La vecina

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Género: Terror

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Este relato es propiedad de Jesús Cernuda. La ilustración es propiedad de Paloma Muñoz. Quedan reservados todos los derechos de autor.

La vecina.

Eran las diez de la mañana cuando el doctor Froy, en su pequeño despacho, empezaba a escuchar al que sería su nuevo paciente: un joven que atendía al nombre de Billy y que hacía una semana había ingresado por orden expresa de la policía.

Había sido una semana difícil en la que el joven parecía sumido en una especie de coma; no hablaba con nadie y parecía estar continuamente asustado. Sin embargo, aquella mañana cuando Froy había ido a verle, por primera vez desde que había llegado al hospital, Billy le miró a los ojos, se abalanzó a la puerta de su improvisada celda y le gritó:

— Tiene que creerme doctor Froy, yo no los maté.

Como aquel chico podía conocer el nombre del doctor era una incógnita, ya que era la primera vez que se veían y Froy ni siquiera llevaba puesto su distintivo. Eso hizo que sin pensárselo dos veces, les pidiera a los enfermeros que lo llevaran a su despacho lo antes posible. Nadie sabía por qué, pero Billy parecía dispuesto a romper su silencio.

La luz del sol entraba por la ventana marcando más aún el pálido rostro de Billy. Tenía la cara de una persona que realmente está diciendo la verdad y esa expresión que solo el miedo puede dejar grabado. Cerró los ojos como buscando en su mente el preciso instante en que comenzó todo y, de forma pausada, empezó a hablar con la mirada fija en una figurita de mármol que adornaba la mesa del despacho.

 — — — — — — — — — — — — — —

“Hoy hace justo tres semanas que la vi por primera vez. Mis padres y yo vivíamos en una pequeña casa al lado del lago, rodeados por un bosque y, hasta aquel día, nuestra única compañía era una vieja cabaña al otro lado del lago que hacía ya muchos años que estaba deshabitada.

Recuerdo que aquel lunes me pareció ver movimiento en aquella vieja cabaña. Sin embargo no había visto ningún coche acercarse, ni nada que me indicara que teníamos vecinos nuevos. Se lo dije a mis padres pero ellos no habían visto ni oído nada raro. Supongo que tampoco me extrañó, ellos siempre estaban ocupados con su trabajo. Digamos que, la mayoría de los días, era como si viviera yo solo en la casa.

No quiero que piense que soy de esas personas que va por la vida espiando a los demás, pero por algún motivo, sentía curiosidad, así que agarré a Sultán, mi perro, un pastor alemán que hasta entonces creía el más fiero del mundo, y fui dando un paseo por el bosque hasta acercarme a la cabaña sin que nadie pudiera haberme visto.

He de reconocer que aquel sitio daba bastante miedo y eso que muchas veces, de niño, había pasado horas jugando en sus jardines. Ahora no era más que una vieja cabaña que el paso del tiempo había dejado en muy malas condiciones.

Llevaba alrededor de diez minutos jugando con Sultán en las inmediaciones de la cabaña y todo parecía indicar que mis padres tenían razón. No se apreciaba nada que me hiciera pensar que alguien podría estar viviendo allí.

Y fue justo en el momento en que decidí irme cuando Sultán se puso más nervioso de lo habitual. Daba saltitos mientras ladraba como si quisiera irse de ese lugar. De pronto, y aunque el cielo estaba totalmente despejado, una especie de trueno resonó en el cielo haciendo que Sultán saliera corriendo en dirección a casa.

Quise salir tras él, pero un ruido llamó mi atención y me di la vuelta. Toda mi sangre se heló al darme cuenta que una joven de largo cabello oscuro, me observaba a través de una de las ventanas. Reculé asustado y caí al suelo. Cuando me levanté y dirigí la mirada a la casa… nada, en aquella ventana parecía no haber nadie. Salí corriendo en busca de Sultán, que desde el interior del bosque ladraba asustado.”

El doctor interrumpió a Billy:

— Supongo que esa es la chica misteriosa que mencionaste a la policía cuando te arres… cuando te encontraron.

Froy quiso evitar la palabra arrestaron, por miedo a que eso pudiera alterar a Billy.

— Tú lo has dicho.

Dijo Billy levantando la vista y mirando a los ojos a Froy.

— Pero eso fue solo el principio…

“Cuando llegué a casa Sultán ya estaba en la puerta esperando. Miraba hacia el interior y daba vueltas sobre sí mismo, del mismo modo que hacía cuando alguien venía a visitarnos.

