Zorrinieves y el espejo mágico

Autor@: 

Ilustrador@: 

Corrector@: 

Género: Humor Negro

Rating: + 16

 Este relato es propiedad de Paloma Muñoz. La ilustración es propiedad de José Vicente Santamaría. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Zorrinieves y el espejo mágico.

La gran exposición que se va a celebrar, atrae a todo el mundo. Todos quieren estar en el museo. El acontecimiento rehune a lo más granado y selecto de la sociedad.

Y para dar lustre al evento el gran pintor, ilustrador y diseñador Joseph Vincent Saint Mary asiste en calidad de invitado especial con una obra de ultimísima hora.

Todo está dispuesto. La inauguración de la exposición se ha preparado, controlando todos los detalles al milímetro.

Es sin duda, un momento especial para Saint Mary y su obra que, junto a la de otros afamados artistas, participa en una muestra antológica nunca antes vista en la ciudad.

Se trata el acontecimiento de la temporada, del año, de la década, tal vez del siglo.

Pero vamos a hablar un poco de la exposición.

Lo curioso y llamativo de esta reunión de obras es un motivo común: la visión de los artistas de una serie de afamados cuentos infantiles pero vistos por los ojos de los adultos.

Esto quiere decir que los célebres cuentos que nos contaban en la infancia y que veíamos en las películas de Disney, han cambiado su sentido y la estética.

A fin de cuentas se trata de una interpretación muy personal de los artistas.

Así por ejemplo, vamos a encontrar una versión de Caperucita roja con la famosa cestita de comida para la abuelita llena de sangre a rebosar que mana de la cabeza cortada del Lobito Feroz.

También podremos admirar a una Cenicienta que clava el tacón de su precioso zapatito de cristal en el ojo del Hada Madrina por haberle cortado el rollo a las doce de la noche.

Contemplaremos la alucinante composición de los tres cerditos asándose en la gran olla que habían preparado para el malvado lobo que destrozaba sus casitas y que, por lo que se adivina en el cuadro, había sido precisamente él quien se había adelantado a los acontecimientos y había puesto una trampa para que cayeran los gorrinitos.

Todos los cuentos infantiles que tanto amamos en nuestra niñez están representados en sus versiones más heavies o gore por decirlo de una forma más “gráfica”.

Cuando la bella durmiente del bosque se queda dormida sobre un precioso lecho de rosas rojas, rojas como la pasión más desenfrenada, a la espera de ese encantador príncipe valeroso y enamorado que acude a rescatarla y que va subiendo los escalones de la gran torre de dos en dos y de cuatro en cuatro, no va a encontrar a la bella Aurora sobre la camita no, el pobre se va a llevar la sorpresa de su vida cuando le abre de un certero tajo la cabeza en dos con un hacha (que no sabemos a ciencia cierta de donde la ha sacado la linda princesa), y le suelta:

─“¡Esto es por haberme hecho esperar tanto tiempo, mamón!”─

Naturalmente, los artistas han bebido de las fuentes clásicas y populares y conocen las historias contadas durante muchas generaciones a los pequeños. Por eso son muy fieles a las representaciones pictóricas de los personajes y, por lo tanto, el hecho de implantar el toque macabro, sangriento, violento, truculento y sexual, no hace más que añadir un interés colectivo fuera de lo común a la exposición, y un morbo estratosférico asegurado.

Es decir que la expectación se está convirtiendo en un fenómeno de masas.

Por cierto, ¿hemos dicho sexual? Bueno, ahí es donde entra la obra de Joseph Vincent Saint Mary.

Pero antes de entrar en detalles, vamos a proseguir con sendos ejemplos de las versiones de los maravillosos cuentos de los Grimm Bros, de H.C. Andersen o de Perrault, como por ejemplo Piel de asno.

En Piel de asno, una joven y hermosísima princesa huye del castillo con una piel de asno que le cubre el cuerpo para no ser reconocida.

