Un circo en la ciudad

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Género: Poesía

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de Raquel Bonilla. La ilustración es propiedad de Rafa Mir. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Un circo en la ciudad.

Ilustración de Rafa Mir

 

¡Mamá, mamá!
Un gran circo ha llegado a la ciudad.
Seguro que tienen animales.
¿Veremos un elefante de verdad?

Nos saludará un divertido payaso,
con su nariz colorada
y seguro que con sus bromas,
reinos a carcajadas.

¡Mamá quiero ir al circo!
Me gustan los malabares,
que sin parar lazan al aire,
sus bolas de mil colores.

Si miras hacia arriba,
verás al equilibrista,
que para no caerse,
tiene que tener muy buena vista.

¡Qué nervios!
¡Qué emoción!
Tengo muchas ganas,
de que empiece la función.

¡Corre,corre mamá !
Compremos palomitas
y vayamos a la puerta
que las luces ya están encendidas.

Raquel Bonilla Santander

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30ª Convocatoria: ¿Donde viven los monstruos?

Amigo Monstruo.

 

Ilustración de Sergio Retamero

Andaba degustando mi bocadillo de chorizo a la salida del colegio y como siempre corriendo tras mamá a toda prisa porque llegábamos tarde a por mi hermano Iker a la guardería.

Al cruzar el paso de cebra… ¡plof! Adiós bocadillo. Quedó abierto y aplastado en medio del asfalto.

—Mamá, mamá, mi bocadillo…

—No hay tiempo que perder, Hugo. ¡Corre, corre!

Al agacharme a despedirme de mi bocadillo, allí estaba, mirándome tras los barrotes de la alcantarilla.

Siempre pensé que si alguna vez viera un monstruo gritaría, gritaría tan fuerte que me oirían hasta en Rusia. Y correría, correría tan rápido que quizá llegara también junto a mi grito.

Pero… no fue así. Vi sus ojos, sus ojos grandes tristes mirándome como dos luceros. Era raro, no se parecía en nada a mis amigos y su olor era apestoso, pero no me dio miedo, no grité, no corrí, me quedé allí mirando sin saber qué hacer.

—¡Corre, Hugo! ¡No llegamos a la guardería!

Levanté la vista para intentar decir a mi madre lo que estaba viendo, pero ninguna palabra salió de mi boca. Al volver la vista a la alcantarilla, estaba vacía. Aquel ser extraño que había provocado en mí una extrema ternura se había ido.

Esa noche no conseguí pegar ojo, no podía dormir, no podía dejar de pensar en mi monstruo, en su mirada, en su existencia.

Pasaron los días, y cada vez que pasaba por la alcantarilla me quedaba allí unos instantes esperando volver a verlo, pero nada, la alcantarilla estaba oscura y vacía.

Llegó el viernes y era día de parque. Todos los amigos quedábamos allí tras la salida del colegio para jugar con nuestro balón.

Cuando iba a marcar el golazo de la tarde mi tobillo me jugó una mala pasada y se dobló igual que un chicle.

Me senté en el césped y me puse a llorar. De repente sentí que una mano tocaba mi tobillo. El susto fue monumental cuando comprobé que aquella mano era verde y de unas dimensiones muy grandes.

Pero no grité, no corrí, no me asusté. Sabía que era él, mi monstruo. Allí estaba bajo la alcantarilla del parque. No hablaba, pero usaba gestos. Pronto comprendí que estaba atrapado bajo la ciudad y no sabía cómo salir. El parque me parecía un lugar demasiado concurrido y le indiqué la alcantarilla del final de la calle. Le esperé allí y ayudándome de un palo pude sacarlo.

Pasamos toda la tarde juntos, comiendo gusanitos. Su historia era muy triste. Viajaba con su familia bajo el asfalto y tras un ruido muy fuerte se asustó y se desorientó quedándose solo.

Le prometí que le ayudaría y él me pidió que fuera nuestro gran secreto. Todas las mañanas cogía de casa galletas y panecillos de leche y los echaba disimuladamente a la alcantarilla camino al colegio.

Por las tardes juntos conseguimos dibujar los planos de la ciudad bajo tierra y así mi amigo podía recorrerlas durante el día.

Al cabo de unas semana, al llegar del colegio mi alegría fue inmensa, mi amigo no estaba solo, allí estaba su familia. Estaban contentos .

No quería perder a mi nuevo amigo, pero él se tenía que marchar al bosque, a su casa, en la ciudad corría mucho peligro.

Subí corriendo a mi casa a por la cámara de fotos y juntos nos hicimos una foto que guardo con mucho cariño en mi caja fuerte. Es uno de mis mayores tesoros.

Raquel Bonilla Santander

Mis primeros copos

Autor@: Raquel Bonilla

Ilustrador@: 

Corrector@: 

Género: Poema infantil

Rating: Infantil

Este relato es propiedad de Raquel Bonilla. La ilustración es propiedad de Paloma Muñoz. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Mis primeros copos.

Ilustración de Paloma Muñoz

Por primera vez mis ojos
han visto nevar.
De la emoción mis piernas
se han puesto a temblar.

Al mirar tras la ventana
mis pupilas no podían creerlo,
algo maravilloso
estaba pasando en el cielo.

Copos blancos caían despacio,
parecían algodón.
El suelo del colegio se ha convertido
en un esponjoso colchón.

El frío helaba mis manos
y mis dientes sentía chascar
pero una gran aventura,
estaba a punto de comenzar.

Risas, gritos y alboroto,
bolas de nieve volando,
canciones navideñas
todos acabaron entonando.

