La otra reina roja

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Género: Fantasía

Rating: – 18

Este relato es propiedad de Rosy Martínez. La ilustración es propiedad de Luz Beloso. Quedan reservados todos los derechos de autor.

La otra reina roja.

Ilustración de Luz Beloso

Somos ocho hermanos, pero de todos nosotros la más conocida es nuestra hermana mayor, Lisia.

Ella consiguió proclamarse reina de Garden sin encontrar casi resistencia, pese a que el reino debía dividirse entre los ocho, convirtiéndonos en cuatro reinos bien liderados, aliados y sin fronteras. Gobernando un rey y una reina cada reino.

Pero a ella la parte Este le parecía el reino menor y decidió que no era suficiente. Nuestros padres no consiguieron hacerla comprender que su percepción era equivocada. El reino había sido dividido hacía milenios de forma que todos tuvieran la misma porción de tierra y de fieles súbditos, consiguiendo así un buen equilibrio y prosperidad para Garden.

Sin embargo, Lisia no atendió a razones y arrasó los tres ejércitos restantes, los cuales cayeron sin mucho esfuerzo debido a que no contaban con el entrenamiento debido. ¿Quién imaginaría que uno de nosotros haría semejante locura?

De todo esto han pasado casi mil años y el resto de nosotros hemos aprendido por ello, y pese a todo el calvario que hemos pasado hasta ahora, nos hemos aliado con bandidos de tierra y mar dispuestos a recuperar la prosperidad de nuestras tierras.

Lisia jamás pensó que nos uniríamos contra ella, pues siempre creyó que éramos unos buenazos sin ambición ni criterio. No obstante, había llegado el momento de demostrarle su futura realidad.

Me miré al espejo y me sorprendí a mí misma con lo que vi. Jamás pensé en utilizar este color. Después de todo, siempre había sido el favorito de Lisia y yo con el blanco no me encontraba incómoda. Sin embargo, ella nos había orillado a buscar en nuestro interior la garra necesaria para luchar.

Lo que me convenció de la necesidad de un cambio fue su última acción, una que jamás creí que fuese capaz de llevar a cabo.

Rio con furia contenida. Si no hubiese sido tan ilusa, mi hermano y compañero de trono, Helián, seguiría con vida, pero Lisia no tuvo compasión ni de su hermano más pequeño, algo que yo jamás le perdonaría.

Ella portaba el color porque le gustaba, yo lo portaría por las razones que ella me había brindado para pelear.

La ira y el deseo de venganza me habían convertido en lo que ahora reflejaba el espejo ante mí.

Una mujer con el cabello negro, recogido en una coleta, de ojos grises y semblante serio. Siempre había sido una mujer compresiva e incluso amable. Lisia me había convertido en todo lo contrario y ahora, vestida de arriba abajo con el color del fuego, le demostraría lo que su ambición había ocasionado en mí.

Mi cuerpo entero estaba protegido por una armadura roja elaborada con el material más preciado de Garden, el diamante rojo.

La forma de forjar la armadura de Cheril, nuestra hermana mediana, legítima reina del sur, no tenía nada que envidiar al mejor herrero de Lisia, incluso podía decirse que es la mejor en su arte, una suerte que Lisia jamás valoró por sus aptitudes, otro error que le costaría caro.

—Dián, las tropas de Lisia ya están en el lugar indicado.

Por la puerta de la tienda aparece uno de mis hermanos, el verdadero rey del Sur, Sergi. Él y Cheril aman construir cosas, por eso esta guerra no les gusta demasiado, pero saben que es necesaria.

Lo miro a través del espejo y descubro sus ojos azules fijos en mí:

—¿Estáis seguros de que deseáis luchar? — le pregunto una vez más, deseosa de poder salvar al resto de mis hermanos de lo que hoy pueda suceder en el campo de batalla.

