Medicina del bosque

Autor@:
Ilustrador@:
Corrector@:
Género: Poesía
Rating: Todos los públicos
Este relato es propiedad de Ainhoa Ollero Naval. La ilustración es propiedad de Bárbara González de Murillo. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Medicina del bosque.

Ilustración de Bárbara González

Ilustración de Bárbara González

Murmullos entre las hojas:
soy yo, y también vosotros,
y toda esta paz donde puedo
abandonarme a las horas
que, normalmente,
me persiguen con culpa,
demasiado lentas,
demasiado rápidas,
con tantísimas exigencias…
Falta tiempo
y sobran pruebas,
y yo, que me he bajado
del tren en marcha,
circulo por la cañada
de las ovejitas negras.

Pájaros que me responden
cuando silbo esa canción
antigua y misteriosa
que recordé por casualidad,
y que siempre me acompaña
cuando me abandono
en estas tierras.
Batir de alas en el cielo,
las plumas que me encuentro
en medio del sendero de arena
y que atesoro en secreto
para construir altares,
telarañas mágicas,
monumentos a la desnudez,
a la caída de las máscaras,
al aquí y al ahora,
que es lo único que me mantiene
con los pies medio en el suelo,
el corazón encendido
y la risa, alerta.

Encuentros fortuitos
con el zorro, el jabalí, el corzo,
la nutria, la jineta.
Todos los gatos
que he malacostumbrado,
y los que todavía
me miran con extrañeza.
Los cangrejos extranjeros
que he de devolver al agua
para que no se pierdan.
El cuervo, el gorrión, la cigüeña
y, ahí arriba, las rapaces
que todo lo ven
y, si les preguntas,
te lo cuentan.

El sendero alternativo
que a veces me sirve de puerta
a dimensiones paralelas,
a la ruta de los elefantes,
a la fuente de fuego del dragón,
a los cantos dulces de las sirenas,
a la ninfa de las margaritas en el pelo,
a todos los que pueblan estos parajes
y nos tienden una mano,
y celebran con nosotros
nuestras ganas de volar libres,
de soltar lastre
y tocar, como nos corresponde,
las estrellas,
de vaciar de penas el corazón
y de miedo, la cabeza.

Mis árboles,
que me abrazan en silencio
y que hablan entre ellos
entrecruzando sus raíces,
nos cobijan a todos
como amorosas madres de madera.
Tiran de nosotros hacia el suelo
ayudándonos a llegar
al núcleo del planeta,
a construir nuestra casa,
a dejar de flotar sin rumbo
cuando volar demasiado
nos desconcierta.

La vuelta a casa, desperezándome,
a la vez en el aire y en la tierra,
con la mente en silencio
y una sonrisa que me guardo,
porque me he concedido
el derecho a la pausa y a la tregua,
aunque las vecinas no me entiendan,
y hablen de mí cuando piensan
que no me doy cuenta.
Su cháchara me recuerda, cada vez más,
a la cantinela de las gallinitas cluecas.

Ainhoa Ollero Naval

Promesas

Autor@: 

Ilustrador@: 

Corrector@: 

Género: Poesia

Rating: +13

Este relato es propiedad de Olga Ruiz. La ilustración es propiedad de Paloma Muñoz. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Promesas.

Y nos prometimos primaveras
con flores, colores,
risas, ilusión y vida.

Pero era verano…
Todo estaba seco.
Sentíamos sed
en las siestas de las cinco…
en nuestros encuentros.
Sudábamos sal…
Solo la noche nos traía algo
de frescor a la voz…

Después llegó el otoño
y se deslizaron
todas nuestras caricias
cuerpo abajo,
buscando los mejores versos.
Nunca viví otoños más bellos.

Y llegó el invierno…
Y un vendaval de nieve
lo arrastró todo.
El agua helada dejó nuestros cuerpos
mojados y paralizados,
congelado el esqueleto.

Y comprendimos que solo es primavera una vez al año.
Y que el ciclo de la vida se completa solo así.
Y que existe muerte en cada vida.
Y vida tras la muerte…
Y nos dejamos llevar por el destino.

Te amaré todas las estaciones de mi vida,
me dijo sonriente.
Te amaré todos los siglos de mis vidas,
respondí, prometiéndome.

Amén.

Olga Ruiz.

Ilustración de Paloma Muñoz

31ª Convocatoria: El Circo

Con tu vida de circo.

 

Ilustración de Rafa Mir

Se me olvidó que eres salvaje
y me has dado un zarpazo
cuando solo quise darte
mimos y comida.
Por eso he decidido no compadecerte
al verte en tu jaula cansado
con tu vida de circo y bambalinas;
león viejo que saltas el aro de fuego
cuando el domador lo solicita.
Hay heridas que no las justifica
ni la condición salvaje.

