Los monstruos de mi imaginación

Autor@: Raquel Bonilla

Ilustrador@: 

Corrector@: 

Género: Poesía Infantil

Rating: Todos los públicos

Este relato es propiedad de Raquel Bonilla. La ilustración es propiedad de Rosa García. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Los monstruos de mi imaginación.

Ilustración de Rosa García

Los niños del mundo tenemos un gran don,
es un bonito secreto
y se llama imaginación.

Podemos ser piratas de noche
caballeros al atardecer
y conducir un mágico coche.

Los conocí con mi don,
son pequeños, divertidos y coloridos
y me divierten un montón.

Son pequeños y coloridos
saltan, bailan y vuelan
y tienen cara de pillos.

Si tengo fiebre o sarampión,
todos me hacen compañía
jugando en mi habitación.

Les gusta hacer dibujos
jugar al balón
y contar cuentos de brujos.

El más divertido es Tristón,
un monstruo naranja
al que le encanta el salchichón.

Leo parece un león,
tiene melenas marrones
y vigila cada rincón.

Azul es el más gracioso
es cariñoso y blandito
y de peluche, parece un oso.

Rojo es el más listo,
tiene gafas redondas
y le encanta comer pisto.

Gracias a mi imaginación
conozco monstruos divertidos
con un enorme corazón.

Raquel Bonilla Santander

 

Crimen en el bosque

Autor@: Raquel Bonilla Santander

Ilustrador@: 

Corrector@: Mariola Díaz-Cano

Género: Micro relato

Rating: Infantil

Este relato es propiedad de Raquel Bonilla. La ilustración es propiedad de Ana Carmen Kummerow. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Crimen en el bosque. 

Aquella mañana se iba a celebrar una gran fiesta para dar la bienvenida a la primavera en el bosque. Miles de guirnaldas de colores estaban preparadas para decorar todos los árboles del bosque; los ruiseñores calentaban sus voces para entonar las más bonitas melodías y los topos y conejos recogían los últimos frutos secos para la merienda.

La fiesta de la primavera es uno de los momentos más importantes en el bosque, los animales salen de su letargo y las flores nacen con fuerza y color para dejar el más puro de los aromas.

Fue Mika la ardilla la que dio el primer aviso. Entre espasmos y voz entre cortada dijo a los habitantes del bosque que unas grandes máquinas amarillas se acercaban hacia ellos.

No tardaron en oír el estruendo y todos huyeron despavoridos  a buscar refugio. Nadie se atrevía a salir, solo se oían ruidos y un humo negro se apoderaba del bosque.

Estaba ya anocheciendo cuando el ruido cesó y los animales pudieron salir de nuevo.

Fue en ese momento cuando la tristeza y la impotencia se adueñó del bosque. Todos los árboles habían sido talados. Las ardillas no podrían subir a los arboles a por alimento, los pájaros habían perdido sus nidos, no tendrían sombra en verano…. ¡Era horrible!  ¡El más espantoso de los sucesos!.

¿Pero quién?, ¿por qué?, ¿para qué? …..

Todos se hacían preguntas entre sollozos, pero fue Rino el zorro más valiente del bosque quien decidió buscar respuestas.

Formó un grupo de animales fuertes y rápidos dispuestos a seguir las pistas que les llevasen hasta los que habían destrozado el bosque. Juntos olfatearon el rastro de todos los objetos que se habían dejado en la zona del desastre.

Anduvieron durante horas pero finalmente llegaron hasta ellos. El piar de el pequeño Coti, un alegre canario que se había quedado en su nido, les terminó de dar la última pista.

Allí estaban, unos hombres con grúas y un montón de herramientas. Los animales observaron muy tristes cómo montaban los troncos de sus amigos los árboles en una camioneta. Oyeron cómo iban dispuestos a vendérselos a un hombre que fabricaba muebles en su casa.

Ilustración de Ana Carmen Kummerow

Los animales no podían dejar que aquellos hombres se salieran con la suya y ganaran dinero sucio.

Se unieron formando un gran círculo que los dejó en el centro. Aullaron, piaron y ladraron durante un largo tiempo hasta llamar la atención de todos los habitantes del pueblo más cercano.

Estos no tardaron en llegar y ver lo que estaba pasando. Se enfadaron muchísimo porque les habían destrozado su bonito bosque  que ellos tanto cuidaban.

Los echaron de allí esperando no volverlos a ver nunca más.

Aquel año la bienvenida de la primavera no fue feliz, pero entre todos se encargaron de que nunca jamás ese crimen volviera a ocurrir en sus bosques.

Fin

Raquel Bonilla Santander

Sentir la venganza.

Autor@: Raquel Bonilla Santander

Ilustrador@: Jordi Ponce Perez

Corrector/a: Mariola Díaz-Cano Arévalo

Género: Microrrelato

Este relato es propiedad de Raquel Bonilla Santander, y su ilustración es propiedad de Jordi Ponce Perez. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Sentir la venganza.

Venganza, es una palabra que no estaba en mi diccionario emocional. No aparecía hasta este verano.  Fecha en la que de golpe y porrazo tuve que introducirla e incluso resaltarla en  negrita.

Todo marchaba bien,  las ansiadas vacaciones habían llegado. Mi despacho y yo nos merecíamos un descanso antes de que el estrés nos enfrentara.  Ser el ayudante de un buen abogado es lo que tiene, que nunca sabes que sorprendente caso vas a tener que defender, a veces pensamos que hay cosas que solo se ven en la tele pero no, la verdad de todas, todas supera a la ficción.

Mas que el ayudante se puede decir que era el chico para todo, para llevarle el café al jefe, para coger el teléfono del jefe, para hacerle la compra al jefe, en fin lo que como mis amigos solían decir “ el pringado de la oficina”, eso quieras o no quema, quema muchísimo.

Estudié derecho, me forme con empeño pero no logro subir el escalerón necesario para poder tener mi propio despacho. Siempre que lo intento algo sale mal.

Pero , por fin ahí estaba mi monovolumen cargada hasta las trancas, mi mujer  entrando y saliendo de casa sin parar y cada vez con una maleta en la mano, parecía que íbamos a ir a la guerra dos años por lo menos. Las niñas peleaban en la parte trasera. Bueno supongo que eran las niñas porque con tanto tarro era imposible verlas.

