La niebla

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Género: Relato misterio

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de Inmaculada Ostos Sobrino. La ilustración es propiedad de Paloma Muñoz. Quedan reservados todos los derechos de autor.

La niebla.

Ilustración de Paloma Muñoz

Sé lo que hicisteis el último verano”, ese era el encabezamiento de la carta que Christian tenía en la mano, el mismo encabezamiento de todas las cartas que día tras día, durante esa semana, aparecían misteriosamente en la mesita que había al lado de su cama. Al principio, le desconcertó y asustó un poco el hecho de que hubiese alguien que supiera con tanto detalle, las cosas que había hecho aquel verano junto con su mejor amiga, Miriam, pues sólo ellos dos estuvieron en ese momento que de manera tan explícita se describía en la carta. Al principio pensó que tal vez Miriam hubiese vuelto de Londres para visitarlo y darle una sorpresa, y le estaba tomando el pelo con lo de la cartita, o a lo mejor, quería hacer su vuelta más interesante y divertida, por eso, lo de inventarse aquel jueguecito.

Además, no era la primera vez que Miriam hacia algo así. Christian recordó uno de sus cumpleaños, en el que nada más llegar al garaje de su trabajo, encontró una nota que le decía que si quería conseguir su regalo debía seguir las pistas, y así lo hizo. Fue siguiendo las pistas y recogiendo las notas que alguna persona misteriosa”, le había dejado durante todo el trayecto que diariamente hacía desde el garaje hasta la puerta de su trabajo, y de allí, hasta el cuarto donde se cambiaba de ropa y donde finalmente, dentro de su taquilla, encontró el nuevo CD de Britney Spears envuelto en papel de regalo. Lo curioso fue, que el papel de regalo era un collage con fotos de él y de Miriam.

Pero esta vez, Miriam no había sido. Llevaba un año en Londres trabajando frenéticamente en su centro de masajes, negocio que empezó de una manera clandestina pero que término con una cadena de diez franquicias repartidas entre España, París y Londres. No, Miriam no podía ser, estaba demasiado ocupada, y además, en el resto de cartas, lo que se describía eran diferentes momentos, con distintas personas y que sucedían en distintos veranos, así que, era imposible que Miriam supiera con tanto detalle  cada uno de aquellos recuerdos, puesto que ella, a pesar de saber lo que Christian le contaba, no había estado en ninguna de aquellas recopilaciones de íntimos secretos. Así pues, pensó en un complot secreto de todas aquellas personas que habían sido partícipes de aquellas historias, de aquellos veranos. Su cumpleaños estaba cerca, y tal vez se hubiesen unido para realizar este remake conjunto. Pero de inmediato lo descartó, porque entre esas personas no había el mínimo contacto y además, algunas, ni siquiera se llevaban bien después de tantos años. Así que, finalmente dejó tanto el miedo como la curiosidad atrás y se limitó a disfrutar, ya que fuese quién fuese su misterioso amigo, no le hacía el menor daño, más bien le hacía feliz, lo estaba animando y día tras día se sentía mucho más alegre y con muchas más ganas de seguir con la rehabilitación.

Johnny llamó a la puerta despacio, con miedo, temía que fuera muy temprano y que Christian estuviese descansando. Por desgracia, después del accidente, Christian no solía dormir demasiado bien, aún le seguían molestando las contusiones. La verdad es que, Jhonny se sentía tremendamente culpable, porque fue él quien le convenció para coger la moto y salir. A Christian, siempre le habían dado respeto aquellos trastos”, como él los llamaba, pero a Jhonny le encantaba la velocidad, notar la moto deslizándose sobre la carretera, notar el viento en su cara, notar toda esa potencia fundirse con su persona, luchando contra los elementos como un solo ser. Pero los elementos pudieron más esta vez, alguien se saltó un stop y Jhonny no lo pudo esquivar. Acabaron arrastrándose por el suelo, con tan mala suerte que Christian se golpeó la cabeza contra un bordillo, y a pesar de llevar el casco, se llevó un buen golpe. Johnny, que tan sólo tenía quemaduras debido a la fricción que le produjo el contacto contra el asfalto, se llevó un buen susto.

