Crimen en el bosque

Autor@: Raquel Bonilla Santander

Ilustrador@: 

Corrector@: Mariola Díaz-Cano

Género: Micro relato

Rating: Infantil

Este relato es propiedad de Raquel Bonilla. La ilustración es propiedad de Ana Carmen Kummerow. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Crimen en el bosque. 

Aquella mañana se iba a celebrar una gran fiesta para dar la bienvenida a la primavera en el bosque. Miles de guirnaldas de colores estaban preparadas para decorar todos los árboles del bosque; los ruiseñores calentaban sus voces para entonar las más bonitas melodías y los topos y conejos recogían los últimos frutos secos para la merienda.

La fiesta de la primavera es uno de los momentos más importantes en el bosque, los animales salen de su letargo y las flores nacen con fuerza y color para dejar el más puro de los aromas.

Fue Mika la ardilla la que dio el primer aviso. Entre espasmos y voz entre cortada dijo a los habitantes del bosque que unas grandes máquinas amarillas se acercaban hacia ellos.

No tardaron en oír el estruendo y todos huyeron despavoridos  a buscar refugio. Nadie se atrevía a salir, solo se oían ruidos y un humo negro se apoderaba del bosque.

Estaba ya anocheciendo cuando el ruido cesó y los animales pudieron salir de nuevo.

Fue en ese momento cuando la tristeza y la impotencia se adueñó del bosque. Todos los árboles habían sido talados. Las ardillas no podrían subir a los arboles a por alimento, los pájaros habían perdido sus nidos, no tendrían sombra en verano…. ¡Era horrible!  ¡El más espantoso de los sucesos!.

¿Pero quién?, ¿por qué?, ¿para qué? …..

Todos se hacían preguntas entre sollozos, pero fue Rino el zorro más valiente del bosque quien decidió buscar respuestas.

Formó un grupo de animales fuertes y rápidos dispuestos a seguir las pistas que les llevasen hasta los que habían destrozado el bosque. Juntos olfatearon el rastro de todos los objetos que se habían dejado en la zona del desastre.

Anduvieron durante horas pero finalmente llegaron hasta ellos. El piar de el pequeño Coti, un alegre canario que se había quedado en su nido, les terminó de dar la última pista.

Allí estaban, unos hombres con grúas y un montón de herramientas. Los animales observaron muy tristes cómo montaban los troncos de sus amigos los árboles en una camioneta. Oyeron cómo iban dispuestos a vendérselos a un hombre que fabricaba muebles en su casa.

Ilustración de Ana Carmen Kummerow

Los animales no podían dejar que aquellos hombres se salieran con la suya y ganaran dinero sucio.

Se unieron formando un gran círculo que los dejó en el centro. Aullaron, piaron y ladraron durante un largo tiempo hasta llamar la atención de todos los habitantes del pueblo más cercano.

Estos no tardaron en llegar y ver lo que estaba pasando. Se enfadaron muchísimo porque les habían destrozado su bonito bosque  que ellos tanto cuidaban.

Los echaron de allí esperando no volverlos a ver nunca más.

Aquel año la bienvenida de la primavera no fue feliz, pero entre todos se encargaron de que nunca jamás ese crimen volviera a ocurrir en sus bosques.

Fin

Raquel Bonilla Santander

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