Entré en casa y pude escuchar que mi madre estaba hablando con alguien en el salón.

— Hombre hijo, menos mal que has venido a presentarte.

No podía creer lo que estaba viendo, sentada en el salón, con una taza de café en la mano, estaba la misma chica que había visto antes en la ventana de la vieja cabaña.

— Al final tenías razón— dijo mi madre –Esta es Linda y ha venido a pasar dos semanas al lago, a la vieja cabaña.

No sé el tiempo que estuvo en casa, para mí parecía haberse detenido en la imagen de aquella chica, que pocos minutos antes me miraba desde la ventana.

Recuerdo que durante ese tiempo no vi nada especial en ella, sin embargo, cuando se fue, pasó algo que me hizo cambiar de opinión.

Puede ver mientras se alejaba, como se daba la vuelta, me miraba fijamente y hacía un gesto con su brazo para después agacharse y escribir algo en el suelo. Justo después, cogió un puñado de tierra y lo lanzó hacia donde yo estaba.

En ese momento sentí que tenía ante mí a la mujer más hermosa que había visto jamás. Sus enormes ojos verdes y su bonita sonrisa me enamoraron de repente, algo que hasta entonces nunca me había pasado ni pensaba que me pudiera pasar jamás.

Me recordaba a toda esa gente que dice que existen los flechazos, pero en mi interior yo solo pensaba en una cosa: parecía cosa de brujería.”

Billy se quedó en completo silencio, se levantó de la silla y se despidió del doctor:

— Mañana seguiremos hablando, si usted quiere.

Y se fue guiñándole un ojo. Froy ni siquiera tuvo oportunidad de decir nada, solo pudo ver como el chico se marchaba.

Aquella mañana tenía algo de tiempo, así que decidió leer el informe de la policía para ver si podía averiguar más sobre Billy. Empezó a ojearlo sin apenas creer lo que estaba viendo.

Costaba incluso detenerse en las fotos del fatídico día. Froy no entendía como un joven de tan solo veinte años podía haber cometido aquellos crímenes tan atroces.

En las fotos se podían ver los restos de lo que parecían los padres de Billy. Estaba todo lleno de sangre y escrito en un rojo brillante, que parecía ser esa sangre, un extraño dibujo en una de las paredes, con la palabra “ella” escrita debajo.

Según el informe, había sido el propio Billy quien había llamado a la policía para informar de los crímenes, repitiendo una y otra vez que había sido su nueva vecina quien los había cometido.

Al final del informe, una nota escrita por el primer policía que había llegado a la casa:

“Asusta la frialdad del sospechoso ante el asesinato de sus padres.”

Y en un papel que parecía haberse añadido después, dejaban claro que la supuesta vecina no existía. La vieja cabaña del lago seguía tan vacía como los últimos ochenta años.

A la mañana siguiente, cuando Froy llegó a su despacho, Billy ya estaba esperándole rodeado de los dos policías que no le dejaban ni un momento solo.

— Buenos días Billy, veo que has madrugado hoy.

— Dicen que al que madruga Dios le ayuda.

Y soltó una carcajada mientras seguía al doctor por el despacho para sentarse de nuevo en la silla.

— Espero que al menos usted si me crea.

Dijo antes de empezar de nuevo con la historia que le había llevado a estar allí detenido.

“Como ya le dije ayer, aquella chica que se hacía llamar Linda, hizo con solo mirarme que me enamorara de ella.

Sé que es difícil de creer ya que en las siguientes dos semanas tan solo conseguí verla una vez más. Yo mismo no me lo creería si no lo hubiera vivido.

La misma noche en la que la conocí, empecé a tener unos sueños extraños, en los que ella se aparecía con formas de diferentes animales, llamándome sin decir nada, como si tuviera telepatía.

Al principio no le di importancia, hasta que me di cuenta, que fue desde aquel día cuando empecé a encontrarme mal. Casi no comía y los sueños eran ya pesadillas que apenas me dejaban dormir. En ellos, Linda se colaba en mi casa y hacía algo que parecían extraños rituales alrededor de la cama de mis padres, mientras yo asistía a ellos sin decir nada. Incluso, en uno de aquellos sueños, pude ver como los atacaba y los mataba en mi presencia, para después seducirme y hacerme el amor al lado de sus cuerpos.

Empecé a creer que me estaba volviendo loco. No podía dejar de pensar en ella y sufría terribles dolores de cabeza que me hacían estar enfadado con todo el mundo. Recuerdo que incluso en una discusión con mi madre, le grité deseándole que se muriera.

