38ª convocatoria: El karma

El Karma.

Ilustración de Rafa Mir

El Karma.

El karma se mueve en dos direcciones. Si actuamos de forma virtuosa, la semilla que plantamos resultará en nuestra felicidad. Si actuamos de forma no virtuosa, sufriremos resultados.

 Sakyong Mipham Rinpoche

 

Dicen que todos estamos sujetos a la ley del karma, y que cosechamos en esta vida lo que sembramos en las anteriores, al igual que recogeremos en las futuras el fruto de lo que cultivamos en la presente.

Y me pregunto qué será de nuestro futuro si en vidas posteriores vamos a tener que tragar con las consecuencias de nuestro comportamiento actual.

¿Qué recogerá ese joven que a media mañana deambula absorto en su pantalla, que ni trabaja ni estudia, y cuya única ambición es llegar algún día a amasar dinero sin pegar palo al agua como hacen los influencers o los tronistas, pero que, como de momento va seco y su vieja es del puño cerrado, intenta chupar del wifi abierto del edificio del ayuntamiento?  ¿Y ese político que, maletín en mano, saluda a los transeúntes antes de entrar sonriente por el portalón del ayuntamiento a sabiendas de que en su próximo proyecto despilfarrará el dinero de los impuestos de la comunidad en una obra amañada de la que, por supuesto, cobrará una suculenta comisión? ¿Y esa señora que, tras cruzarse con el regidor de urbanismo, al que encuentra encantador porque la acaba de saludar, vuelve del mercado, carrito en mano, y se mete en el bar a jugarse a las tragaperras todo el dinero que ha escatimado de la compra, y que para encubrirlo pondrá a su marido en contra del frutero de toda la vida con la mentira flagrante de que es un usurero que pone los precios por las nubes? ¿Y el amo del bar en el que la mujer le pide cambio en monedas de un billete de cincuenta, que además de monedas lleva un tiempo cambiando el contenido de las botellas de las bebidas alcohólicas de marca por puro garrafón del que te destroza el estómago, alegando que los jóvenes que beben cubatas no se enteran, lo cual es cierto, y que la culpa es del ayuntamiento, que no deja margen de negocio con tanto impuesto, y de los clientes, que se pasan media mañana en el bar sin consumir nada más que un café, que casi no le reportan ningún beneficio? ¿Y de ese cliente que sentado solo ocupando una mesa de cuatro ni se inmuta ni se mueve cuando los que entran se quedan de pie por falta de mesas libres, o van a parar a la barra porque él está allí desde primera hora de la mañana, como todos los días, con su café, el único que tomará, trabajando en su ordenador aprovechando su conexión a la wifi del bar y que, además, se cree con derecho de tratar al barman como a un criado y de menospreciar con la mirada al pobre hombre que, de pie en la barra, pide su segundo tequila después de beberse el primero de un solo trago hace menos de un minuto? ¿Y de aquel cliente que sale del bar con dos tequilas de garrafón en su estómago, que ha disimulado no conocer de nada a la mujer de la tragaperras, y que esconde su alcoholismo y sus infidelidades en horario laboral utilizando el tiempo de reparto a domicilio, alegando mucho tráfico y continuas demoras, mientras su esposa lo cubre en su puesto de frutas del mercado? ¿Y qué hay de esa chica, que está con medio cuerpo dentro del contenedor de ropa para los pobres que la ONG ha dispuesto en el mercado, con las risitas de sus amigas de comparsa, y que acaba de sacar de ahí unos vaqueros que se supone que son para los necesitados, por el puro placer de robar, cuando en casa tiene todo lo que necesita? ¿Y de los mandamases de la ONG que han dispuesto los puntos de recogida de ropa en los mercados aunque que saben que el único destino que les espera a estas ropas donadas es el de ser vendidas por kilos a las mafias que luego las distribuyen a los puestos del mercadillo que ofrecerán a los consumidores increíbles precios a dos y tres euros la pieza? ¿Y qué será del banquero, en cuya institución se ocultan y protegen las cuentas millonarias de varias ONG, muchas de ellas en paraísos fiscales, y que encima sabe que su banco cobra una buena comisión por cada ingreso monetario en forma de donativo para el tercer mundo, dinero que se supone destinado a salvar la vida de pobres niños hambrientos que nos hacen saltarlas lágrimas en los anuncios de televisión y que, por otro lado, no tiene ninguna consideración en embargar el pisito en el que vive una pobre familia que intenta sobrevivir? ¿Y qué será de esa madre de familia que intenta sobrevivir porque tiene un aviso de embargo del banco y no llega de ninguna forma a fin de mes, ni aun cobrando de manera fraudulenta la pensión de su padre, que en paz descanse, y que lleva fallecido más de cinco años, porque además tiene un hijo nini que mantener, que ni trabaja ni estudia pero que sí es dado a los gastos de peluquería, gimnasio y telefonía porque dice que ahí está su futuro, en convertirse en tronista o influencer y que el trabajo duro pero honrado es para los pringaos?

Olga Besolí
Agosto 2019

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