Milagros Morales

 

Mi vida se ha convertido en puro circo

Autor@: 

Ilustrador@: 

Corrector@: 

Género: Poesía

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de Milagros Morales. La ilustración es propiedad de Rosa García. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Mi vida se ha convertido en puro circo.

Ilustración de Rosa García

Errante de feria en feria
transcurren mis días,
mientras mis penas a la luz de los focos
se esconden entre bambalinas.
No hay más estrellas que las de mi vestido
siempre en la cuerda floja,
y hago equilibrios con mis ilusiones
por la alfombra roja.
Y sonrío:
La alegría es mi lema.
Mi vida se ha convertido en puro circo,
aunque cada actuación me consuela
cuando veo caras infantiles
que sonríen y sueñan.

Milagros Morales

Un circo en la ciudad

Autor@: 

Ilustrador@: 

Corrector@: 

Género: Poesía

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de Raquel Bonilla. La ilustración es propiedad de Rafa Mir. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Un circo en la ciudad.

Ilustración de Rafa Mir

 

¡Mamá, mamá!
Un gran circo ha llegado a la ciudad.
Seguro que tienen animales.
¿Veremos un elefante de verdad?

Nos saludará un divertido payaso,
con su nariz colorada
y seguro que con sus bromas,
reinos a carcajadas.

¡Mamá quiero ir al circo!
Me gustan los malabares,
que sin parar lazan al aire,
sus bolas de mil colores.

Si miras hacia arriba,
verás al equilibrista,
que para no caerse,
tiene que tener muy buena vista.

¡Qué nervios!
¡Qué emoción!
Tengo muchas ganas,
de que empiece la función.

¡Corre,corre mamá !
Compremos palomitas
y vayamos a la puerta
que las luces ya están encendidas.

Raquel Bonilla Santander

Luchar como los hombres

Autor@: Conchita Ferrando de la Lama

Ilustrador@: 

Corrector@: 

Género: Poesía

Rating: Todos los públicos

Esta poesía es propiedad de Conchita Ferrando de la Lama. La ilustración es propiedad de Paloma Muñoz. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Luchar como los hombres.

Ilustración de Paloma Muñoz

Déjame luchar, Señor,
como lo hacen los hombres,
contra la furia enloquecida de tus olas.

Son tuyas, como lo soy yo
y como lo es el viento.

Formamos parte
de la grandeza del mar,
de su infierno y de su miedo…
Nacemos con el sol y la sal dulce
de las playas en calma.

Abrimos el pecho,
curtido de esencias y risas de faros
al volver a puerto.

Y cuando Tú decides «¡basta!»,
nos precipitamos
como bolas de acero pavonadas,
sin freno, allí donde la tempestad es
el arco que dispara
el valor de los más hombres…
¡Señor, el valor de los más hombres!

Junto a ellos estoy yo,
muy lejos de la costa,
lleno de miedo.

Y la mar, en lo más duro de la angustia,
nos arrebata el cielo
y lo tritura.

Los más hombres, Señor.
Los hombres.
Mas no olvides
que solo tengo doce años.

Que ayer jugaba entre las rocas,
en el puerto, en la playa,
y hoy he salido a la mar, lleno de miedo,
en busca de la aurora.

¡Señor, los hombres!
Mas no olvides
que tengo doce años
y… todavía soy un niño.

Conchita Ferrando (Jaloque)

Animal imaginario

Autor@: 

Ilustrador@: Marta Herguedas

Corrector@: 

Género: Poesía

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de Milagros Morales. La ilustración es propiedad de Marta Herguedas Quedan reservados todos los derechos de autor.

Animal imaginario.

Ilustración de Marta Herguedas

Si te aceptaras como eres
no te sentirías un animal imaginario
con una identidad indefinida
ni pasearías por un bosque con corbata.

Tu piel dejaría de ser verde
y no te sentirías fuera de lugar;
no librarías batallas que no te perteneces
y tendrías  a la paz como compañera.

Si realmente te conocieras
no dejarías que nadie te apartara o invadiera
ni te hiciera sentir mal.

Milagros Morales

26ª Convocatoria: Rojo

Rojo.

Ilustración de Rafa Mir

Mar rojo

No se abrió como el mar Rojo
y dejó pasar a los que huían de la opresión.
El Mediterráneo se tragó sus vidas
y con ellas la esperanza.
Pero no era culpable
-solo los mares abren sus aguas
si al pueblo un Moisés lo guía-
Aun así su agua mezclada
con las lágrimas se evaporó
y llovió en la tierra prometida
llenándola de amapolas.

Milagros Morales

Rouge, red, rosso, rojo

Autor@: 

Corrector@: 

Género: Poesía

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de Paloma Muñoz. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Rouge, red, rosso, rojo.

