Nieve gris plata

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Género: Narración-relato

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de Conchita Ferrando de la Lama. La ilustración es propiedad de Paloma Muñoz. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Nieve gris plata.

Ilustración de Paloma Muñoz

Curiosos, asombrados, pero sobre todo llenos de alegría por lo que sus ojos están viendo, las sencillas gentes del pueblo se arremolinan fuera de sus casas.

Ante ellos la gran nevada de la noche anterior ha traído un adelanto en las fechas, pues solo es Octubre, y una buena noticia: Un reguero de líquido  y barro corriendo sobre la blanca nieve de la mañana brillando al sol en color gris plomo con destellos de plata.

Respiran aliviados porque aquello significa que se han salvado del inminente cierre de la antigua mina que les da trabajo, seguridad de futuro y sustento a todas sus familias.

¿Qué ha pasado? ¿ Cómo ha podido cambiar el panorama de preocupación y pesimismo durante una  noche de nevada?

¿De dónde proviene ese reguero que se desliza sobre el  blanco manto de la nieve?

Mientras tanto un coche zigzaguea por la carretera que bordea el pantano, encajada entre montes, mal asfaltada y llena de curvas, camino de la pequeña mina  situada en el valle de Alcudia, ante un paisaje idílico frente a las estribaciones de Sierra Morena y Sierra Madrona.

Entre unas suaves lomas cuajadas de encinas y almendros, el pueblo minero se ha volcado a la calle para celebrar lo ocurrido… casi con el susto de semanas anteriores en que toda la explotación vivió momentos de angustia  al comprobar los ingenieros y los técnicos la desaparición imprevista del “filón” de rico mineral de galena argentífera que ha dado fama y prosperidad a la mina “ El Angosto” desde tiempos inmemoriales..

Fenicios, romanos y otros pueblos que por allí pasaron habían extraído durante siglos el mineral, rico en galena de plomo, útil para la guerra y la industria,  con una elevada “ley” de plata que hace rentable su explotación actualmente, a pesar de los altos costos de un laboreo muy tecnificado.

Era un filón estrecho y serpenteante, difícil de explotar, que siglo tras siglo había penetrado hacia las profundidades, pero continúa siendo la riqueza de aquel pueblito, pese haber tenido que cerrar varios pozos más antiguos salpicados por los cerros cercanos, que ahora se reciclan para usos de ventilación y de almacenajes.

“El Angosto”,  con la altiva torre de hierro negro del  pozo principal, junto al lavadero del mineral y las oficinas, centra ahora la actividad minera, y junto a su base se ha formado una montañita artificial de los desechos del estéril.

Habrá que retroceder solo unas horas para comprender como puede cambiar todo en tan breve tiempo….

Unas semanas antes , los ingenieros y lo  técnicos que llevaban la explotación se habían reunido para comunicar que el “filón” había desaparecido en uno de sus habituales quiebros de dirección y, si no aparecía pronto,  las pérdidas harían peligrar la continuidad de la mina y del pueblo al que daba trabajo.

Geólogos, investigadores y expertos pasaron por allí buscando soluciones, pero el filón seguía invisible.

El pueblo, tan blanco y alegre, se volvió sombrío. Pensaban que sin trabajo en la mina perderían su jornal, sus casitas blancas con  pequeños patios y tapias con enredaderas, su Escuela, su Casino, su Economato, su Cine, su Iglesia de piedra dedicada a la Virgen de las Minas…. No se hablaba de otra cosa en el pueblo.

Don Julio era el Ingeniero de Explotación y llevaba allí unos años. Era joven pero con conocimientos muy avanzados de técnicas mineras, y no se daba por vencido con esa desaparición. Bajaba constantemente al frente de extracción en el pozo principal, a 470 metros de profundidad, equipado con todo el material necesario para estar allí horas buscando… Casi no veía el cielo y no se fijada en nada del exterior.

La gran nevada comenzó de madrugada de modo inesperado, pues no eran todavía fechas de nieve.

-“ Mira Julio, que bonito está el campo con la nieve. Hay muchas rosas todavía en el jardín, que asoman, rojas o salmón, bajo sus gorritas blancas de nieve.  El cerro que tenemos delante, lleno de encinas,  parece un tapete blanco con manchas verdes y marrones. Es como una gran paleta de pintor, hasta el pie de la sierra Madrona, con todos sus picos blancos.”

Lorena hablaba entusiasmada con su marido sin darse cuenta de que él apenas la escuchaba.

-“Lorena, cariño, tengo que volver a la mina y no podré acompañarte a la visita médica que teníamos programada hoy en la ciudad para la revisión de tu embarazo. Ya sabes el problema que tenemos con el filón,  y yo me voy ahora mismo. Te mandaré un coche con el chofer de servicio para que te lleve y te traiga. Siento muchísimo no poder acompañarte, pero….. Ve tranquila que Santos es un buen chofer y aunque haya algo de nieve en la carretera irá muy prudente.  Como tú dirías, hoy tenemos un paisaje blanco lleno de pinceladas de colores como la paleta de un pintor”.