                Levantarse tarde, pasear por la arena, tomar una caña mientras lees el periódico, desconectar… en fin el paraíso.

Ana estaba demasiado ocupada con las niñas, con su bronce amiento al sol, con sus comprar, su móvil. Nunca habíamos estado tan juntos y tan separados. El paraíso empezó a volverse soso, aburrido… ¡preocupante¡.

                Las noches de hotel son monótonas , música, coctel una charradita, un bingo, si monótonas pero nos las noches del descanso. Pero esta vez todo estaba cambiando, eran las noches de la soledad. Las niñas en el parque, yo y mi coctel y…. mi mujer y el wassap. Si el wassap la nueva dorma de comunicarnos. Estuve a punto de comunicarme con ella por esa via. No llegue hacerlo porque al ir  a coger su móvil para hacerle una pequeña broma su wassap parpadeo.

¡Pedro¡, ¿mi jefe?, ¿Ana y Pedro? ¿De qué se conocen? Si tuviera 18 años pensaría, ¡que pillines¡, me estarán preparando una fiesta sorpresa, pero … seamos realistas a mis 40 añazos dudo que estos dos se pongan a prepararme una sorpresilla.

Aunque estaba equivocado, si me estaban preparando una sorpresa, una sorpresa de las grandes.

Al preguntarle a Ana por Pedro cuando volvió del servicio fue todo un poema. Cambió tantas veces de color que parecía un semáforo.

La verdad es que no había tenido el gusto de presentarlos por lo que la cosa pintaba bastante mal.

Ese fue el instante en el que mi particular paraíso empezó a convertirse en un autentico infierno. Solo pensar que la persona más importante en mi vida ocultaba algo relacionado con la persona  por la que me llaman “El pringado de la oficina”, me enervaba hasta la histeria.

No soltaba prenda, nada quedaba claro solo oía ¡tranquilízate ¡. ¿Tranquilizarme? , quería saberlo todo ya.

No soy el mejor de los amantes, tampoco soy detallista ni puedo competir con Richard Gere, pero bueno, no estoy del todo mal. Mi jefe tiene mucha pasta pero es un traje andante, un caro traje pero un traje al fin y al cabo. Un hombre altivo, vacio por dentro. Vamos a decirlo un hombre bajito, calvo, feo e irritantemente rico. No entendía como Ana podía haberse fijado en el , no me cuadraba. Ana nunca había sido ambiciosa, no le gusta derrochar.

La conversación subió de tono, estábamos acalorados, no escuchábamos , no oíamos. Solo había gritos, reproches estúpidos insultos quinceañeros. Acuando la palabra “cuernos” apareció en escena nuestras bocas callaron radicalmente, se hizo el silencio. Ana me miraba muy raro, yo esperaba una respuesta.

-¿Cuernos?, ¿de que estamos hablando?. Ana hacia preguntas que yo no entendía.

Claro que cuernos, tenia que ser eso ¿no? , la verdad es que ni siquiera pregunte.  Ese fue mi gran error. Di por echo la que mujer  a la que amo y que siemrpe me ha demostrado lo mismo, me había puesto los cuernos con mi jefe.

Evidentemente la oofensa fue muy dolorosa. Un error que estoy pagando con creces.

No, no eran cuernos era algo muchísimo peor. Aquel tipo tan altivo al que yo subestimaba tenia amenazada a Ana. No era el pringado de al oficina porque era peor abogado. Era el pringado de la oficina porque me robaba los clientes, los casos y siemrpe estaba a mano para ponerme la zancadilla. Todo ayudado por una asustada mujer, una asustada esposa  que tenia que traicionar a su marido por salvaguardar sus vidas.

¿Cómo no me había dado cuenta? , sus nervios, sus lagrimas en la noche. ¡cosas de mujeres¡, pensaba. ¡estúpido¡, deje escapar en un segundo no solo mi paraíso, si no todo mi mundo. Quiso arruinar mi vida laborar pero consiguió muchísimo más. Un tipo sin escrúpulos que acabó pagando una cuantiosa multa y por supuesto dejo de ejercer. Cosa que no le importó mucho, tenía dinero suficiente como para pudrirse en las Maldivas.

Ana juro no perdonarme y hasta el momento lo está cumpliendo. Cada día sufro un rechazo de llamada . He perdido a la mujer que quiero, la compañía de mis hijas, el calor de mi hogar.

¿Cómo alguien puede dormir con la conciencia tranquila, arruinando vidas ajenas?.

Supongo que entendéis porque la palabra “Venganza” está incluida en mi diccionario emocional. La venganza es lo único que me hace echar el pie derecho al suelo cada mañana. Soy inexperto en ello pero… ¡soy abogado¡ y por cierto un buen abogado. Se me ocurrirá algo para hacerle pagar aunque solo sea una décima parte de mi dolor, una centésima, una micra …

Ilustración de Jordi Ponce Perez

Laberinto soñado.

Autor@: Raquel Bonilla Santander

Ilustrador@: Rafa Mir

Corrector/a: Mariola Díaz Cano

Género: Relato

Este relato es propiedad de Raquel Bonilla Santander, y su ilustración es propiedad de  Rafa Mir. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Laberinto soñado.

—Paula, Paula…¡Despierta!

—¿Qué pasa? ¿Qué hora es? Pero, Pablo, si hoy es fiesta.

—Venga, levanta, perezosa. Ponte las zapatillas de montaña.

—¿Las zapatillas de montaña? Pablo, estás muy raro. ¿Qué has desayunado?

—¿Desayunar? No hay tiempo para desayunos.

—¿Cómo que no? Pero….

—Venga, por el camino te lo cuento.

Pablo estaba emocionado y muy inquieto, Paula no tuvo más remedio que vestirse corriendo y seguir las alocadas instrucciones de su mejor amigo.

—Bueno, ¿vas a decirme qué ocurre?

—Chsss, habla bajito, es un secreto.

—¿Un secreto? Estás empezando a ponerme de los nervios, Pablo.

—Mira.

—Es un libro. ¿Qué tiene de secreto un libro?

—No es un libro cualquiera, es un libro misterioso.

—¿Misterioso?

—Sí, lo encontré bajo una piedra al tropezar con mi bicicleta. Las hojas están amarillentas, así que debe de ser un libro muy viejo.

— ¿Cómo se titula?

—“El laberinto”.

