36ª convocatoria: El Futuro

El futuro.

Ilustración de Paloma Muñoz

Futuro es…

Había noches en las que no dormíamos del ansia que teníamos de escucharnos y sentirnos. En la cama, o en el sofá, imaginábamos millones de historias. Esta fue una de ellas.

—¿Qué te sugiere la palabra futuro? —me preguntó.

—No sé, es algo que no me preocupa mucho. He aprendido a vivir el presente —respondí.

—¿Pero no tienes metas, no te interesa trabajar para llegar a algún sitio?

—Yo ya estoy en el mejor de los paraísos posibles cuando estoy en tus brazos, me sobran todos los futuros.

—Venga, va, tesoro, hablemos en serio…

—¿Te vendrías a vivir conmigo, querrías que nos casáramos, que tuviéramos hijos y formásemos una familia maravillosa?

—Pues no sé… A veces creo que todo eso está tan valorado y estereotipado que me da mucho vértigo no estar a la altura de lo que se espera y me parece más cómodo ni siquiera intentarlo.

—¿Pero a la altura de qué? No arriesgar, no ganar… Resignarse con lo que tienes es un sentimiento de cobardes o de víctimas del sistema.

—No, simplemente me salgo de los moldes, de lo que la sociedad espera de nosotros.

—Bueno, en realidad somos seres libres, no casarse es una opción como otra cualquiera, no tener hijos es otra opción. Dicen que las personas más inteligentes ni se casan ni tienen hijos. A mí la verdad es que me hacía ilusión… —dijo resignado.

—Anda, pon algo de música y tráeme un gin-tonic. ¡Esto no lo podríamos hacer si tuviéramos hijos!, o tendríamos que esperar a que estuvieran dormiditos —le animé sonriente—. Oye, de todos modos, ahora que lo pienso, tú no estás feliz, ¿no estás bien, así, conmigo, ahora?, me sorprende un poco tu pregunta.

—Me sorprende también tu respuesta. No te creas. Creía que me amabas.

—Y te amo, solo que no quiero casarme, me sentiría atada, como en una cárcel.

—No es atadura ni cárcel. Es compartir con respeto un compromiso de querernos y cuidarnos. Siento que todo lo nuestro es un castillo en el aire. Me gustaría crear una cimentación dura, sobre roca, donde edificarnos juntos. Solo eso, tampoco pido tanto, creo. ¿Sabes, cariño?, he soñado una cosa. De ahí la pregunta del futuro. He soñado que si hubiera un nuevo desastre natural, Noé nos metería en su gran arca como ejemplo del mejor hombre y la más inteligente mujer para ser los fundadores de la nueva Humanidad. Pero ahora entiendo que no estaríamos preparados para una empresa así.

—No creo que haya nadie preparado para algo así. Anda, ven, abrázame, tú eres mi mejor invento y el único recreo posible de mi inmensa humanidad.

—Ya… sí… pero estamos hablando idiomas diferentes. nena. Y creo que no estoy para perder el tiempo.  Me gustaría que te marchases.

Así que se despidieron como dos absolutos desconocidos y se abrazaron por última vez.

Enseguida él abrió su ordenador y se puso  buscar otro amor en una página de contactos. Todo ahora es muy fácil. El amor se encuentra a golpe de clic. Y no sirve porque la gente no se cuida, ni se compromete, ni se valora.

Ese es nuestro futuro: un clic adecuado en el momento correcto.

Olga Ruiz

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35ª convocatoria: Eclipse de luna

Eclipse de luna.

Ilustración de Rafa Mir

Saludos desde el espacio exterior

—Dulces sueños. Sed buenos. Ja, ja, ja.

Ni a Irina ni a David les hacía la más mínima gracia la despedida de cada noche, aunque tampoco podían mandar a la mierda a McBrown, no dejaba de ser su superior.

—Voy a desconectar el audio —dijo David como cada final de jornada.
—¿Otra vez? Me gustaría oír lo que pasa ahí alguna noche.
—Estática es lo que pasa. Intenta dormir con el zumbido de estática algún día y nos comprenderás.
—Está bien, desconecta. Oye, mañana es el eclipse, miles de millones de ojos estarán mirando hacia vosotros. Descansad, chicos.

