¿Puedes hacerlo tú?

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Género: Relato

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de Conchita Ferrando. La ilustración es propiedad de Rafa Mir. Quedan reservados todos los derechos de autor.

¿Puedes hacerlo tú?

Esto no es un relato de mujeres, sino un relato donde hay mujeres y para todo tipo de lectores.

Nunca me gustaron los “apartados”, ni de mujeres, ni de hombres, ni de nada… Para mí el mundo es variado y ese es su principal atractivo.

Seas quien seas, SI SUEÑAS, SE PUEDE CUMPLIR.

Esta historia va de subir escaloncito por escaloncito, sin pretender metas inalcanzables, de una ilusión que un grupo de amigas, con formación, cultura y mucha decisión, pusieron un día sobre la mesa, sin saber muy bien dónde llegarían o dónde se quedarían: publicar una revista, de ámbito local, en la zona donde vivían. Algo inalcanzable en teoría, sin mecenas, sin apoyos de instituciones, sin una financiación segura. Todo un reto, pero sin dramas si no lo conseguían. ¡Tranquilas! ¡Un intento es bueno y si no sale a la primera, ya se verá!

No tenían ni local como sede de sus reuniones para armar el proyecto, pero se las arreglaron para que les prestasen un despacho en una Caja de Ahorros mientras se organizaban.

Iban contra reloj, pero con una energía enorme.

Lo primero fue crear las secciones básicas:  Arte, Actualidad, Cultura, Literaria, Anécdotas, Historia y Cocina Internacional. Todas a medida de cada una de las organizadoras y creadoras, en las que eran expertas de algún modo.

Diseño de una bonita portada, a cargo de una de ellas que era pintora con exposiciones.

Un nombre sonoro y de amplio espectro.

Una imprenta de amigos que maquetaba, ponía papel cuché y los pagos con facilidades.

Todo listo y… ¡A escribir!

Todo era actividad desbordante en aquellas reuniones en el despacho prestado, que daba una enorme impresión de “profesionales importantes”.

La primera revista iba a salir con muy pocas páginas porque no había para más. Los acuerdos se hacían como pactos entre todas y, a pesar de algunos contrastes de pareceres, siempre íbamos avanzando “en grupo”.

Mi página sería la dedicada a Literatura: comentario de libros, anécdotas sobre escritores, fotos, algunas poesías de las que yo escribía y, si tenía material para apoyar las secciones de mis compañeras, se los pasaría.

Ya estaba la portada y era una preciosidad. Aquello crecía y nos empujaba a todas.

De repente, en una de las reuniones, cuando ya estaba cerca el plazo de lanzar la primera revista, alguien sugirió la conveniencia de poner una entrevista a alguien conocido de aquella zona para darle más atractivo.

A todas nos encantó esa idea, pero la mayoría no se atrevían, o no tenían muchos contactos, o no tenían tanto empuje y tanto tiempo para dedicarle, ya que eso lleva muchos enlaces, llamadas, etc. Y se me quedaron mirando ante mi horror.

—¡Podrías hacerlo tú! Todas te ayudaremos para los contactos, buscaremos información, amistades, familiares, lo que sea. Lo lograremos y la entrevista la harás tú, que dominas muy bien la comunicación con la gente.

Dicho y hecho. Ese día salí nombrada para hacer entrevistas.

Nuestras amistades comunes nos sugirieron nada menos que la visita de la directora de la revista Telva, que vendría a nuestra ciudad a un evento.

Había que lograr llegar hasta ella y una buena amiga hizo de intermediaria, llevándole  la pequeña presentación del proyecto que redacté: una Revista hecha por un grupo de mujeres-amigas que fuese muy atractiva a todo el mundo sin casi medios para publicarla: UN RETO.

Siempre he agradecido la generosidad de Covadonga O’Shea que aceptó que la entrevistase, con fotos y todo, y que me ayudó a encontrar los titulares de más impacto.

Y salió nuestra primera revista, con poquitas páginas, pero muy bien presentada y con una distribución a cargo de otras amigas que tenían modo de llevarlas a muchísima gente de la zona. Una ilusión que ya era realidad puesta en marcha.

Mi sección de entrevistas se llamó GENIO Y FIGURA, en recuerdo al refrán español.

Llegó a manos del Papa, a quien se la presentó Covadonga O’Shea en el avión en que viajaba como directora de Telva acompañando el viaje papal. ¡Ya habíamos saltado fronteras desde el número uno de publicación!

Ilustración de Rafa Mir

Había que seguir con los escaloncitos, y ahora con una seguridad enorme en nuestro proyecto. Nuevas reuniones en aquel despacho prestado, incluso con felicitaciones de la Caja de Ahorros que nos lo facilitó. Y ahora con el propósito de aumentar alguna página, más fotos y ampliación de todos los temas.

Mi obsesión cada día era buscar a quién entrevistar, con mayor tirón si era posible, para la siguiente revista que era mensual. El teléfono de casa echaba humo. Comprendo que abusaba descaradamente de mis amistades, familiares e incluso inventaba modos de llegar a alguien interesante casi al asalto.

