Brujas

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Género: Fantasía urbana

Rating: +13

Este relato es propiedad de  Olga Besolí. La ilustración es propiedad de Daniel Camargo. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Brujas.

 —Vale, de acuerdo, lo confieso: soy una bruja. Y, además, tengo otra mala noticia que darte: todo lo que te acaba de suceder no es producto ni de tu imaginación, ni de una alucinación, ni de una pesadilla, sino que tiene una explicación. Estás despierto y totalmente cuerdo, aunque supongo que con la cabeza medio abotargada. Es normal teniendo en cuenta el poderoso hechizo que acabo de echarte. ¿Por qué me miras así? ¿No sabes de qué hablo? Pues te haré memoria. ¿Recuerdas que hace nada has recibido aquí mismo la visita de tu amiguita la rubia? ¿No te preguntas dónde está ahora? ¡Qué curioso! ¿no? ¿que se haya esfumado? Pero jurarías que estuvo aquí ¿verdad? Bueno, pues eso fue solo en parte ¿Recuerdas aquellas extrañas palabras que te susurró al oído en latín? ¿Y cómo, entre suspiros, te pidió que repitieras algunas fórmulas incomprensibles para ti? ¡Ay, hombres, que caéis fácilmente en la más simple de las trampas¡ ¡Cómo os pierde el sexo! ¡Y tú eres el peor de todos! No deberías tener amantes escondidas por ahí; no es moral, ni ético, ni es un buen ejemplo para el pueblo. Pero no te importa un comino ¿verdad? Porque en cuanto la viste acercándose te lanzaste a sus brazos sin dudarlo ¡estabas tan desesperado que ni siquiera te preguntaste cómo era posible que entrase por la ventana! ¿no viste nada anormal en ello? ¡demonios, si estamos en una segunda planta! ¿cómo se supone que subió, escalando con sus zapatos de tacón alto? Pues te tengo reservada una sorpresa: ¡Esa mujer no era ella sino yo! Todo lo que creíste ver, no era cierto. ¡No la viste a ella entrando discretamente por la ventana, sino a mí cabalgando sobre mi escoba! Todas las brujas del mundo podemos hechizar los sentidos y nublar a voluntad las mentes de los incautos para que vean solamente lo que a nosotras nos conviene. Siempre y cuando, por supuesto, la víctima se muestre dispuesta a ello. ¡Y tú te sometiste a mí tan rápidamente que ni siquiera me dio tiempo a disfrutar del engaño! Sí, fui yo bajo la apariencia de esa mujer la que, sentada sobre tu regazo, te arrancó tu consentimiento a ser embrujado. Y ahora tengo tu aprobación. Ya eres un pelele sometido bajo mi influjo. Si digo salta, saltarás; si digo ahógate, dejarás de respirar y, si digo muérete… ¡Eh!, ¡eh!, ¡quieto!, no hagas eso. No intentes levantarte de la silla. ¿Es que no me has escuchado? Atiende y óyeme bien: ¡estás paralizado! ¿Lo comprendes? De cuello para abajo. Si sigues moviendo de lado a lado la cabeza lo único que conseguirás será marearte. Y no querrás vomitar encima de esta maravillosa alfombra de tantos siglos de antigüedad ¿verdad? Sería una pena arruinar este suelo palaciego tan bonito. Aunque, en el fondo, te comprendo. Entiendo que permanecer inmóvil en esta silla pueda resultarte mortificante, pero es culpa tuya por estar demasiado acostumbrado a vivir a cuerpo de rey. La gente normal tiene que poner sus culos sobre asientos peores que ésta silla constantemente, así que no me valen las quejas ¿de acuerdo? Y, por si te lo preguntas, o intentas hacer algo estúpido como tratar de alertar a seguridad, te contaré que tampoco puedes hablar, gracias a la esencia de tritón que te he obligado a inhalar y que creías que era el nuevo y exótico perfume de tu amante. Sí, como ves, soy una obsesionada del control y me tomé mis molestias para que todo el proceso fuese perfecto y sin incidentes. Ligero indicio de trastorno obsesivo-compulsivo, según opina el mequetrefe de mi psicólogo. ¡Qué le vamos a hacer, soy una bruja moderna! ¿Estoy mentalmente enferma porque nunca me hayan apasionado los encantamientos demoledores y sangrientos que mis antecesoras me enseñaron a conjurar? Los tiempos han cambiado mucho desde entonces y la mayor parte de nosotras con ellos. Hace mucho que ya no irrumpimos en los castillos reventando las puertas y matando a cuanto ser viviente se cruza en nuestro camino. Las brujas ya no actuamos de forma tan irascible y salvaje. Ahora formamos parte de la comunidad, convivimos con nuestros vecinos, nos preocupamos por nuestros congéneres mortales, empatizamos con la plebe y entramos educada y silenciosamente por las ventanas sin llamar la atención. Eso no quiere decir que nos hayamos ablandado y no cumplamos con nuestro cometido; lo hacemos, por supuesto que lo hacemos, tanto o más firmemente que en la época medieval, sólo que, por decirlo de alguna manera, de forma diferente, con más discreción y estilo. Vosotros también habéis cambiado una barbaridad en los últimos siglos. Es más que evidente que habéis perdido gran parte de la grandeza y la buena imagen que os precedía. Y es absolutamente comprensible, hace mucho que habéis dejado de cumplir con vuestro deber. Ya no queda ni un atisbo de realeza en ninguno de vuestros actos. Y si no, fíjate en tu propia familia. Tu esposa ni siquiera vive aquí, contigo; tu yerno es un ladrón que ha implicado a tu hija en sus desfalcos; tu otra hija se separó de su marido y crió niños tan listos como para dispararse