Ilustración de Rafa Mir

Al abrirlo, emocionados, descubrieron que el libro escondía los planos de un gran laberinto lleno de símbolos indescifrables.

—Paula, ¿crees que allí dentro está este laberinto?

—Será cuestión de averiguarlo.

—Hay un problema, la puerta está cerrada.

Los niños no pararon de intentar artimañas para poder entrar en aquel laberinto. La puerta era alta y robusta por lo que empujarla era una solución que ni tantearon. Probaron a pasar por debajo, a intentar romper la cerradura, pero la única forma de acceder a aquel recinto fue apilar pedruscos hasta poder llegar a lo alto de la tapia. Para bajar, anudaron sus chaquetas a un hierro saliente y se deslizaron.

¡Ay …! ¡Menudo tortazo. ¿Te has hecho daño?

—No, estoy bien, pero esto va a ser complicado.

—Mira, Pablo, en el dibujo hay un cofre al final del laberinto.

—Pero ¿has visto cuantos caminos? Esto es un lío.

—A ver, Pablo, miremos atentamente. De todos estos símbolos yo creo que habrá que elegir el que tenga pintas de ser bueno. Mira, este no porque hay dibujada una araña, este tampoco porque hay agua. ¿Qué te parece este de flores?

—Probemos.

—Cuidado, Paula, estas flores se mueven.

—¿Moverse? ¡Correeeeeee!

Los niños se habían metido en un laberinto  y no sabían lo que podían encontrar. El primer susto lo habían tenido con unas plantas que se movían y, la verdad, daban un poco de miedo. Estaban decidiendo qué camino coger a continuación cuando de repente algo les dejó con la boca abierta.

—Paula, ¿estás viendo lo mismo que yo?

—Pues no sé, igual nos hemos dado un buen golpe en la cabeza al deslizarnos por la tapia porque estoy viendo a una rana con falda y zapatillas

—Creo que los dos nos hemos dado el golpe, porque yo también la veo.

—El día ya pintaba rarito, pero esto ya es muyyyyyyyyy raro.

La rana no solo llevaba una vistosa falda y unas bambas, sino que también hablaba. Cuando emitió su primera pabla, los valientes aventureros comenzaron a gritar y dar vueltas durante unos minutos.

—Eo, eo… ¿Podéis dejar de gritar? Si queréis seguir por el laberinto, tenéis que responder a una pregunta.

—¡Estoy alucinando! Si me dices que también sabes bailar, me caigo redondo.

—¡Ja, ja, ja, qué cosas tienes! ¡Claro que sé bailar! Bueno, bueno, no hay tiempo que perder. Aquí va la pregunta: ¿sabéis cuál es el animal que tiene en su nombre las cinco vocales?

Los niños no salían de su asombro pero se dieron cuenta de que no cabía otra opción, así que empezaron a pensar hasta que Pablo pegó un buen bote.

—¡Lo tengo!

—¿Lo has pensado bien?

—Por supuesto … MURCIÉLAGO.

—Correcto, chicos. Podéis continuar por este camino.

Los niños continuaron su camino durante unos minutos sin emitir palabra, ya que no salían de su asombro hasta que algo más increíble les hizo volver a parpadear. De las paredes empezó a brotar agua y en un plis plas se vieron montados en un enorme flotador hinchable.

—Agárrate fuerte, Paula, no me sueltes.

—¿De dónde ha salido el agua?

—No tengo ni idea, pero no te sueltes.

El agua les hizo girar y girar, chocando contra las paredes, mojándoles las cabezas. Las carcajadas de los niños se podían oír a kilómetros. Estaba siendo muy divertido. De repente…

—¿Dónde está el agua?

—¡Qué locura!

Allí estaban los pequeños, empapados, sentados frente a una pared llena de letras, letras de colores por todos los lados.

—¿Qué hacemos con tantas letras?

—   Formar una frase.

—¿Quién ha dicho eso?

—Yo no.

—¿Quién anda ahí?

—¡Eo! Aquí, aquí abajo, soy un gnomo.

—Pero… ¿también existen los gnomos? Esto es de locos.

—Ya podemos decir que este laberinto es un auténtico cuento.

—Dejaos de rollos. ¿Queréis saber cómo seguir?

—Por supuesto que sí.

—¿Veis todas esas letras? Tenéis que unirlas y formar la solución de un acertijo. Atentos:

Doy al cielo resplandores
cuando deja de llover:
abanico de colores,
que nunca podrás coger.

Tras pensar y pensar los niños llegaron a la conclusión de que el acertijo hablaba evidentemente del arcoíris y se pusieron manos a la obra para reorganizar todas aquellas letras de colores. Cuando terminaron se dieron una divertida sorpresa. El gnomo se había dormido bajo un árbol del aburrimiento.

—Gnomo, ya tenemos la solución.

—¡Ufff, ya era hora! La solución es correcta. Podéis continuar, el camino es el de la derecha. Suerte.

—Adiós, gnomo, ha sido un placer conocerte, ha sido fantástico.

Los niños corrieron y corrieron. El final del laberinto se veía cerca pero el suelo empezó a moverse y los niños tuvieron que continuar a saltos para no caer al suelo.

—Mira, Paula, ¡el tesoro!

—¿Tesoro?

—Sí, debe de ser un tesoro porque hay un cofre como el de los libros de piratas.

Al abrirlo los amigos no pudieron contener la risa. Sí que era un tesoro, sí, la verdad es que para los niños era un auténtico tesoro. El cofre estaba repleto de chuches, ricas y coloridas chuches.

—Paula, Paula, despierta o llegarás tarde al colegio.

—¿Al colegio? ¿Dónde está Pablo?

—¿Pablo? En su casa. Debías de estar soñando algo muy divertido, oíamos tus risas desde la cocina. Venga, levanta o llegarás tarde.

Quien robó la luna.

Autora: Raquel Bonilla

Ilustrador: Rafa Mir

Género: Relato

Este relato es propiedad de Raquel Bonilla, y su ilustración es propiedad de Rafa Mir. Quedan reservados todos los derechos de autor.

Quien robó la luna.

– Lucas, es tarde. Sube a cenar que mañana hay que madrugar para ir al colegio.

– Espera mama todavía luce el sol, es pronto.

