Huella en la arena

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Género: Relato erótico instructivo

Rating: + 21

Este relato es propiedad de Jesús Rodríguez Redondo. La ilustración es propiedad de Sonia del Sol. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Huella en la arena.

El pueblo Bora habita en el bajo Igará, en las bocas del río Cahuimar. Viven en casas comunales en las que todavía hoy se cuentan los cuentos y leyendas que se trasmiten de generación en generación. Cuentan cuentos a los niños para ayudarlos a dormir y cuentan cuentos para adultos que entretienen las noches, antes de irse a descansar.

***

En la maloca en la que vive el pescador más anciano del pueblo Bora, una noche este reunió a todos los jóvenes pescadores. Todos pensaban que, como en otras ocasiones, Chayton les enseñaría alguno más de sus secretos, gracias a los cuales conseguían más y mejores piezas.

—El cuento que hoy os voy a relatar —comenzó Chayton a narrar— es historia de otro tiempo, pero ayuda a comprender…

Hace muchos años, en una pequeña playa en la desembocadura del Cahuimar, se podía ver paseando por la playa a una mujer. Hateya  —nombre con el que fue bautizada por el pueblo Bora y que significa “huella en la arena”— vestía un fino velo que, mecido por el viento, permitía entrever su extraordinaria belleza.

Eran pescadores los que, en aquellos tiempos, ocupaban la pequeña playa. Sus botes descansaban en la orilla a la espera de que la marea los hiciera flotar. Sus propietarios, sentados en la arena, esperaban la llegada de Hateya para salir a pescar. Se decía que, tras salir los botes, los días en que solamente uno no salía a faenar, la mujer aparecía en la playa procedente del mar. Llegaba flotando sobre las olas que, caprichosas, acariciaban su cuerpo. Estas formaban suaves remolinos que le besaban los pechos, le resbalaban por el vientre deshaciéndose entre sus piernas y, suavemente, la espuma reposaba en la orilla de la playa.

El pescador, sentado al lado de su bote, observaba cómo la mujer se paseaba por la playa. Sus insinuantes contoneos y las delicias que aquellas gasas dejaban entrever cautivaban al marino que, rendido ante su belleza, esperaba. La mujer se acercaba y sentada a su lado y con una suave y tierna voz, le susurraba al oído frases que estremecían su cuerpo empapándolo en sudor.

  ***

Nodín preparaba su bote para salir a faenar. Los demás pescadores se reían de él. Su quilla había quedado posada sobre una piedra en la marea anterior. Era un hombre joven y fuerte, de  piel morena bronceada por el sol.

Nodín se quedó en la playa viendo cómo, entre risas y sarcásticos comentarios, sus vecinos salían a pescar. Los botes ya se disipaban entre la neblina del horizonte cuando  vio a una joven que, rodeada por las más caprichosas olas, emergía del mar. La joven vestía un solo velo que, pegado a su cuerpo, descubría su extraordinaria belleza.

Ilustración de Sonia del Sol

Paseó por la playa ignorando su presencia hasta que se acercó a él, se sentó a su lado y le susurró al oído:

—Hoy será para ti un día muy especial.

Aquellas palabras hicieron que Nadín se estremeciera. Se quedó mudo, el tono insinuante de aquella joven mujer le hizo imaginar. Sus pensamientos se trasladaron al lugar donde guardaba sus más íntimos deseos.

La joven se levantó y se dirigió hacia el agua. Él la siguió. Paseaban lentamente por la orilla de la playa, la espuma de las pequeñas olas acariciaba su piel. El frescor del agua mitigaba el calor que Nodín sentía subir entre las piernas. Sin que él se percatara, Hateya le dirigió nuevamente hacia el bote que descansaba en la orilla de la playa.

Mientras iban hacia él, la muchacha notó cómo los ojos de aquel joven pescador se clavaban en sus glúteos; fue para ella una sensación extraña, pero no le molestó. Él se acercó al bote y se sentó junto a ella. Con la vista perdida en la mar y sin darse cuenta, sus manos se habían unido. Una sola mirada bastó para que entendieran lo que los dos querían.  Nodín  buscó la boca de Hateya, quería sentirla, disfrutarla. Sus bocas exploraban, sus lenguas se buscaban. Poco a poco, cuidadosamente, las manos de Nadín fueron acariciándole todo el cuerpo y despojándolo del fino velo que lo cubría. Hateya acariciaba el torso de Nodín mientras, pausadamente, iba librándole de sus ropas.

