Maldita la suerte

Autor@: 

Ilustrador@: David Aguilar Parque

Corrector@: Mariola Díaz-Cano Arévalo

Género: Microrrelato

Rating: + 14

Este relato es propiedad de Vicente mateo Serra. La ilustración es propiedad de David Aguilar Parque. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Maldita la suerte.

Si por él fuera hubiera querido seguir tranquilo, con los suyos, a su aire, pisando hierba y no pisando arena y mucho menos sangrando, y no invitado forzoso a aquella fiesta que no va con él. De ahí su sorpresa y desconcierto por ver que sangra, o le hacen sangrar, por verse herido en cualquier caso. Por verse preso y condenado en aquel recinto sucio de charcos que manchan de su sangre el suelo, acosado por los cientos de miradas del tendido, clavadas o tendidas sobre él, igual que los dos pares de palitroques sobre su lomo, ejecutados en una suerte de suertes, de mala suerte más bien, o más mal, que sirven para reanimarle sin restarle fuerza y que llaman banderillas, o avivadores, pero que paradójicamente le acercan a la muerte.

Ilustración de David Aguilar

El dolor en sus vértebras no augura nada bueno y sus oponentes, que no son uno sino varios, a pie o a lomos de un caballo, van armados y lo lastiman. El primero es de los últimos: un picador que porta vara larga rematada en una puya que clava con ahínco sobre la cervical de Virtuoso, que le destroza los músculos e impide que pueda alzar la cabeza. Humillación, según los matadores. Pero los puyazos son excesivos y profundos, y también alcanzan los pulmones y los perforan. Virtuoso se desangra por fuera y por dentro. Y se ahoga.

Y es entonces cuando el matador principal, vestido estrafalariamente, al que llaman diestro por su destreza en su arte pese a ser un arte ejecutado de forma siniestra, se presenta ante la mirada del animal sabiendo que cometer un error le costará un serio disgusto. Peor suerte correrá Virtuoso. Todavía no lo sabe aunque lo intuye. Aun así, el matador se muestra soberbio, con aires de grandeza y prepotencia. Retando la mirada del animal coge distancia y ayudándose del capote templa los nervios templando la embestida del toro. Se confunden los rojos: la sangre y la tela. Al matador sólo le queda culminar su crimen imperfecto: arma el brazo con el estoque en prolongación y espera a que arranque el toro. Virtuoso comienza la carrera que le resta tiempo y cuando está a la altura de su matador, este ejecuta un quiebro de muleta que engaña y burla a Virtuoso por última vez al tiempo que le clava el estoque en lo alto y penetra hasta el fondo.

Y ahora Virtuoso ya no lo intuye, lo vive, vive que se le va la vida.

Vicente Mateo Serra

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