– ¿Pronto?, son casi las nueve. ¡Qué raro, el sol brilla como nunca¡

La noche había llegado, pero Lucas y sus amigos seguían jugando en el parque bajo un sol abrasador a pesar de estar aun en primavera. Nadie le dio importancia al principio pero pronto todos empezaron a preocuparse.

– Vamos Lucas, a casa, es muy tarde.

– ¿Tarde? Pero.. porque el sol no se esconde. ¿Dónde está la luna?.

Lucas se marchó a casa bajo la insistencia de su madre, pero no se fue nada convencido. Pasaron las horas y aunque ya tenía puesto su pijama y se había lavado los dientes, la luna seguía sin aparecer por ningún lado. Aunque sus padres le dijeron que se fuese a la cama y que no ocurría nada, Lucas no los creyó y muy preocupado salió al balcón y miró fijamente al cielo.

Una tenue luz parecía querer asomarse entre los intensos rayos del sol, pero no lograba distinguir lo que era. Lucas fue a por sus gafas de sol y volvió a mirar fijamente.

No podía creerlo, era una estrella. La situación cada vez era más extraña.

– Pssss, psssssss

– Pero…¿Quién me llama?, no veo a nadie.

– Mira arriba, aquí, aquí.

– ¿Dónde?

– En el cielo, soy yo la estrella.

Si, parecía cosa de magia o de locos según se mire, pero aquella estrella estaba llamando a Lucas.  Del susto el pequeño se acurrucó bajo su cama, pero pronto se dio cuenta de que era absurdo tener miedo a una estrella y volvió al balcón.

– Tienes que ayudarme, yo y mis compañeras las demás estrellas no podemos lucir como cada noche. Sin la luna acabaremos desapareciendo.

– Psss, pssss…

– Y ahora ¿Quién me llama?.

– Aquí, aquí.. mira hacia abajo. Soy el olmo de tu jardín. Tienes que ayudarnos, si el sol no se esconde acabaremos secándonos y flores y plantas se irán marchitando.

Aunque ya era demasiado ver hablar a una estrella, eso de que un árbol también lo hiciera volvió a provocarle un escalofrió. El niño estaba atónito pero comprendió que le estaban pidiendo ayuda. Cogió con interfonos y contó lo sucedido a Hugo e Iker, sus dos mejores amigos.  Al principio ambos rieron durante un buen rato y pensaron que su amigo estaba completamente loco.

– Bueno creo que estas muy loco, pero será divertido resolver un misterio.

Ataviados con lupa, cantimplora y botas de montaña los tres amigos se plantaron en el jardín esperando a que un arbusto o una margarita les diesen alguna pista sobre el paradero de la luna.

Fue esta vez una pequeña mariquita la que se poso en el hombro de Hugo y con una voz muy aguda casi tumba del susto al niño.

– ¿No me creíais? ¿Qué pasa ahora? ¿seguís pensando que estoy loco?.

– Los dos amigos se levantaron de un gran salto, parecía que habían visto un fantasma.

– Psss, pssss… aquí chicos, aquí. Tenéis que ayudarme, necesito que el sol no seque las plantas porque las necesito para comer.

Pasado el susto y tumbados los tres en el césped mirando al cielo vieron como una estrella intentaba lucir pero le era imposible, casi era ya transparente.

– Es ella, es la estrella que me habló.

– Sí, soy yo. Ya sé donde está la luna. El sol la secuestró. Quiere ser el dueño de todo el día, no quiere compartirlo con la luna. Se ha vuelto egoísta.

– ¿y qué podemos hacer?. ¿Dónde la encontraremos?.

– Mirar atentamente y coger hoja y lápiz.

Mientras los niños observaban expectantes varias estrellas se juntaron e hicieron una figura en el cielo. Iker la dibujo en el papel.


Ilustración de Rafa Mir

– ¿Qué es esto?

– ¡ Qué raro ¡.

– Creo que es un mapa. Sí, estoy seguro de que es un mapa, como los de los cuentos de piratas.

– Sigámoslo, quizá nos guie hasta la luna.

Los tres aventureros comenzaron a seguir aquel mapa, cruzaron el centro del pueblo y llegaron hasta la laguna. Allí no había nada, los niños estaban desilusionados, esperaban ver cuevas, monstruos etc.. Pero allí no había nada, tan solo la laguna. Los tres se sentaron en el borde y mientras tiraban piedritas en silencio pasó algo increíble. La laguna se convirtió en un espejo gigante. Sobre el agua apareció el reflejo de la luna. Estaba triste.

– Mirad, es la luna. ¿Dónde te has metido?^

– No sé donde estoy, el sol me engañó y me convirtió en un reflejo, solo se me puede ver sobre las aguas de la laguna. Así nunca podre volver a lucir, la noche no llegará y siempre será de día.

– Hugo, Iker tenemos que hablar con el sol, necesitamos tener noche y día, necesitamos descansar y que las plantas no se sequen y el agua se evapore, sería un desastre.

– Reunámonos bajo el olmo con la estrella y la mariquita, quizás entre todos podamos convencer al sol de la importancia de la luna.

Parece que los niños tenían un plan, se dirigieron al almo  y se tumbaron. La mariquita al verles planear algo no tardó en unirse a ellos y lo mismo hicieron ardillas, mariposas, gusanos y todo animal que por allí se encontraba. No hizo falta mucho más, el sol al ver a tanto ser vivo junto centro su atención en ellos ya que le encanta ser el centro de atención.

Al ver que el sol lucia sobre ellos con fuerza, todos abrieron unas sombrillas gigantes que no dejaban pasar ni un rayo.

– ¿No queréis sentir el calor de mis rayos?

– No, lo que queremos es dormir, estamos muy cansados y con tu luz no lo conseguiremos.

– Nos gusta tu calorcito  pero si nos calientas todo el día evaporaras el agua y nos marchitaras.

– Quemaras nuestra piel y nos pondremos enfermos.

– Sol, eres muy importante pero también lo es la luna. Necesitamos la oscuridad y el fresquito de la noche.

– Creía que ibas a estar contentos con mi luz todo el día pero estáis tristes y enfadados, eso no me gusta.

– Suelta a la luna y volver a compartir el día.

El sol entendió que para que los seres vivos puedan vivir necesitan el día y la noche. En unos instantes, el sol centró todos sus rayos en la laguna, parecía un lago de oro y en un abrir y cerrar de ojos la oscuridad se posó sobre sus cabezas. Al abrir los ojos, millones de estrellas lucían sobre sus cabezas. En la laguna el reflejo del sol hizo un guiño a los niños y se desvaneció entre olas.

