Alma de Blues

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Género: Relato

Rating: Todos los públicos.

Este relato es propiedad de Olga Besolí. La ilustración es propiedad de Sonia del Sol. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Alma de Blues.

El viejo bluesman dejó su trompeta sobre la cama.

Por primera vez en mucho tiempo sentía algo parecido a la felicidad. Eran la plenitud y la tranquilidad que solo se alcanzan cuando uno recoge los frutos del trabajo bien hecho. Por eso se reía para sus adentros.

Se quitó su sombrero y lo colgó en el perchero de pie.

Lo había conseguido. Había logrado lo imposible. ¡Qué éxito! ¡Qué noche! Toda esa gente lo había escuchado a él. Él, un simple granjero de un pueblecito de Alabama.

Se quitó la chaqueta y la apartó a un lado.

La actuación había sido memorable, única, inigualable. Con su música había doblegado los exigentes oídos de los peces gordos de la ciudad. Era el blues, su alma de blues, la que les hizo temblar en sus asientos.

Tanteó el bolsillo de su pantalón.

El sonido de las monedas le tranquilizó. Tenía unos cuantos chelines sueltos. Los periódicos de la mañana seguramente hablarían de él y de su éxito sin precedentes. Tan pronto como amaneciese tendría que hacerse con un ejemplar.

Se quitó los tirantes y los dejó colgar cintura abajo.

¡Ni más ni menos que en el local de Di Franco, el Big Tap Toe! Nunca antes otro hombre de color había tocado en uno de los mejores locales para blancos de la ciudad.

Cogió la maleta del suelo y la depositó sobre el colchón.

Recordaba la calidez de ese foco que le iluminaba la cara, las velas en las mesas, los blancos rostros observándole, los ojos llorosos. Recordaba esas manos pálidas aplaudiendo sometidos al  mágico influjo de sus notas ¡Eso bien se merecía un trago!

Descorrió las hebillas y abrió la maleta.

Su ropa estaba colocada en perfecto orden, como si esa vieja maleta de trotamundos no lo hubiese acompañado en su recorrido de cientos de kilómetros, miles de kilómetros, los que separaban un pueblo de otro, un condado del siguiente, un estado de otro.

Soltó las gomas que sujetaban la ropa

Todo lo que poseía estaba en esa maleta que nunca deshacía completamente. Todo su mundo en aquella habitación de hotel. No necesitaba más. Apartó una vieja camisa y descubrió la pequeña petaca metálica que también lo acompañaba siempre en sus viajes y le daba calor en las noches frías.

Tomó un trago.

¡Por el éxito conseguido! Había hechizado a la audiencia con la calidez de su música, sobre todo con las notas candentes de Why the shadow of the moon is over me. Rememoró ese momento, no podía resistirse. Se sentó sobre la cama y acercó la trompeta a sus labios, con el mismo respeto y reverencia con la que uno besaría la frente de su madre anciana, con el mismo sentimiento que lo hizo durante el concierto, hasta que los tres, hombre, trompeta y blues, se fusionaron en uno solo.

Ilustración de Sonia del Sol

Empezó a tocar un blues.

La triste melodía impregnó el aire de la habitación, llenando el alma del bluesman de gozo. Unos golpes en la pared le recordaron que en la habitación contigua había gente que quería descansar, aunque el chirriante sonido acompasado de unos muelles indicara lo contrario.

Dejó de tocar.

Quienquiera que fuese ese oyente involuntario, tenía razón. ¡Diablos! una habitación sin cuarto de baño a altas horas de la noche no era el sitio apropiado para una pieza de tal calibre. Ni los clientes casados que alquilan por horas una cochambrosa habitación de motel para acostarse con sus amantes, eran su público. El jazz es puro sentimiento y el blues es el alma triste del jazz.

Sacó el tabaco y se lió un cigarrillo.

Mientras aspiraba el humo pasaba lista a todas las canciones que habían desfilado por su trompeta aquella noche: Sad Winter, The blue in me, All I can’t get. ¿Cuáles escogería para la grabación?  Soul of sorrow, seguramente, pues el tipo de la tarjeta le había remarcado que quería esa pieza. ¿Dónde había puesto la tarjeta? Quizás estaría en el bolsillo de la chaqueta.

Dejó la trompeta a un lado y se levanto de la cama.

No, en el bolsillo interno del abrigo, recordó. El lugar más cercano a su corazón, ahí la puso. “Los que somos de Nueva York ya casi ni notamos el frío” le había dicho el tipo cuando los presentaron y le invitó a tomar una copa para hablar de negocios. Era un tipo extraño, hablador, con aires de haber visto mucho mundo y maneras de gran empresario. Él, en cambio, era reservado. No, él no era de muchas palabras, él se comunicaba mejor con su música, a través de las notas, los silencios, los compases. Tampoco era hombre de mundo, aunque había recorrido muchas carreteras para llegar hasta allí.

Rebuscó en el bolsillo del viejo abrigo.

 Había andado muchos caminos polvorientos y esperado su oportunidad en muchos cruces de caminos. Y a cada trecho, a cada encrucijada, su blues iba tomando forma junto al dolor que se arraigaba en su alma, junto a la soledad, el cansancio y la tristeza. Esa noche había mirado a los ojos de un hombre que parecía haber vivido treinta años y lo tenía todo en el mundo. Él sentía que había vivido trescientos y todavía no tenía nada. Tras seis tandas de copas, esos dos hombres opuestos habían establecido un contrato verbal.

Apagó el cigarrillo en el cenicero de cristal.

¡Lo había conseguido! ¡Su primer contrato con una discográfica!  Nunca antes ningún estudio había grabado música negra. Eso estaba reservado para los blancos. El jazz y el blues se tocaban en pequeños locales para gente de color situados normalmente en las afueras de los pueblos, lejos de la mirada racista de los ciudadanos. Y él, con ese apretón de manos, había sellado un acuerdo gracias al cual su música sonaría en todos los hogares blancos norteamericanos.

El viejo músico miró la tarjeta roja.

J.W. Records” decían las letras grandes y negras impresas en la tarjeta que sostenía en la mano. Bajo ellas, en letra pequeña, los dígitos de un número telefónico. En el reverso, anotado a mano, con una letra ancha y clara, que prometía seguridad y ofrecía confianza, se leía “voy a hacerle famoso y rico”.

Empezó a deshacer la maleta.

Había pensado pasar solo una noche en la gran ciudad pero, tras el imprevisto del contrato, debería quedarse unos cuantos días más, los suficientes para la grabación. Luego probaría suerte en el camino, otros locales, otras ciudades, otros condados. “La vida de un bluesman es la carretera y no puede alejarse de ella por mucho tiempo, o su blues se desvanece” pensaba mientras el armario se iba llenando con su ropa. “Nunca deshagas completamente tu maleta. Nunca permanezcas demasiado tiempo en el mismo lugar”.

Vació la vieja maleta completamente.

Al quitar la última pieza de ropa, los pantalones marrones anchos del fondo, lo vio. ¿Tantos años habían pasado que se había olvidado de eso? ¿Era tanto el polvo del camino recorrido que ya ni se acordaba de aquel papel amarillento y viejo que un día firmó? Con la mano temblorosa tiró del papel doblado, medio oculto entre los pliegues del forro. Lo desplegó con la paciencia que solo se adquiere tras muchos años de fracasos, manteniendo la respiración, dilatando el inevitable momento de leer lo que en él estaba escrito ¿Sería capaz de leerlo?

Leyó el papel.

“Yo, Joseph Conrad Jones, conocido como Snooper, en este cruce de caminos y bajo la sombra de este árbol, en el caluroso día de hoy, dieciocho de agosto de 1876, acepto este contrato por el que obtendré el éxito con mi música a cambio de mi alma inmortal, que entregaré como pago al demonio abajo firmante al amanecer siguiente de recibir mi recompensa. Para dar validez a este contrato, firmo con mi propia sangre. Fdo.: Mephistopheles.& Joseph Conrad Jones, alias Snooper. 

 Soltó el papel.

El papel planeó hasta llegar al suelo, mientras el primer rayo de sol entraba por la ventana de la habitación y una mano firme golpeaba la puerta por tres veces consecutivas. “Hooola” se oía a través de la puerta “Sabes quién soooy. Y he venido a buscar lo que es mííío”

El viejo bluesman no dijo nada.

“Vamos, Snooper, viejo amigo, ábreme la puerta, que tengo prisa. Ya te he esperado demasiados años. Incluso estuve a punto de pensar que nunca lo lograrías. Pero hoy es el gran día. Tú has tenido lo tuyo y yo vengo a cobrar mi parte. Sé bueno y ábreme. Además, no hubieses tenido muchos más éxitos, créeme. Tu carrera está acabada, amigo. Los tiempos cambian. El blues se muere, ya estamos en los años veinte”.

Cerró los ojos.

“Míralo de esta forma, dentro de nada nadie va a acordarse de ti. Te lo digo en serio. Mira, voy a contarte un secreto. En unos diez años un joven músico empezará a tocar algo nuevo llamado “Rock & Roll” y te aseguro que eso sí va a ser la bomba. Lo sé porque está en mi lista y tengo un contrato para él. El blues, bah, es demasiado triste. ¿Y quién quiere escuchar música triste? Vamos, no seas testarudo y déjame pasar.”

Abrió la puerta.

Olga Besolí

Febrero 2013

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Comments
18 Responses to “Alma de Blues”
  1. Sandra dice:

    Me ha encantado el relato y la ilustración es fantástica!!!! Deja con ganas de más.

    • Sonia del Sol dice:

      Muchas gracias, Sandra , por lo que a mí me toca. Esta es la primera vez que participo en SURCANDO EDICIONA y, confieso que estaba bastante nerviosa porque quería estar a la altura de todo el grupo, al que sigo desde hace un tiempo, por influencia (y , castaña pilonga), de mi hermano Roberto. Y, estoy de acuerdo contigo, el relato de Olga es fantástico.
      Gracias por seguirnos, por cierto, ¿te animas a participar?

  2. Mariola dice:

    ¡Olga, qué sabor a clásico tiene tu relato! Me ha encantado :-D. Me han venido a la mente un montón de escenas, momentos y musicazos de jazz y blues que tanto me gustan. Has sabido darle ese toque de decadencia y nostálgica transición de épocas, ambientes y vidas de aquellos grandes que fueron perdiendo la gloria poco a poco, o desearon esos pactos con lo que fuera (el diablo, la vida o la muerte) para no perderla del todo. La magnífica ilustración de Sonia redondea esa expresión de las palabras escritas. ¡Qué debut la de otra Of the Sun! Vaya artistazos que estáis en la familia y qué coincidencia que el relato de tu hermano también traiga a colación un pacto demoníaco.
    Me descubro, señoras. Todo un equipo. 🙂

  3. Sonia del Sol dice:

    Muchas gracias, Mariola!!! Subidón, subidón. Gracias por animarme a seguir con vosotros y , por dejarme formar parte de este equipazo que sois todos los que formáis SURCANDO EDICIONA. Y, te advierto que tenemos otro hermano que también escribe, eh ……(no es una amenaza, ¿o sí? je, je, je)
    Gracias de nuevo, me has alegrado el día. Un abrazo.

  4. olgabesoli dice:

    Gracias Sandra y Mariola por vuestras palabras. Pero sobre todo gracias a Sonia del Sol por la magnífica ilustración que ha hecho del relato. Me sumo a las palabras de Mariola sobre la familia del Sol ¡vaya cracks!

    Sonia, ha sido un placer trabajar contigo y espero volver a coincidir en una próxima ocasión.

    • Sonia del Sol dice:

      Gracias a ti, Olga, ya te lo dije en privado y, ahora, lo hago también público : eres un encanto de mujer y, para mí, una gran escritora. Yo sólo intenté recrear lo que tú tenías en mente, pero, la maravillosa idea de crear un bluesman en el ocaso de su vida y su carrera y, su pacto con el diablo, partió de ti, no lo olvides.
      Y, te digo lo mismo, ojalá volvamos a trabajar juntas pronto, me ha encantado.Un fuerte abrazo desde Lanzarote para ti.

  5. rafamir70 dice:

    Que buen relato. me ha encantado la atmósfera decadente en que se ve como el Blues va perdiendo terreno respecto al Rock. Melancólico. Y buenísima la ilustración de Sonia para estrenarse.

  6. Sonia del sol dice:

    Muchas gracias, Rafa!!! Que venga ese piropo de ti precisamente, me encanta, porque soy una gran admiradora de tus ilustraciones, desde que empec’e a seguiros, hace un año, aproximadamente. Gracias , de verdad.

  7. ¡Qué palabras tan tristes, Olga! ¡Qué historia tan triste! El último bluesman, cuyos días terminan en la vieja habitación de un cochambroso hotel, sin conocer el éxito y con el anuncio de que aquello a lo que ha dedicado su vida, aquello que ama, tiene los días contados y se marchita como la llama de una vela.

    ¡Qué hermosa ilustración, Sonia! De lo mejor que te conozco. Llena de fuerza, color, emoción y expresividad. Casi puedo escuchar a Snooper tocando la pieza con todo el alma, un alma que ya no recuerda que no le pertenece.

    Excelente.

  8. Sonia del Sol dice:

    Muchas gracias, hermano. Si no fuera por ti, ni siquiera estar’ia escribiendo esto y, lo sabes. Un fuerte abrazo.

  9. Paloma Muñoz dice:

    Un relato fantástico, muy bonito, si señoras, incluyo a Sonia y su magnífica ilustración del trompetista, (me he acordado del gran Louis Armstrong durante toda la historia). Y ese diablo que le visita para cobrarse “su parte” del contrato tan mefistofélico y ese giro al final con el diablo profetizando el éxito del Rock y un nuevo rey al que llevar el alma al infierno. Si el porotagonista de tu relato, Olga, era el rey del blues, el próximo rey en llegar, supongo que todos lo sabemos.
    ¡Qué razón tenían los Rollings cuando cantaban su “simpatía por el diablo”!
    Felicidades al equipo. Estupendas.

  10. Sonia del sol dice:

    Gracias, Paloma, en lo que a m’i respecta. Aunque es un relato triste, tiene la belleza melancólica del blues, representando el fin de una época dorada y, paralelamente, de su propia vida, con el toque mágico de Olga.

  11. olgabesoli dice:

    Gracias a todos por vuestros comentarios.

  12. tico dice:

    Hola pareja de artistas, llego tarde pero a tiempo. Fenomenal trabajo el vuestro. Olga, como siempre, con un gran relato como nos tienes acostumbrados, con tu habitual capacidad para adaptarte a cualquier género. Y este relato en concreto es una maravilla y ese giro final me ha encantado, me ha recordado al de Regeneración con el que colaboré contigo que también fue buenísima la sorpresa final.
    Y Sonia, que te conozco desde hace unos días pero con el facebook es como si te conociera de antes, no había caído en que es tu primera participación. Me gusta mucho la ilustración, con ese estilo y técnica que usas tan personal, tiene una textura muy particular que hace tu estilo inconfundible. Y lo que me gusta también es la escena elegida para la ilustración. El relato es triste, he leído por aquí. Para mí no lo es tanto. El final sí pero la primera parte está llena de alegría del bluesman por el éxito obtenido y tú lo has reflejado perfectamente ilustrándolo en el momento más feliz para él del relato: cuando recuerda la actuación, y el colorido de tu ilustración refleja alegría. Aunque luego le hacen callar al pobre, vale, esto también es triste.
    En definitiva, muy buen trabajo equipazo.

  13. Sonia del sol dice:

    Muchas gracias por tus palabras, Tico , esto me anima a seguir adelante, con más fuerza aún, si cabe. Gracias.

  14. olgabesoli dice:

    Muchas gracias, Tico, pero recuerda que en “Regeneración” fui yo la que colaboré contigo y no al revés. Todo partió de tu maravillosa ilustración. Sin ella, ese relato nunca hubiese surgido.

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