El motivo de la huida no es otro que negarse a contraer matrimonio con su propio padre y cometer incesto. Pues bien, en una serie de tablas se recrea la versión de este ─ya de por sí─ truculento cuento y que relata lo siguiente:

Piel de asno cargándose a su propia madre. Piel de asno acicalándose para presentarse ante su afligido padre. Piel de asno intentando seducirlo. Y por último Piel de asno practicándole una felatio entre amplios cortinajes.

¿Duro, no? Me refiero al cuento, naturalmente.

En “La casita de chocolate” o “Hansel y Gretel” de los mencionados hermanos Grimm, sabemos que los dos hermanitos se pierden en el bosque y encuentran una preciosa casita toda recubierta de chocolate con el tejado de mazapán y las ventanas de caramelo. Los niños entran y se topan con una repelente bruja que se “los quiere papear” cocinados en una gran caldera hirviendo.

Bien, pues en la versión gore de uno de los artistas, los hermanitos tan ricos ellos, agarran a la bruja, le dan una buena “somanta de hostias” y la echan al caldero. En este punto, cualquier espectador esperaría encontrar la tan preciada y deseada venganza de los churumbeles, pues no.

Los niños tenían ─por lo visto─ una fijación especial por las brujas ya que después de descuartizarla, la hierven en la caldera y se la meriendan.

Eso sí, de postre utilizan parte de las ventanas de caramelo y una pared entera de chocolate ¡golosos!

Un cuento que resulta muy triste y conmovedor es el de “La Sirenita” del gran Hans Christian Andersen.

Después de todos los sacrificios que hace la dulce sirenita para estar al lado del príncipe, este se casa con otra señora y ella pierde la voz y su condición de sirena para vivir como un espíritu del aire con las hadas.

La sirenita del lienzo es una sirenita que no sólo no está dispuesta a sacrificarse por el príncipe amado, sino que lo único que quiere es tirarse a los marineros de los barcos que navegan sobre la superficie de su reino marino. Es decir, nos hallamos ante una sirenita ninfómana.

Bien, se acerca el momento de la gran obra expuesta para regocijo de todos. Pero antes una mención a la historia de la princesita Rapunzel o Verdezuela.

Más conocida en los países latinos como “Rapunzel, la de las largas trenzas”, se nos presenta a una preciosa muchachita encerrada en una torre por una celosa y obsesionada bruja que no la deja ni a sol ni a sombra.

El príncipe, cautivado por la voz de la chica que escucha desde el bosque decide saber de quién se trata y ella al verlo queda prendada de él y le lanza las enormes y kilométricas trenzas para que suba al balcón y así comenzar su rendezvous.

En la versión del artista, Verdezuela o Rapunzel es una fetichista y una sádica que utiliza la cabellera dorada para atar y amordazar al príncipe,

sacarle hasta los hígados a base de lametones; golpearle, pellizcarle, quemarle y finalmente colgarlo del techo con las dichosas trenzas.

A todo esto la bruja, dama Gothel o la señora Gothel, sin tener ni pajolera idea de que el objeto de su deseo es un monstruo.

De modo que lo de: ─“¡Verdezuela, Verdezuela! ¿Me lanzas la cabellera?─, sería más bien: − ¡Verdezuela, Verdezuela, aquí el que no corre, vuela!─

Y por fin llegamos a la pieza maestra, la obra estrella de la exposición:

“Zorrinieves y el espejo mágico”.

En la obra, contemplamos con asombro como una hermosa y exuberante Zorrinieves se ata al tobillo izquierdo la correa de unos zapatos rojos de tacón de aguja.

Por la actitud de la joven, observamos que está a punto de subirse la liga de fina lencería mientras apoya el pie izquierdo sobre un taburete.

La chica está mirado al espectador con una expresión de descaro, sabiéndose tremendamente atractiva, sexy y provocativa.

Un tanga amarillo se ciñe al contorno perfecto de las nalgas y con el cuerpo echado hacia delante, deja ver a la perfección los pechos bajo una blusa azul de gasa.