David desconectó el audio. Fueron al aseo, se quitaron el uniforme y después se dirigieron a las cápsulas de descanso, sin hablarse. Después de decirse un hasta mañana se metieron en cada cápsula, Irina en la inferior y David en la superior, con un pequeño impulso, con la facilidad que da la gravedad cero.

La intensidad de la luz fue bajando y dejando ver por las dos ventanas redondas de la nave la silueta de la Tierra. Si la nave cambiase su orientación, la luz de la Luna prácticamente llena iluminaría la cápsula como si estuvieran encendidas un millón de bombillas.

Mientras la luz artificial desaparecía el silencio lo invadía todo y casi se podía escuchar la respiración del otro.

—Odio a McBrown —dijo Irina cuando la luz se apagó del todo. Girada dentro de su cápsula hacia la pared interior para evitar que ninguna cámara detectara el movimiento de sus labios y pudieran leer sus palabras.

—Yo también —dijo David en la misma postura.—Todas las noches con la misma broma. Me dan ganas de bajarle los pantalones y decirle: «No sé a qué te refieres, capullo».—Eso estaría bien.
—David, no sé si voy a aguantar.
—Por Dios, Irina, no puedes hacerme una… eso aquí. Esto está lleno de cámaras.
—¡No me refiero a eso! Quiero decir que no sé si voy a aguantar sin abrazarte, sin besarte, sin ni siquiera rozarte.
—Hoy lo has hecho.
—Solo ha sido un roce de nada en la mano al darte la probeta. Estoy segura de que no han notado que era una caricia.
—A mí me ha gustado.
—No puedo más. Estamos solos a miles de kilómetros de cualquier ser humano y lo único que quiero es subir ahí arriba contigo.
—Y vigilados y grabados veinticuatro horas por el observatorio. Me echarían de la NASA y a ti de Roscosmos.
—Pues a la mierda la Roscosmos y la NASA, yo subo.
—¡Irina, para! Además está tu marido, lo iba a ver.
—¡Menudo gilipollas es mi marido!
—Mujer, es un astronauta brillante.
—Tan brillante que se dejó caer una pesa antes de venir a esta misión. El muy imbécil dijo que pensaba que estaba en gravedad cero.
—Pues menos mal, si no, no habría venido yo, y no te habría conocido.
—Algo bueno tenía que hacer en su vida.
—Pues cuando hablas con él pareces superenamorada.
—Qué quieres que haga. No voy a decirle que se puede ir a la mierda, que me enamorado de ti, que me muero de ganas de abrazarte, de besarte, de bajarte los pantalones, de acostarme contigo…
—¿Lo dices de verdad?
—Hazme hueco y verás.
—Me refiero a lo de que te has enamorado de mí.
—¿Tú no?
—A lo mejor estás confundida, como soy el único hombre en trescientos mil kilómetros a la redonda.
—No me has respondido.
—Te quiero tanto que estoy planteándome dejar la NASA.
—Qué ganas tengo de acabar la misión y besarte cuando lleguemos a la Tierra. ¿Te imaginas que no nos gusta?
—¿Por qué? A mí siempre me ha gustado la Tierra.
—No me tomes el pelo. Si no nos gusta besarnos.
—¿Qué pasa, no sabes hacerlo?
—Allí será diferente, no será la misma situación que aquí.
—Bueno, a mí siempre me quedará mi marido.

Se callaron un instante.

—Menudo gilipollas, el eclipse dice —dijo David—. Que nos van a estar mirando. Como si fuesen capaces de distinguir la nave a esa distancia.

—Por mí ya se podían ir todos a tomar por culo, McBrown, mi marido y los miles de millones de terrícolas mirándonos. Los odio a todos. Podíamos desnudarnos y hacerlo. ¿Nunca te ha dado morbo hacerlo delante de miles de millones de personas?
—Pero solo lo verían McBrown, el observatorio y el comité de disciplina. Pero se me está ocurriendo algo que podemos hacer y que solo se vea desde fuera, que no alcance a las cámaras.
—Cuéntamelo.

