Verboten

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Género: Relato

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de Conchita Ferrando de la Lama. Las ilustraciones son propiedad de Paloma Muñoz. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Verboten.

Fue difícil saber porqué aquel joven alemán, alto, rubio y fuerte, se había convertido en un apasionado fan del rocanrol de los años 60.

Igualmente difícil imaginar que ese mismo muchacho, pocos años después, cuando todo parecía indicar que elegiría para su futuro la música rock o el deporte de competición, desaparecería de nuestro entorno de amigos, enviado a Alemania para estudiar y convertirse en Ingeniero Nuclear… pero es que todo en la historia de nuestro amigo Jens era así de especial, contradictorio, e incluso bastante misterioso.

Nos conocimos en la infancia, casi adolescencia, con 11 años. Todos los veranos los pasábamos en un bonito pueblo de la sierra de Madrid.

Sus padres tenían allí un chalet de estilo alpino que llamaría la atención de cualquiera si no fuera porque quedaba semioculto tras un pequeño bosque de abetos de su jardín.

Como éramos casi niños, nuestros primeros contactos fueron cuando jugábamos en una zona abandonada, intrincada, semisalvaje, de difícil acceso que separaba los chalets de la colonia de veraneo del resto del pueblo.

Formábamos un grupo de amigos veraneantes que año tras año pasábamos allí las vacaciones, deseando que llegase el verano para jugar juntos y vivir  “excitantes aventuras”  en esa zona relativamente cercana a nuestras casas, pero tan diferente que permitía imaginar que todo podía ocurrir allí, entre aquella vegetación tupida, descuidada, con enramadas que se entrecruzaban entre senderos intransitables, con zarzas y arbustos recrecidos, que  parecía un laberinto donde apenas el sol traspasaba el túnel de vegetación, donde la emoción era el riesgo de extraviarse, el de posibles picaduras de escorpiones y otros bichos, pero eso era lo que lo hacía tan atractivo para nosotros.

Nos reuníamos entre 10 o 12 amigos, que fuimos creciendo desde los 10 años hasta los 18, transformándonos de niños en adolescentes. Allí nos llamaban cariñosamente, “la pandilla de los biberones”.

Jens era el mayor, con poca diferencia. Tenía otros tres hermanos, pero eran todavía pequeños para venir en el grupo y solo uno de ellos, Klaus, se nos uniría años después.

Jens era alto, rubio, de ojos azul muy intenso, serio y de pocas palabras. Tenía una bien ganada fama de “soso” y cuando nos fuimos haciendo mayores y comenzaron nuestras primeras reuniones caseras, en las terrazas o jardines de las casas de unos y otros, para aprender a bailar, le pusimos el mote de “el pararrayos”, por su estilo tan teutónico que solo era capaz de defenderse con el vals.

Hasta que un día llegó aquella ola imparable a nuestro país, llamada ROCK AND ROLL.

Nuestro amigo pareció despertar de su letargo musical y se convirtió, en solo tres meses, en un auténtico entendido y fan de aquella revolución musical, sobre todo en su versión menos dura y más melódica, llegó a dominar los estilos, biografías y discografía de los grandes ídolos, empezando por Elvis hasta Freddy y Los Diamonds.

Ilustración de Paloma Muñoz

Su carácter se hizo más accesible y menos hermético. Se unía a todas las excursiones del grupo; era amable y protocolariamente educado con las chicas; nos sacaba de apuros cuando, en alguna excursión, alguna se quedaba enganchada entre las zarzas y espinos de nuestro pasadizo salvaje, al que llamábamos “el bosque del miedo”, donde seguíamos buscando aventuras y no se sabe qué tesoros fruto de nuestra desbocada imaginación, deseosa de emociones, a la espera de que alguna fiera terrible surgiese de allí el día menos pensado.

Pero… había algo que no había cambiado en absoluto en esos años: El misterio que rodeaba su casa, aquel precioso chalet alpino semejante a un “nido de águilas” al que nunca éramos invitados por sus padres, procedentes de Alemania, donde la guerra había dejado una dramática huella, como país hundido, dividido y en ruinas, que nunca doblegó su orgullo ante los vencedores.

Sus padres eran un misterio para nosotros. Nunca supimos en qué bando estuvieron y tampoco las circunstancias de su venida a España ni el motivo.

Nunca salían a pasear por el pueblo, ni se relacionaban con los otros veraneantes. Eran tan serios y herméticos como Jens….

Alguien comentaba que el padre había sido piloto de las fuerzas aéreas en Alemania, y otros que había tenido una importante industria allí… pero nada era seguro.

Era inútil tratar de sondear a Jens ni a su hermano Klaus, que se unió a nuestro grupo unos años después.

Entre nosotros nos inventábamos toda clase de historias imaginarias sobre la familia de Jens: Persecuciones, huídas a veces con los nazis detrás, otras como oficial de las SS, otras como espía amenazado y buscando refugio lejos de su país…Todo sin datos fiables, solo influidos por el misterio de aquellos padres que se mantenían siempre aislados, sin buscar amistades entre los demás veraneantes, desde hacía años, sin que nunca nadie fuese invitado a aquel precioso “nido de águilas” estilo alpino.

Jens fue ganando puntos con su afición apasionada por el rock, y se fue implicando en esa nueva filosofía de vida que llegaba con esa música fuerte y vibrante.

A los 16 años le regalaron una guitarra y eso le hizo feliz totalmente. Ahora podía tocar y emular a sus ídolos del rock.

Se convirtió en la cara opuesta de lo que siempre había sido. Ahora “el pararrayos” era el ídolo de todas las niñas veraneantes.

En los guateques que se organizaban en casa de los amigos del grupo y de otros grupos que se habían unido al nuestro, Jens era la estrella indiscutible, adorado por sus fans, que ya eran muchas.

Lo curioso era que nunca solía bailar aquel ritmo vibrante que a todos nos enloquecía, a pesar de que él era capaz de dominarlo e incluso recrear con su guitarra versiones propias. Se quedaba siempre  un poco distante, rasgueando su guitarra, cantando, casi en trance para sí mismo… o para quien él eligiese.

En su grupo de siempre, más bien pequeño, le podíamos encontrar siempre cercano, feliz, con una sonrisa que casi nadie más podía ver. Incluso las chicas del grupo tuvimos la suerte de que nos dedicase alguna de sus composiciones de rock con nuestro nombre.

Se estaba convirtiendo en un compositor selectivo y eso le hacía aún más atractivo.

Al verle allí, tan cercano, tan gentil, en alguna ocasión intentamos que se abriese y nos hablase de su origen, de su familia, de su país…

Entonces todo cambiaba. Se ponía muy serio, cogía su guitarra y le arrancaba las notas más emotivas y sentidas que nunca habíamos escuchado, cantando con su voz “teutónica” la célebre canción de Elvis Verboten  (prohibido). Era casi un lamento, rasgado en un rock lento y profundo.

Ilustración de Paloma Muñoz

Al oírla, todavía, pasados tantos años, se nos viene a la memoria aquel tiempo de adolescentes y aquel “bosque del miedo” que cruzábamos, como en un camino iniciático, todos cogidos de la mano para no desorientarnos ni extraviarnos, con la sensación del paso por lo desconocido, entre aquellas ramas que crecían impidiéndonos el paso, con zarzas que nos arañaban brazos, piernas y caras, pero siempre sin soltarnos de la mano.

En varias ocasiones nos sorprendieron tormentas, de esas tan propias de la sierra, con gran aparato eléctrico de truenos y rayos. Si nos encontrábamos a medio camino de ese bosque, no había otro remedio que seguir hasta la salida, pues había la misma distancia en ambas direcciones.

Una vez cayó un rayo tan cerca que nos tiró al suelo. El peligro era real y  “el bosque del miedo” nos lo recordaba en cada momento.

En una ocasión en que se desencadenó una de esas terroríficas tormentas, Jens nos fue guiando por un atajo que él conocía, que llegaba hasta una pradera al final del pueblo, pero una vez que llegamos a ese punto, al descubierto, nos mandaba que siguiésemos solos, muy deprisa, hacia nuestras casas, pues pensábamos todos que como era tan alto,  “el pararrayos” atraería alguna “chispa” de la tormenta y moriríamos todos si íbamos junto a él.