Moulin Rouge,
Simply Red,
Martini Rosso,
Pimiento rojo.
Moulin Rouge
Chicas con plumas,
Chicas desnudas,
Chicas nocturnas,
Chicas suertudas.
Chicas en un acuario gigante nadan desnudas ante los ojos de cientos de espectadores que se sienten fascinados.
Chicas del Moulin Rouge,
Telón echado.
Simply Red
Simplemente rojo,
Simplemente hermoso,
Simplemente romántico,
Simplemente delicioso.
Simplemente Mick Hucknall me regala los oídos y me toca el alma.
Simplemente disfruto hasta que llega el alba.
Martini Rosso
Exótico y fuerte color rojizo que puede despertar los sentidos.
Te hace sentir la energía de la vida,
Te hace sentir la emoción de una huida,
Te hace desplegar la fuerza de tu corazón,
Un Martini Rosso pone en tu vida su punto de exótica emoción.
Pimiento rojo
Lo utilizo a mi antojo,
Lo cocino sabroso y gustoso,
Lo presento asado y vistoso,
Lo como con las manos y con los ojos.
¡Larga vida al pimiento rojo!

Dedicado a Mick Hucknall y al pimiento rojo

Paloma Muñoz 14 de junio 2017

Rezagos rojos

Autor@: 

Ilustrador@: 

Corrector@:  

Género: Poesía

Rating: +18

Este relato es propiedad de Carolina Cohen. Las ilustraciones son propiedad de Rosa García. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Rezagos rojos.

Me cuesta discernir entre el recuerdo, la piel, la imagen del sueño
Aunque me sigue la sangre aterrorizando sin remedio.
Las calles vienen y pasan cargadas
los hedores, las fragancias, el aire perfumado de siluetas de manzana
deslumbran asimismo sus miradas, su esencia… las manos rítmicas y flamencas de ese traje rojo que luego desangra
y me aterroriza sin remedio…

He intentado convencerme que todo fue un ensueño
repitiendo,
una vez y otra,
el cúmulo volátil de palabras cansadas
que me han impregnado en boca de todos,
allegados, especialistas y amigos
enrojeciendo mi garganta,
hirviéndome la ira
pero sigo viendo esa sangre que me infringe un terror que me desgarra.

Rojo labios,
de carmín-mate aderezando fonemas que ensalzan
con la tibieza del engaño,
como espada en las espaldas,
y en la oportunidad se enganchan al cuello en virtud de su mordaz desenfreno
como al corazón
entre los glúteos
las mucosas que derraman los fluidos del cuerpo.

La vi cruzar el umbral aquella noche
casi, como si me mirara fijamente
entre copas y deshonras abatidas en la alfombra,
de aquel sitio lúgubre,
de sangre entre las luces
convertido en mi refugio de terror en los últimos meses.

La invisibilidad y poca valía eran continuos en mis días
aunque humanamente, a pesar de mis juegos, todos ellos subyacentes,
estaba ahí para aliviar mis soledades.

Ilustración de Rosa García

Ella se acercó, preguntándome cualquier cosa
y aunque no estoy seguro qué le respondí en su momento,
poco después la vi sentarse cerca, a mi lado, sonriendo
con sus manos insinuándole caricias a mi rostro.

Me sorprendió lo embriagado que estuve de repente
pero siendo una mujer hermosa,
de aquellas que sólo se merecen una vez en la existencia
y sabiendo de mi disposición y entusiasmo
no me molesté en nada, porque la noche prometía gran revancha.

Es poco lo que logro, a partir de ahí, recuperar de mis recuerdos:
Un vino rojo embebido entre sus venas,
de imperante fuerza como el fuego de su vulva;
Un rostro joven,
que murmura por las noches,
vasos vacíos, la plegaria misericorde;
Un grito inerte que me asusta y que me anima
la sangre de un hombre derramada en su vestido
Cabellos sueltos, los chillidos que no cesan
la bruma espesa y el olor a cigarrillo
¿Dónde me encuentro?
“No te preocupes, que has venido para esto.
Será sólo un minuto, y seremos felices para siempre”
La herida intencionada, que conduce a la muerte,
y una risa turbia, codiciosa, de frenética afluencia.

Ilustración de Rosa García

A veces creo que me abdujo entre su vientre
para liberar sus penas como madre y como esposa
cuando me veo desbocado acuchillar sobre sus cuerpos
carne rojiza de animal envestido
que encuentra inminente la caída de la muerte.

Me pregunto si fui yo o un doble de mi mente,
un error del sistema
una fuga de la Matrix,
tal vez fui escogido,
parte activa de un experimento
o en una realidad paralela, roto en mil fragmentos.

¿Quién soy y fui realmente?
¿El obrero de ocho horas,
El hombre que, de una forma u otra, decidió ceder su cordura?
Y a ella, que habiéndome prometido su amor, desde aquella noche no volví a verle…
Aunque la sangre y los recuerdos me siguen aterrorizando sin remedio.

Carolina Cohen Polanco.