Estás despierto– le dijo aliviado al verlo sentado en el sillón junto a la ventana.

Sí –le dijo sonriendo–, quería haberme despertado más pronto para ver quién es la persona que me está dejando estas cartas, pero la medicación ha podido conmigo.

Aún estas así.

Pues claro, sabes que si no consigo averiguarlo reviento, porque… tú no tendrás nada que ver ¿verdad?

Por enésima vez, ¡no! ¿Te has fijado en la letra, la reconoces?

Pues eso no lo había pensado, la verdad es que me resulta familiar pero no sé por qué.

Entonces, ¿no la reconoces? –Le preguntó el muchacho un tanto desesperado.

Pues no, ¿por?

No, por nada, para ver si se podía resolver de una maldita vez todo este embrollo y las cosas volvían a la normalidad.

Bueno, en cuanto acabe con la rehabilitación todo volverá a ser igual, y no creo que tarde mucho, ya puedo mover el brazo y la pierna, lo que no entiendo es por qué me siguen reteniendo aún aquí.

Te pegaste un golpe muy fuerte en la cabeza.

Llevaba casco.

Pero se quieren asegurar, estuviste inconsciente mucho tiempo. –Le dijo el chico con un hilo de voz.

Johnny, estoy bien –le dijo cogiéndole de la mano– Las radiografías que me hicieron de la cabeza están bien también, y lo más importante es que subí a la moto porque quise, deja de sentirte culpable.

El muchacho lo miró triste pero agradecido, aun así no podía dejar de estar preocupado, había sido un mes muy duro, a pesar de que en esta última semana hubiera mejorado bastante. Y además, había cosas que aún no le podía decir, como por ejemplo el por qué seguía estando allí. Conforme iba pasando la tarde, el muchacho comenzaba a estar más lúcido, era lo normal, le pasaba siempre, así que lo único que le quedaba por hacer era esperar, esperar a que esta vez no olvidase, esperar a que volviera a recordar.

Chris… –empezó a decirle Jhonny forzando un poco la situación– ¿Ya sabes quién ha podido escribirte? ¿Has reconocido ya la letra?

¡No! Pero, ¿a qué viene esto ahora? –le dijo el muchacho molesto– ¿ Jhonny, me estás ocultando algo?

No, yo…sólo…

Sí, me ocultas algo, te conozco bien, ¡ya me lo estás diciendo! –le espetó enfadado.

–¿No ves que no puedo? Por favor, cariño, haz un esfuerzo, tienes que recordar… –le dijo desesperado. Normalmente a aquella hora de la tarde, la niebla que parecía envolver su cerebro impidiéndole saber que pasaba, se solía disipar, pero hoy estaba tardando más de lo normal.

No hay quién te entienda, me estás poniendo de los nervios, ¿por qué no me lo dices de una vez? Me estoy empezando a asustar, ¿recordar el qué? –le dijo bastante alterado el muchacho.

Y entonces, la niebla se disipó, algo en su cara cambió, y tras unos segundos de silencio que parecieron eternos, Christian habló:

Lo he vuelto a hacer, ¿verdad? Me he vuelto a perder…

Y enterrando el rostro entre sus manos, Christian se puso a llorar. Jhonny se acercó y le abrazó, y dándole un beso le dijo:

No llores cariño, no ha sido tan terrible, ¿recuerdas ya de quién es la letra? ¿Entiendes por qué es tan importante que lo recuerdes?

