Caminando entre cuervos (II)

Autor@: Paloma Muñoz

Ilustrador@: Rafa Mir

Correctora: Elsa Martínez Gómez

Género: Romance gótico

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de Paloma Muñoz La ilustración es propiedad de Rafa Mir. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Caminando entre cuervos (II).

Diario de lord David Alaistair Markus.

Londres, domingo 3 de febrero de 1901, un día después de los funerales de Su Graciosa Majestad, la reina Victoria.

Mi corazón está en tinieblas. Tan solo una luz aparece dentro de ese mar oscuro que es mi alma y los latidos de mi vida resuenan en mis oídos como olas encrespadas y rugientes.

Esa luz es la que me ilumina y, desde hace mucho tiempo, se mantiene encendida dentro de mí. La luz proviene de Paulina, mi amor, mi único motivo para seguir viviendo en este mundo con mis miserias y mis tragedias campando en torno a mí como si estuviera en medio de una lucha sangrienta sin tregua ni cuartel.

La amo tanto que sería capaz de cualquier cosa con tal de que nunca sufriera, que nunca pudiera pasar privaciones, que nunca enfermara.

No, no quiero pensarlo. Aunque llegará el momento en que tenga que confesarle el secreto que trastorna mi vida desde que era un niño.

Ella me ama. Lo sé. Es su corazón lleno de bondad y generosidad el que envuelve el mío en un cálido manto de lana suave que lo hace revivir constantemente cuando está cerca de mí.

Le he pedido que se case conmigo. Y ahora planteo mi vida ―tal vez― con mayor ilusión, sabiendo que ella no me abandonará porque es buena y porque me quiere.

Pero ¿cómo explicarle lo que soy? ¿Por qué padezco la extraña enfermedad que ha arruinado mi vida? ¿Cómo enfrentarme a la reacción de Paulina?

No podría imaginar mi mundo, mi vida, sin ella. Lo es todo para mí desde que éramos unos niños. Entonces ya la amaba y sé que, ella, me amaba también.

Recuerdo las primeras cartas que le escribí. No estaba seguro de querer enviarlas ya que Paulina conocía mi forma de escribir. Sabía que no soy capaz de mantener en línea mis letras, mis frases. Me ocurría desde que era un niño y por más que mi padre me ponía en manos de los expertos, no había forma de que se enderezara mi escritura.

Ahora que ha pasado el tiempo y que voy a estar unos días en ese idílico rincón de la campiña inglesa en el que mi amada prima y su madre, la tía Adelaida, viven largas temporadas, intentaré, estando en su compañía, practicar con tranquilidad unas líneas y tal vez consiga escribir con cierta corrección.

Pero realmente no es eso lo que me preocupa, claro que no. Mi amor por Paulina me llena de ilusión pero al mismo tiempo de temor.

Voy a comenzar una serie de cambios en mi mansión de Londres. Reconozco que para la exquisita sensibilidad de mi hermosa prima puede resultar un lugar lóbrego y deprimente y no puedo permitir que Paulina se sienta incómoda de ninguna manera.

Todo esto me lleva a recordar algunos momentos de mi infancia cuando miss Paulina Tremayne y su madre, mrs Tremeyne nos visitaban en Rive Ravens Mansion.

Le gustaba jugar a esconderse de la familia cuando venía de visita con sus padres y yo por supuesto, acompañaba sus juegos y participaba muy gustoso de ellos.

Sus visitas eran casi siempre al atardecer, mi padre insistía en invitarnos a un delicioso refrigerio que era muy del gusto de Paulina y su madre.

Recuerdo, cuando era un niño, mi fascinación por los cuervos. Por eso rebauticé la oscura mansión de Londres con el nombre de ‹‹La mansión del paseo de los cuervos››.

Mientras mis padres vivieron, la gran casa era conocida como ‹‹La mansión Markus››.

Sus negras alas extendidas se movían mecidas por la suave brisa que provenía del cercano lago mientras contemplaba las últimas luces del atardecer. Ese lago que visitaba cuando iba de vacaciones con mis padres y que se encontraba en el norte, en Escocia.