El toque más divino −de la figura de Zorrinieves− es esa diademita roja con forma de lacito que luce sobre el lustroso y sedoso cabello castaño.

Un guiño al personaje de la bella, dulce y encantadora Blancanieves. Sí, la de los siete enanitos del bosque.

Pero esta nueva Blancanieves se dispone a “vestirse para matar”, como el título de la famosa película de Brian de Palma.

La figura de la madrastra se ve reflejada en el gran espejo y la señora, que está de muy buen ver, tiene pinta de madam de burdel clásico, aunque pueda parecernos una especie de vampiresa seductora que sostiene una gran manzana roja en la mano y que parece estar diciendo:

─ ¿Qué? ¿te atreves a comer esto, o no?─

Pero lo que “rompe la armonía” (por así decirlo) en el cuadro, es la imagen de un robot. Pero no se trata de un robot cualquiera. Se trata de Rusty 7464, el famoso héroe de la nave Astrea al mando de la comandante Luna Wald*

Podemos conjeturar que a Zorrinieves le van los tíos de pecho de lata. Podemos especular sobre el voyeurismo del simpático y peculiar robot. Podemos intuir que entre Zorrinieves y Rusty hay algo más que un retrato de por medio. Podemos imaginar que se lo hacen juntos.

De nuevo, es el recurso del artista para que el espectador participe con sus elucubraciones.

Pero volvamos a Zorrinieves.

Zorrinieves, después de retocarse, bien podría ir a currar al burdel de la madrastra, o podrían irse las dos juntas a comérselo todo, o quién sabe lo que podrían hacer estas dos bigardas juntas o cada una por separado.

Ahora bien, vamos a dar una sucinta versión de una supuesta historia, teniendo como punto de partida las impresionantes y provocativas imágenes de Zorrinieves y la madrastra.

Ilustración de José Vicente Santamaría

La espectacular chica se viste o más bien se desviste para ir a trabajar al burdel de Lady Gothic. Sabemos que Lady Gothic es su querida madrastra que en el cuento original es una perra envidiosa y celosa de mucho cuidado y que en la representación de Saint Mary aparece como una madam con pinta de castigadora y de tener el cotarro muy bien controlado.

En la versión de Saint Mary, Zorrinieves abandona su clásico repertorio de candidez, inocencia, ternura, ensoñación y anhelo por encontrar a un apuesto príncipe que la saque de la lamentable situación en la que la zorra de su madrastra la ha sumido.

Esta Zorrinieves se salta a la torera todos los cánones del celebrado cuento y ni enanitos ni nada. Ella lo tiene claro.

En cuanto al papel del espejo en la obra, y aún a riesgo de ponerme intelectualmente un poco pedante, se me ocurre que, debido a que posee un doble significado simbólico: primero como la verdad y la prudencia, en relación al conocimiento que uno tiene de sí mismo, y segundo como un atributo de la lujuria y de la vanidad. Francamente, me decanto por esto último.

Por lo cual la famosa conversación que sostiene la reina convertida en madrastra con el espejo mágico no tiene mucho sentido en esta nueva situación que plantea Saint Mary:

−Espejo, espejito mágico, ¿hay en el reino alguna otra mujer más hermosa que yo?

−Sí, mi reina y señora, hay otra más bella que tú.

− ¿Y quién esa mujer?

−Blancanieves es ahora la mujer más hermosa de la tierra.

Más bien la conversación iría por estos derroteros:

−Espejo, espejito mágico, ¿sabes dónde esta mi hijastra, la princesa Zorrinieves?

−Se está acicalando para pirarse al puticlub, mi reina y señora

− ¿Y quién es la mujer más hermosa del reino, aparte de nosotras?

−No hay ni puede haber en el mundo dos mujeres más impresionantes y buenorras que vos y que la princesa Zorrinieves, vuestra majestad.

−Me gusta tu contestación. Digamos que me agrada escuchar que somos las dos tías más flipantes del universo. Por esta vez te has vuelto a librar de que te rompa en pedazos.