Sí, por supuesto, esa letra es mía, esas cartas las escribo yo, yo soy esa persona omnisciente, yo soy quién escribo para no olvidar, por eso se describen tan bien todos esos secretos, porque yo siempre estuve allí, porque soy yo quien los hace reflejar. No es Miriam quién lo escribe, no hay complot, no hay nadie más, sólo mi desesperación por regresar. Pero no sirve de nada… No me voy a curar jamás…

El chico no sabía qué decir, se limitó a abrazarlo y dejarlo llorar. Mientras respiraba hondo e intentaba pensar, dejando atrás todo el dolor que a él mismo le embargaba. La verdad es que, desde que Christian empezó a escribir la cartas, había mejorado muchísimo. Al principio de mes ni siquiera recordaba a las personas que tenía alrededor, ni aun cuando no estaba la niebla, entonces, los médicos les dijeron que aquello podía remitir en cualquier momento, que quizás se tratase de una amnesia pasajera por la pérdida de conocimiento, que en un par de días pasaría pues, según las pruebas que le habían hecho en el cerebro, todo parecía normal. Pero no remitió. Tuvieron que hacerle muchas más pruebas, mientras tanto, su madre y él iban a visitarle todos los días y le hablaban de cosas que solía hacer, le hablaban de la gente que conocía y muchos otros temas más. Y poco a poco, fue recordando esa parte de su vida que parecía perdida, y todo volvió a la normalidad o, al menos, casi todo. Al poco tiempo, los profesionales que le trataban detectaron que había una pequeña parte del cerebro que aparecía en el electroencefalograma manchada. A causa del golpe, el cerebro había sufrido una pequeña hemorragia y lo habían intentado drenar, pero al realizar las pruebas con más detalle, habían observado que una parte seguía manchada. Las operaciones de cerebro son muy complicadas así que, esperaron a ver si esa pequeña mancha se reabsorbía, pues no merecía la pena volver a abrir simplemente por aquel nimio resto de sangre que acababan de observar. Sólo podían esperar a que el propio cuerpo empezara a reaccionar.

A la semana siguiente, se dieron cuenta de que algo andaba mal, a pesar de que la mancha parecía haberse reabsorbido, y a pesar de que ya era capaz de reconocer a la gente y recordar cada etapa de su vida, cuando la tarde avanzaba, de repente, dejaba de recordar y se sumergía en un estado vegetativo del que no despertaba hasta la madrugada del día siguiente. Lo primero que hacia su cerebro era poner en orden pensamientos y recuerdos y, por eso, podía reconocer físicamente tanto a las personas como los lazos que les unían, pero era incapaz de recordar sus experiencias pasadas, al menos aquellas que no eran recientes. Esto asustó mucho a los médicos, que pensaron que lo mejor era dejarlo en observación,  ya que esta especie de memoria a corto plazo no aventuraba nada bueno, no les resultaba nada normal ese reseteo que realizaba el cerebro a diario. Una de sus hipótesis era, que tal vez esta extraña conducta se debiera a que el cerebro estaba un poco inflamado después de la operación y que cuando se desinflamara todo volvería a cuadrar. Por ello necesitaban estudiar desde más cerca el foco del problema, así que decidieron hablar con Christian, en una de sus momentos de lucidez para explicarle su afección. Necesitaban toda la colaboración posible para comenzar con el proceso de recuperación del cerebro, incluida la colaboración del paciente, quizás la más importante de todas. Le explicaron todo cuanto había sucedido hasta el momento de detectar este inusual problema que les estaba volviendo locos, pues no habían tenido ningún caso igual. El comportamiento de esta afección se movía entre un Alzheimer inicial y una pérdida de memoria reiterativa inusual, pues la memoria en sí no estaba perdida, simplemente, iba y venía y necesitaban encontrar el porqué. Pues el mayor miedo que tenían era que, en algún momento dado la memoria, o bien volviera a la normalidad, o bien se perdiera en su totalidad. Esto quería decir que si poco a poco iba olvidando sus recuerdos, el reconocimiento de las personas e incluso el de su propia identidad, a largo plazo acabaría dejando de saber cómo comer, cómo dormir e incluso cómo respirar. Christian se asustó mucho al recibir aquel hachazo en su corazón, pero gracias al mismo empezó a reaccionar, al menos a su manera. Empezó a aprovechar aquellas lagunas episódicas en las que era consciente y podía recordar y empezó a escribirlo todo. Primero los nombres junto con los parentescos, hasta que dejó de olvidar a las personas que quería, y ahora, llevaba unas semana escribiendo sus recuerdos, en especial los más importantes para él, las cosas que habían hecho mella en su vida, justo lo que le había acontecido en algunos de sus veranos. Y por el momento, había recuperado la alegría y la ilusión. Pero tal vez estaba haciendo trabajar demasiado a su deteriorado cerebro, puesto que aún no retenía lo suficiente. Todos los días se escribía una carta relatándose cosas, que tan sólo él sabía, para así poderlas fijar, pero cuando se levantaba, sólo veía una nota contando sus anécdotas en tercera persona. Era incapaz de reconocer una parte de sí mismo y, tal vez, una de las pocas que mejor lo pudiera identificar, su propia escritura. Estaba perdiendo lo más importante que podía perder en aquel problema de identificación de algo tan personal, estaba perdiendo su ser, estaba dejando de reconocerse a sí mismo.

