumba de Tutmosis i, situada cerca del actual Luxor y que supuestamente mandó ampliar para compartir la vida eterna junto a su padre, como hemos podido descifrar con lo que queda de escritura en sus paredes. Allí fueron encontrados los vasos canopes que contenían sus órganos, de ahí que hemos deducido que esa era la tumba donde la enterraron tras su muerte.

–¿Con qué datos apoya la teoría de que el cuerpo hallado, entonces, pertenece a Hashepsut?

En los vasos canopes de su tumba había un diente molar con una sola raíz, el mismo que le falta a la momia estudiada. Las pruebas aplicadas al cuerpo identifican como suya esa pieza dental. Y las pruebas de ADN son concluyentes.

–Pero aunque así fuera…

–Es así, señor. Le aseguro que si no fuera así, no estaríamos en esta rueda de prensa.

–Está bien, doctor. Siendo así, entonces, eso todavía no demuestra que ella llegase a ser faraón. Podría tratarse, sencillamente, de la reina consorte. ¿Qué le hace pensar lo contrario?

–Estimado señor, nadie se toma tantas molestias por aniquilar el recuerdo de un consorte. Me temo que Hashepsut fue mucho más importante que eso, aunque a usted le cueste tanto creerlo como a los conspiradores que intentaron borrar su recuerdo. Por suerte, mucha información se salvó de la destrucción. Se han hallado grabados intactos como el del obelisco de Karnak, que detalla el momento de su coronación. También se sabe que hizo muchas obras durante su reinado, como  la construcción del templo funerario en Deir el-Bahari, diseñado por su fiel arquitecto Senenmut, su supuesto amante, si tomamos en cuenta algunos de los dibujos esculpidos en sus muros, que muestran al faraón manteniendo relaciones con el arquitecto real. Pero queda mucho todavía por descubrir sobre ella y su reinado. Las tierras de Egipto aún esconden muchos secretos bajo la arena. Así que, señores, si no les importa, daremos ya por finalizado el turno de preguntas.

–Perdone, pero tengo una última cuestión.

–Dígame, señora.

–Señorita, señorita Judith Wislat, de la magazine Mujeres de nuestro tiempo ¿Cuál pudo ser la razón para que los sucesores de Hashepsut pusieran tanto esmero en intentar borrar sus huellas? Quiero decir ¿qué pudo hacer tan grave para que la condenasen de esa manera?

–Lo cierto es que no lo sabemos. No tenemos ni idea. Durante su reinado Egipto prosperó y no entendemos qué pudo merecer un castigo tan severo.

1477 a.d.C- PALACIO REAL DE TEBAS

–Todavía hay esperanza.

–No la hay, mi buen consejero y amigo. Mi plan de instaurar una dinastía femenina de reyes ha muerto con mi amada hija Neferura, ¡Ya no hay sucesora al trono! ¡Mirad su cadáver! Mi descendiente y única heredera ha muerto repentinamente, de forma extraña. Veo en ello la mano ansiosa de Tutmosis iii y su conjura palaciega por usurparme el trono.

Ilustración de Verónica López

–Pero todavía sois Maatkara Hatshepsut-Jenemetamón, faraón de Egipto por mérito propio. Sois los ojos de Ra, la hija predilecta, la descendiente de…

–Sí, lo sé. Sé quién soy y quién he sido. Pero quiero dejar de serlo. Estoy enferma y sin fuerzas. Mi vida y mi reinado se acaban. El pueblo ya no me acompaña. Tutmosis iii lo ha vuelto contra mí. La vida de aquellos que me han querido y apoyado ha sido arrebatada de sus cuerpos de forma violenta y sospechosa: Hapuseneb, mi mano derecha y mi querido Senenmut, a quien todavía lloro como lloro la muerte de la hija que tuve con él y que acabo de perder. ¡Haced llamar al bastardo de Tutmosis y decidle que ya no lucharé por conservar mi trono, que ya puede proclamarse faraón!

–No os dejéis vencer…

–Estoy vencida en esta vida terrena, pero no en la otra, en la vida eterna. Mi reinado ya ha forjado el destino de Egipto y mi nombre forma parte de su historia. La leyenda de la mujer-faraón ha sido inscrita en sus muros y ha llegado al corazón de sus gentes. Nadie puede arrebatarme eso. Ni el mismo Tutmosis iii puede borrarlo, aunque quisiera. Y, puede, mi querido consejero, el último de mis aliados que queda con vida, que en un tiempo que todavía está por venir, llegue a suceder que, por fin, una verdadera dinastía de mujeres pueda reinar en Egipto.

–Qué sus palabras sean tan ciertas como que baja agua en el Nilo.

–Y que el dios chacal Anubis maldiga a mis enemigos y a todos aquellos que osen romper mi descanso eterno o el de los míos.

Olga Besolí

Diciembre 2012

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Comments
3 Responses to “La momia”
  1. Olga Ruiz dice:

    Me ha gustado la historia. Cuando estuve de viaje en Egipto me contaron un poco, ahora tú me has llevado más lejos. Gracias. Y la ilustración de VEK es maravillos.

  2. olgabesoli dice:

    Muchas gracias, tocaya, por tu comentario. Y gracias, Verónica, por crear esta historia conmigo, por aportar tus ideas y por ese dibujo que transmite tanto. Como siempre, y esta es la tercera, ha sido un placer trabajar contigo.

  3. Roberto dice:

    Las historias del antiguo Egipto son tan mágicas como las de la Grecia clásica, y sus leyendas son igual de interesantes.
    Hatshepsut vuelve a la vida gracias a la ilustración de VEK. En los ojos de la mujer faraón puedo leer la amargura producida por los reveses del destino y la traición, y el odio y la seguridad de que su venganza, con la ayuda de los dioses, tendrá llugar tarde o temprano.

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