Ojala nunca lo hubiera hecho, tal vez ahora ella y mi padre estarían vivos.

A la semana de aquello, me di cuenta que me habían salido unas manchas rojizas por el cuerpo. Me asusté, pero no quería ir al médico. Busqué por Internet y acabé encontrando algún caso muy parecido al mío.

Gente con dolores de cabeza, extraños sueños y manchas por el cuerpo, que decían estar sufriendo algún tipo de trabajo de brujería. No quería admitirlo, pero eso mismo ya lo había pensado yo el día que conocí a Linda.

Ilustración de Paloma Muñoz

Busqué todo tipo de cosas relacionadas con el tema y fue entonces cuando encontré un libro. Al parecer era de los más conocidos y antiguos sobre el tema, se titulaba Malleus Maleficarum, pero se le conocía como El martillo de las brujas.

No encontré nada que realmente me asegurara que estaba siendo objeto de brujería o algo parecido. Pero sí un dibujo antiguo que me impactó bastante, en el que hablaban de una antigua bruja muy poderosa que se llamaba Linda. Al parecer, hacía ya varios siglos, aquella muchacha había matado a los padres de su novio por negarse a su relación. Después la habían acusado de ser una bruja y la habían quemado delante de todo el pueblo. Quedé impresionado al ver a mi vecina reflejada en aquel dibujo.”

Froy cortó al muchacho al escucharle decir eso.

— Un momento, dices que viste a Linda en un viejo libro de brujería. ¿No dijo nada la policía al respecto?

— La policía… nadie me cree, dicen que lo he imaginado todo. Por eso espero que usted sí lo haga.

El doctor no dijo nada, estaba acostumbrado a tratar con pacientes que decían ver cosas. Incluso, en una ocasión, uno le dijo que el mismísimo Jesucristo se le había aparecido pidiéndole que se suicidara, aunque, por suerte, no lo había conseguido. Si algo sabía Froy es que la mente humana puede ser capaz de muchas cosas. Como siempre le decía su hijo: “no le des más vueltas papá, simplemente están locos”. Ojala fuera todo tan fácil.

Habían pasado casi dos semanas cuando me decidí a volver a la cabaña del lago, tenía que encontrar a Linda para poder hablar con ella. No soportaba más los dolores de cabeza que estaba seguro que eran cosa suya.

La cabaña parecía vacía. Conseguí colarme por una de las ventanas, pero no pude ver nada. Estaba todo medio en ruinas.

Al asomarme a la misma ventana desde la que Linda me había mirado el primer día, me di cuenta que se podía distinguir mi casa al otro lado del lago. Y, lo peor de todo, a Linda mirando hacia mí, justo antes de entrar en mi casa.

Me fui corriendo pensando en un principio que quizá había ido a ver a mis padres para despedirse, ya que había dicho que estaría en el lago solo dos semanas.

Cuando llegué, la puerta estaba abierta. Me extrañó no ver a Sultán por ninguna parte, así que entre despacio. Estaba todo en silencio y una especie de olor a incienso cubría toda la casa.

Sin saber por qué, me dirigí directamente hacia la habitación de mis padres y justo desde el pasillo pude ver a Linda que me decía entrando en su cuarto:

— Ellos tienen la culpa.

Me acerqué despacio, con miedo. Y pude ver el cuerpo de mis padres entre toda aquella sangre. El último recuerdo que tengo es que llamé a la policía y una semana después, desperté aquí.

— Un momento, ¿y Linda?

— Linda no estaba, supongo que saltó por la ventana. Sigo soñando con ella pero no la he vuelto a ver.”

Billy sonrió y miró al doctor.

— Espero que usted me crea y pueda ayudarme.

En ese momento, Froy notó esa frialdad de la que hablaba el informe. Se podría decir que incluso sintió miedo.

— No te preocupes, todo se solucionará.

A la mañana siguiente, Froy estaba deseando volver a hablar con Billy, pero cuál fue su sorpresa cuando le dijeron que de nuevo el muchacho parecía haber entrado en una especie de coma. Se había pasado toda la noche cara a la pared sin hablar con nadie.

Froy no estaba dispuesto a dejarlo así, con lo que fue a hablar con la policía. Lo único que pudieron decirle es que en la habitación del muchacho habían encontrado todo tipo de libros sobre brujería y hechizos. E incluso un diario en el que se quejaba del trato de sus padres, que estaba cansado de ellos y que algún día lo pagarían caro.