El día siguiente todo el planeta miraba al cielo, extasiado por el espectáculo de la luna de sangre provocado por el eclipse de Luna.

En la isla de La Palma, en el telescopio instalado en el Roque de los Muchachos se seguía con mucha excitación.

—Este telescopio es espectacular. ¿Habéis visto cómo se ve la parte iluminada? Es increíble el detalle. Se podría ver hasta el lunar de un selenita.
—Pues busca la nave que está en órbita, a ver si se ve.
—¡Ahí está! —dijo después de un rato—. ¡Qué definición! Sería capaz de ver a los astronautas por la ventana.
—Pues la mujer está bien buena, prueba a ver.
—Ahí están las ventanas. A ver… ¡Pero qué cabrones!
—¿Qué pasa?
—¡Nos están haciendo un calvo a todo el planeta!

Jorge Moreno

34º Convocatoria: Promesas

Promesas.

Ilustración de Olga Ruiz

¿Qué son las promesas?

Las promesas son frágiles como las flores y volátiles como el polen que se lleva el viento, decepcionantes, mentirosas compulsivas, aterradoras cuando te das cuenta de que te enfrentas a la nada, volubles como la vida, solubles como el mal café, inalcanzables…

Las promesas son excusas baratas que se utilizan para no enfrentarse a los errores cometidos, son un aplazamiento a tiempo perdido, la frustración, la angustia, el miedo al fracaso, el yugo, el dominio, la hostilidad, el ansia de mejora, esos niños perdidos que no encuentran el regreso a casa. La represión del capitán Garfio, la deformidad de su mano perdida.

Pero también son nunca jamás, idílicas, maravillosas, insinuantes, efímeras e intensas como la carcajada que provoca el nacimiento de sus hadas. Manifiesto de fe y esperanza, el rebelde cacareo de Peter y sus pensamientos alegres. Aquello que nos mantiene despiertos cuando todo está dormido, nuestro sino, nuestro locus amoenus cuando andamos necesitados.

Esta convocatoria está llena de mil y una noches de mágicas promesas que pueden hacer que alcances heroicamente el cielo o que te estrelles estrepitosamente contra la tierra. Os invito a descubrirlas, atesorarlas y alcanzar con ellas vuestros sueños.

                                                                                                                                Inma Ostos Sobrino

33ª Convocatoria: navidad de miedo

Navidad de miedo.

Ilustración de Rosa García

No comprendo tanto consumismo
Algunas personas nada tienen
Vivimos ajenos a la vida
Imaginamos libertades
Damos poco o lo que no queremos
Amamos cada vez menos
Divulgamos intimidades vacías

Desoímos  el caos
Estampamos nuestra firma en muros abandonados

Mentimos sobre nuestra felicidad
Inventamos excusas  para no arrimar el hombro
Exigimos lo que no damos
Despertamos tempestades
Oímos lo que no nos compromete

 

 

Milagros Morales

32ª Convocatoria: Mujeres

Mujeres.