Nunca supimos si aquello era científico, pero él nos mandaba alejarnos y aguardaba a que estuviésemos a salvo,  en aquella zona de de vegetación silvestre, donde nadie sabía lo que podía pasar.

Aquellos veranos vimos caer muchos rayos muy cerca, incuso hasta acostumbrarnos y perderles el pánico que nos daban, pero siempre imaginábamos la figura alta, rígida, erguida de nuestro amigo “el pararrayos”.

Era tan contradictorio, con aquella figura y, sin embargo, con esa voz tan comunicativa y arrolladora cuando cantaba, cien por cien roquero, que todos dimos por seguro que su futuro estaría en esa música, y que llegaría, como él deseaba, a emular al gran Elvis, en Estados Unidos, cuando fuese allí a estudiar como él pensaba.

Difícil imaginar entonces que un verano Jens no estaría, como siempre, en nuestro pueblecito de la sierra.

Su hermano Klaus se encargó de confirmar que lo habían enviado sus padres a Alemania a estudiar Ingeniería Nuclear.

¡Nos quedamos de piedra!

¿Y su amor por el rock?Klaus zanjó la cuestión y todas nuestras extrañezas e interrogantes diciendo:

“¡Verboten!

Era lo decidido desde siempre.”

Siempre esperamos saber algo de nuestro amigo “el pararrayos” superestrella del rock, pero no logramos saber de él.

Tal vez, en los viajes espaciales que tanto revolucionaron al mundo…. sonaría música de rock para los astronautas.. Tal vez, solo tal vez, compuesta para ellos por nuestro amigo Jens,el ingeniero nuclear rokero,  tal y como compuso algunas de esas canciones especialmente para nosotras, sus amigas del grupo del “bosque del miedo”.

Al fin y al cabo, el espacio también es un “bosque del miedo”, y la música de rock un buen modo de relajar ese miedo y ver las estrellas como algo tan hermoso como nuestras reuniones de juventud oyendo a nuestro rokero tocar sus composiciones, a pesar de las tormentas, los truenos y los rayos…. Pero eso sigue siendo Verboten para nosotros.

Relato original de Conchita Ferrando de la Lama

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Comments
22 Responses to “Verboten”
  1. Soy músico, querida Conchita, y como tal tengo un especial desagrado por la gran mayoría de estilos de Rock. Esto fue un serio obstáculo para decidir leer este bello relato, expresado con ese característico atractivo que manifiestas en tus relatos. La semblanza que presentas es de un grupo de jóvenes no de uno solo. El conjunto es tan real y palpable que parece vivido por mí mismo. Y la presencia misteriosa del “nido de águilas” y su ensarzado bosque enmarañado “del miedo” y sus rayos (y centellas que no mencionas pero, doy fe, las ví)… todo está muy bien realizado.
    Cuando un relato textual llega a generar en el lector todas estas vívidas sensaciones, sabes que está muy bien escrito. En tí no me extraña, pero siento necesidad de hacerte llegar mi emoción de haberlo disfrutado.
    Gracias por haberlo compartido.

    Recibe mi emocionado saludo, querida amiga de allende los mares.

    Eduardo.

    • Querido Eduardo, que tan bien has llegado a conocerme a través de mis escritos desde “el otro lado del océano”, cuanto agradezco que hayas leido mi relato a pesar de que el género de rock and roll no sea de tu preferencia. Doble mérito tuyo el leerme.
      El conjunto lo hemos vivido los dos a través de mi relato, pues ciertamente hay muchisimo de real en él, como en la mayoría de mis escritos, ya que la realidad es nuestra maestra de imaginaciones y de creatividad.
      Gracias por tu seguimiento, que valoro muchísimo, casi como si fueses un padre o un hermano mayor, con tu sapiencia de profesor muy cualificado.
      Un abrazo

  2. Paloma Muñoz dice:

    ¿Qué ha pasado? ¡Que sólo iba una ilustración y es la misma!. Me he quedado flipada.
    Bueno, no importa mucho, la verdad. Pero yo lo aclaro. SEÑORAS Y SEÑORES ES LA MISMA ILUSTRACIÓN.
    Un saludo a Conchita.