Los médicos seguían buscando a tientas una solución que nunca llegaba y probaban distintos tipos de  programas de rehabilitación una y otra vez sin ningún resultado. Este hecho les preocupaba mucho más, se sentían impotentes al estar totalmente a ciegas ante un problema que se les iba de las manos, un problema que no podían solucionar. Lo único que podían seguir haciendo era observar y esperar, lo habían probado todo y andaban desesperados. Y eso, a la familia, la hundía mucho más. Sin embargo, Jhonny confiaba mucho en la fuerza de voluntad de Christian, confiaba en que lo iba a lograr.

Mientras todos andaban locos estudiando la manera de curarlo, sin ningún resultado, Christian, por sí mismo, lo estaba consiguiendo, a pasos pequeños y a su manera, pero consiguiéndolo al fin y al cabo. Al menos ya era capaz de fijar en su mente, con ese método suyo de recolección de recuerdos, a toda la gente que amaba. ¿Por qué no podría conseguir con un poco más de tiempo recordar todo lo demás? Christian era muy tenaz cuando quería, por eso él prefería esperar, y le apoyaba de la única manera que podía, estando a su lado y animándole a recordar. A pesar de todos los progresos, el tiempo acuciaba y Jhonny era consciente, sabía que si Christian no conseguía acelerar el proceso de fijación, el próximo paso de los médicos sería volver a operar, y todos sabían las consecuencias de otra intervención en el cerebro, al saber que daños irremediables le podrían ocasionar. Jhonny se empezaba a desesperar y mantenía una lucha interior consigo mismo, pues por un lado, sabía que el tiempo era primordial para su recuperación, pero por otro, y paradójicamente, ese tiempo se estaba agotando. No podía presionar por temor a deshacer todo el camino andado, pero tampoco podía quedarse de brazos cruzados, por miedo a que lo vetaran, a que no dejarán a Christian continuar y, que jamás volviera a ser el mismo. Lo único que Jhonny quería y anhelaba era que Christian  lograra a tiempo el grado de bienestar que le permitiera salir del hospital, para así, poder seguir luchando, sin necesidad de que lo tuvieran de conejillo de indias. Por eso era por lo que Jhonny, insistía todos los días en que revisara las cartas y lo animaba a investigar, haciendo hincapié siempre, en el reconocimiento de la letra cuando veía que Chris no avanzaba. Era muy duro, pues había días que todo marchaba según las pautas previstas, aquellas pautas que había trazado su cerebro como algo normal. Pero había otros días, como el de hoy, que todo se descolocaba  tanto en su cerebro, como en su pauta de normalidad y costaba mucho más encajar las piezas del maldito puzzle en su sitio.

Jhonny, pensando esto, se dio cuenta de algo, Christian lo estaba logrando, no lo rápidamente que ambos quisieran, pero sí paso a paso, y más valía eso, que aletargarse encerrándose en uno mismo, y dejando  pasar el tiempo, así que se lo dijo:

Amor, no te rindas, has avanzado mucho.

Christian dejó de llorar y le miró con la desilusión grabada en sus ojos.