Dos grandes bolas heladas
para hacer un muñeco,
con una sonrisa de piedras
y de lana un moderno chaleco.

Al pisarla con mis botas,
bajo mis pies crujía,
y un escalofrío
por todo el cuerpo sentía.

Formará parte de mi recuerdo
como una mañana diferente.
Para siempre en mi memoria
como un día emocionante.

Raquel Bonilla

28ª Convocatoria: Miedo

Mami, ¿que es el miedo?

 

Ilustración de Rosa García

Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando un trueno suena en el cielo y un escalofrío de punta te deja el pelo.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando por la noche al despertar, sola crees estar.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando un susto te das y tu cuerpo no para de temblar.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando crees que de la pantalla va a salir un payaso vestido con un feo pijama de rayas.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando el aire sopla fuerte y si no te agarras puedes caerte.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando alrededor revolotea una abeja y crees que te va a picar en la oreja.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando por la noche una pesadilla, hace que se te escapen las lagrimillas.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando en un cuento ves una bruja piruja con una enorme nariz de aguja.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando en carnaval un vampiro te enseña sus blancos y puntiagudos colmillos.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando la puerta hace un crujido y tú pegas un fuerte chillido.
Cuando una araña gigante nos parece un elefante.
Mami, ¿qué es el miedo?
Cuando al oír una explosión, muy rápido empieza a latir tu corazón.
Mami, ¿tu tienes miedo?
¿Miedo? Con un valiente como tú a mi lado solo tengo amor en mi corazoncito guardado.

Raquel Bonilla

El bosque de los sueños

Autor@: Raquel Bonilla

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Género: Micro relato

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de Raquel Bonilla. La ilustración es propiedad de Paloma Muñoz. Quedan reservados todos los derechos de autor.

El bosque de los sueños.

Ilustración de Paloma Muñoz

Cuando al anochecer le doy las buenas noches y apago su lamparita, su imaginación comienza a florecer.
Su pequeña habitación blanca, en unos minutos se convierte en un autentico bosque encantado. Unicornios de colores, loros dorados navegando en barcos de papel, culebras peludas y osos con alas forman una gran banda de música, que animados entonan las canciones más divertidas que mi pequeño conoce.
Si una risita se escucha tras la puerta en media noche, será que esos patos plateados su truco de magia ha terminado o que un calamar saltarín una intrépida acrobacia ha hacho a los pies de su cama.
Cuando mi pequeño está cansado cierra sus claros ojazos y los animales uno a uno se van despidiendo con cariñosos abrazos.
Quizá mañana le visite un hipopótamo que hable francés, un koala verde que sepa leer, una gaviota divertida que cuente chistes tronchantes o un elefante tan pequeño que viaje a lomos de un mosquito.
Grandes, pequeños o luminosos, seguro que mi pequeño recibe sus visitas para poder iniciar un dulce sueño.
Me gustaría poder ver ese bosque lleno de hermosos colores y divertidos animales que no podemos observar en el zoo ni en ninguno de los parques.
Plasmados en sus dibujos están esos fantasticos animales y decorando la pared de mi cocina para recordarme cada mañana, que yo también fui niña “alguna vez”.

Raquel Bonilla

Rojo

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Ilustrador@: 

Corrector@: 

Género: Poema infantil

Rating: +18

Este poema es propiedad de Raquel Bonilla. La ilustración es propiedad de Ana Carmen Kummerow. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Rojo.

Ilustración de Ana Carmen Kummerow

Me llaman colorado
cuando coloreo tu carrillo,
si estas avergonzado.
Doy color a la manzana,
a los tomates
y a la camiseta de España.
Del arcoíris soy el primero,
y después de llover
salgo rápido como un jilguero.
Dicen que soy el color de la pasión,
porque conmigo coloreas
tu propio corazón.
Soy amigo de la cereza,
pues doy brillo
a su pequeña cabeza.
A la sandia doy frescura
cuando llegado el verano,
está por fin madura.
Al pimiento doy alegría,
que junto al clavel,
al hortelano alegran el día.
De mi presume la mariquita,
que risueña canta y baila
de ramita en ramita.

Raquel Bonilla

¿Qué hay detrás de la niebla?

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Género: Poesía

Rating: Infantil de 6 a 12 años

Este relato es propiedad de Raquel Bonilla. La ilustración es propiedad de Rafa Mir. Quedan reservados todos los derechos de autor.

¿Qué hay detrás de la niebla?.

 

Ilustración de Rafa Mir

¿Qué habrá detrás de la niebla?
Detrás de la niebla ¿qué habrá?
Quizá un unicornio bailando,
o un hipopótamo cantando.

No veo nada.
Nada consigo ver.
Abro los ojos con fuerza,
Detrás de la niebla ¿qué habrá?

Quizá una flor floreciendo,
o una ardilla comiendo,
probablemente un ciervo
o un niño leyendo.

Espesura blanca contemplo,
aunque miro y me concentro.
¿Quién ha pintado de blanco
y ha tapado el campo?

¿Qué habrá detrás de la niebla?
Quizá una roja mariposa
con sus ala extendidas
alegre revoloteando.

Quiero imaginar el arcoíris
tras la espesa niebla,
quiero imaginar el sol
iluminando al verde manto.

¿Qué habrá detrás de la niebla?
Detrás de la niebla ¿qué habrá?
Quizá ya estén las estrellas
y la luna acurrucándolas.

Quiero ver tras la ventana
pero todo blanco está.
Quisiera ver al jilguero
pero ¿detrás estará?

Quizá cuando llegue la noche
y el sol acostado esté,
la niebla desaparezca
y veré al unicornio correr.

Raquel Bonilla