Y así fue.  Casi al asalto telefónico pude contactar con una gran persona, mujer culta, importante periodista y autora de una serie de televisión, que era Natalia Figueroa. ¡Sí, la famosa periodista que hizo los guiones de la serie Si las piedras hablasen!

No nos conocíamos de nada, pero mi explicación por teléfono del proyecto de nuestra recién nacida revista le gustó y accedió a que la entrevistase. Aquello fue para mí como entrar al Paraíso. Grabé la conversación durante una hora, y ella fue encantadora. Al final, cuando le di las gracias, me dijo algo: “Yo le agradezco a usted que me haya hecho una entrevista muy completa SIN preguntarme en ningún momento por Raphael, mi marido. Eso ha sido lo mejor”.

Aquel número dos de nuestra querida revista nos puso ya en circulación con un éxito que nunca imaginamos. La radio nos llamó para entrevistarnos, la gente por la calle me preguntaba por Natalia y por Covadonga. Todo el mundo quería tener nuestra revista. Y no sabíamos cómo atender tanta demanda porque no teníamos distribuidor.

Para la siguiente entrevista logré contactar con el Cronista Oficial de la ciudad, gracias a que era compañero de uno de mis tíos, y me dio un material interesantísimo sobre dichos y habla de la zona, costumbres curiosas, tradiciones, y además cintas magnetofónicas con publicaciones suyas que podría usar en las secciones de Local.

Aquello gustó mucho. La radio se hizo eco de aquella entrevista con el Cronista, que era muy valorado allí.

La gente ya nos conocía y había demanda de revistas que no lograba cubrir la tirada de la imprenta amiga.

Esa misma semana recibimos una llamada de una empresa de publicidad, que nos ofrecía hacerse cargo de todos los gastos de edición y distribución, y la ampliación a más páginas, si aceptábamos que ellos pusieran algunos anuncios en la revista.

Lo sopesamos bien, con la seguridad de que podría ser algo estupendo, y aceptamos con la única condición de que supervisaríamos los anuncios, por si alguno no lo considerásemos adecuado. Y aceptamos.

Así, pasito a pasito, avanzábamos y llegábamos más lejos. Ahora teníamos ya presupuesto, ¡dinero!, y los medios nos hacían caso, relativamente, pero sobre todo, teníamos un distribuidor que no nos cobraba nada y llevaba nuestra revista a todos sus clientes.

Era tiempo de Navidad, así que incluimos una sección especial con trabajos sobre la Navidad, de todo tipo, con muchas fotos, incluso con ideas que nos daban a pie de calle, como el concurso de Belenes, cuyo ganador fotografié para sacarlo en primer plano y que estaba hecho todo con herramientas vestidas con chapa metálica. Muy original.

El Destino iba a nuestro favor, y otro imposible se puso ante nuestra vista: el nombramiento de la primera mujer Académica de la Lengua de España. Carmen Conde, nacida en la ciudad donde nosotras estábamos, aunque lejana en distancia, ya que vivía en Madrid. ¡Aquello sería más que difícil! Pero nada nos parecía imposible. Movimos cielo y tierra para acceder a ella, que tenía fama de un carácter terrible y estaba tan solicitada, pero el Destino quiso que tuviese un evento importante cerca, y sin tener cita previa, casi a puerta gayola, me presenté en su hotel con el único mérito de venir de su tierra con un proyecto humilde, hecho por mujeres, para poder llevar a nuestra revista sus opiniones sobre su tierra y algunas preguntas. Di en el blanco porque me recibió esa tarde en el hotel, en exclusiva, y grabé más de hora y media de conversación agradabilísima con aquella gran escritora. Me contó anécdotas de su infancia, sus preferencias navideñas, sus miedos, sus salidas de su tierra, sus recuerdos más preciados… Mujeres en comunicación que llegaría muy lejos.

De esa conversación salieron tres entrevistas que llevé a los tres periódicos más importantes de la zona, con fotos regaladas por la propia Carmen Conde, y la más entrañable fue para nuestra revista.

Esa fue la guinda del pastel de nuestra querida revista. Los directores de los periódicos de la zona ya me conocían. Sabían que éramos capaces de muchas cosas y de gustar a muchos lectores.

Nueva ampliación con nuevas secciones, una de las cuales también fue mía y la titulé  Cartagena de los mil nombres, con ocho capítulos que salían mensualmente, para lo que me documenté intensamente con la ayuda de muchos conocidos sobre historia antigua, arqueología y riquezas mineras de más de dos mil años de aquella zona.

Cada día sacaba más horas de las que tenía la jornada, pero con unas fuerzas que desconocía tener. Era la ilusión que se hacía real para todas nosotras.

De allí para adelante todo fue crecer, soñar, cumplir sueños y disfrutar.

¡Ojo! ¡Si sueñas, se puede cumplir!

Conchita Ferrando (Jaloque)

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Comments
3 Responses to “¿Puedes hacerlo tú?”
  1. Un precioso relato donde la autora nos transporta a un lugar en el tiempo, en donde uno no se da cuenta que está leyendo algo. Con incertidumbre e ilusión. Espero una segunda parte.

  2. Este relato esta inspirado en hechos reales. Mi agradecimiento a quienes lo hicieron posible hace años.

  3. Muchas gracias por tan acertada ilustración a Rafa Mir, un buen compañero.

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