Calavera mexicana

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Género: Fantástico

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de Paloma Muñoz. La ilustración es propiedad de Beatriz Albir. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Calavera mexicana.

Ilustración de Beatriz Albir

Durante mi viaje a México, el primero que hice, estuve visitando un mercadillo artesanal muy concurrido y repleto de objetos fantásticos.

Me detuve frente a un puesto en el que se exhibían unas coloridas y llamativas calaveritas pintadas y decoradas con flores. La chica que vendía las calaveritas era una joven muy agradable que me explicó el proceso de creación de esos objetos tan llamativos y fascinantes.

La calaverita que elegí estaba  adornada con una diadema de flores rosas y  de parte de su esqueleto, de las dos clavículas, salían dos hojas de color verde.

Confieso que me llamó mucho la atención este detalle porque las calaveras sólo se presentan decoradas y adornadas y sin ninguna parte del esqueleto como  las vértebras cervicales o las clavículas, como era este caso.

La chica me dijo que era una pieza única en el puesto y, probablemente, en el mercadillo, así que la compré muy ilusionada porque me llevaba algo especial.

Antes de despedirme, la vendedora me contó la historia de esa pieza.

Por lo visto, se trataba de un trabajo muy poco realizado por los artesanos.

La historia de esa calavera tenía relación con una leyenda en la que una joven princesa mexicana se había convertido en mariposa por una siniestra maldición y  sólo se había conservado su cráneo, parte de sus vértebras cervicales,  y las clavículas de las que habían brotado hojas y tallos con flores.

Pensé en el maleficio y en el extraña criatura que debió de ser aquella princesa.

La chica me contó que un príncipe, enamorado de la joven, había desobedecido a su padre, un importante cacique de una poderosa tribu fomentando un odio cerril entre las dos familias que se enfrentaron  como en la historia de Romeo y Julieta.

El príncipe al no poder consumar su amor con la bella joven pidió ayuda a Tlazelteotl, una diosa que tenía, entre otras atribuciones, la consecución de la consumación sexual y amorosa.

La diosa le pidió a cambio que se aparease con él. El príncipe accedió con un juramento de sangre. Pero las cosas se torcieron y, adivinando las intenciones de príncipe antes de que se uniera a la princesa, la diosa convirtió en mariposa a la chica y el príncipe se quedó sin su princesa.

El final de esta historia fue desolador.

Sin embargo, su romanticismo no dejó de llamarme poderosamente la atención.

Las historias muy románticas suelen acabar muy desastrosamente.

Y aquí finaliza mi relato.

Me llevé la calaverita a mi casa y la conservo con mucho cariño.

Después de todo, se trata de la calavera de una princesa mexicana.

Paloma Muñoz
Madrid, 27 agosto 2017

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