Ilustración de Ana Carmen Kummerow

Al principio de los tiempos fui venerada como una diosa. Mis pechos caídos, mi vientre abultado y mi capacidad de dar la vida me hicieron poderosa y admirada a ojos de los hombres. Durante siglos permanecí en el panteón de los dioses y fui musa e inspiración de poetas, artistas y cazadores, y se me otorgó el poder de ser la dueña de la noche y la luna. Pero la noche inspira miedo y empecé a ser temida por aquellos que me enaltecían. La oscuridad se convirtió en un símbolo del diablo y la luz en el símbolo divino de un dios masculino que condenaba mi sabiduría ancestral. Fui recelada y señalada con el dedo. El recelo se tornó obsesión y fui perseguida y acusada de bruja por matasanos ignorantes que no entendían mis conocimientos. Me arrestaron bajo el mandato de un dios misógino que permitió que me torturaran y condenaran a morir quemada viva y ahogada. Fueron tiempos oscuros aquellos, que tuvieron un amanecer humanista en el que, bajo los auspicios de la ciencia, fui relegada a un discreto segundo plano, menoscabada y subestimada. Pasé a ser una propiedad, un bien con el que comerciar, una moneda de cambio entre un padre a un esposo concertado, mientras el mundo avanzaba y se industrializaba. No tuve ni voz ni voto. A nadie le importó mi opinión, y tuve que morir para que mis quejas fueran escuchadas. Me llamaron sufragista como palabra peyorativa, aunque yo la llevé con dignidad y agrado. Luego vinieron tiempos modernos que olían a libertad y fui tolerada con resignación, como un mal necesario, pero profundamente desdeñada e ignorada. Los historiadores se esforzaron en borrar mis huellas, en esconder mis logros, mis avances científicos, mis obras literarias. Cuando decidí pisar tan fuerte que dejé una impronta ineludible, me cosificaron y clasificaron como elemento decorativo. Me  convertí en musa de modistos y sex symbol, con la belleza como mi mejor mérito y mi única aliada. Fui tratada de comparsa, de florero, de animadora, de entregadora de premios, de eterna acompañante. Siempre sonriente y preciosa. Siempre con los labios sellados. Porque cuando abrí la boca el mundo me miró con cara de asco mientras me llamaba feminista. Mi valor como persona desde entonces ha consistido en ser hija de, madre de, esposa de, hermana de… como si mi ser fuera la extensión o el aplique de otra persona, siempre más importante que yo. Y he sido manipulada, física y mentalmente, no digamos ya sentimentalmente. Se me ha dicho que debo casarme y tener hijos, porque se supone que yo sola, por mí misma, no puedo sentirme realizada. Y a pesar de todo, me he abierto paso en un mundo laboral de hombres mientras me dicen cómo tengo que ser, qué aspecto debo tener, cómo tengo que actuar, cómo debería pensar, cómo se supone que tengo que sentir y, por supuesto, cómo he de vivir, qué aspiraciones debo tener, y con qué me debo conformar. Me han tenido tan ocupada con todos esos requisitos que ni siquiera he tenido tiempo para ver cómo mis compañeros, muchas veces menos cualificados, son promocionados y ascendidos en sus carreras mientras que yo nunca prospero. Como resultado me he estancado. Me he vuelto indecisa, sumisa y obediente, reflejando sus propios deseos de verme sometida y calificada como sexo débil. Hasta ahora. Hoy me he dado cuenta de que todavía nadie me ha preguntado qué es lo que yo quiero y cuando me he atrevido a explicarlo sin pedir permiso me han llamado feminazi. No importa. He cargado con orgullo con todos y cada uno de los nombres que me han impuesto sobre las espaldas desde que el mundo es mundo; el peso de uno más no me doblegará. Y aunque algunos oídos todavía no están preparados para lo que está por venir, yo les he gritado que basta.

Hoy me he lanzado a la calle para hacer oír mi voz de mujer, y decirle alto y fuerte a todos los hombres de este mundo: “Llamadme como queráis, pero ya no sois mis dueños. Hoy no tenéis ningún derecho sobre mí. Mi vida, mi mente y mi cuerpo son solamente míos y voy a hacer con ellos lo que a mí me dé la gana”.

Olga Besolí
Mayo 2018

31ª Convocatoria: El Circo

Con tu vida de circo.

 

Ilustración de Rafa Mir

Se me olvidó que eres salvaje
y me has dado un zarpazo
cuando solo quise darte
mimos y comida.
Por eso he decidido no compadecerte
al verte en tu jaula cansado
con tu vida de circo y bambalinas;
león viejo que saltas el aro de fuego
cuando el domador lo solicita.
Hay heridas que no las justifica
ni la condición salvaje.

Milagros Morales

 

30ª Convocatoria: ¿Donde viven los monstruos?

Amigo Monstruo.

 

Ilustración de Sergio Retamero

Andaba degustando mi bocadillo de chorizo a la salida del colegio y como siempre corriendo tras mamá a toda prisa porque llegábamos tarde a por mi hermano Iker a la guardería.

Al cruzar el paso de cebra… ¡plof! Adiós bocadillo. Quedó abierto y aplastado en medio del asfalto.

—Mamá, mamá, mi bocadillo…

—No hay tiempo que perder, Hugo. ¡Corre, corre!

Al agacharme a despedirme de mi bocadillo, allí estaba, mirándome tras los barrotes de la alcantarilla.