Era el hogar de mis antepasados. El castillo, la casa solariega cerca del lago que he mencionado con sus hermosos cisnes blancos cuyas fantasmagóricas figuras se reflejaban en las cristalinas y apacibles aguas y la persistente niebla que caía y que los envolvía como en un sueño relajante provocado por el opio. Allí fui feliz hasta que conocí el terrible secreto que ha maldecido a mi linaje desde hace siglos.

En Rive Ravens Mansion viviré con Paulina cuando nos casemos y espero que sea muy pronto. Además me he prometido a mí mismo que la llevaré a París de viaje de novios. De modo que me reuniré con ella en el lindo cotagge de mi tía y allí hablaremos de nuestro futuro enlace mientras paseamos por los verdes caminos bañados por la luz de la luna.

No puedo pasear durante el día. Apenas puedo soportar la luz del sol.

Es una de las consecuencias de mi extraña enfermedad que en realidad no es una enfermedad, sino la más terrible y oscura maldición que un ser humano puede sufrir en este mundo.

Aunque debo empezar desde el principio cuando mi querido padre, unos meses antes de morir, me pidió que leyera su diario en el que explicaba una serie de circunstancias difíciles de comprender.

‹‹El terrible secreto es la maldición que ha llevado mi familia a ocultar su origen durante siglos, durante décadas.

Mis antecesores tuvieron que vivir con el estigma de ser diferentes al resto de los mortales.

“La maldición de la sangre”, lleva consigo que los varones señalados con la marca de La Reina de la Noche, padezcan la terrible enfermedad de los vampiros, esos seres sedientos de sangre que vagan por el mundo trayendo la mayor iniquidad que la Humanidad pueda imaginar.

Para mi desgracia y eterno dolor, mi queridísimo hijo David ha recibido la visita de La Reina de La Noche››.

Del diario personal de Lord Arthur Percival Markus

 

Sí, La Reina de La Noche.

Ella vino a buscarme una noche de luna llena de agosto para darme su beso de sangre.

Era un niño. Un muchacho que solo pensaba en jugar, en vivir aventuras, en conocer, aprender, escuchar y soñar con Paulina.

La Reina de La Noche o La Dama de La Noche, una criatura absolutamente fascinante que despertaba por la noche cuando había luna llena en verano, y desprendía un olor excitante que me atraía a sus labios como el néctar de las hermosas flores atraían a los insectos.

Este nombre tan inquietante lo tomó de una planta que por la noche se abre y su flor expele un olor irresistible. Así me atrajo hacia ella y así bebió de mi joven sangre para que la maldición de mi familia continuara conmigo: yo fui el varón elegido entonces y temo que si me caso y tengo un hijo, él sea su nueva víctima.

He conseguido superar mi sed de sangre humana bebiendo de la sangre de animales muertos que me traen del matadero. Este es mi secreto más horrible y humillante. Pero puedo pasar más desapercibido debido a que mucha gente de la alta sociedad de Londres que padecen tisis, van allí en persona a beber la sangre de las reses sacrificadas o les envían el líquido a sus domicilios, como es mi caso.

Cuando pienso en Paulina e imagino que ella pudiera conocer este hecho tan ominoso, me desespero.

Sin embargo, al leer una de las cartas que me escribió no hace mucho, mi alma se siente más elevada y todo el fango que la cubre a raíz de mi maldición parece disolverse como polvo en el aire.

‹‹Mi querido David, eres ahora mi prometido y yo soy la mujer más feliz del mundo.

Me has hecho hermosos regalos. Pero el más especial es el de tu corazón.

Estoy muy emocionada por nuestra visita al adorable París. Sabes lo mucho que deseo conocer esa gran ciudad. Partiremos después de la ceremonia y del cóctel que ofreceremos en el elegante hotel Russell en el distrito de Bloomsbury.

¡Es todo tan maravilloso! Mamá está muy recuperada y contenta, aunque sigue pensando que eres un caballero muy excéntrico y singular.

Le he dicho que no se preocupe porque yo sé que me amas con todo tu corazón y tu alma como yo te amo››.

Cuando tomo en mis manos sus cartas, acaricio el suave papel y aspiro el tenue pero delicado aroma, y la imagino escribiendo sentada en su escritorio con el hermoso cabello castaño brillando con los rayos de sol del mediodía.

Ahora me viene a la mente una de las cartas que me escribió antes de comprometernos.

Se encontraba un tanto desconcertada por el regalo de un diario que contenía fotografías e ilustraciones de señoritas que actuaban en teatros y cabarés. También había ilustraciones de conocidos monumentos como la Torre Eiffel.

Paulina es muy inocente y eso es uno de los alicientes que me hacen amarla aún más.

‹‹Querido primo David, muchas gracias por tu regalo del precioso diario que has adquirido en París aunque te confieso, que sus fotografías me resultan, cuanto menos, desconcertantes.

Prefiero no enseñárselo a mamá. Supongo que es normal entre caballeros de la alta sociedad, estas excentricidades››.

Hubiera deseado llevarla a mi propiedad en Escocia, a la gran casa solariega, pero me trae amargos y detestables recuerdos de lo ocurrido y deseo estar con Paulina en lugares alegres, llenos de gente, bulliciosos, con luces, grandes lámparas, orquestas, música y bailes, hermosos carruajes. Deseo que experimente la dicha de sentirse viva y a mi lado y yo me contagiaré de su felicidad y de su energía. Dedicaré toda mi vida a amarla, cuidarla y protegerla.

¡Ojala que el destino no se muestre aciago a mis deseos y me permita disfrutar de mi matrimonio! No quiero morir después que ella. Porque aunque sufro esta enfermedad maldita, soy mortal. La Reina de la Noche tuvo compasión de mí y me evitó que vagara por las inmensidades del tiempo en perpetua soledad y búsqueda de vidas de las que alimentarme.

Sé que, Paulina, llegado el momento, podrá ser la que redima mi alma y la atraiga a la luz, apartando para siempre la oscuridad que la ha cubierto desde hace mucho tiempo.

Pero tengo que dejar de escribir. Llega el amanecer y debo recluirme en esta casa. Por la tarde saldré a tomar el aire y pasearé para despejar mi mente y respirar un poco de aire.

Tengo que convertir este caserón en un lugar hermoso como el cottage de la tía Adelaida en los Cotswolds en Bibury, Cirencester. Allí paseé con Paulina bajo la luz de la luna y le declaré mi amor.

Ilustración de Rafa Mir

También he caminado solo durante horas y he encontrado cuervos con los que he compartido mi paseo. He caminado entre ellos. Espero y deseo con toda mi alma que los que se posan en las ramas peladas de los árboles cercanos a mi casa, no vuelvan a posarse nunca más.

No los odio. Han sido y siguen siendo mis compañeros. Pero, me recuerdan que mi naturaleza debe seguir su curso y también me recuerdan que Paulina puede cambiar esa naturaleza con su bondad, su fortaleza y su entregado amor.

Paloma Muñoz

Madrid 27 de Octubre 2014

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Comments
2 Responses to “Caminando entre cuervos (II)”
  1. Paloma Muñoz dice:

    Bueno, aquí está mi relato como la portada y el relato de Jesús Cernuda. Gracias a la organización por haber hecho posible esta convocatoria en la que tanto Jesús, como Rafa Mir y yo misma, habíamos puesto tanta ilusión. Rafa, qué puedo decirte, excepto que me encanta tu ilustración y que es una de mis preferidas, me has hecho varias ilustraciones y esta es especial para mí. ¡Ojalá que podamos seguir colaborando en un futuro muy cercano, eh!. Un abrazo.

    • ceman29 dice:

      Una historia que creeme que puede dar mucho de si 😉 yo también espero que sigamos colaborando. enhorauena a los dos por el trabajo.

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