— No hay mucho más que estudiar sobre el caso— le dijo el policía. — ese muchacho está como una cabra.

— Puede que tenga razón. Solo una cosa más. Me comentó algo sobre un libro, El martillo de las brujas o algo así.

— ¡Ah, sí! No lo encontramos por ningún lado. Aunque si sabemos que existe realmente. Está claro que Billy estaba obsesionado con esos temas.

Aunque todo parecía indicar que realmente Billy estaba enfermo. El doctor sentía cierta curiosidad. Antes de volver al hospital, pasó por la biblioteca y empezó a buscar en una zona donde había libros sobre brujería.

Ya estaba a punto de irse cuando encontró un viejo libro en el fondo de una de las estanterías. Era como si aquel libro le hubiera llamado para que lo encontrara.

Entre sus manos tenía el libro al que había hecho referencia Billy, Malleus Maleficarum.

Lo primero que vio, fue el mismo dibujo que había visto escrito con sangre en la foto de la habitación donde los padres del muchacho habían sido asesinados.

Estaba claro que era de ese libro de donde había sacado todo. Cerró el libro con la idea de que no había nada más que hacer. Pero al intentar devolverlo a su sitio, se le escurrió y cayó al suelo.

Al recogerlo, se dio cuenta que se había abierto por una página que hablaba de una bruja tan poderosa que podía volver de entre los muertos para llevarse a los vivos. Y su nombre no era otro que Linda.

Froy respiró hondo, paso la página y ante sus ojos vio el dibujo de la supuesta bruja. Se dio cuenta enseguida que era igual que la descripción que Billy había hecho de su vecina.

No podía ser. Froy no creía en esas cosas. La única explicación posible, era que Billy hubiera visto también aquel dibujo y se lo hubiera inventado todo.

De pronto, alguien golpeó en la espalda del doctor. Se dio la vuelta con el libro entre las manos y la vio…

— ¡¡¡TÚ¡¡¡ ¿cómo es posible?

———————–

Diez minutos tardó la policía en llegar, alertados por la bibliotecaria, que asustada les había llamado diciendo que había un cadáver en la biblioteca.

Froy se encontraba en el suelo, con los ojos abiertos como si lo último que hubiera visto fuera un fantasma.

Según la autopsia, había tenido un infarto. Todos sabían que hacía años que sufría del corazón.

— Seguro que quería buscar algo relacionado con ese paciente suyo que mató a sus padres.

Dijo uno de los policías al reconocer al doctor, que poco antes había estado en comisaría.

Nunca nadie pudo encontrar ese libro que les mostraría toda la verdad de lo que había pasado, si es que realmente había ocurrido… Y Billy nunca volvió a hablar. Tan solo era un loco más, como decía el hijo de Froy.

Hay quienes cuentan en el pueblo, que han visto en alguna ocasión a una joven morena merodeando por el hospital, como si buscara a alguien. Quién sabe si Billy no está tan loco. Pero eso, es otra historia.

Jesús Cernuda.

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Comments
8 Responses to “La vecina”
  1. Paloma Muñoz dice:

    Ays que miedo con esa vecina, Jesús, por Dios. La próxima vez hay que tener cuidado con la vecina de enfrente.
    Una historia tremebunda y a la vez fascinante como todo lo relacionado con las brujas y las que tienen mala leche como esta.
    Un placer auténtico haber realizado la ilustración para tu historia.
    Un abrazo,
    Paloma

    • el placer ha sido mío Paloma. tenías que conocer a mi vecina, esa si que da miedo ;).
      un besote.

      • Paloma Muñoz dice:

        Jesús, casi es preferible tener una vecina terrible como esa bruja a una petarda que encima es un tostonazo y que da más miedo que la bruja de tu relato.

  2. Mariola dice:

    Vaya, vaya… Muy buen relato, con el toque propio del tema y añadiéndole uno negro. Y esa ilustración, Palomita, ¡me gusta mucho!, sobre todo los ojos verdes y esa portada del libro. Buen trabajo :-).

  3. olgabesoli dice:

    Muy buena historia que tiene todos los componentes para un buen relato de terror: la bruja mala, el psicologo, un inocente acusado, un libro maléfico… ¡Bravo! Y la ilustración de Paloma no se queda atrás. ¡Miedo me dais los dos!

  4. Lucía Sugar dice:

    Debo admitir que no había leído este relato. Fabuloso Jesús Cernuda!! Si es que los libros son arma poderosa!

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