a sí mismos; y tu hijo, el heredero, está casado con una plebeya divorciada. ¿Qué hay de majestuoso en todo eso? Te lo diré aunque ya sabes de sobra la respuesta: nada, absolutamente nada. No me mires con esos ojos de corderillo degollado, que sé muy bien que tú y los de tu calaña tenéis dientes de lobo. Todo el gremio de brujas y magos lo sabe. Hasta el pueblo ignorante lo sabe. Después de tantos siglos de resignación y sufrimiento la plebe ha abierto los ojos. ¡Quién iba a adivinar que los tiempos cambiarían y con ellos la opinión pública! Míranos a nosotras, las brujas. Los mismos fanáticos que antes nos aborrecían y perseguían hasta la muerte ahora vienen a nuestras consultas a conocer el pobre porvenir que les espera y se gastan una pequeña fortuna llamando a nuestros espacios televisivos. ¡Nos adoran! La muchedumbre ya no pide nuestras cabezas si no las vuestras. ¿Te extraña que sea así? Piénsalo bien, ¿qué peligro representamos nosotras actualmente? ¿Qué mal podemos hacerle a las gentes? ¿que les robemos sus niños y nos los comamos? Hace mucho que abandonamos las prácticas caníbales y hoy en día, con tanta pederastia que hay por ahí… créeme, nosotras constituiríamos un mal menor. ¿O quizás pueden temer que les malogremos las cosechas? ¿cuáles? ¿las transgénicas? ¿y las de quién? ¿aquellas que pertenecen a las corporaciones multinacionales que dominan la mayor parte del grano mundial y matan de hambre a millones de seres? Y no hablemos ya del ganado ¿para qué vamos a echarles ninguna peste si los granjeros ya se encargan de matar a sus propias vacas alimentándolas de piensos hechos con restos de otras reses muertas hasta que las enferman? ¿Y que hay de los pobres inocentes? ¿qué maldición puede superar al cáncer, al SIDA o al ébola? ¿No está haciendo lo propio la radiación a la que exponen a las personas, la contaminación, las bioarmas, los experimentos con seres humanos…? Como ves es imposible que las brujas hagamos algún mal mayor, en este mundo actual, del que ya se está cometiendo. ¡El mundo está podrido por dentro, corrompido en su mismo centro! Y en el centro del poder está la realeza, y eso me lleva otra vez a ti. ¿Entiendes por qué te cuento todo esto? ¿comprendes el alcance de los hechos? ¿asustado? ¿todavía no? Ya lo estarás, te lo aseguro. Porque voy a explicarte la razón de mi visita y lo que va a pasarte a continuación. Como es mi obligación, como la enviada que soy, para castigarte por haber sido un chico malo, muy malo. ¿Me sigues? Una pista, ¿qué le viene ocurriendo desde siempre a los príncipes y reyes malvados que abusan de su poder y que se muestran mentirosos, mezquinos y egoístas con su pueblo? Si sabes la respuesta mueve la cabeza de arriba a abajo. ¿No? No puede ser ¿acaso no has leído en tu vida ningún cuento de hadas y princesas? ¿ninguna leyenda heroica, como la del Rey Arturo? ¿no conoces ninguna fábula tradicional Europea? ¿acaso no sueles leer? No. No me respondas a eso. El primero al que maldije no había leído un libro en su puñetera vida a pesar de tener una gran biblioteca en su palacio y, fue precisamente por eso, y no por no comprarme aquella rosa, que lo convertí en una bestia. Se lo merecía por estúpido e ignorante. Y, aún así, le favoreció la suerte de los tontos porque consiguió lo imposible… el amor de una bella muchacha que rompió el hechizo. ¡Quién lo iba a pensar! Aunque no creo que a ti, con el karma que has ido cosechando, la fortuna te sonría. No es probable que salgas tan bien parado. Por otro lado… no acabo de dar con lo tuyo. ¿Te lo puedes creer? ¡Sólo quedan cinco minutos para la medianoche de Valpurgis y todavía no tengo claro en qué convertirte! En sapo no, por supuesto. Los anfibios están estrictamente reservados para los príncipes melindrosos y botarates y tú eres todo un rey, hecho y derecho aunque cojeante, así que descartado. Además, tiempo atrás estuve a punto de usar esa maldición sobre tu hijo, pero como se rumoreaba que, de todas formas, el chaval ya salió un poquito rana… tú ya me entiendes… decidí que no tenía sentido malgastar una maldición. Pero es que lo tuyo es verdaderamente difícil. Veamos, ¿que nos queda? Lobo no, demasiado obvio; serpiente está muy visto; los insectos y arácnidos siempre terminan muriendo pisoteados por alguien; los pájaros ni hablar, no sirven de castigo, todos se acostumbran demasiado bien a su nueva vida libre de ataduras y se escapan volando; nada de felinos, no me gustan, son traicioneros; peces tampoco, por Dios, con lo aburridos que resultan… ¡ah! pues claro… ¿cómo no se me ocurrió antes? Lo tenía frente a los ojos todo este tiempo y no lo supe ver… ¡Y escucha! Ya suena la primera campanada. ¡Vamos allá, que esto va a quedar precioso! Ejem, ejem… Por hacer un mal uso de tu poder y convertir todo lo sagrado que representas en una farsa circense y por el poder que me otorga la hermandad de brujas perteneciente a la confederación de brujas, magos, hechiceros y nigromantes, yo te maldigo por los siglos de los siglos o hasta que, cosa muy, pero que muy improbable, una acción buena, honesta y desinteresada proveniente de ti o de alguno de tus descendientes rompa el hechizo, a pasar el resto de tus días convertido en un… ta ta ta chan… ¡elefante!