Todos comprendieron la importancia del sol y la luna. Gracias a la palabra rescataron a la luna de la laguna.

Poema de Navidad

Autora: Raquel Bonilla

Ilustración: Jesús Prieto Revuelta.

Corrección: Elsa Martinez

Este cuento es propiedad de Raquel Bonilla, y su ilustración es propiedad de Jesús Prieto Revuelta. Quedan reservados todos los derechos de autor.

POEMA DE NAVIDAD INFANTIL

Blanda, blanca y esponjosa,

llega suave y silenciosa.

Llena montañas de blanco

¡maravilloso el campo!.

Emoción por la mañana,

salen todos de la cama.

Con caritas de ilusión

contemplan esta estación.

Sueñan con volar montados

en grandes copos dorados

y hacer en sus jardines

muñecos de colorines.

Botas, gorros y bufandas

para no quedar heladas,

vaso de leche caliente

y un turroncito crujiente.

El niño en el pesebre,

nos espera muy alegre.

Los Reyes de camino,

decorado está  ya el pino.

Villancicos entonando,

las zambombas ya sonando.

Viene un hombre muy gordito,

con trineo y un gorrito.

Es tiempo de panderetas

y en familia hacer cenas,

disfrutar de vacaciones,

cambiar libros por canciones.

En el cielo resplandece

una estrella desde oriente,

guía  a tres Reyes Magos

por puentes, montes y lagos.

Los niños la magia viven,

bonitas historias oyen,

es tiempo de dulces sueños

para grandes y pequeños.

Hay postales navideñas

grandes y también pequeñas,

llenan nuestros corazones

de preciosas ilusiones.

Preparar la chimenea

siempre es nuestra tarea

y poner bien los detalles,

hasta en los delantales.

Deseo felicidad

a toda la humanidad,

el uso de la bondad

en tiempo de Navidad.

Ilustración de Jesús Prieto Revuelta

Ilustración de Jesús Prieto Revuelta

Los bosques en cada estación

Autora: Raquel Bonilla

Ilustrador: Daniel Camargo

Correctora: Elsa Martínez

Género: relato, fantasía y drama (a partir de 16 años)

Este cuento es propiedad de Raquel Bonilla, y su ilustración es propiedad de Daniel Camargo. Quedan reservados todos los derechos de autor.

LOS BOSQUES EN CADA ESTACION

Marrones troncos
y largas ramas,
en claras charcas,
croan las ranas.

Ciervos y lobos,
gnomos y setas,
hacen del bosque
noches secretas.

Con elegancia
llega olorosa,
la primavera
muy silenciosa.

Trae a sus ramas
frutos y flores;
Trae mil aromas
y un mar de olores.

Casa de especies,
bosque frondoso;
hogar de aves,
lugar precioso.

Flora y fauna
allí conviven
y de la tierra
comen y beben.

Lega el verano
junto al sol,
luz y calor,
deja esplendor.

Los animales,
muy calurosos,
buscan la sombra,
junto a los osos.

Ya los gandules,
dejan sus cuevas;
salen al bosque,
se desperezan.

De color pastel
y un zumbido,
llega el otoño,
algo escondido.

A los árboles,
desnudos deja,
todo decora,
de color teja.

Hace con hojas,
suelo marrón,
los animales,
tienen colchón.

Viene tranquila,
y por sorpresa;
la nieve fría
blanca y espesa.

Paisaje blanco
y navideño,
deja el invierno
frunciendo el ceño.

Ya los ositos
van a hibernar,
larga la siesta
van a echar.

Cuatro estaciones,
cuatro colores;
cuatro paisajes,
muestran los bosques.

Duerme el búho,
croa la rana,
aúlla el lobo,
trepa la araña.

Noches oscuras
y tenebrosas,
pero las tardes,
claras y hermosas.

“No ensuciarlo,
es un deber,
que las personas
deben saber”

Respetemos la naturaleza, es nuestra valiosa herencia.

Ilustración de Daniel Camargo

Ilustración de Daniel Camargo

El sirena

AUTOR:  RAQUEL BONILLA SANTANDER

ILUSTRADOR: VERONICA LOPEZ

CORRECTOR: ELSA MARTINEZ

Género: relato

Estos cuentos son propiedad de Raquel Bonilla, y su ilustración es propiedad de Verónica López. Quedan reservados todos los derechos de autor.

EL SIRENA

Necesitaba sentir, oler, despejarse, dormir, ver las estrellas; salir de esas cuatro paredes llamadas oficina, estirar las piernas, dejar de pensar, dejar de correr, de hablar por teléfono, de escribir, de ver casas, en definitiva, como decía su psicólogo “necesitaba huir del estrés”. El trabajo había absorbido su vida y con tan solo 30  años había dejado de sentir, de enamorarse, de reírse en cuadrilla … era un agente inmobiliario dispuesto a salvar el negocio del ladrillo dejando a un lado el negocio de su corazón.

Todo su entorno era consciente de que Iker necesitaba unas vacaciones forzosas pero era muy difícil convencerle de que lo hiciera. Al definir su carácter, la palabra cabezota te venia a la mente a la primera de cambio.

El día de su 31 cumpleaños, como de costumbre después de un largo día de trabajo, paso por un chino de su barrio y con sus aceitosos rollitos y su arroz tres delicias pensaba pasar su cumpleaños sentado en su sillón sin apenas acordarse de que era su aniversario.

Tuvo que recibir la llamada de su madre para reaccionar y darse un homenaje, abrirse una lata de coca cola. Como veis no se si os imagináis un cumpleaños más aburrido.

Pero por suerte o eso pensaron todos sus amigos, algo iba a cambiar ese día. Al llegar  a su rellano tuvo que dejar las bolsas en el suelo para poder abrir la puerta, aunque sin éxito. La puerta no se abría y era tal su desconcierto que tardó más de 15 minutos en leer la enorme nota pegada junto a la mirilla.

“No, hoy no entras en casa, deja tu estrés en el felpudo y baja a la puerta”. Aun no sabía el grado de su enfado, y era mejor que no se pusiese a analizarlo. Bajó, claro que bajó, parecía un búfalo echando humo por las orejas, en su cabeza no había sitio para las sorpresas, ni para la diversión en su cabeza había una gran pancarta que decía que había que madrugar para ir a trabajar.