    • Hola Paloma. Ya he explicado que envié tu ilustración a la organización tal cual me llegó por correo, pero como pensaba que tal vez podría tener dos ilustraciones y no pudo ser, añadí un “recorte” de tu dibujo que es muy bonito.
      Gracias por tu interpretación del relato que es muy acertada y como ves ha gustado mucho.
      Abrazos

  3. Koanti dice:

    Al comenzar a leer tu relato pense de inmediato que eran sucesos reales vividos por ti, sino es asi
    doblemente te felicito puesto que me hiciste creer que fue real. Me vi dentro de la historia, quiza porque vivi sucesos similares de niño. Sabemos por el “me han dicho que han oido que decian…” que en su dia vinieron nazis a España buscando refugio, no solo esto sino tambien el mismisimo Hitler porque esto lo sabia y porque lo habia visto personalmente y lo contaba con mucho secretismo un anciano vecino de mis padres, segun decia estaba en un monasterio de una ciudad castellana, sin duda eran chismes pero hasta que punto tenian su verdad?.

    Tu “bosque del miedo” me hizo recordar cuando en varias ocasiones con un amigo recorrimos de principio a fin un tunel de ferrocarril de varios km. abandonado de hacia decadas, con unas simples linternas, era tenebroso pero que emocionante, que nos empujaba a hacer tal cosa?

    Felicidades Conchita por tu relato y felicidades tambien a Paloma por las ilustraciones.

    • Hola Koan. Un verdadero privilegio para mi el ver que has entrado para ller mi relato y lo has disfrutado y comentado.
      Sé que no lo sueles hacer casi nunca y por eso me alegra un montón.
      Te visto dentro de la historia, junto a mi, viviendo esa época tan “novelera” y eso me ha encantado…
      Todo eso “que decían que se decía”… es lo que yo he puesto como fondo del relato, como un guiño a la historia.
      La familia “misteriosa” y el protagonista son totalmente reales, y los “chismes” que corrían sobre su distanciamiento y misterioso traslado a España también contribuyeron mucho a mi historia.
      Esos “bosques del miedo” seguro que todos los hemos vivido en algún momento, y para mi son “iniciáticos” en muchos sentidos, seguramente como para ti y para muchos. Son parte de nuestros “totems”.
      Un beso desde las almenas
      Jaloque

  4. Miryam de Seia dice:

    Tengo que dejar mis felicitaciones a Conchita por saber enfrentar el reto de cada tema con igual solvencia; en este relato maneja su imaginación tan creativa; el suspenso; la sicología de un grupo juvenil…de una época y sus circunstancias -con sus consabidas represiones-…¡y lo logra!
    Siempre llega airosa a la meta de dejarnos una “manufactura” artesanal y artística.
    A la espera del próximo relato que nos atrape, te dejo un abrazo muy afectuoso desde mi patria, amiga mía.

    • Miryam como me ha llegado tu frase resumiendo tu impresión sobre mis trabajos : “dejarnos una “manufactura” artesanal y artística”
      Esa es la meta cuando uno se pone a escribir, porque la inspiración de toda historia se da por descontada, como el valor en los militares….. Por lo menos la inspiración a mi me suele visitar con frecuencia y luego ya me pongo a “contar” sobre el papel con la pasión que me va dominando.
      Un beso lleno de azules como el océano.

  5. Miryam Seia dice:

    Me lo han enviado desde Surcandoediciona el día 1º , y luego tú… Yo puse comentario y tienes otro… También lo busqué en tu web para dejar el comentario y no lo encontré ese día, no sé si ahora lo subiste…(Estoy leyendo los otros relatos) Luego te hago un mail. Hoy voy a la peluquería a hacerme color en el pelo y corte. Tal vez escriba entonces, por la noche. Un abrazo, Miryam

    • Siento que no me llegase ninguno de todos estos comentarios a mi bandeja de entrada del correo….. porque no los he podido contestar en su momento apropiado.
      Un abrazo y graciassssssssss

  6. Paloma, enviaste esas ilustraciones. No sé si es correcto, pero una es un detalle de la otra, no? La primera originalmente tiene un formato que no se corresponde con el que esta establecido en las bases: A4, por lo que sale un poco cortada, lateralmente.

