15ª Convocatoria: Cuentos para adultos

Cuentos para adultos

Ilustración de Jordi Ponce

Es curioso como la mayoría de los cuentos tienen un final feliz. Los creamos así para explicarlos y considerarnos optimistas, para aprender de las moralejas que nos cuentan, para sentir el caluroso abrazo de la alegría, para saborear las perdices y vivir felices por siempre jamás. Pero todos sabemos que la vida no es tan bonita, que algunas veces nos golpea con fuerza, que no siempre es de color de rosa sino de tonos desteñidos, y que a veces no huele a jazmín, sino a miedo. Tampoco es necesario describir la vida como un tormento, que a pesar de todo lo malo, es un camino lleno de experiencias agradables, pero debemos admitir y asumir que no puede salirnos siempre bien.
Qué bonito sería vivir rodeado de animales que conviven en perfecta harmonía, flores que nos canten nanas, invitados en una fiesta sin fin… No, no, esas historias no terminan bien. ¿Recordáis a Alicia? La niña de cabellos dorados y vestidito azul, aquella que perseguía un conejo blanco. Ay, pobre de ella. Suerte que la historia decidió explicar aquel final tan plácido, la verdad fue mucho más amarga. Todavía se deja ver de vez en cuando, tirada en algún callejón, viajando al País de las Maravillas en alguno de sus sueños psicotrópicos. En el mundo de las drogas, el conejo blanco es uno de los más caros y buscados.
Pero no es la única. La Bella y la Bestia es una historia muy bonita pero, ¿de verdad os creísteis el final? Ahora estaréis todos diciendo: “Claro que no. ¿Cómo va a querer una chica tan guapa a una bestia?”. Pues no, eso sí pasó. El caso es que el príncipe, más conocido como la Bestia, utilizó a Bella para recuperar su forma humana. Cuando Bella quiso casarse con él, este le desveló que era gay y que mantenía una relación con Lumiére, el sirviente francés, desde mucho antes de que el castillo recibiese el horrible hechizo de la hermosa bruja.
La Cenicienta se casó con el príncipe, gracias al zapatito de cristal. Qué bonita historia, pero no explicaron el final. La pobre mujer, lejos de convertirse en una princesita consentida, siguió ejerciendo de criada, ahora para el príncipe anticuado. Y la Bella durmiente, pinchada por la rueca de la malvada Maléfica, se pudrió esperando a que llegase su príncipe azul. La leyenda dice que permaneció bella, acostada en su cama acolchada. Por favor, todo el mundo sabe que si una persona se queda en cama durante demasiado tiempo, además de morir de hambre, le salen llagas en la piel… En fin, tampoco hace falta describir este final, ha quedado claro.
Y, ¿quién no conoce la historia de Blancanieves y los siete enanitos? La manzana roja, el beso de amor verdadero. Todo mentiras. La cruda realidad es que la jovencita de piel blanquecina se enamoró de uno de sus compañeros de piso, Mudito, el más tierno de ellos. Pero el resto, rabiosos de celos, mataron a su amado y la llevaron a rastras a la mina, cambiando significativamente su final feliz.
Caperucita Roja es un cuento precioso, con una buena moraleja. Hay muchas versiones de lo sucedido, de hecho, se podría decir que en cada pueblo cercano a un bosque existe una Caperucita. Una historia perfecta para enseñar a las niñas que deben ser educadas y no fiarse de los desconocidos. Pero, la verdad es que su madre debería haberle explicado el cuento antes de mandarla al bosque sola, porque confiada como era, se puso a hablar con un cazador. Este hombre desquiciado, raptó a la jovencita y se la llevó a su casa de campo, donde la encerró durante años para convertirla en la madre de sus hijos. No te fíes del lobo, mucho de menos del hombre. Ese debería ser el consejo de esta historia.
Cuando los cuentos están protagonizados por animales la cosa suele acabar mal… Los tres cerditos terminaron en el matadero, para ser más tarde convertidos en ricas salchichas; aprovecharon cada parte de su cuerpo, hasta sus tiernos hocicos. El patito feo nunca llegó a convertirse en un precioso cisne, lo cazaron en el río y lo prepararon con unas rodajas de naranja. La hormiga y la cigarra fueron convertidas en un plato tailandés. Y hablando de comida, Jack, el de las judías mágicas, jamás llegó a plantarlas; al llegar a casa se las preparó con un poco de jamón.
Hansel y Gretel llegaron a la casita de chocolate, engañados por una vieja bruja. Pero la casa no era de chocolate, evidentemente, de ser así el sol de agosto la hubiese derretido. En realidad, la señora tenía allí montada una red clandestina de tráfico humano. Vendieron a los niños al mejor postor, y la policía, que se creyó el cuento, nunca inició su búsqueda. Pero la justicia sí funcionaba en Agrabah, al menos la del Sultán. Aladdin fue castigado por todos sus años de hurtos, perdiendo así una de sus manos. Su historial le impidió acercarse a la princesa. ¿Qué otro final le quedaba más que la mendicidad?
La lechera, la joven que siempre nos han dicho que fantaseaba demasiado, consiguió hacer su sueño realidad. Abrió una pequeña tienda en su pueblo, ganó lo suficiente como para iniciar una vida más lujosa. Pero justo cuando empezaba a adaptarse a tan espléndida existencia, la crisis llegó sin pedir cita previa, y pronto no conseguía suficiente para llegar a fin de mes. Los beneficios se reducían y los gastos aumentaban; y por si fuera poco, al ser autónoma, no tenía derecho ni a ponerse enferma.
Hablemos ahora del pequeño Pinocho. Lo conocéis, ¿verdad? El pobre Gepetto lo talló para tener un poco de compañía, no había conseguido tener mujer, pero nadie le quitaría la ilusión de tener un hijo. Cuando llegó el hada azul, cansada de escuchar sus plegarias, le concedió vida a su obra, convirtiéndolo en una especie de niño astillado. Como es evidente, en la escuela nadie lo aceptaba; si se meten con un niño porque lleva gafas, ¿cómo no se van a meter con una marioneta que habla? De regreso a casa, se quedó remoloneando, deslumbrado por todas las novedades que encontraba. Se sentó junto a un puente, y un pobre mendigo lo cogió sin miramientos y lo echó dentro de un barril, para alimentar su fuego. El pequeño grillo no supo comunicarse con el hombre, y a Pinocho no le dio tiempo a decir que era un niño. Menudo disgusto se llevó el carpintero, de nuevo solo y con la conciencia turbada por no haber ido a recoger a su hijo al colegio.
En fin, los finales felices nos ayudan a mantener tranquila nuestra mente. Si los verdaderos finales, los que ahora conocéis, se transmitiesen de generación en generación, nuestros hijos y nietos vivirían atormentados. Es mucho mejor contarles las versiones felices, tiempo tendrán para experimentar por ellos mismos, los otros tipos de finales que nos guarda la vida.