Allí estaban sus amigos riendo sin parar montados en una cochambrosa furgoneta alquilada. Iker no sabía si despellejarlos o dejarles que se explicasen, la opción fue difícil pero no acabó con los guasones de sus amigos. Pero ¿montarse en la furgoneta?, ¿Dónde iban?, ¿estaban de broma?, ¿se habían vuelto locos?.  La verdad, realmente imposible hacer que el cabezota se montase, pero lo hizo cuando vio que no tenía otra opción. Durante el viaje su cabeza dio millones de vueltas, pero fue superior a sus fuerzas preguntarles el paradero del viaje, realmente no quería saberlo, quería que fuese una pesadilla y que al despertar estuviese tan tranquilo en su cama de dos metros.

Ya hemos llegado, este es nuestro regalo. No sabía porque habían conducido durante más de una hora hasta el puerto. No entendía nada, si era su regalo se habían equivocado, no le gustaba, el mar, ni el marisco, ni siquiera recordaba lo que era una piscina.

¿Ves ese barco? Si ese de allí, el que tiene una sirena dibujada. Aquí tienes tus llaves, ahora comienza tu aventura. Tienes un mes de vacaciones, no tienes ni móvil, ni conexión a internet, solo tienes ese barco “El sirena”.

Iker alucinó durante un par de horas. Lo habían dejado allí tirado, frente a un barco que evidentemente necesitaba más de una capa de pintura y más de una desinfección.  Su padre había sido pescador de alta mar, pero de eso hacia tanto tiempo que Iker  lo había guardado en su baúl de los recuerdos.

No sabía por dónde empezar pero lo que tenía claro es que esa noche tenía que pasarla allí, no tenía ni llaves de casa, ni cartera para pagarse un hotel, ni móvil para llamar.

Sumiso y muy cabreado entró en el barco, no estaba tan mal como parecía, sus amigos habían tenido la decencia de limpiar aquello y dejarle comida y ropa limpia.

Nunca sabrá si “El sirena” tenía algo mágico pero esa noche durmió de un tirón, sin pensar, sin mirar el reloj, sin oír el móvil… lo que llamamos descansar por fin. Por lo que a la mañana siguiente el humor le había cambiado, el azul del mar le parecía más azul que en su infancia, y el olor a mar le parecía más atractivo. No recordaba cómo poner ese cacharro en marcha, pero lo puso, recordar que era un autentico cabezota.

Sin rumbo, pero con una sonrisa en la boca navegó durante horas, sintiendo la brisa en el rostro, el calor del sol en la piel. Era una sensación que tenía tan olvidada que parecía nueva para él. El regalo de sus amigos, aunque todavía carecía de sentido pare él le estaba empezando a parecer interesante. Aquel barco tenía algo especial, le estaba dando aire fresco.

Esa noche, ni siquiera durmió en la pequeña habitación, tan solo se tumbo y durmió mirando las estrellas. Noche que recordaría como la primera de su nueva vida.

Ilustración de Marta Herguedas

Ilustración de Verónica López

Pasó los días navegando de aquí para allá, tirando las redes por si algunos peces querían quedarse en ellas, pero se ve que no lo heredo de su padre. Tuvo que conformarse con las latas que sus amigos habían apilado en el armario.

Un amanecer al abrir los ojos tras cerrarlos unos minutos para sentir el sol en el rostro quedó atónito, tuvo que frotarse los ojos  una vez tras otra, hasta quedar convencido de que no era un espejismo. Era la mujer más bella que recordaba haber contemplado nunca. Estaba allí sentada en una isleta mirando “El sirena “fijamente. No sabe porque lo hizo, hace tanto tiempo que no se fijaba en una mujer que no recordaba ni como se ligaba, como se decía en sus tiempos, pero lo hizo, paro, bajo y se sentó junto a ella. Hablaron durante horas, él le conto su aventura como marinero y como llegó allí y ella le contó una vida llena de mar.

Junto al fuego hicieron la cena, y bajo las estrellas se enredaron en un momento de ternura y pasión. El fuego salía del cuerpo de Iker y los besos envolvieron aquella noche. Su piel, su corazón, su cabeza…no recordaban esa sensación de placer, aquel nudo en el estómago, aquella  piel erizada.  No quería que amaneciese, no quería que esa noche acabase, no quería dejar de acariciar aquel sedoso pelo ni aquella piel de terciopelo.

Pero la mañana llegó y el momento de hablar también, Iker no dudó en proponerle que fuese con el a su ciudad, sin pensar en cómo compaginaría aquel romance con su trabajo, pero por primera vez desde hacía mucho tiempo deseaba algo con todas sus fuerzas fuera de su negocio inmobiliario, del que en aquellos momentos ni se acordaba.

“Imposible” fue la respuesta que Iker oyó y justo la respuesta que su corazón nunca quería haber oído. Las explicaciones y también la cordura sobraron en aquellos momentos. No se sabe cómo, pero ocurrió. Al coger su mano con fuerza fueron sumergidos al fondo del mar. Su cuerpo parecía flotar, no sentía que el aire le faltase pero estaba debajo del mar. Aquella preciosa mujer conducía a Iker, llena de ternura, aleteando con su larga cola. Era una sirena, una sirena como las que tan solo aparecen en los cuentos.  Vio todo su mundo, creyó que había sido un maravilloso y desequilibrante sueño ya que despertó tumbado en la arena donde la pasión había cambiado a Iker. Fueron momentos extraños, entendió que no podía ser, sin entender que aquella mujer era una sirena. Entendió que no podía vivir bajo el mar, sin entender como alguien podía hacerlo. Aquella sirena de la cual no supo ni el nombre robo su corazón, se lo hizo añicos, esperanzó a un joven para luego desaparecer. Si encogió los sentidos de Iker, pero … le recordó lo que era sentir, lo que era vivir, lo que era amar. Le recordó que hay cosas más importantes que el trabajo.  Aquella sirena cambió su vida.

Iker volvió al trabajo, sí, pero vendió su casa e hizo de “El sirena” su nuevo hogar. Nunca perdió la esperanza de volver a ver a su sirena, y esa esperanza le dio vida, le dio aire, le dio ganas de buscar el amor, la compañía, de querer apasionarse. Iker se convirtió en un joven de 31 años lleno de vida y esperanza.

