Bien por el karma, mi arma

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Género: Relato Ficción
Rating: Todos los públicos
Este relato es propiedad de Paloma Muñoz. La ilustración es propiedad de Rafa Mir. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Bien por el karma, mi arma.

El karma es esa energía que se crea por medio de los actos de las personas.

El karma nos puede jugar una mala pasada a todos.

Las personas que conocemos tienen  su propio karma.

Nosotros también lo tenemos.

Según el karma, las acciones que realizamos sean buenas o malas hacen efecto de bumerang. Y si hemos hecho cosas buenas obtendremos una justa recompensa y si hacemos cosas malas, pues sucederá lo mismo.

Esto le sucedió a Yago, un tipo muy pintoresco que defendía valores considerados tradicionales como las corridas de toros, la caza, la misa de los domingos, el aperitivo de media mañana, el partido de futbol de la Liga con los amigos, las capeas, las becerradas; fiestas populares de los pueblos como su expresión aclara.

A yago le molaba el salir detrás de un toro para tocarle los cojones constantemente y reírse como un poseso delante de sus colegas demostrando lo macho y  hombre que era.

Pero un día, Yago tuvo la mala suerte de tropezar con Cabreado, un toro con muy mala hostia como su nombre indica, que  le metió el pitón izquierdo en un lugar de su anatomía blando, pegajoso y caliente; caliente porque se había meado del supertembleque que le había entrado al ver al torito hacerle una faena sin capote ni estoque sólo con su pitón del catorce.

Yago estuvo en el hospital bastante tiempo.

Los médicos no daban un euro por su virilidad.

La novia de Yago, una chica con memos luces que una carbonera y con una querencia a parecer una furcia de polígono poligonero, estaba desolada.

No era para menos.

La Jessica como era llamada por su familia, novio,  amigos y vecinos estaba desesperada porque su Yago era muy macho, muy hombre y ahora, el cabrón del toro había dejado a Yago para el arrastre y casi a puntito para el descabello.

Después de una cirugía fina, Yago pudo orinar sin necesidad de pajita. Hombre, algo era algo y los colegas de Yago y la Jessica animaban a la pareja porque por lo menos podía mear.

Pero de lo otro, nada de nada. Bueno, podía colocarse una prótesis que costaba un ojo de la cara. Pero no era muy buena idea porque, por lo visto, podía sufrir efectos secundarios.

A Yago eso no le importaba porque incluso lisiado y medio capado podía seguir demostrando a su chica lo hombre que era.

La vanidad masculina, aunque provenga de un cabestro como Yago, no tiene límites.

Los colegas de Yago estaban consternados porque pensaron que lo mismo que le había ocurrido a él podía ocurrirles a ellos y se tocaban instintivamente los bajos como para protegerlos de elementos externos.

Las próximas fiestas del pueblo se preparaban.

Cabreado seguían vivo y Yago lo odiaba. Deseaba que le pasara todo lo peor del mundo.

Cabreado murió en una plaza de toros.

Después de un tiempo, más restablecido, Yago se fue a comer al campo con la Jessi y sus colegas.

Sirvieron un delicioso rabo de toro en la fonda donde pararon para almorzar.

Todos sabemos que el rabo de toro es una comida fuerte y más si va aderezada con salsas picantes y todo eso.

Ilustración de Rafa Mir

El caso es que Yago se puso malo, malo de la muerte porque tuvo una diarrea monumental como la plaza de toros de las Ventas, precisamente.

Rabo de toro, diarrea, mal rollo.

Los pensamientos volaron y se posaron en el pequeño cerebro de primate de Yago.

Le dio por pensar si el rabo de toro era de algún toro conocido.

Quiso saber la identidad del toro cuyo rabo se había papeado.

Alguien se lo dijo.

Probablemente fue el mayoral de una finca cuya dehesa suministraba a los nobles animales para que un tarado como Yago se divirtiera a costa de torturarlos y humillarlos.

Yago le preguntó que si el rabo ―y otras partes del cuerpo― del toro eran del desdichado Cabreado y el mayoral llamado José María le contestó que no, que non eran de Cabreado sino de Mosqueado, su hermano.

Ese es el karma, amigos.

El karma te devuelve lo que mereces.

 

Dedicado a todos los toros del mundo y en especial a los españoles.
Paloma Muñoz
Madrid, 21 de agosto 2019

 

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