Olga Besolí

Febrero 2014

Ilustración de Daniel Camargo

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Comments
5 Responses to “Brujas”
  1. olgabesoli dice:

    Gracias Daniel por tu inmejorable ilustración que reúne todos aquellos detalles destacables que puedan aparecen en el relato. ¡Eres un crack!. Me alegra mucho haber coincidido contigo por segunda vez.

    • Gracias a tí, Olga, que me hiciste divertir mucho con tu magnífico relato, y me permitiste sacar a la luz el enano republicano que llevo dentro. A mí también me alegra haber formado equipo contigo nuevamente. Un abrazo.

  2. Mariola dice:

    Una palabra solo para los dos: GENIAL. Por todo. Texto e ilustración. Lo habéis clavado de verdad y yo de mayor quiero ser esta bruja y quitar a todo personal de esa calaña, noble o villano, ¡ja, ja, ja!, que hay unos cuantos.
    Enhorabuena a lo grande, pareja.

    • Paloma Muñoz dice:

      Yo también quiero ser una bruja que arremeta contra ese personal de impresentables que desgraciadamente pulula por este mundo. ¡Las bujas al poder, si señores! Un relato fantástico y una ilustración original, muy diferente a muchas que he visto. Tiene un toque infantil encantador, Daniel, Me encanta. Y Olga, tu texto, de un tirón me lo he leído. Una felicitación de diez para el equipo.
      Un abrazo, Paloma

      • olgabesoli dice:

        Gracias por vuestros comentarios, Mariola y Paloma, que la animan a una a seguir adelante… Un abrazo a las dos.

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