Carme Sanchis

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Comments
8 Responses to “15ª Convocatoria: Cuentos para adultos”
  1. Paloma Muñoz dice:

    Muy buenas y dichosas tardes de calorazo insoportable y ahora que lo pienso, sé que puede subir la temperatura con algunos relatos de esta curiosísima convocatoria.
    Primero quiero felicitar a Carme Sanchís y a Jordi Ponce por el arranque tan sensacional que han tenido como equipo. El texto de Carme tiene enganche, tanto que me lo he leído de un tirón y sin respirar, porque los finales infelices de los protagonistas de los famosos cuentos dan mucha lástima. Versiones de los finales de los cuentos vamos a encontrar algunas como por ejemplo las que he escrito en mi relato. Y que son tremebundas, no ya infelices.
    Muy buena portada Carme. Una entrada estupenda. Y la ilustración de Jordi es fantástica con esa doble visión de Alicia en su esplendor con el conejito y la Alicia mustia en gris y hecha toda un asco.
    Por cierto, Jordi los relojes son dalinianos totales.
    Enhorabuena a los dos. Listón superalto.

  2. laberinros dice:

    Genial Carme, como siempre, con ese verbo que te arrastra hasta el final del relato y te quedas con ganas de mas. Y Jordi, con ese linea sencilla pero detallista, sarcástica y maravillosa que te atrapa. Ambos habéis plasmado, al cien por cien, la intención de la convocatoria.
    Mi enhorabuena a los dos.

  3. olgabesoli dice:

    Genial portada. El dibujo es una pasada y da mucho que pensar. Y el texto de Carmen es perfecto, no solo está bien escrito, sino que suelta verdades como puños. Felicidades a los dos.

  4. Muy bien elaborada y explicada esta portada Jordi y Carmen. Siempre guardo las portadas. Sois todos geniales ilustradores y ahora incluso las explicais.
    Jaloque

  5. Mariola dice:

    ¡Vaya portada, Jordi! La escena es genial con esos trazos tan clásicos y el contraste de las estampas. ¡Has estado sembrado! Y la introducción de Carme… ¡Menudo estudio!
    Habéis formado una pareja total, así que felicidades de las gordas. 🙂

  6. M.Cristina dice:

    Y cuántas cosas que aún no sabemos… ¡La ilustración y el texto casan perfectamente! Esa Alicia dividida entre los dos mundos, el que nos han contado y el real… Y bueno, ese texto que nos desvela todo lo que ocurrió y jamás supimos. ¡ME HA ENCANTADO LA PORTADA DE ESTA CONVOCATORIA!

  7. Laura dice:

    Los cuentos no tienen un final feliz. Lo que tiene un final feliz son las versiones de esos cuentos que nos han llegado. Porque vaya si son gore y crudos los originales…

  8. Laura dice:

    Esto es para suscribirme a los comentarios, ya que lo olvidé al escribir yo :p

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