E01-El fantasma de los libros

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Género: Relato misterio

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de María Cristina Salvans. La ilustración es propiedad de Daniel Camargo. Quedan reservados todos los derechos de autor.

E01-El fantasma de los libros.

Su inmensa biblioteca era considerada como una de las más completas del país y, siendo justos una de las más maravillosas del mundo. Para Louis, lo que realmente representaba era la puerta de entrada a muchos más mundos, todos ellos distintos y misterioso, únicos y hermosos.

No era un coleccionista de primeras ediciones, o de antiguos y polvorientos libros, ni siquiera coleccionaba un género en concreto. Él no hacía distinciones, todos y cada uno de los libros que abarrotaban las estanterías de su biblioteca tenían un punto en común: Había entrado en esos mundos formados por letras, los había leído.

Durante los más de 80 años con los que contaba, había guardado todos los libros que alguna vez había leído. En la biblioteca un curioso visitante podía encontrar desde un libro de ilustraciones infantil con no más de diez páginas, a otro bélico o erótico de más de mil.

Su vista ya no era lo que había sido, y pese a contar con esa enorme colección de toda una vida, había una temática a la que no se había acercado demasiado. El terror. Pues en su vida ya había visto suficientes horrores.

Sin embargo, sus nietos adoraban la temática y le insistían en que incluyera algo tenebroso en los estantes de su santuario.

Y la respuesta de Louis siempre era la misma: No.

Como él siempre les recordaba, su colección tenía una particularidad y solo una: había leído todos los libros. Si incluía algo que no había leído, el trabajo de toda una vida se iría a pique, y eso era algo que no podía permitir.

Por eso, un día, decidió rebuscar entre los estantes y comprobar si sus nietos habían escondido obras prohibidas entre sus tesoros. Y así fue.

Montó en cólera el día que lo descubrió, y les mandó todos esos libros profanos en un arcón, junto con la prohibición de volver a acercarse a su biblioteca nunca jamás.

Desde aquel día la vida pareció dejar de sonreírle.

Le costaba mucho conciliar el sueño y cuando conseguía dormirse, caía en un pozo de negrura y desesperación. Se encontraba inmerso en una persecución, huyendo de los fantasmas de todos esos libros que aún le quedaban por leer; se le aparecían aquellos de los que aún no conocía la historia y le apremiaban para que aprovechara el tiempo que le quedaba y lo invirtiera en adentrarse en su mundo.

Cuándo se despertaba, sintiendo como de golpe su cuerpo aterrizaba contra el colchón de la cama, oía las voces de todos aquellos autores terroríficos que le llamaban, estuvieran aún vivos o no, con una horrible voz de ultratumba, y le recriminaban por no haber leído sus novelas y cuentos.

Las noches eran muy largas y los días demasiado cortos.

Aprovechaba las horas de sol para pasear por su biblioteca y perderse entre el aroma a polvo e imprenta que impregnaba el aire. Le gustaba tocar con la punta de los dedos aquella sucesión de joyas que había guardado durante toda su vida y redescubrir los mundos que cada uno de ellos encerraba.

En uno de esos días en que sus blancos y largos dedos recorrían la estancia, oyó unas voces que procedían de detrás de las paredes y descubrió lo que parecía ser una oxidada bisagra de una puerta olvidada. Quedaba completamente camuflada en la pared con relieve y, aunque siempre había sabido que estaba allí, ya lo había olvidado.

Buscó en el cajón del antiguo canterano las llaves de todas esas misteriosas puertas que inundaban su casa; no tardó en dar con ella, la pequeña y oxidada era sin duda la de la habitación olvidada. Sin dilación, abrió aquella puerta que le conduciría a un nuevo mundo, o al menos, esa era la invitación de las extrañas voces.

Sus ojos tardaron en acostumbrarse a la poca luz de la estancia pero cuando lo hicieron pudo ver un arcón. Era el viejo baúl que contenía los libros de terror que no había leído nunca y que alguno de sus nietos se había empecinado en mantener en su biblioteca.