Original de : Raquel Bonilla Santander

San Jorge

Texto: Raquel Bonilla
Corregido por: Elsa Martinez
Ilustradores: Laura López, Rosa García y Almudena Cockadoodledoo Yagüe

Dirigido : A niños de 3 a 9 años.
Género: poema infantil

San Jorge

Hace tiempo en un castillo
de un reino lejanillo,
todos vivían contentos,
sobre ellos va este cuento.

Verdes campos y praderas
rodeaban las aceras
de aquel castillo grandioso
fuerte, alto y muy hermoso.
Una mañana temprano
sigiloso y andando
llegó al castillo un dragón
verde, feo y grandón.

Escondido en el prado
Parecía enfadado,
fuego por la boca echaba
mientras un ruido sonaba.

La princesa del castillo
de largo pelo amarillo
desayunaba tranquila
leche y pan con mantequilla

El dragón con su bocaza
se comió hasta la borraja
dejó los huertos pelados
se comió hasta los cardos.

A ovejas persiguió
y alguna se comió
¡Vaya hambre tan atroz!
Dejó el reino sin arroz.

Al llegar aquella noche
el dragón llegó hasta el porche
muy despacio y sin ruido
abrió lento y sin chirrido.

Se llevó a la princesa
en su cueva la hizo presa
la quería de amiga
e hicieron buenas migas

San jorge

En el reino los soldados
se quedaron desolados
no habían visto el dragón
salir por aquel balcón.

¿Dónde estará la princesa?
divertida y muy traviesa.
¡ Estará asustadita ¡
porque está ella solita.

Sus amigos asustados
la buscaban angustiados
por montañas y llanuras
con caballos y armaduras.

La niña salir quería
al dragón se lo pedía
Pero él, muy testarudo
contestaba con rugido.

Almudena Cockadoodledoo yagüe

A lo lejos se acercaba
muy deprisa cabalgaba
era un joven caballero
¡Oh, San Jorge el escudero!

Era un joven muy valiente
de armadura reluciente
les vena a ayudar
y a su princesa salvar.

Con su lanza y su escudo
Fue a ese lugar tan oscuro,
allí estaba el dragón
dándose un chapuzón
Ante tanta valentía
el dragón huir quería
desapareció volando
con el rabo meneando.

La princesa muy contenta
salió de la cueva lenta
todos felices cantaron
y de gran gozo bailaron.

San Jorge fue valiente
pues eso cuenta la gente,
en abril lo celebramos
y su historia recordamos.

En la boca del Dragón

Texto: Raquel Bonilla
Corregido por: Elsa Martínez
Ilustradores: Rafa Mir y Ana García Suárez
Dirigido : Lectores mayores de 18 años.
Género: Relato

Era muy tarde, la madrugada se nos había echado encima y aquel taxista no encontraba solución a aquella avería. Todo empezó como un viaje de negocios a España. Salí del taxi me encendí un pitillo y me apoye junto a un escaparate de la calle de esa ciudad mientras el taxista, un hombre regordete de unos 50 años, juraba a la vez que intentaba descargar su agonía pateando las ruedas de aquel coche, que era tan viejo que no sé como aun podía funcionar. En la empresa me dijeron que no me preocupase por el viaje, que todo estaba bajo control. Pero allí me encontraba, a las dos de la madrugada en una ciudad desconocida, aun a 80 kilómetros de mi destino y con la única compañía de un pitillo y un hombre gruñón. Pasaron dos horas y la situación seguía igual. En mi desesperación decidí dejar allí a aquel hombre peleándose con el tubo de escape y dar un pequeño paseo para despejar la mente y estirar las piernas. Tuve suerte porque la temperatura me acompañó, era otoño pero la noche estaba despejada y mi abrigo era suficiente para no tener frío. No lo recuerdo bien pero al cabo de andar unas tres calles me detuve ante la inmensa puerta de un hotel. La puerta era de rejas. Me acerque a los barrotes, introduje la cabeza como pude y mi boca se abrió completamente, allí estaban los jardines más bonitos que jamás he vuelto a ver en mi vida. Árboles enormes y cuidadísimos acompañados de bellas flores rodeaban un patio que olía tan bien que daban ganas de tirarse en ese césped y quedarse toda la eternidad. Al fondo una gran escalinata con un enorme dragón, con penetrantes ojos rojos, dibujado en la pared, presidia la entrada principal. Mi cabeza empezó a imaginar la cantidad de gente adinerada que habría allí dentro.


Ilustración: Rafa Mir

Comencé a imaginar a las mujeres con largos trajes de gala y joyas que relucirían de lado a lado del salón. No sé el rato que estuve allí , pero cuando una mano se posó en mi hombro debían de ser prácticamente las seis de la mañana, porque el sol ya comenzaba a asomarse. Me lleve tal susto que del sobresalto me di un golpe en la cabeza con uno de esos barrotes . Debí de perder el conocimiento, no sé cuanto tiempo y creo que nunca lo sabré. Cuando abrí el ojo lo primero que note fue un fuerte dolor en la cabeza y una desorientación que casi me lleva a la locura por uno momento. Casi no podía abrir los ojos , me dolían cuando miraba la luz, alguien se debió percatar de ello, porque en unos instantes quedo todo a oscuras, tan solo con la tenue luz de unas velas. Intente levantarme sobresaltada pero una mano me lo impidió y una voz tranquilizadora me calmó. Cuando ya aclare mi vista lo primero que vislumbré en el techo fue una impresionante lámpara del estilo rococó y unos cuadros preciosos decorando las paredes de lo que parecía una habitación. A los pies de mi cama un hombre joven que no tendría más de mi edad y al otro lado una mujer muy tiesa. Al fondo de la habitación había una joven que me miraba tímidamente sin parpadear, me chocó aquella joven porque iba vestida de uniforme, como el de las sirvientas de las películas de hace muchos años. No entendía absolutamente nada. Empecé a hacer preguntas sobre donde estaba y que me había ocurrido. Aquella gente con mucha paciencia empezó a explicarme la situación.