–¿Cómo puedes decir eso, Jhonny? No soy capaz ni de reconocer lo que escribo.

Antes, no nos reconocías a nosotros, y ahora lo haces, además, mientras escribes recuerdas, y lo vas fijando, y eso es muy bueno, tal vez necesites algo más de tiempo.

Pero, ¿y si me pierdo?

Sabes que no te dejaría, y tú, no puedes dejarme a mí, así que a luchar.

Christian cambió su expresión y apareció en su rostro una tenue sonrisa, tan sólo por mantener a esa persona a su lado merecía la pena el esfuerzo, así que, enjugándose las lágrimas y tras darle un beso, le dijo:

Tienes razón, lucharé, y ya se cómo. Esta vez voy a recordar,  la carta que voy a escribir hará su función, voy a contar en ella algo que jamás podría olvidar, mañana lo conseguiré, amor, te lo prometo.

A Jhonny le emocionó sobremanera aquella determinación, pero no podía dejar de estar inquieto y aterrado. No podía evitar que se le partiera el corazón en mil pedazos una y otra vez, sobre todo cuando leyó la última historia que Christian había dejado sobre la mesa antes de dormir y, que decía así:

Sé lo que hicisteis el último verano. La fiesta estaba llegando a su fin, al menos para ti. Todos se divertían menos tú, estabas cansado, aburrido, tus amigas estaban de caza y tú de celestina, como siempre. Y encima, más sólo que la una apartado en una esquina de la barra del bar, bebiéndote un cubata de vodka de caramelo. Mientras tanto, el chico que te gustaba, aquel que tanto te hacía reír y que derretía tu corazón con tan sólo una mirada, estaba hablando con tu amiga, y no una amiga cualquiera, sino la devora hombres”. No había quién se le resistiera, así que en breve verías como el hombre de tus sueños caía en las redes de aquella arpía que sólo creía en los hombres de usar y tirar. Nada peor para tu destrozado corazón  que haber sido la celestina que le había presentado aquel chico increíblemente guapo, nada peor que haberle cedido a aquel ser sin escrúpulos a tu amor platónico. Llevabas una semana conociéndole, y te habías enamorado perdidamente, tan sólo hacía un mes que habías descubierto tu mayor secreto, y él era la prueba que lo confirmaba. Pero nada se podía hacer si el otro no te correspondía, o al menos eso creías, porque aquella noche, aquel verano, fue el mejor verano de toda tu vida. ¿Quién te iba a decir que aquel a quien no parecías interesar, aquel con quien compartiste tantas conversaciones, sonrisas y noches de fiesta, iba a ser el amor de tu vida?

Christian dormía, así que Jhonny no se tuvo que controlar, lloró desconsoladamente a sabiendas de lo que ambos se jugaban en aquella partida. El dolor que atenazaba su pecho era imposible de soportar, y si aquello salía mal, su alma se resquebrajaría y no sería capaz de volver a juntar aquellos jirones que una vez la hubieron formado, no sería capaz de poder seguir adelante mucho más…

Inmaculada Ostos Sobrino

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Comments
3 Responses to “La niebla”
  1. Paloma Muñoz dice:

    El relato de los amores de Christian y Johnny es triste y con el triángulo amoroso de la “arpía” cerrándolo resulta más dramático. Esperemos que en nuestra imaginación, la relación entre Christian y Johnny llegue a buen puerto. Gracias Inma por el relato que nada más leerlo me ha inspirado la ilustración. Espero haber estado a la altura de tan trágica historia.
    Un abrazo,
    Paloma

  2. alejandro López dice:

    Una ilustración a la altura de una historia triste que nos deja un final a la imaginación, pero que a la vez nos deja aflorar sentimientos que teníamos escondidos y que nos dejan escapar una lagrimita por la mejilla.

  3. olgabesoli dice:

    Inmaculado, que me has dejado con el ay en el cuerpo. ¡Que historia más triste y bella! Y la Ilustración de Paloma, con esos grises y azules, refleja esa misma tristeza. Muy bien las dos.

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