Continuaron besándose, rozándose. La muchacha jugaba con su lengua, mordisqueaba… Su mano bajaba hasta el miembro de Nodín al tiempo que lo liberaba de su prisión. Lo acariciaba del mismo modo que él acariciaba su clítoris.

Sus  cuerpos desnudos se rozaban. Hateya sintió la necesidad de seguirle acariciando el miembro, de notar su dureza en las manos. El miembro crecía al ser tan dulcemente acariciado. La muchacha se arrodilló, lo besó, lo mordisqueó. Sintió cómo Nodín se estremecía de placer cada vez que le notaba la lengua jugando con su glande. Él se aferraba con las manos al bote y sus gemidos excitaban a Hateya aún más…

De pronto, Nodín la alzó en brazos y la tumbó dentro del bote, dejándola con los glúteos apoyados en el banco y las piernas abiertas descansando sobre las bandas… El sexo de Hatera apareció ante sus ojos. Se arrodilló y el mundo se paró para ella, que le sintió la lengua por todos los rincones, y una ola de flujo bañó su vagina, el placer invadió todo su cuerpo cuando él empezó a jugar con su clítoris. El roce de sus manos recorriéndole los muslos le encendió la piel. Nodín le mordisqueó el clítoris, que estaba hinchado y duro, lo presionaba y succionaba con su lengua. El cuerpo de Hateya se fue deslizando hasta reposar en el fondo del bote. Nodín entendió que ella también quería disfrutar de su miembro que, tras un cambio de postura, muy pronto llegó a su boca. Los dos probaron cada pliegue, cada rincón de sus sexos. Los juegos de la lengua de Hateya llevaron al límite a Nodín al frotarle sin parar el eréctil capullo. El muchacho sintió cómo una marea de sensaciones le invadía todo el cuerpo y antes de que su miembro descargara en la boca de Hateya, la penetraba una y otra vez. El tiempo pareció detenerse para los dos hasta que la muchacha, al tiempo que sentía cómo se inundaba de placer tras los continuos orgasmos, pudo sentirlo corriéndose dentro.

Los dos se quedaron durante un largo rato tumbados en el fondo del bote. Hateya se incorporó y mirando fijamente a los ojos de Nodín le dijo:

—Tienes que irte de la playa antes de que la marea comience a bajar.

—No quiero irme de la playa —le respondió él—. Quiero quedarme contigo.

—Si no te vas —le dijo—, yo tendré que llevarte conmigo y nunca más podrás regresar.

—Prefiero irme contigo —contestó Nadín.

—A donde yo voy no hay regreso. ¿Prefieres venir conmigo a sabiendas de que nunca volverás a ver a los tuyos? —le preguntó ella.

—Sí, lo prefiero —respondió.

Hateya quiso darle una última oportunidad y le explicó:

—Lo que hoy te he hecho sentir es fugaz. Lo que tú vas a dejar es duradero. Si decides irte de la playa y quedarte con los tuyos habrás acertado. Si decides venir conmigo lo que ahora piensas que es amor…

Hateya salió del bote, se vistió con su fino velo y se alejó caminando por la playa. Nodín la siguió. Caminaba a no más de tres metros, tras ella. La llamaba pero ella no contestaba. Se acercó y cogiéndola por el hombro intentó que se diera la vuelta y le mirara.

Antes de volverse ella le dijo:

—Te lo he advertido y no me has hecho caso. La marea ha comenzado a bajar y ahora vendrás conmigo.

Hateya se dio la vuelta y miró a Nodín, le cogió de la mano y se dirigieron hacia el agua. El muchacho no pronunció una sola palabra más y Hateya le fue metiendo en el agua. Caminaron hasta que sus cabezas desaparecieron bajo las aguas.

El espíritu de Nodín descansa en las profundidades junto a los demás pescadores que no hicieron caso de las advertencias de Hateya. A  todos había dado su oportunidad.

Chayton se quedó observando a los jóvenes pescadores que, atónitos, le miraban. Al no ver reacción alguna en los muchachos preguntó:

—¿Vosotros que habríais hecho?

Jesús Rodríguez

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Comments
11 Responses to “Huella en la arena”
  1. ¿Hasta donde puede ser parte de la vida real el hechizo que se atribuye a las sirenas, esos seres mitológicos que pueden presentarse entre cantos y velos transparentes que ofrecen el deleite y el placer para robar después la vida de los marineros?.
    Siempre en los cuentos encontramos los símbolos de las situaciones, pasiones, excesos y defectos que se ocultan en el interior de los humanos. Esta vez Jesús Rodriguez nos lo escenifica a través de la pasión y el sexo sobre un dibujo de Sonia del Sol muy bellamente.