—No permitiremos que mate a otra hermana nuestra. Además, el pueblo entero desea librarse de Lisia, ¿y no es el deber de un rey luchar por los intereses de su pueblo? —Sergi se encoge de hombros restándole importancia a sus palabras y agrega—: Si conseguimos restaurar el orden en Garden toda esta locura habrá valido la pena. —Cambiando su semblante a uno más serio e irguiéndose, mostrando así lo alto que realmente es, Sergi continua—: La muerte de Helián no habrá sido en vano, por el contrario, nuestro hermano será el símbolo de nuestra libertad.

—Debí apoyarlo desde el principio, no huir como lo hice. —Me recrimino por enésima vez.

Sergi se me acerca y coloca su mano enguantada en el hombro:

—Todos cometimos un error al no acompañarlo aquella tarde, pero el peor de todos lo cometimos cuando permitimos que Lisia hiciese lo que le daba la gana. Ese error lo enmendaremos hoy mismo, y aunque eso no traerá a Helián de regreso, sí que le reportaremos paz a su espíritu.

Llevo mi mano hasta la de Sergi y a través del espejo nos miramos uno al otro dándonos fuerzas para lo que se avecina.

—Andando entonces. —Suelto su agarre e invoco la ira que Lisia implantó en mí. Mis ojos grises brillan deseando demostrarle a Lisia que su reinado ha concluido.

Juntos salimos de la tienda y nos reunimos con el resto de nuestros hermanos. Sergi se coloca junto a Cheril, ambos vestidos de verde, representando al sur, con el trébol negro en su estandarte.

Mika y An, los legítimos reyes del Norte, vestidos de azul, con su estandarte en alto representando una pica negra, se adelantan mostrando su apoyo, y por último Sédric, el legítimo rey del Sur, compañero de Lisia y gemelo de esta, se coloca junto a mí.

—¿Estáis listos? —Todos asienten dándome a entender que no albergan ninguna duda sobre lo que pactamos la noche anterior—. Entonces es momento de restaurar el orden en Garden.

Juntos subimos a nuestras monturas y nos dirigimos a nuestros respectivos lugares. Mi compañero de batalla alza el vuelo y juntos, portando nuestro estandarte, que representa un diamante rojo, nos encaminamos al campo de batalla.

Allí, montada en su propia montura alada, Lisia me espera con una sonrisa de superioridad, sus ojos brillan con diversión y en su estandarte se encuentra un corazón rojo y hoy ha llegado el final de su reinado de terror.

La batalla da comienzo y provoca innumerables bajas y destrozos. Perdemos a varios súbditos en pos de la libertad. Busco a mis hermanos y los localizo en sus respectivas posiciones. Sé que todos estamos deseando que Lisia caiga en la trampa.

Escucho cómo mis hermanos la provocan y cómo poco a poco Lisia va respondiendo a esas provocaciones cada vez con menos control sobre sí misma y perdiendo de vista el resto de la ecuación.

En cuanto se coloca en el centro del círculo que todos nosotros hemos creado a lo largo de los años, lo sabemos, solo tendremos una oportunidad.

Miro uno a uno al resto de mis hermanos. Desconocen una parte del plan. Tuve mucho cuidado para que ninguno supiera de ello.

En cuanto todos se preparan para el ataque decisivo, yo dedico mi último pensamiento a Helián, sabiendo que si lo encuentro alguna vez me odiara por lo que voy a hacer.

En cuanto todos mis hermanos atacan a la vez, para impedir que Lisia pueda responder salto desde mi montura y caigo en la de ella, rápidamente la apreso y todos los hechizos nos alcanzan.

Lisia está tan sorprendida que no le da tiempo a responder. Las fuerzas de los hechizos nos separan y comenzamos a caer.

No puedo ver el rostro de mis hermanos, pero sé que es de absoluta sorpresa. Solo deseo que entre todos ellos protejan el reino de Garden, incluido el que a Helián y a mí nos hubiese tocado gobernar.

No siento el golpe de la caída, ni siquiera escucho lo que dicen a nuestro alrededor, pero cuando Sedric pone ante mí un trozo de papel con la imagen de Lisia grabada en él comprendo que ha funcionado.

Lisia ha quedado encerrada en su prisión eterna del mismo modo que yo. Ambas hemos quedado encerradas siendo unidas por un mismo color, el rojo.

Rosy Martínez

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