En seguida comprendí que tras mi golpe en la cabeza, aquel hombre que me asustó me introdujo en una de las habitaciones del hotel porque era el dueño. Al principio no podía creerlo, hacia tan solo un momento había fantaseado y ahora estaba dentro de la boca de aquel enorme dragón que tanto me había impresionado. Estaba desorientada y apenas tenía fuerzas para levantarme. Me invitaron a que descansara y no me preocupara de nada. Supuse que enseguida llamarían al médico del pueblo.

Les intenté explicar mi situación, empecé a alterarme ,porque sabía que tenía que hacer algo importante ese día pero no lo conseguía recordar; por unos momentos creí volverme loca, quería levantarme e irme corriendo pero por otro lado no sabía a dónde huir, no recordaba que hacia allí, era una situación tan absurda que me daba pánico.

Mi jefe se estaría preocupando por mí y mi familia estaría alertada y yo ni siquiera me acordaba de ellos. Tan solo sabía que estaba desubicada. No sé exactamente cuántos días estuve en cama; pero por el estado de mi larga melena enredada debieron de ser unos tres días. Al despertar seguía sin recordar nada pero me sentía más relajada, los días siguientes fueron sencillamente especiales, fueron días de ensueño y por un tiempo no tuve preocupaciones porque apenas sabía quién era; estaba viviendo una vida de regalo, unos días de paréntesis en una vida de ajetreo y estrés.

Lucia, la mujer que al principio me pareció estirada, era el ama de llaves de aquel hotel, se encargaba de todo y era una mujer impresionantemente eficaz. Julieta, la chica del uniforme era la hija de Lucia, era una jovencita divertida aunque algo tímida, no se separó de mi ni un segundo preocupándose de que todo me pareciera perfecto, llegamos a ser buenas amigas, tanto que acabe siendo su confidente y hasta llegue a ser celestina ya que estaba coladita por Alex un chico que trabajaba en el hotel de conductor. Julieta se moría de vergüenza cada vez que se cruzaba con Alex y no era capaz de articular ni una sola palabra. Solo necesitaban una situación que les hiciera coincidir y eso es lo que yo hice, no tuvieron más remedio que empezar a hablar, y desde ese momento pocos son los momentos en los que se les ve separados.

Os preguntareis quien era aquel hombre que tras darme un susto de muerte me introdujo en la boca del dragón.
Era David, el hombre más apuesto que os podáis imaginar, tenía unas facciones marcadas y una mirada tan profunda que parecía que pudiese leerte el alma, era fuerte y deportista y no pasaba de los 30 años. Era el dueño del hotel, gracias a la gran herencia de su padre, al que no conoció. Su padre lo abandonó de niño por razones que aun hoy David no conoce, pero unos 5 años antes, cuando finalizó su carrera de empresariales recibió la notificación del fallecimiento de su padre; al principio dudó mucho en aceptarla porque odiaba a su padre por haber estado ausente durante tantos años, David siempre echó en falta en su vida la figura paterna y nunca entendió aquel abandono, por lo que el muchacho estaba lleno de odio y rencor. Pero aconsejado por su familia, se acercó hasta allí para ver lo que su padre le había dejado en herencia, cuando entró, aquel hotel le cautivó. Al ver aquel enorme dragón que presidía la puerta principal, visualizó el brazo de su padre. Aquel dragón siempre estuvo en su hombro izquierdo.

Cuando conoció a Lucia y Julieta ya nunca pudo salir de allí. Seguía odiando a su padre y nunca dejo de hacerlo pero su vida dio un giro y en pocos días se vió dirigiendo uno de los hoteles más prestigiosos de España.

No tarde en enamorarme de aquel hombre que me halagaba constantemente y me hacia regalos tan caros que no podía aceptar. Fue un amor puro, sincero, tierno; algo con lo que las mujeres solemos soñar. Aquel hotel era el embrujo de cualquier persona, una mazmorra para un dragón solitario. Todo estaba iluminado, decorado con una exquisitez irresistible, la comida era típica de reyes, los trajes que David me regalaban eran los vestidos más elegantes del mundo. Cada noche había una cena especial, conocí a celebridades, literatos, cantantes, actores… en esos momentos pensaba que vivía un sueño del que jamás querría despertar. Era la cenicienta de mi propio cuento.

Mi sueño acabó una mañana, una de esas magnificas mañana en las que Julieta me despertaba con su dulce voz y David traía el desayuno a mi cama para desayunar juntos, mirando por la ventana a los jardines que me conquistaron el primer día.

Esa mañana algo cambió, David no aparecía en la habitación y oía alboroto en la planta de abajo. Decidí salir para averiguar qué ocurría. Cuando asome mi cabeza al rellano David estaba rodeado de gente, había policías y una mujer lloraba y lloraba sin cesar, de repente aquella mujer me miro, me llamo hija y se desmayó. No entendía que sucedía, no recordaba quien era aquella señora que lloraba por mí, aunque al verla algo se removió en mis entrañas. Tampoco reconocí al joven que gesticulaba y le pedía explicaciones a David.

Ese chico se acerco a mí me cogió la mano. Con lágrimas resbalando su mejilla, me dio un abrazo, cuando me soltó me dijo: – cariño no te preocupes, te he encontrado volvemos a casa, nuestra hija te está esperando.

Creí que la cabeza me iba a estallar, sentí el dolor más fuerte que jamás he sentido, el corazón creo que explotó. Tenía marido y una linda hija y ni siquiera la había echado de menos porque no me acordaba de su existencia.

En un momento toda mi vida giró, sentía marearme. Salí de golpe de un sueño que era irreal. Al que confundí con el soñado príncipe azul de toda mujer, solo era un hombre solitario y egoísta que quiso tener una mujer por la fuerza, nunca llamo a un médico, nunca intentó ayudarme ni buscar a mi familia…

Estuve varios meses en una clínica pero ahora estoy totalmente recuperada, estoy junto a mi hija y junto al hombre que realmente es mi príncipe azul. A aquel hotel jamás volví y ni siquiera he querido saber nunca su ubicación, para mí fue vivir un sueño dentro de una pesadilla.

Para mí los dragones, no son animales míticos de los cuentos; son animales dulces que cuentan historias irreales. Son como una manzana bella por fuera y podrida por dentro.

Ana García Suárez
Ilustración: Ana García Suárez

El fuego de aquel dragón quemó el alma de un joven que vendió su corazón al diablo aceptando una herencia que nunca debió aceptar.

Autor: Raquel Bonilla Santander