  2. Sonia del Sol dice:

    ! Este relato es la bomba, Jes’us ! Y, lo sab’ia, lo sab’ia, “Las 50 sombras de Grey”, iban a palidecer con tu relato, ja, ja, ja…..Te tomaste aquella promesa muy en serio, je, je, je….Espero que los peques miren para otro , al menos por esta vez…….Bueno, la verdad es que, nada m’as “caldeado”, para continuar con el veranito ……y, siguen subiendo las temperaturas !!! Un abrazo, companero

    • jesús dice:

      Sonia, Sonia. Tu ilustración Habló sola. Solamente precisé poner en palabras lo que ella me transmitía. Tu has sido el pincel que guió la pluma.

  3. Mariola dice:

    Esto… ¿Jesusito, eres tú? ¿Y esos gorleñitos de los bosquecitos? ¿Y los dos rombos ahora para esta lectura pública que puede estar accesible a los cándido ojos de tus lectorcillos más inocentes o… más precoces y… procaces, jejejejeje?
    ¡Vaya telaaaaaaaaaaaaaaaaaa! Ya me puse malita cuando me la enviaste. Yo tan feliz un lunes por la mañana, con el cuerpecillo que una tiene de madrugones y excesos “findesemaneros” y empiezo a leer y… En fin, no sigo, pero vaya, que empezó muy bien el lunes, jajajajaja.
    Pero evidentemente con ese pedazo de ilustración de esa gachí que hizo Sonia, no me extrañan los calores inspirados. Mucha sirena y mucho mar fresquito pero ¡estos ponen el agua hirviendo con tanto ajetreo! Ayss, y luego mira, el muchacho acabando bajo el mar.
    Vaya, vaya… Pues eso, que os ha quedado estupendamente, así que ¡chapeauuuu!

  4. olgabesoli dice:

    ¡Eso si que es un cuento subidito de tono! ¡Cómo han cambiado las sirenas en estos últimos años! Jeeej. Bromas aparte, me gusta mucho tu historia Jesús, sobre todo la pregunta que lanzas al final.
    Y bueno, aquí tenemos otra genial ilustración de Sonia, como era de esperar, con ese estilo tan propio. Lo que más me ha gustado esta vez es cómo has trabajado el oleaje de las aguas, que parece que se eleven y asciendan junto a la chica.

  5. Paloma Muñoz dice:

    Jesús acabo de subir de la pisci, de darme un baño y quedarme fresquita con estos calores de la muerte y tú vas y ¡zas! te marcas una historia de esas que luego (o inmediatamente) te tienes que meter otra vez en el aguaaaaaaaaaa. Jajajajaaaaaaa. No, en serio, tu historia es preciosa y al final me he quedado un poco, esperando que no pasara lo que normalmente pasa en los cuentos de las sirenas. En cuanto a la ilustración de Soniam es estupenda y me recuerda a una mujer taitiana de las que pintaba Gaugain. o quizás Rousseau, Bueno, en cualquier caso me ha gustado mucho la historia y la preciosa ilustración de Sonia,
    Felicidades al eqauipo.
    Un abrazo

  6. Sonia del Sol dice:

    Conchita, Mariola, Olga, Paloma, vosotras sí que sois estupendas !!!! Gracias por el aliento que nos dais, en cada edición que nos anima a seguir adelante y, a mejorar. Yo, estoy tan enredada esta vez que, apenas he tenido tiempo de disfrutar con todos los relatos y, ya, se me va a juntar esta edición, con la siguiente, como siga así!!!! Un abrazo a todas y, también a ti, Jesús, compañero y, sobre todo, gracias por el relato !!!!

    • Paloma Muñoz dice:

      Eso es lo que suele pasar que se te junta una convocatoria con la otra y no das a basto.
      Pero bueno que con un poco de tiempo a ver si nos leemos los relatos más tranquilamente, bueno tranquilamente… como con el relato de Jesús, ufffffffffff

  7. Jesús dice:

    Sabéis como ando por causa de los últimos acontecimientos. Gracias a todas. No tengo mucho tiempo para leeros pero prometo que lo aré.

  8. Paloma Munoz dice:

    Eso, Jesus. No se te olvide leer el mio, jejeje

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