Bueno en fin, que este tipo de conversaciones (se pueden sugerir mil y una) a la postre pueden resultar un poco aburridas y muy vistas si no se echa un poco la carne en el asador y como ya hemos hablado de carne, explícita e implícitamente, vamos a dar por finalizado el tema.

Sin embargo, todas estas sugerencias (porque en el fondo no son más que sugerencias de quien escribe este artículo) las dejamos a la imaginación del espectador que se acerque a contemplar la impresionante, fascinante, morbosa, inquietante, truculenta y única exposición que, por cierto, se titula: “La perversión de los cuentos infantiles. Un enfoque que va más allá del bien y del mal”

Para finalizar que conste que no he revisado la obra de Betthelheim ni de Nieztche.

Muchas gracias por vuestra atención.

Paloma Muñoz

Madrid, 8 de julio de 2013

*Ver el relato “Huida de Nibiru” de la 10ª convocatoria de Surcando Ediciona. (Nota de la autora)

Anuncios
Comments
11 Responses to “Zorrinieves y el espejo mágico”
  1. amenofislll dice:

    Gracias a Paloma Muñoz por haber creado este relato partiendo de mi ilustración. Una vez más decirte que ha sido un placer trabajar contigo. Hasta la próxima, tal vez Rusty vuelva a aparecer en una de mis ilustraciones.

  2. Paloma Muñoz dice:

    Gracias a Joseph Vincent Saint Mary por haber realizado una ilustración de Zorrinieves, perdón de Blancanieves tan alucinante en todos los sentíos, jajajajaja.
    José Vicente, ¡ojalá que volvamos a hacer algo juntos con Rusty! Me refiero a un relato y una ilustración (o al revés), naturalmente.

  3. caliopecrowe dice:

    Tenías razón Palomita de mis entretelas, me cambió la visión de Blancanieves totalmente( ¿Recuerdas ese vídeo de Rammstein?, pues tu relato me gusta más. ¡Eres una máquina, enhorabuena guapa y felicidades también a José Vicente Santamaría!. De 10 los dos.

  4. Paloma Muñoz dice:

    Un Rusty “voyeur” me parece divino como el retrato que José Vicente ha incluido en su alucinante ilustración. Me encantaría escribir una segunda parte formando equipo de nuevo. Creo que Rusty se lo merece.

  5. Mariola dice:

    Pero bueno, ¡qué pedazo de ilustración, José Vicente, o mejor dicho… Joseph Vincent SaintMary, jajajaja! ¡Es de impresión! ¡Qué par de señoras! Desde luego la historia de Blancanieves da todo el juego del mundo y habéis coincidido muchos en ilustrar “otra visión” del cuento.
    ¡Y quiero el catálogo entero de esa exposición de tanto desbarre, Paloma! ¡Y con Rusty incluido! ¡Jajajajajajaaajajajajaj! ¡Me lo he pasado en grande con tu estudio descriptivo!
    Me quito el sombrero y hago reverencia. ¡Genial!

  6. amenofislll dice:

    Gracias Mariola, me alegra mucho que te gusta la ilustración. La realicé con mucho cariño e ilusión. Hacía varios meses que estaba alejado del grupo y me apetecía mucho regresar. Ya te enviaré algún detallito con mejor calidad. Un beso.

  7. olgabesoli dice:

    Paloma,. al leer tu relato me imaginaba leyendo la crónica de un periódico. ¡Ojalá existiera una exposición de pinturas así! Y la ilustración de Santamaría – Saint Mary es estupenda, robot incluido. ¡Geniales los dos!

  8. Paloma Muñoz dice:

    Gracias, Olga. La exposición de las versiones truculentas de los cuentos infantiles sería no apta para mentes sensibles. Pero como está descrita con un sentido del humor muy propio de una tía con una mente tan perversa como la mía (jajajajaja) hasta puede resultar divertido.
    Un abrazo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: