CSI

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Corrector/a: 

Género: Ficción

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de Paloma Muñoz. La ilustración es propiedad de José Vicente Santamaría. Quedan reservados todos los derechos de autor.

 CSI.

Luna Wald había dejado el servicio activo como comandante de naves interestelares y había regresado a la Tierra a vivir la buena vida que le ofrecía una propuesta surgida de los altos jefazos del CSI, o sea, el Cosmology Scientific Institute como consejera adjunta del staff del Instituto en cuestión.
Luna había aparcado su nave Astrea y se había llevado a su querido robot, Rusty 7464, a vivir cona ella.
Había tomado una sabia decisión.
Después de la trepidante aventura con la que alcanzó una fama cosmológica y sideral (nunca mejor dicho) decidió cambiar de aires, cambiar de vida, y tomarse un descanso bien merecido.
El descanso se prolongó y Luna tuvo una interesante y productiva charla con su jefe, el general McConanghey, de nombre Avitzedek, tan sencillo y fácil de pronunciar como el apellido.
En la charla estaba también presente –entre otros– el doctor Armstrong, director científico de la última misión de Luna.
Llegaron a un acuerdo y Luna sería relevada de su responsabilidad como comandante y entraría a formar parte del equipo del CSI.
El Instituto se hallaba en un imponente edificio acristalado de forma circular de 101 plantas desde el que se dominaba todo el skyline de Megalópolis.

Ilustración de José Vicente Santamaría

En su despacho amplio y espacioso, Rusty se afanaba por ordenar unos volúmenes muy preciados para Luna.
Formaban parte de su equipaje profesional y sentimental.
Eran las incidencias de su viaje a Nibiru.
Todo lo acontecido. Y como regalo especial para ella y para el robot Rusty, los responsables de la misión habían decidido crear en papel la aventura espacial que había finalizado con éxito al rescatar a los comandantes Carter y Popovich.
Hay que decir que Luna y Carter habían vivido una corta pero apasionada relación y que eso había puesto muy celoso a Rusty.
No tragaba al comandante Carter ni en pintura.
Siempre le había caído fatal.
A Luna le daba mucho la lata, y no porque el pobre Rusty pareciera un bote de espinacas, sino porque le decía que Carter era un capullo narcisista y soplagaitas.
Al final rompieron su relación y cada uno por su lado, lo que alegró mucho a Rusty.
Pero Rusty no era tonto. Sabía que más tarde o más temprano encontraría a un hombre digno de ella y él se quedaría para servirles el té y anunciarles las visitas.
A Luna le encantaba una vieja, viejísima serie de televisión; una antigualla que precisamente se llamaba   CSI como el instituto para el que trabajaba.
En concreto, le molaba mucho el jefe de los investigadores del Laboratorio Criminalístico, un tal Gil Grissom que, según Rusty, andaba arrastrando las piernas, que encima tenía arqueadas.
El caso era dar por saco con los hombres que le interesaban a Luna.
En una pantalla reluciente, Luna disfrutaba de uno de sus episodios favoritos de la serie CSI.
En ese episodio, Grissom tenía su primer encuentro con lady Heather, una exuberante y misteriosa mujer que regenta un club de sadomaso.
A Luna siempre le había gustado mucho más Lady Heather que la desgarbada Sara Siddel.
Enseguida hubo química entre ambos, y eso le encantaba a Luna porque en el capítulo titulado: ‘Esclavas de Las Vegas’, Grissom y lady Heather se miraban de una forma muy especial.
― Siempre pensé que el Grissom y la Lady Heather se enrollarían a tope en la serie.
― Yo también. Menudo morbazo que tiene la señora esa con el top negro y esa cara de vicio…
Rusty colocó la taza de café de Luna sobre la mesita.
― ¡Qué mal me sentó que volviera con la dentona de la Siddel! Exclamó Luna, sorbiendo un poco del delicioso café que le había preparado Rusty.
― A mí también, la verdad. El Grissom me decepcionó mucho. No solo me decepcionó, es que pensé en ese momento que era un gilipollas.
― Fíjate, Rusty, que entre los dos podrían haber terminado con muchos crímenes imperfectos ¿no crees?
― ¿Por qué crímenes imperfectos?
― Pues porque crimen perfecto no hay ninguno.
― Yo sí que podría cometer un crimen perfecto.
Luna miró a Rusty con los ojos muy abiertos.
― ¿Tú? ¿Y cómo?
― Bueno, no voy a entrar en detalles, pero me cargaría perfectamente a la ‹‹pataslargas›› de la Siddel. Hay muchas maneras de cometer un crimen perfecto, aunque sea  con técnicas imperfectas.
― ¿Y por qué no un crimen imperfecto con técnicas perfectas?
― Porque entonces no sería un crimen perfecto.
Rusty parecía estar un poco impaciente por acabar la conversación ya que estaba loco por ver aparecer en la pantalla a Lady Heather.
― ¿Y no vas a hablarme de algunas de esas técnicas perfectas?
― No. Ahora vamos a ver a lady Heather y al Grissom, que echan chispas en la pantalla.
Luna tomó el mando, paró la imagen, se levantó y encendió unas velas.
― Es para dar más ambiente.
― Justo lo que yo estaba pensando. Seguro que te gustaría ver el episodio con un tipo como el Grissom.
― ¿Y a ti no te gustaría verlo con alguien como lady Heather?
― Oye, no vamos a empezar otra vez. ¡Mira, mira, cómo baja las escaleras para abrir la puerta! ¡Qué pedazo de tía!
Lady Heather, de negro, le echa un vistazo a Gil Grissom.
La atmósfera se transforma.

Nota de la autora:
Los principales personajes de esta historia, Luna Wald y el Robot Rusty 7464, aparecen en el relato Huida de Nibiru de la 10 convocatoria de Surcando Ediciona.

Paloma Muñoz
23 enero 2017

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