Flash forward

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Género: Relato reflexivo corto

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de Olga Ruiz Trinidad. La ilustración con propiedad de Verónica López. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Flash forward.

La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.
Jorge Luis Borges. 1899-1986.

La muerte me ronda. A ratos creo que me va a llevar al otro lado cogiéndome de los pies y dando un tirón. A ratos se muestra sumisa: me habla bajito, al oído, y me confunde. ¡No existes, vete, vete, hoy todavía no!

Me han incoado en un procedimiento propio y único. Dicen que tengo grandes zonas calibradas de interés cultural. La enfermera me mira y sonríe. Yo sé cuánto esfuerzo hace cada día por parecer tranquila. Ella es mi mujer. Me anima, me abraza, está ahí. Sólo eso: está. No te preocupes tanto. En realidad, te mueres cada día, justo después de comer, unos quince minutos. Y esboza una sonrisa. No puedes perder el sentido del humor.

Por aquí arriba en la cabeza tengo bosques de eucaliptos bajo mis pelos. Inmensos microcosmos llenos de bacterias que sobreviven comiéndose la piel. En el pecho ha surgido la nueva reserva del Río Tinto. Fluye caliente a ratos entre sollozos sin lágrimas ya. No te preocupes, amor, hoy todavía no. Quiero decírselo, pero no puedo: no tengo lengua, no tengo boca, no tengo garganta. Quiero decir muchas cosas a mucha gente. Pero he elegido hacerlo en un momento crítico en el que mi naturaleza me ha dado la espalda.

Ahora me comunico con una pizarrita de niños en la que escribo con tiza frecuentemente: No llores. Pero todos lloran… Primero me trajeron un ordenador con una e-pizarra y vi que podía escribir y grabar mensajes que siempre repetía. Durante las visitas. Bien. Al pulsar la b, texto predefinido, automáticamente: bien.

No cabe duda de que morirse es un destino esperable, pero no hace falta marcharse de aquí con tanto dolor. Yo hubiera deseado dormirme para siempre y no sufrir. No sufrir mi dolor, que es muy grande, sino el dolor de los que me quieren.  Yo también lloro mucho, a solas. Cuando creo que nadie me escucha, me desahogo. Pero las lágrimas escuecen mi pecho y todavía siento más dolor porque no brotan para fuera, sino para dentro.

Hablo en sueños, para que sepan que todavía no he muerto. Lo potente que es el subconsciente. Palabras sueltas, algunos sinsentidos o co-razones de existencia:

Protección cautelar. La nieta.
Licencia para habitar. El testamento de mi hijo.
Efectos colaterales. ¿Qué será de mi mujer tan joven y bella?
Indemnizables los perjuicios. Yo no quiero, pero lo harán.
Suspensión de licencia. El médico se equivocó.
Mi ruina es una realidad histórica. Error tras un juicio previo.
Deber de conservación del propietario. Donaré mi cuerpo a la ciencia.
Colectividad. No quiero admitirlo.
Acto de contenido imposible.
Manifiestamente obligado a la expropiación. De mi yo, de mi materia, de mi hoy en vida.
Medidas de garantías. Ya no hay recursos suficientes.
Todos nos consideramos los indispensables en un hogar. No hay nadie insustituible. Todo pasará.
Criterio de mínima intervención y la máxima garantía. ¡Mierda para todos!
Principio de restitución. Lo único irremplazable es la vida.
Día internacional del Despojo. Instáurenlo.
Todo lo aséptico que me rodea me obliga a sentirme cobaya.
Las dobles listas, esperas en hospitales, amorales.
El fondo, la superficie está sucia. Limpia y encontrarás.
El patrimonio inmaterial. Dejaré mis libros, mis poemas, pensamientos, etc.
Expresiones culturales. No di para tanto. Ni mucho menos.
El elemento humano: el miedo. No sólo existe dentro.
El húmedo, tenebroso y resonante corazón palpita aquí, y me aprieto con la palma izquierda el pecho. Todavía…

Resplandor devoto de una luz, la luz de la candela que no pudo ser sol. Y el sol seguía existiendo fuera, ajeno a todo siguiendo su propio ritmo.

Color áureo. Faz de la luna pálida y sobrenatural. He decidido estar para crear. Volver. Despierto.

Sea como sea, me muero quince minutos al día por culpa de las pastillas justo después de comer. Es el único momento  en el que cualquiera que me viese podría pensar que ya es un hecho la presencia inerte de mi cuerpo. Pero despierto cada tarde a las cinco y cuarto.

Luego escribo, ordeno y organizo muchas cosas, en la pizarrita, porque como ya les dije, no puedo hablar. Mi secretaria lo transcribe en el ordenador. Y todo fluye con cierta coherencia… Una vez a la semana me llevan desde mi casa hasta el hospital para las revisiones. En el camino, inevitablemente, circundamos el cementerio. Hoy queda un día menos…

Cada vez estoy más resignado y tengo menos miedo. Supongo que todo este tiempo ha sido un regalo para asumirlo todo y dejar todas mis cuentas pendientes al día. La muerte, al final, siempre gana, es lo único capaz de ganarme. Pero hoy todavía no.

Ilustración de Verónica López

Olga Ruiz Trinidad

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Comments
4 Responses to “Flash forward”
  1. Interesante relato. Me gusta sobre todo el manejo del dato oculto, en este caso, la enfermedad o condición médica del protagonista. Ese mutismo que no sabemos de dónde viene, al igual que el resto de los síntomas. Y muy buena también la ilustración de Verónica con ese close-up al mensaje de nuestro protagonista, que refleja muy bien el espíritu del relato. Felicidades a ambas.

  2. olgabesoli dice:

    Original relato. Me ha destacado, sobre todo, el fragmento de texto central con los desvaríos del subconsciente del protagonista. La ilustración de Verónica es muy acertada, con esa pizarra dónde está escrita la frase con la que el protagonista se enfrenta a la muerte. ¡Buen trabajo!

  3. Convengo totalmente con Olga, respecto a los desvaríos del subconsciente. La muerte durante quince minutos después de comer me ha sobrecogido por la cantidad de minutos que llevamos perdidos en letargos innecesarios. La ilustración habla por sí misma, como la protagonista a través de ella.

  4. Paloma Muñoz dice:

    Los últimos párrafos del relato me recuerdan a la escena final de la película “Gladiator” en la que el ex esclavo y gladiador, Juba dice enterrando las figuras (ex votos) del pobre Máximo en la ardiente arena del Coliseo: “Volveremos a vernos” “aún, no, aún no”.
    Pues ese es el recuerdo que me ha venido a la cabeza cuando dices que la muerte al final siempre gana pero que en ese día, aún no. Y remarcando este final demoledoramente realista, la fantástica ilustración de Verónica López.
    Un abrazo a las dos,
    Paloma

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