Cuando bajaron los mineros del relevo de las 8, los 2 peritos del turno iban preocupados por el ingeniero, que llevaba días y días sin parar ni descansar probando de un sitio a otro con su martillo minero, para localizar el filón desaparecido.

La “jaula” les dejó en la galería principal, que se ramificaba en otras secundarias y allí se fueron separando con los grupos de trabajo.

Una voz les alertó desde una de las galerías secundarias un poco apartada. Era don Julio que les llamaba.

Estaba agotado pero exultante de alegría, con su martillo en la mano con el que había marcado una de las paredes con unos golpes que sacaron a la luz el brillante mineral de plomo que indicaba la presencia del filón. Todos le felicitaron con entusiasmo, y ya volvían hacia la galería principal  cuando un ruido les hizo parar.

-“Alberto, Juan, avisen a los tres que han entrado en esta galería con ustedes que se reúnan aquí enseguida. Está entrando agua y el nivel sube cortándonos el paso hacia la galería principal. Hay que salir de aquí cuanto antes. Vamos a intentar subir por unas escaleras entre dos cortes para que el agua no nos atrape. Alberto, usted delante conmigo, que conoce bien las zonas más antiguas. Juan, hágase cargo de que los tres mineros sigan nuestros pasos y ponga detrás al “montañero” para cerrar la marcha. No se preocupen que vamos a salir. Iremos por una larga galería que comunica bajo tierra con el Pozo 4, el del cerro del Almendro, que es ahora el de ventilación. Iremos a contra marcha, pero no nos atrapará la subida del agua.”

El conocimiento que tenían, tanto el ingeniero como los peritos, dio confianza al grupo para adentrarse por un desvío que no se solía utilizar, que iba a parar al pozo de ventilación. Las luces de sus cascos les iluminaban el camino para no resbalar ni caer en alguna poza que pudiese haber. El agua seguía subiendo, a pesar de que habían subido al nivel lateral, y el suelo no se veía bajo el líquido oscuro y helado. Al menos se respiraba bien al  avanzar por el tortuoso camino. Los mineros más jóvenes precedidos por Juan, uno de los peritos, no perdían de vista dónde pisaban don Julio y Alberto, el otro perito, y la confianza en ellos evitaba que se angustiasen demasiado.

Llegaron a una encrucijada, sin que dejase de subir el agua, empapados y ateridos de frío.

Don Julio mandó parar y les explicó la situación. Les quedaba por delante un trozo malo, fuera de servicio, y había que tantear el suelo antes de avanzar porque no sabía lo que podían encontrar, pero llegarían al pozo de ventilación y ya en él podrían salir al exterior. Solo la confianza y el buen hacer les podía ayudar.

-“¿Alguno de ustedes lleva unos cigarrillos?”

— “Si, don Julio, Pedro suele llevar, y seguro que no se han mojado”

Don Julio repartió los cigarrillos con gesto tranquilo y les animó a fumarlos para darse ánimos antes de emprender la última fase del camino que era bastante complicada. Se tendieron las manos unos a otros para desearse suerte.

No pudo evitar recordar a su joven esposa, tan ilusionada cogiendo las rosas rojas en el jardín esa mañana , con la nieve formando mantos sobre ellas. Seguramente ya estaría volviendo en el coche, con el chofer, por la carretera del pantano, feliz con la ilusión de su primer hijo.

Cogió fuerza e inició la marcha delante del grupo, con esfuerzo y cansancio pero con seguridad.  Una bocanada fuerte de aire les anunció la cercanía de la salida y respiraron a pleno pulmón el vientecillo puro y helado….

¡ En qué poco tiempo puede cambiar la vida entera ¡….

Ya son las 3 de la tarde. El pueblo entero se ha enterado de que don Julio, el ingeniero, ha encontrado el filón, y que han logrado salir con bien los cinco atrapados por el agua en una galería.

Hay un reguero sobre la nieve que baja cargado del plomo con plata que les espera en el fondo de la mina. El sol hace destellar como hilos finos la plata mezclada con el gris del plomo.

Sin tener ni idea de lo que han pasado allí abajo, las familias abrazan a los que han salido y les ofrecen mantas para combatir el frio que les cala.

Don Julio llega a su casa empapado, sucio de barro de plomo,  pero contento. Antes de entrar, corta un par de rosas rojas del jardín y, con nieve y todo, se las entrega a Lorena, que acaba de llegar y le anuncia que será un niño….

La vida vuelve a ser una paleta de colores sobre la blanca nieve… aunque podría haber sido un rio gris oscuro y embarrado que hubiese arrastrado a los cinco atrapados en la galería de la  mina….

Conchita Ferrando de la Lama

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