¡Oh, querida!

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Género: Drama

Rating: Todos los públicos.

Este relato es propiedad de Paloma Muñoz. La ilustración es propiedad de Marta Herguedas. Quedan reservados todos los derechos de autor.

¡Oh, querida!.

Estaba tan desesperado que ya no sabía qué hacer, ni a donde mirar y mucho menos a donde ir. Todo me parecía monocromático.

No existía  nada que infundiera luz a mi alma. Todo lo veía gris acerado. No tenía ilusión ni ganas de levantarme por la mañana para seguir con mi vida.

¿Qué iba a hacer ahora que ella me había dejado?

¿Cómo iba a afrontar la vida sin tenerla a mi lado?

Ha sido todo para mí. Nunca encontraré otra mujer que me haga sentir lo que me hizo sentir. Es imposible. ¡Nunca, nunca!

Querida, voy a escribirte mi última carta de amor. Es posible que sientas algo de compasión y vengas a buscarla. Yo no puedo enviártela porque no sé la dirección.

Puede que con un poco de suerte, alguien que nos conozca, se ponga en contacto contigo y esta carta llegue a tus manos, algún día.

─” ¡Oh querida! Debes creerme si te digo que nunca quise a nadie como te quiero a ti. Que nunca necesité mirar a otra mujer como te miro a ti. Que nunca deseé a una mujer como te deseo a ti.

Ya ves, hablo en primera persona como si estuvieras frente a mí y, tal vez, por la remota esperanza de que en algún momento aparezcas y me digas que todo fue un error y que vuelves a mi lado.

Cuando veo en la calle parejas que se toman de las manos, se abrazan y besan,  se acercan y sonríen mirándose con la luz del amor más radiante en los ojos, me siento morir.

Cuando alguien llama a su pareja y, la voz le tiembla al pronunciar su nombre, mis ojos se inundan de lágrimas.

Ilustración de Marta Herguedas

Son tantos momentos y tantos detalles que casi he perdido la cuenta de todos y cada uno de los instantes que estuvimos pendientes el uno del otro, hasta del más simple de los detalles.

Todo lo que vivimos juntos no puede esfumarse. No puede desaparecer así como así. No puedes abandonarme de esa manera,  diciéndome:−` Me voy. Lo nuestro se ha acabado´.−

Eso no puedes hacerlo y sin embargo lo has hecho. No podía creerlo.  Era imposible que te marcharas. Estaba seguro de que eras feliz a mi lado, pero está claro que algo falló entre nosotros.

Ahora no puedo pensar. ¡No quiero pensar! Sólo quiero que vuelvas, querida. Empezar otra vez. ¿Por qué no? Darnos otra oportunidad.

Pronto será San Valentín y aunque no me gusta estar pendiente de este tipo de celebraciones, podríamos aprovechar para vernos. ¿Qué te parece?”

No, no, no. ¡Estoy soñando, delirando! Ella no va a volver.

 Nunca llamará a mi puerta. Se ha ido y no tengo el valor de ir a buscarla. ¿Qué me ocurre? ¿Por qué no puedo hacerlo? ¿Por qué los pies no me obedecen quedándose adheridos al suelo? ¿Qué me ocurre?

-“¡Oh, querida! No dejes que me hunda en la desesperación. No dejes que el dolor que siento atosigue mi alma. Querida, no puedes ser tan cruel.

 En algún rincón de tu corazón debe de encontrarse algo de piedad. Por favor, búscalo en tu interior. Ahí está. No lo has perdido. Todavía lo conservas. Estoy seguro.

Recuerdo una canción. Una canción que nos encantaba. ¿Sabes a qué canción me refiero?

Sí. “Oh, Darling!” de Los Beatles.

 Paul McCartney desgarraba la voz para implorar a su amada que no lo abandonase.

¡OH QUERIDA! POR FAVOR, CRÉEME
NUNCA TE HARÉ DAÑO
CRÉEME CUANDO TE DIGO
QUE NUNCA TE HARÉ DAÑO
¡OH QUERIDA! SI ME DEJAS
NUNCA LO CONSEGUIRÉ SOLO
CRÉEME CUANDO TE RUEGO
QUE NUNCA ME DEJES SOLO
CUANDO ME DIJISTE QUE YA NO ME NECESITABAS
 CASI ME DERRUMBO Y ME ECHO A LLORAR
CUANDO ME DIJISTE QUE YA NO ME NECESITABAS
 CASI ME DERRUMBO Y ME MUERO.

Esa súplica te la hago ahora, querida.

¡No me dejes! Si no vuelves, todo habrá acabado. Te habrás llevado lo mejor de mí.

Me abandonarás en un mundo de tinieblas.

Me condenarás a estar eternamente solo.

Me conducirás a una pesadilla de la que no podré despertar.

Me arrastrarás a una vida oscura, en la que ni siquiera el más potente rayo de luz puede iluminar un momento de mis días.

Me llevarás a un desesperado y frustrante  desconsuelo que poco a poco marchitará mi corazón.

Por todo ello, te suplico que leas esta carta y que vuelvas a mí.

¡No me dejes!

 ¡Por favor, regresa! ¡Oh, querida!”-

Paloma Muñoz

Madrid, 14 de febrero 2013

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Comments
8 Responses to “¡Oh, querida!”
  1. Susana (Maddie) dice:

    Gracias, Paloma, es precioso

  2. rosag2 dice:

    Me encanta la ilustración Marta, tan desgarrada y emotiva, como el relato de Paloma. Os felicito a las dos. Buen trabajo, chicas.

  3. Mariola dice:

    Paloma, una reverencia… Es uno de tus mejores relatos cortos ¡y mira que te he leído relatos cortos, largos y medio pensionistas, jajajajaja! Para colmo, Marta te hace esa ilustración tan impactante y personal, como es habitual en ella. ¡Os ha quedado fantástico :-D!

  4. Olga Besolí dice:

    Impactante ilustración de Marta (me gusta mucho tu estilo) con esas lágrimas sangrientas que acompañan las notas tristes y desesperadas de esa carta.

  5. Paloma Muñoz dice:

    Gracias a todas. No os voy a aclarar que ha sido todo un placer. A ver si la próxima vez no me pongo tan dramática.
    Un abrazo.

  6. Sonia del sol dice:

    Muy bueno, Paloma. Me llegas al corazón y, me lo aprietas hasta que duele, con este relato. Porque, ¿qui’en no se ha sentido alguna vez así, destrozado, cuando le dejan? Y, la ilustración de Marta, lo reconozco, una de las ilustradoras por las que siento más debilidad, es, como ya han dicho más arriba : impactante y desgarradora, como la carta. Genial, chicas.

  7. Desgarrador lamento, Paloma, de alguien que sabe que su carta puede ser solo Dust in the wind, y que probablemente no vaya a ser leída jamás por la persona a la que va dirigida.
    Me parece increíble la capacidad que tienes, Marta, para interpretar la realidad. No me cabe la menor duda de que tu cabeza sufre esa bendita enfermedad que te hace diferente, porque tus ojos también ven el mundo de forma diferente.

  8. Paloma Muñoz dice:

    Has dado totalmente en el clavo, Roberto. Él sabe que ella nunca volvderá a su lado. Es muy triste. y lo que es más triste aún como tú dices: probablemente nunca leerá esa última carta de amor, snif, snif.
    Gracias por los comentarios.
    Un abrazo

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