Siempre pensé que si alguna vez viera un monstruo gritaría, gritaría tan fuerte que me oirían hasta en Rusia. Y correría, correría tan rápido que quizá llegara también junto a mi grito.

Pero… no fue así. Vi sus ojos, sus ojos grandes tristes mirándome como dos luceros. Era raro, no se parecía en nada a mis amigos y su olor era apestoso, pero no me dio miedo, no grité, no corrí, me quedé allí mirando sin saber qué hacer.

—¡Corre, Hugo! ¡No llegamos a la guardería!

Levanté la vista para intentar decir a mi madre lo que estaba viendo, pero ninguna palabra salió de mi boca. Al volver la vista a la alcantarilla, estaba vacía. Aquel ser extraño que había provocado en mí una extrema ternura se había ido.

Esa noche no conseguí pegar ojo, no podía dormir, no podía dejar de pensar en mi monstruo, en su mirada, en su existencia.

Pasaron los días, y cada vez que pasaba por la alcantarilla me quedaba allí unos instantes esperando volver a verlo, pero nada, la alcantarilla estaba oscura y vacía.

Llegó el viernes y era día de parque. Todos los amigos quedábamos allí tras la salida del colegio para jugar con nuestro balón.

Cuando iba a marcar el golazo de la tarde mi tobillo me jugó una mala pasada y se dobló igual que un chicle.

Me senté en el césped y me puse a llorar. De repente sentí que una mano tocaba mi tobillo. El susto fue monumental cuando comprobé que aquella mano era verde y de unas dimensiones muy grandes.

Pero no grité, no corrí, no me asusté. Sabía que era él, mi monstruo. Allí estaba bajo la alcantarilla del parque. No hablaba, pero usaba gestos. Pronto comprendí que estaba atrapado bajo la ciudad y no sabía cómo salir. El parque me parecía un lugar demasiado concurrido y le indiqué la alcantarilla del final de la calle. Le esperé allí y ayudándome de un palo pude sacarlo.

Pasamos toda la tarde juntos, comiendo gusanitos. Su historia era muy triste. Viajaba con su familia bajo el asfalto y tras un ruido muy fuerte se asustó y se desorientó quedándose solo.

Le prometí que le ayudaría y él me pidió que fuera nuestro gran secreto. Todas las mañanas cogía de casa galletas y panecillos de leche y los echaba disimuladamente a la alcantarilla camino al colegio.

Por las tardes juntos conseguimos dibujar los planos de la ciudad bajo tierra y así mi amigo podía recorrerlas durante el día.

Al cabo de unas semana, al llegar del colegio mi alegría fue inmensa, mi amigo no estaba solo, allí estaba su familia. Estaban contentos .

No quería perder a mi nuevo amigo, pero él se tenía que marchar al bosque, a su casa, en la ciudad corría mucho peligro.

Subí corriendo a mi casa a por la cámara de fotos y juntos nos hicimos una foto que guardo con mucho cariño en mi caja fuerte. Es uno de mis mayores tesoros.

Raquel Bonilla Santander

29ª Convocatoria: La Nieve

Guerreros de nieve.

Ilustración de Daniel Camargo

Era mi último día en la Academia de las Nubes. Por fin estaba listo para ir al mundo, pasear por él en lugar de observarlo desde la distancia. Llegó la hora del salto masivo, de la invasión de la tierra para por fin hacer una superficie terrestre adecuada para la vida.

Allá vamos. La misión de mi pelotón es taponar las salidas de los habitáculos de nuestros enemigos los carnosos. Lentamente caemos. Somos la ventisca definitiva. Me posiciono en la formación de ataque y sigilosamente nos acercamos hasta la entrada de madera y cristal. El primer destacamento ya está llegando, yo por el contrario aún estoy a cierta distancia, pero por los puntos de observación veo a los carnosos asomados con una expresión que debe de ser de miedo pues tienen la boca abierta y nos señalan. Un último giro en formación y ahuecamos el cuerpo para el impacto contra la madera. El golpe ha sido duro, pero para ello llevamos preparándonos semanas desde que salimos del lago guardería aún sin habernos enfriado para la guerra. Ocupo mi lugar contra la madera empujando con los compañeros para evitar el contraataque de los carnosos. Somos el muro que recordarán las generaciones venideras.