Ilustración de Daniel Camargo

Lo abrió con enfado, y dentro descubrió una breve nota “Todos estos libros merecen ser leídos y deben estar guardados en la biblioteca del abuelo”.

Nunca antes le habían interesado los libros sobre fantasmas y, de hecho, poco había leído desde que enviudó hacía dos años. Aun así, el hecho de haber descubierto aquel pequeño tesoro guardado bajo llave, en un baúl en su biblioteca, había hecho que se despertara en él una curiosidad morbosa y, si alguno de sus nietos creía que esos libros podían ser importantes para su biblioteca ¿por qué no leerlos?

No podía cargar con el arcón, y no quería incorporar los libros a su biblioteca sin haberlos leído antes, así que decidió instalar una pequeña zona de lectura, consistente en una silla mecedora y una lámpara de pie, en aquella oscura habitación.

Leía despacio, pero seguro y sus ojos repasaban interminables frases que se convertían en párrafos y capítulos, de modo que saltaba de libro en libro, de mundo en mundo, como tantas veces lo había hecho antes.

En esos cuentos y novelas de fantasmas, a menudo las historias no eran lo que parecían ser en un principio y eso le inquietaba y fascinaba a partes iguales.

Si cerraba los ojos y se concentraba lo suficiente, oía la llamada de Susan Hill, que se llevaba a tantos niños ataviada como la dama de negro; también podía revivir momentos de su vida gracias a unos fantasmas que le guiaban por distintas Navidades; navegaba por los mares a bordo de un barco maldito; enseñaba canto a una joven doncella a quien amaba, pese a que ella nunca le correspondería al esconder su rostro y su alma tras una máscara; incluso podía ser un jinete sin cabeza en un pueblo llamado Sleepy Hollow; u escuchar el graznido de un fantasmagórico cuervo que revoloteaba sobre su cabeza gritando “Nunca Más”.

Y precisamente ese cuento, “El Cuervo” de Edgar Allan Poe, fue el último que leyó, el último en caer en sus manos, el único que quedaba en el arcón.

Louis falleció con una sonrisa en el rostro, pues lo horroroso del relato de tan célebre autor no resultó negativo para él, al contrario. Entre las líneas de esa bella prosa poética, descubrió que su amada le estaba esperando, y que ese había sido el auténtico motivo de que los libros de fantasmas aparecieran en su  biblioteca.

Efectivamente, no habían sido los nietos los que habían introducido las novelas en su colección, sino su propia esposa, que antes de morir, había querido que su marido se sumergiera en esos mundos que tanto la habían fascinado a ella y en los que él aún no se había adentrado.

Cuando Louis murió, sus nietos colocaron todos los libros en la biblioteca, pues ya cumplían con el requisito para formar parte de la colección, y él fue enterrado junto a la abuela, Leonor, ambos mirando hacia la biblioteca, aquella puerta a tantos mundos secretos, misteriosos y extraordinarios, que aguardan a ser descubiertos por nuestros ojos y nuestras almas.

María Cristina Salvans

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Comments
3 Responses to “E01-El fantasma de los libros”
  1. olgabesoli dice:

    ¡Qué historia más bonita, terrorífica y romántica a la vez! Me gusta mucho también la ilustración de Daniel, con esta puerta entreabierta que alumbra los libros sobre la oscuridad.

  2. Un relato maravilloso, repleto de momentos que todos podríamos vivir. La perdida es un factor que siempre aparece en tus breves escritos, pero nunca deja de sorprender los infinitos caminos que pueden llevar hasta ella, y las posibles maneras de hacerle frente.

    Una biblioteca espera a ser llenada de libros, para poder viajar de mundo en mundo eternamente, con solo recordarlos.

    Enhorabuena por el relato y, a Daniel por la ilustración, porque sin esa puerta, solo leeríamos palabras, sin viajar por la historia.

  3. Me ha gustado. Un abrazo. Conchita

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