32ª Convocatoria: Mujeres

Mujeres.

Ilustración de Ana Carmen Kummerow

Al principio de los tiempos fui venerada como una diosa. Mis pechos caídos, mi vientre abultado y mi capacidad de dar la vida me hicieron poderosa y admirada a ojos de los hombres. Durante siglos permanecí en el panteón de los dioses y fui musa e inspiración de poetas, artistas y cazadores, y se me otorgó el poder de ser la dueña de la noche y la luna. Pero la noche inspira miedo y empecé a ser temida por aquellos que me enaltecían. La oscuridad se convirtió en un símbolo del diablo y la luz en el símbolo divino de un dios masculino que condenaba mi sabiduría ancestral. Fui recelada y señalada con el dedo. El recelo se tornó obsesión y fui perseguida y acusada de bruja por matasanos ignorantes que no entendían mis conocimientos. Me arrestaron bajo el mandato de un dios misógino que permitió que me torturaran y condenaran a morir quemada viva y ahogada. Fueron tiempos oscuros aquellos, que tuvieron un amanecer humanista en el que, bajo los auspicios de la ciencia, fui relegada a un discreto segundo plano, menoscabada y subestimada. Pasé a ser una propiedad, un bien con el que comerciar, una moneda de cambio entre un padre a un esposo concertado, mientras el mundo avanzaba y se industrializaba. No tuve ni voz ni voto. A nadie le importó mi opinión, y tuve que morir para que mis quejas fueran escuchadas. Me llamaron sufragista como palabra peyorativa, aunque yo la llevé con dignidad y agrado. Luego vinieron tiempos modernos que olían a libertad y fui tolerada con resignación, como un mal necesario, pero profundamente desdeñada e ignorada. Los historiadores se esforzaron en borrar mis huellas, en esconder mis logros, mis avances científicos, mis obras literarias. Cuando decidí pisar tan fuerte que dejé una impronta ineludible, me cosificaron y clasificaron como elemento decorativo. Me  convertí en musa de modistos y sex symbol, con la belleza como mi mejor mérito y mi única aliada. Fui tratada de comparsa, de florero, de animadora, de entregadora de premios, de eterna acompañante. Siempre sonriente y preciosa. Siempre con los labios sellados. Porque cuando abrí la boca el mundo me miró con cara de asco mientras me llamaba feminista. Mi valor como persona desde entonces ha consistido en ser hija de, madre de, esposa de, hermana de… como si mi ser fuera la extensión o el aplique de otra persona, siempre más importante que yo. Y he sido manipulada, física y mentalmente, no digamos ya sentimentalmente. Se me ha dicho que debo casarme y tener hijos, porque se supone que yo sola, por mí misma, no puedo sentirme realizada. Y a pesar de todo, me he abierto paso en un mundo laboral de hombres mientras me dicen cómo tengo que ser, qué aspecto debo tener, cómo tengo que actuar, cómo debería pensar, cómo se supone que tengo que sentir y, por supuesto, cómo he de vivir, qué aspiraciones debo tener, y con qué me debo conformar. Me han tenido tan ocupada con todos esos requisitos que ni siquiera he tenido tiempo para ver cómo mis compañeros, muchas veces menos cualificados, son promocionados y ascendidos en sus carreras mientras que yo nunca prospero. Como resultado me he estancado. Me he vuelto indecisa, sumisa y obediente, reflejando sus propios deseos de verme sometida y calificada como sexo débil. Hasta ahora. Hoy me he dado cuenta de que todavía nadie me ha preguntado qué es lo que yo quiero y cuando me he atrevido a explicarlo sin pedir permiso me han llamado feminazi. No importa. He cargado con orgullo con todos y cada uno de los nombres que me han impuesto sobre las espaldas desde que el mundo es mundo; el peso de uno más no me doblegará. Y aunque algunos oídos todavía no están preparados para lo que está por venir, yo les he gritado que basta.

Hoy me he lanzado a la calle para hacer oír mi voz de mujer, y decirle alto y fuerte a todos los hombres de este mundo: “Llamadme como queráis, pero ya no sois mis dueños. Hoy no tenéis ningún derecho sobre mí. Mi vida, mi mente y mi cuerpo son solamente míos y voy a hacer con ellos lo que a mí me dé la gana”.

Olga Besolí
Mayo 2018

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Comments
2 Responses to “32ª Convocatoria: Mujeres”
  1. olgabesoli dice:

    Muchas gracias, Ana, por esa magnífica e inquietante ilustración.

  2. Paloma Muñoz dice:

    Maravilloso relato. Hacia tiempo que no leía algo tan certero, tan verdadero y tan sublime.

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