    • Paloma Muñoz dice:

      Hola. Yo creo que envié a Conchita Ferrando la primera ilustración que es la que habéis colgado al principio del relato. La segunda, la verdad no recuerdo haberla enviado. Pero bueno que no importa, bueno lo único des que son las mismas ilustraciones, jarrrrrrrrrr.
      Un abrazo, Paloma

    • Hola administradoras. Ya expliqué lo de la ilustración de Paloma y que el “recorte” es sobre la misma, porque había contado con que pudiera tener dos ilustraciones.
      Un abrazo

  7. Estupendo. Si no es cierto, lo parece, y ese aire de realidad lo hace mucho más interesante. ¿Qué habrá sido del ingeniero nuclear rockero?
    No te disgustes Paloma. La ilustración es muy imaginativa, un resumen visual de la historia que encaja a la perfección.

    • Hola Roberto. Cuanto me alegra ver que has entrado a comentar mi relato. Te lo agradezco y lo valoro porque creo conocerte un poco.
      Los personajes son todos reales, aunque la trama los agrupa un poco dentro del misterio, pero son reales como sospechais todos.
      Espero tenerte en alguno de mis relatos futuros como ilustrador ehhhh.
      Un abrazo

  8. Sonia del sol dice:

    Enhorabuena a las dos, pareja, por habernos llevado de la mano de regreso a nuestra infancia, para volver a enfrentarnos a nuestros temores, preocupaciones y, despreocupaciones, del ayer, a ritmo de rock. Yo me atrever’ia a decir que hubo un Jens en tu vida, cercano a ti, Conchita, también rodeado de misterio, que te marcó tanto como para hacerle protagonista de esta historia. Sea como sea, te ha quedado muy real y, muy sentido y, también tengo que felicitar a Paloma por su original ilustración , un saludo a las dos.

    • Sonia, BIENVENIDA a este panel de mi relato con tu comentario. Es una “diana” lograr llevaros de la mano a los tiempos de infancia y adolescencia, a ritmo trepidante de rock.
      También yo pienso en ese Jens “pararrayos” que se esfumó de la vida alegre y novelera de los bailes de guateque para convertirse en un Von Braun muy lejos…. muy lejos. ¿Qué habrá sido de él?
      Un abrazo y vuelve por favor.

  9. olgabesoli dice:

    Me gusta que en tu relato, Conchita, nos recuerdas a esos otros roqueros, aquellos que la vida, sus padres, su educación o las circunstancias les hicieron dejar el rock para coger otro rumbo. Y Paloma, tu ilustración, repetida o no, es sencilla pero cargada de simbolismos. Me gusta tu estilo. Felicidades a las dos.

    • Olga, me gusta reencontrarte en estos comentarios y aunque paso a paso, nos vamos conociendo y compartiendo cosas que nos hacen recordar orígenes y vivencias.
      La mayoría de los que aprendimos lo que era la “nueva música” llena de poder y de ritmo, pronto tuvimos que integrarnos en estudios y en ocupaciones menos rokanroleras y más realistas, pero todos tenemos algo dentro que no se borra.
      Un abrazo

  10. Paloma Muñoz dice:

    Gracias a Roberto, Sonia y Olga por vuestros comentarios sobre mi ilustración. Lo que parece un monolito es un pararrayos, aunque me ha salido más monolito. ¡Viva Elvis!.

  11. Antes de nada he de pedir disculpas a todos los que habeis tenido la amabilidad de leer mi relato y dejar un comentario. La razón es que he estado fuera, como ya sabeis algunos, y además es que no me llegan los avisos de comentario a mi bandeja de entrada y por eso no los he podido ver estando de viaje. MIL GRACIAS A TODOS por vuestro apoyo.

    El relato, como bien habeis adivinado algunos, está inspirado en la mayor parte en la realidad vivida por mi de jovencita, aunque algunas cosas son “cosecha de la escritora”.
    ¿Donde estará el ingeniero nuclear rokanrolero?. Me gustaría saberlo porque es real… como el “bosque del miedo” y tantas otras cosas……. que dejo a vuestra interpretación.

    Solo aclarar que la ilustración de Paloma la mandé a las administradoras, tal cual la recibí , y que el “recorte” de esa misma ilustración de Paloma lo puse porque pensaba que podría tener dos y no pudo ser, asi que creí buena idea, tal como hice en otros relatos, agregar el “recorte” que es bonito.
    Saludos para todos y espero veros pronto.

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