No sé cuánto tiempo pasó, pero allí estábamos aguantando impasiblemente cuando la madera cedió dejando paso a la guarida. Fue entonces cuando nos lanzamos al ataque contra el sorprendido carnoso que hacia guardia tras la madera. Fue un ataque relámpago y logramos derribar al rival. Todo iba perfecto cuando un nuevo carnoso apareció. Nosotros estábamos cansados y enseguida fuimos conscientes de que íbamos a ser derrotados pues los nuevos carnosos venían armados con una vara de madera con una especie de pequeño muro de metal en la punta. Con cada arremetida del arma miles de los nuestros eran expulsados. El final estaba cerca, sólo cabía esperar que al menos fuera rápido e indoloro.

Estábamos en el aire cuando un carnoso más pequeño que los anteriores dijo: 

—Papá, hagamos personas de nieve.

No sé qué significaba aquello, pero no me gustaba nada. Los carnosos empezaron a atrapar a los nuestros y los apretaban en un claro intento de asfixiarnos. Poco a poco nos capturaban, nos presionaban unos contra otros, y dándonos por muertos nos amontonaban. Yo rodé sobre mis compañeros y hui intentando coger una corriente que me elevara para poder informar al alto mando. Todo fue en vano, me cogieron y noté cómo me apretaban, Tal era la presión que noté cómo mi cuerpo se fusionaba con el de mis compañeros.

Entendí entonces que había sido derrotado. Exhausto y deshecho me limité a resignarme y ocupar mi sitio en la montaña de caídos mientras esperaba exhalar mi última gota de vida.

El sol salió y noté cómo se me escapaban las fuerzas cuando el pequeño carnoso decidió poner fin a mi existencia aplastándonos a unos cuantos con un dolmen anaranjado mientras decía:

—Mira, papi, ahora ya es una persona de nieve.

Sergio Pastrana

28ª Convocatoria: Miedo

Mami, ¿que es el miedo?

 

Ilustración de Rosa García

Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando un trueno suena en el cielo y un escalofrío de punta te deja el pelo.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando por la noche al despertar, sola crees estar.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando un susto te das y tu cuerpo no para de temblar.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando crees que de la pantalla va a salir un payaso vestido con un feo pijama de rayas.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando el aire sopla fuerte y si no te agarras puedes caerte.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando alrededor revolotea una abeja y crees que te va a picar en la oreja.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando por la noche una pesadilla, hace que se te escapen las lagrimillas.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando en un cuento ves una bruja piruja con una enorme nariz de aguja.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando en carnaval un vampiro te enseña sus blancos y puntiagudos colmillos.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando la puerta hace un crujido y tú pegas un fuerte chillido.
Cuando una araña gigante nos parece un elefante.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando al oír una explosión, muy rápido empieza a latir tu corazón.
Mami, ¿tu tienes miedo?
¿Miedo? Con un valiente como tú a mi lado solo tengo amor en mi corazoncito guardado.

Raquel Bonilla

27ª Convocatoria: Animales imaginarios

Animales imaginarios.


Ilustración  de Ana Carmen Kummerow

Vuelo nocturno.

Leyendo  el libro de Jorge Luis Borges “Manual de zoología fantástica” podemos hacernos una idea de la cantidad de seres extraños y criaturas ideadas por nuestra imaginación.
Este manual nos cuenta que, en  ocasiones,  ciertas culturas comparten ideas muy similares sobre seres imaginarios, algunos de ellos, muy conocidos, admirados y temidos.
Precisamente de los miedos, los sueños y pesadillas, y los deseos surgen estas criaturas que pueblan nuestro universo interior.
El animalito que contemplo se posa en el alféizar de mi ventana.
Es feo, pero curioso. Es tímido, pero observador. Es cauteloso, pero simpático.
Su vuelo nocturno lo hace desde el profundo azul oscuro del cielo hacia mi ventana.
Tengo que intentar entablar una relación con él.
Es mi compañero nocturno.

Paloma Muñoz
Madrid, 21 agosto 2017