Un cambio siempre viene bien

Autor@:  

Ilustrador@: 

Corrector@: 

Género: Relato Ficción

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de Paloma Muñoz. La ilustración es propiedad de José Vicente Santamaría. Quedan reservados todos los derechos de autor.

 

Un cambio siempre viene bien.

I

Luna Wald se había aficionado a escribir a ratos porque le relajaba. Su historial como consejera adjunta del C S I no podía ser más profesional y solvente.

Luna era una mujer práctica y trabajadora. Ya no pilotaba naves interestelares. Había dejado a Astrea a buen recaudo en un maravilloso museo de naves que habían logrado protagonizar grandes hazañas en el pasado y en el presente y que ─tal vez─ lograran volver a protagonizar algún episodio glorioso por esas galaxias ingentes y eternas en un futuro no muy lejano.

Así que aparcó los mandos de Astrea y tomó el teclado de su ordenador personal para escribir historias y publicarlas en las redes socioplanetarias a las que estaba adscrita.

Su robot, Rusty 7464, seguía con ella porque era imposible que pudiera vivir y servir como ayudante personal a alguien que no fuera Luna. Estaban hechos el uno para el otro. Era como un matrimonio avenido, muy bien avenido, y Rusty disfrutaba de cada momento con Luna. Ahora, en su nueva faceta de escritora por entregas interplanetaria, había descubierto que la joven heroína era una consumada contadora de historias y cuentos.

Tal es así, que ya había resultado finalista en un concurso novelístico de una humilde y poco conocida editorial de nombre Voxplanet.

Luna estaba muy mosqueada porque no había salido ganadora del certamen, pero Rusty estaba más cabreado todavía porque Luna había decidido dejar sus asuntos literarios en manos de una agente personal o literary coach que era muy eficiente.

Total, que el bueno de Rusty no soportaba a la literary coach porque la consideraba una grimosa y una patosa que se metía en todo y que aparecía cuando menos lo esperaba haciéndose la simpática y con una sonrisita babosa forzada a todas horas.

Luna había escrito unas palabras de agradecimiento en su página personal para todas aquellas personas que de una u otra forma habían colaborado en esta nueva faceta de  su vida.

Luna era realista. A pesar de la mala hostia que se le había puesto y ─sobre todo─ del careto que se le había quedado cuando el presentador del evento literario leyó el nombre del ganador procuró guardar la compostura y, junto con Rusty y la literary coach, sonrió a todo el mundo con la mejor de sus sonrisas aunque en el fondo estuviera ciscándose en los muertos más frescos de los miembros del jurado, del ganador y del presentador que era un poco gilipollas, todo hay que decirlo.

Rusty se dedicó a animarla.

Constantemente reforzaba el ego de Luna para que siguiera intentando ganar algún certamen literario.

La especialidad de la chica era la aventura. Normal.

Una aventurera como ella tenía que contar sus experiencias en aquellas lejanas galaxias en la que podía encontrar cualquier peligro acechante con formas indescriptiblemente lovecraftianas.

Una vez superada la decepción de haberse quedado a las puertas de la gloria, Luna se repuso y, cual Ave Fénix que renace de sus cenizas, se dispuso a escribir un relato que dejase alucinados a todos los gurús del mundillo literario y para ello contaba con la inestimable ayuda de su querido Rusty y de su literary coach que se aplicó al cien por cien en su cometido.

II

El motivo de inspiración para la nueva meganovela de Luna Wald era su relación con el comandante Carter, una relación corta pero intensa, muy intensa, que había marcado a Luna durante un tiempo. El título de la novela era “Luna y las estrellas”. Romántico.

Ilustración de José Vicente Santamaría

Cierto es que no había podido olvidar a Carter, pero era agua pasada aunque recordara los momentos íntimos que pasaron  juntos en los descansos de sus largas travesías intergalácticas.

Carter, al final, se había enrollado con una becaria de una importante fundación que colaboraba con el C S I, precisamente, la organización científica para la que trabajaba Luna.

Por supuesto que utilizó nombres ficticios  para el relato.

Así, el comandante Carter era el Capitán Gartner y Luna era Selene. Tal elección de nombres le hizo sonreír a Rusty.

No había que ser un Gil Grissom para saber la identidad verdadera de los personajes que estaban detrás de esos sonoros nombres.

Rusty le comentó a Luna que esa historia estaría ubicada en un apartado propio de novelas de amor. Luna lo confirmó, y la literary coach comenzó a hacer su labor de documentalista para cubrir los detalles de la historia.

Esta vez, Rusty, estaba seguro de que iba a ganar el próximo certamen literario porque cuando se trata de los propios sentimientos, nadie como el que escribe a cerca de su experiencia puede hacerlo mejor.

Luna le prometió a Rusty una sonora victoria en el certamen literario. Iba a por todas. No iba a arrugarse. Eso no arregla las cosas. Luna en acción.

Esta vez no pilotaba su nave Astrea, sino que llevaba los mandos de su ordenador personal e intransferible mientras daba rienda suelta a sus sentimientos y emociones.

Rusty le servía una tacita de café y la literary coach le contaba las últimas novedades editoriales, nombres de contacto y direcciones.

Las promesas se cumplen. Más tarde o más temprano lo sabremos.

 

Paloma Muñoz
Madrid, 17 de diciembre de 2018


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s